Por qué olfatear es tan importante (Artículo 15)

1. Resumen ejecutivo

Para un perro, olfatear no es una pausa accidental entre actividades “más importantes”. Es una forma de muestrear el ambiente, discriminar información, reconocer cambios, investigar individuos y tomar decisiones. La olfacción canina participa en exploración, comunicación social, búsqueda de recursos, aprendizaje y procesamiento de señales producidas tanto por otros perros como por seres humanos.

La literatura contemporánea describe al olfato como una modalidad sensorial especialmente relevante para el perro. Kokocińska-Kusiak et al. (2021), en una revisión sobre fisiología y comportamiento olfativo canino, destacan su papel en la obtención de información ambiental, reconocimiento de individuos, aprendizaje y toma de decisiones. Esto no significa que la visión o audición sean poco importantes: los perros integran múltiples modalidades sensoriales. Significa que interpretar su experiencia únicamente desde una perspectiva humana —muy visual— puede hacernos subestimar lo que ocurre cuando un perro detiene el paseo para investigar una superficie aparentemente “vacía”.

El sistema olfativo canino está especializado anatómica y fisiológicamente. El aire que entra por las narinas transporta moléculas volátiles que pueden interactuar con el epitelio olfativo; las señales generadas se transmiten al bulbo olfatorio y a redes cerebrales implicadas en discriminación, memoria, emoción y comportamiento. Los perros también poseen un sistema vomeronasal asociado con el procesamiento de determinadas señales químicas. La literatura popular suele comparar el número de receptores caninos y humanos mediante cifras fijas; este dossier evita esas equivalencias simples porque existen diferencias entre razas, individuos, métodos y tipos de moléculas. Lo importante está sólidamente establecido: la olfacción canina es altamente especializada y capaz de discriminaciones que los humanos no realizamos espontáneamente.

El acto de sniffing es además activo. El perro no recibe pasivamente un olor como quien escucha un ruido. Modifica frecuencia y patrón de inspiración, mueve la cabeza, aproxima la nariz, sigue gradientes y decide cuánto tiempo investigar. Así, olfatear se parece más a “examinar” que a simplemente “notar”. En términos cognitivos, cada episodio puede responder preguntas como:

  • ¿hay algo nuevo aquí?
  • ¿ha pasado otro perro?
  • ¿qué dirección siguió?
  • ¿este estímulo merece acercarse o evitarse?
  • ¿hay alimento?
  • ¿esta persona se encuentra en un estado fisiológico diferente?
  • ¿esta zona ha cambiado desde el último paseo?

No sabemos que el perro formule esas preguntas conscientemente de esa manera; son una traducción funcional de los tipos de discriminación que la evidencia permite estudiar.

La información olfativa puede ser social. Los perros investigan orina, heces y otras secreciones, y las señales químicas pueden aportar información relevante sobre otros individuos. La revisión de Siniscalchi et al. (2018) describe la comunicación canina como multimodal e incluye componentes olfativos importantes. Investigaciones más recientes están empezando a demostrar qué dimensiones concretas pueden discriminar los perros.

Quaranta et al. (2026) estudiaron respuestas conductuales y fisiológicas de perros machos ante muestras urinarias de distintos individuos. Encontraron patrones diferentes de marcaje, investigación y respuesta fisiológica según el estímulo. El estudio no permite afirmar que el perro “lea un perfil completo” de otro animal ni que toda marca urinaria tenga un significado territorial simple. Sí refuerza la idea de que la orina funciona como una fuente de información social químicamente mediada.

La evidencia de 2026 va todavía más lejos. Wang y Horowitz presentaron a 43 perros olores corporales obtenidos de un perro desconocido después de situaciones clasificadas como alegres, estresantes y basales. Los perros distinguieron olores novedosos de los repetidos y, específicamente, discriminaron entre olores asociados con alegría y línea base, y entre alegría y estrés. Además, mostraron patrones conductuales diferentes según el contenido emocional del olor. Esto sugiere que los olores de otros perros pueden contener información relacionada con el estado emocional y que los receptores pueden modificar su comportamiento en respuesta.

El olfato también participa en la relación perro-humano. Wilson et al. (2022) entrenaron cuatro perros para discriminar muestras combinadas de sudor y respiración tomadas de personas antes y después de una tarea experimental de estrés. Los perros distinguieron las muestras de estrés de las muestras basales con una precisión muy superior al azar. La muestra canina fue muy pequeña y eran perros entrenados para una tarea específica, pero el experimento demuestra de manera controlada que cambios fisiológicos humanos asociados al estrés producen perfiles químicos detectables por perros.

Detectar una diferencia no es lo mismo que verse emocionalmente afectado por ella. Sin embargo, otros experimentos sugieren que los olores pueden influir en conducta y cognición. D’Aniello et al. (2018) encontraron que perros expuestos a olores humanos recogidos en situaciones de miedo mostraban más conductas relacionadas con estrés y una orientación social distinta que ante olores de felicidad o control. En 2024, Parr-Cortes et al. presentaron a 18 perros muestras de olor obtenidas de personas desconocidas durante condiciones de estrés o relajación y evaluaron un test de sesgo cognitivo. Bajo determinadas condiciones del diseño, el olor de estrés redujo la probabilidad de aproximación a un estímulo ambiguo cercano a la localización negativa, un patrón compatible con mayor reducción de riesgo. El efecto dependió de la sesión y el orden de presentación, por lo que debe interpretarse con cautela.

Los perros también presentan lateralización durante el olfateo. Siniscalchi, d’Ingeo y Quaranta (2016) observaron uso asimétrico de las narinas ante olores emocionales caninos y humanos. El patrón difería según el origen del estímulo. Este resultado sugiere que olfatear no es únicamente detección periférica: la información puede ser procesada de manera diferenciada por redes cerebrales lateralizadas. Para un artículo fundamental basta una idea: la nariz recoge información que el cerebro interpreta, no se limita a registrar intensidad.

Todo esto ayuda a explicar por qué, durante un paseo, detenerse a olfatear puede ser funcional. Westgarth et al. (2010), observando perros durante paseos, documentaron olfateo, micción, investigación ambiental e interacciones sociales. La conducta olfativa forma parte del repertorio normal del paseo. Sin embargo, frecuencia de aparición no demuestra por sí sola que cada episodio sea una “necesidad” obligatoria ni que deba permitirse olfatear cualquier cosa durante tiempo ilimitado.

Desde welfare science, una formulación más prudente es que oportunidades apropiadas de exploración olfativa pueden formar parte de las interacciones conductuales positivas con el ambiente. El modelo Five Domains reconoce la importancia de interacción voluntaria, exploración y adquisición de información; Littlewood et al. (2023) desarrolla estas oportunidades dentro del concepto de agencia. Permitir que un perro investigue de forma segura puede proporcionarle una forma de elegir qué información recoger y durante cuánto tiempo permanecer en un estímulo.

La evidencia experimental sobre olfato y bienestar positivo es prometedora, pero pequeña. Duranton y Horowitz (2019) asignaron 20 perros de compañía a dos semanas de nosework o heelwork. Ambos grupos trabajaban con alimento y actividad, pero sólo el nosework implicaba búsqueda olfativa independiente. Después de la intervención, el grupo de nosework mostró menores latencias para aproximarse a una posición ambigua en un test de sesgo cognitivo, interpretado como un cambio hacia juicios más positivos.

Este estudio suele citarse como prueba de que “olfatear hace feliz al perro”. Esa afirmación va más allá de los datos. La intervención fue nosework estructurado, la muestra fue de 20 perros y el resultado fue una medida de sesgo cognitivo. No demostró que cualquier olfateo libre produzca el mismo efecto, ni estableció una duración óptima de sniffing.

Precisamente por eso es importante la revisión de alcance de Fountain et al. (2025). Los autores identificaron sólo 27 estudios que investigaban cambios conductuales o fisiológicos asociados con actividades olfativas en perros de trabajo, refugio y compañía. Encontraron una notable heterogeneidad en tareas y medidas, y concluyeron que existe un vacío importante sobre cómo participar en actividades olfativas afecta directamente al bienestar de los perros. En otras palabras: sabemos muchísimo sobre qué pueden detectar los perros; sabemos bastante menos sobre qué les hace a ellos realizar actividades olfativas.

Los estudios de enriquecimiento con olores ambientales muestran igualmente efectos dependientes del estímulo. Graham, Wells y Hepper (2005), en 55 perros de refugio, encontraron más descanso y menos movimiento/vocalización durante exposición a lavanda y manzanilla, mientras romero y menta produjeron más actividad y vocalización. En otro estudio de refugio, distintos olores también modificaron movimiento y sueño. Estos resultados demuestran que los olores pueden alterar la conducta, pero no justifican usar aceites esenciales como “tratamiento de relajación” doméstico de forma indiscriminada. Contexto, concentración, seguridad del producto y posibilidad de evitar el olor importan; la exposición ambiental involuntaria es distinta de la exploración olfativa elegida por el perro.

La diferencia entre olfato activo y olor impuesto debe quedar clara:

  • olfato activo: el perro se aproxima, investiga, puede alejarse y dirige parte de la búsqueda;
  • exposición pasiva: un olor se difunde en el ambiente y el perro no necesariamente puede evitarlo.

Desde una perspectiva de agencia, ambas experiencias son diferentes.

La exploración olfativa también puede tener valor porque proporciona información histórica. Un estímulo químico puede permanecer después de que su fuente ya no esté presente. Esto permite que el perro investigue rastros de personas, perros, animales, comida o eventos pasados. No significa que la nariz funcione como una “máquina del tiempo” ni que podamos saber exactamente qué reconstrucción mental realiza el perro. Significa que las moléculas presentes en el ambiente contienen información sobre acontecimientos que no son visualmente actuales.

Esto explica una escena habitual:

El humano ve una banqueta vacía.
El perro encuentra una gran cantidad de información.

Desde el punto de vista del responsable, permanecer 40 segundos oliendo una esquina puede parecer “no avanzar”. Desde el punto de vista funcional, el perro puede estar realizando una de las actividades sensoriales más informativas disponibles durante la salida.

Olfatear tampoco debe idealizarse. Un perro puede olfatear intensamente por muchas razones:

  • investigación normal;
  • búsqueda de comida;
  • seguimiento;
  • excitación;
  • evaluación de amenaza;
  • comportamiento reproductivo;
  • compulsión o repetición;
  • entrenamiento específico.

Por tanto:

mucho olfateo ≠ automáticamente buen bienestar.

El contexto sigue importando.

También existen diferencias individuales. La capacidad y estilo olfativos pueden variar con morfología, edad, salud nasal, experiencia, entrenamiento, motivación y contexto. La revisión de Kokocińska-Kusiak et al. resume factores que pueden afectar rendimiento olfativo, como características individuales y ambientales. El objetivo doméstico no es comparar cuán “buena” es la nariz de un perro con otra, sino reconocer cuándo la utiliza como una herramienta normal de exploración.

En perros mayores o con movilidad reducida, la investigación olfativa puede ser particularmente valiosa porque permite interacción ambiental sin requerir necesariamente alta carga física. Esto es una recomendación plausible y coherente con los principios de enriquecimiento, pero faltan ensayos específicos que cuantifiquen su impacto en seniors con distintas enfermedades. No debe venderse como sustituto universal del ejercicio físico.

En cachorros, permitir investigación olfativa dentro de exposiciones seguras puede formar parte de conocer el ambiente. Sin embargo, “dejarlo oler todo” no sustituye una socialización planificada ni garantiza que una exposición sea positiva. El cachorro también necesita seguridad, posibilidad de retirada y protección frente a riesgos sanitarios.

El entrenamiento puede utilizar el olfato de varias maneras:

  • búsqueda de alimento;
  • búsqueda de objetos;
  • discriminación de olores;
  • rastreo;
  • nosework.

Cada actividad demanda procesos diferentes. Buscar croquetas en césped no es lo mismo que discriminar un olor objetivo entre varios, ni ambas son idénticas a seguir una pista.

El artículo debe evitar equivalencias populares sin respaldo, por ejemplo:

  • “10 minutos olfateando equivalen a 1 hora caminando”;
  • “oler reduce el cortisol” como regla universal;
  • “olfatear siempre cansa más que correr”;
  • “sniffing activa X veces más el cerebro”.

No se ha identificado evidencia robusta que permita sostener esas cifras como leyes generales.

Una propuesta práctica más rigurosa es pensar el olfato mediante cinco funciones:

  1. Detectar: notar que un estímulo químico está presente.
  2. Discriminar: diferenciarlo de otros estímulos.
  3. Localizar: investigar de dónde procede.
  4. Interpretar: modificar conducta según lo aprendido o el significado biológico del estímulo.
  5. Decidir: aproximarse, continuar investigando, marcar, buscar, evitar o ignorar.

Estas funciones no siempre ocurren todas juntas, pero muestran por qué “oler” es cognitivamente más rico que una simple entrada sensorial.

Para los paseos, la conclusión práctica puede expresarse así: no es necesario permitir que el perro se detenga en cada centímetro del recorrido, pero tampoco conviene diseñar toda salida exclusivamente como locomoción humana. Incluir periodos en los que el perro pueda investigar de forma segura reconoce una modalidad sensorial central en su experiencia.

La tesis central del futuro artículo será:

Cuando un perro olfatea no está dejando de hacer el paseo: está utilizando una de sus principales herramientas para comprenderlo. Mediante la nariz puede detectar cambios, discriminar individuos y estados, investigar rastros y utilizar esa información para decidir qué hacer después.


2. Pregunta principal

Pregunta central

¿Qué información obtiene un perro mediante el olfato y por qué investigar con la nariz puede ser una parte importante de su experiencia y bienestar?

Preguntas secundarias

  1. ¿Cómo funciona el olfato canino?
  2. ¿Qué diferencia oler de olfatear activamente?
  3. ¿Qué es sniffing?
  4. ¿Qué información ambiental puede detectar?
  5. ¿Puede reconocer individuos?
  6. ¿Qué información existe en la orina?
  7. ¿Puede distinguir estados emocionales de otros perros?
  8. ¿Puede detectar cambios de estrés humanos?
  9. ¿Los olores humanos modifican su conducta?
  10. ¿Qué relación existe entre olfato y cognición?
  11. ¿Qué relación existe entre olfato y memoria?
  12. ¿Qué significa lateralización olfativa?
  13. ¿Qué es exploración olfativa?
  14. ¿Qué diferencia sniffing libre de nosework?
  15. ¿Qué diferencia búsqueda de comida de detección de olores?
  16. ¿Qué sabemos sobre olfato y bienestar?
  17. ¿Qué tan fuerte es la evidencia de nosework?
  18. ¿Olfatear relaja?
  19. ¿Existe una duración ideal?
  20. ¿Puede olfatear demasiado?
  21. ¿Cómo cambia con edad?
  22. ¿Cómo cambia con salud?
  23. ¿Cómo permitir olfato durante paseos?
  24. ¿Qué olores son seguros como enriquecimiento?
  25. ¿Qué afirmaciones populares no están demostradas?

Alcance

Este dossier se centra en olfacción como sistema sensorial, cognitivo y conductual en perros de compañía. Los datos de perros de detección, refugio y laboratorio se incorporan cuando aclaran mecanismos, indicando sus límites de generalización.


3. Conceptos fundamentales

3.1 Olfacción

Proceso sensorial mediante el cual moléculas químicas son detectadas y procesadas por el sistema olfativo.

3.2 Odorante

Molécula o conjunto de moléculas capaz de activar receptores olfativos.

3.3 Sniffing

Muestreo activo del aire mediante inspiraciones asociadas con investigación olfativa.

3.4 Epitelio olfativo principal

Tejido especializado de la cavidad nasal que contiene neuronas receptoras olfativas.

3.5 Bulbo olfatorio

Estructura cerebral que recibe y organiza información procedente de receptores olfativos.

3.6 Órgano vomeronasal

Sistema quimiosensorial adicional presente en perros y otros mamíferos, relacionado con determinados estímulos químicos.

3.7 Discriminación olfativa

Capacidad para distinguir entre olores.

3.8 Detección

Reconocer que un olor objetivo está presente.

3.9 Localización

Determinar dirección o fuente aproximada de un estímulo oloroso.

3.10 Chemosignal

Señal química producida por un organismo que puede transmitir información a otro.

3.11 Marcaje olfativo

Depósito de señales químicas mediante orina, heces u otras secreciones.

3.12 Exploración olfativa

Investigación voluntaria del ambiente mediante olfato.

3.13 Nosework

Actividad estructurada en la que el perro busca un olor o recompensa oculta utilizando principalmente la nariz.

3.14 Enriquecimiento olfativo

Intervención destinada a proporcionar oportunidades sensoriales mediante olores o actividades de búsqueda.

No toda exposición a un olor constituye enriquecimiento.


4. Evolución

La información química precede a la domesticación

Los mamíferos han utilizado señales químicas durante millones de años para:

  • localizar recursos;
  • detectar amenazas;
  • reconocer individuos;
  • reproducción;
  • comunicación.

Cánidos

En cánidos, la olfacción tiene funciones centrales para:

  • rastreo;
  • exploración;
  • información social.

Domesticación

La domesticación modificó:

  • ecología;
  • alimentación;
  • proximidad humana.

Pero no eliminó la especialización olfativa.

Resultado

El perro vive en un ambiente humano predominantemente diseñado para nuestra percepción visual, mientras conserva un sistema sensorial fuertemente orientado a señales químicas.


5. Anatomía y fisiología

5.1 Dos sistemas químicos principales

Kokocińska-Kusiak et al. (2021) describen:

  • sistema olfativo principal;
  • órgano vomeronasal.

Precaución

No todos los olores sociales son procesados exclusivamente por el VNO.

El procesamiento químico es complejo.


5.2 Respirar vs olfatear

Durante respiración normal:
→ intercambio gaseoso.

Durante investigación:
→ el patrón respiratorio puede modificarse para muestrear olor.

Consecuencia

Olfatear es una conducta activa.


5.3 Del receptor al cerebro

Simplificación pedagógica:

moléculas
→ receptores
→ bulbo olfatorio
→ redes cerebrales
→ discriminación / memoria / conducta.

Importante

No existe una traducción simple:

“una molécula = un significado”.

Los olores suelen ser mezclas complejas.


5.4 Evitar cifras populares rígidas

No utilizar sin fuente específica:

  • “300 millones de receptores”;
  • “10,000 veces mejor”;
  • “40 veces más cerebro olfativo”.

La sensibilidad depende de:

  • molécula;
  • raza;
  • individuo;
  • metodología.

6. Etología

¿Por qué olfatea?

Posibles funciones:

  • explorar;
  • localizar comida;
  • seguir rastro;
  • evaluar individuo;
  • reproducirse;
  • marcar;
  • detectar cambio.

Describir primero

No:

“está obsesionado con ese olor”.

Sí:

“investigó ese punto durante 35 segundos y después marcó”.

Tinbergen

Mecanismo

receptores, sistema nervioso, motivación.

Ontogenia

experiencia, aprendizaje y entrenamiento.

Función

adquirir información útil.

Filogenia

sistema quimiosensorial antiguo y conservado.


7. Cognición y procesamiento

7.1 Detección no es interpretación

Un perro puede detectar un cambio químico sin que sepamos qué “piensa” sobre él.

Tres niveles

  1. discriminación;
  2. respuesta conductual;
  3. inferencia sobre significado.

Cada nivel requiere evidencia diferente.


7.2 Información y decisión

Olfato puede modificar:

  • aproximación;
  • evitación;
  • búsqueda;
  • marcaje;
  • interacción.

Cognición

Por tanto:

olor
→ información
→ procesamiento
→ decisión.


7.3 Memoria olfativa

Los perros pueden aprender y recordar asociaciones entre olores y resultados.

Base de:

  • detección;
  • rastreo;
  • nosework.

En casa

un lugar puede adquirir significado olfativo aunque visualmente sea idéntico.


7.4 Lateralización

Siniscalchi et al. (2016):

olores emocionales caninos y humanos
→ patrones distintos de uso de narina.

Interpretación

procesamiento olfativo puede estar lateralizado.

No concluir

que una narina sea “positiva” y otra “negativa” universalmente.


8. Desarrollo e individualidad

Cachorros

D’Aniello et al. (2023):

cachorros y adultos respondieron de forma consistente a olores humanos de miedo.

Los adultos mostraron diferenciación más clara en otras condiciones emocionales.

Interpretación

algunos componentes pueden aparecer temprano;
otros pueden depender más de experiencia/socialización.

Limitación

muestra concentrada en Labradores y Golden Retrievers.


Adultos

Experiencia y aprendizaje pueden afinar discriminaciones.


Seniors

Olfacción puede cambiar con edad y enfermedad.

Aplicación

No asumir:

“ya no huele”
sólo porque explora menos.

Puede intervenir:

  • movilidad;
  • cognición;
  • salud nasal;
  • motivación.

9. Análisis del comportamiento

Caso 1 — se detiene en una esquina

Humano:

“está perdiendo tiempo”.

Alternativa:
→ investigación olfativa.

Caso 2 — huele orina durante mucho tiempo

Puede estar procesando:

  • novedad;
  • información social.

No sabemos exactamente qué información extrae en cada ocasión.

Caso 3 — olfatea y se aleja

El olor puede:

  • carecer de interés;
  • indicar evitación;
  • haber sido suficientemente muestreado.

Caso 4 — olfatea más cuando está nervioso

Puede ser:

  • investigación;
  • desplazamiento;
  • búsqueda de información.

No etiquetar automáticamente como “calming signal”.


10. Bienestar

10.1 Five Domains

Dominio 4:
interacciones voluntarias con ambiente.

Olfatear puede incluir:

  • exploración;
  • búsqueda de información;
  • agencia.

Importante

No toda olfacción mejora welfare.

Importa:

  • elección;
  • seguridad;
  • contexto.

10.2 Olfato durante paseos

Westgarth et al. (2010):

286 observaciones de perros en paseo.

Se registraron:

  • olfateo;
  • micción;
  • interacción ambiental/social.

Conclusión

Olfatear forma parte del repertorio normal de paseo.

No demuestra

una dosis óptima.


10.3 Información social mediante orina

Quaranta et al. (2026):

respuestas diferentes a estímulos urinarios.

Implicación

las marcas pueden portar información social relevante.

No afirmar

“el perro lee edad, nombre y personalidad” sin evidencia específica.


10.4 Olores emocionales de otros perros

Wang & Horowitz (2026):

43 perros.

Discriminaron:

  • alegría vs basal;
  • alegría vs estrés.

Conducta también cambió según olor.

Importancia

evidencia directa de información emocional intraespecífica.

Limitación

estudio reciente que necesita replicación.


10.5 Detectar estrés humano

Wilson et al. (2022):

4 perros entrenados;
36 sesiones;
720 ensayos de discriminación.

Precisión combinada:
93.75%.

Interpretación

cambios fisiológicos asociados a estrés producen olores detectables.

Limitación

sólo cuatro perros entrenados.


10.6 Olor humano y conducta

D’Aniello et al. (2018):

olores de miedo vs felicidad/control
→ diferencias conductuales y cardiacas.

Matiz

experimentos posteriores intentan controlar mejor variables.


10.7 Olor humano y cognición

Parr-Cortes et al. (2024):

18 perros.

Olor humano de estrés:
→ menor probabilidad de aproximación a un estímulo ambiguo near-negative en una condición específica.

Interpretación

posible reducción de riesgo.

Limitación

efecto dependiente de sesión y orden.


10.8 Olores de otros perros y emoción

Wang & Horowitz:

evidencia reciente de discriminación.

Mensaje

La nariz puede aportar información sobre el estado de otro perro sin contacto directo.


10.9 Nosework y sesgo cognitivo

Duranton & Horowitz (2019):

20 perros.

2 semanas:

  • nosework;
  • heelwork.

Nosework:
→ aproximación más rápida a estímulo ambiguo.

Interpretación

compatible con sesgo más positivo.

No concluir

“olfatear siempre hace feliz”.


10.10 Estado global de la evidencia

Fountain et al. (2025):

27 estudios incluidos.

Poblaciones

  • perros de trabajo;
  • refugio;
  • compañía.

Hallazgo

gran vacío sobre efecto de actividades olfativas en:

  • conducta;
  • fisiología;
  • welfare.

Conclusión

La capacidad olfativa está mejor estudiada que el bienestar derivado de usarla.


10.11 Olfato ambiental pasivo

Graham et al. (2005):

55 perros de refugio.

Lavanda/manzanilla:

  • más reposo;
  • menos movimiento/vocalización.

Romero/menta:

  • más actividad/vocalización.

Significado

diferentes olores pueden modificar comportamiento.

No significa

usar aceites esenciales sin evaluación de seguridad.


10.12 Activo vs pasivo

Activo

perro:

  • busca;
  • elige;
  • se acerca;
  • se retira.

Pasivo

olor:

  • está presente;
  • puede ser difícil de evitar.

Welfare

No son experiencias equivalentes.


10.13 “Sniffari”

Término popular para paseos que priorizan olfato y elección.

Evidencia

Entrenadores reportan su uso frecuente.

Pero

la popularidad profesional no equivale a prueba de eficacia.

Fountain et al. (2025/2026) muestran interés creciente pero evidencia experimental limitada.


10.14 Olfatear y ejercicio

No existe equivalencia validada:

“X minutos olfateando = Y minutos caminando”.

Diferentes funciones

olfato:
→ información/cognición.

ejercicio:
→ carga fisiológica.

Pueden coexistir, no sustituirse automáticamente.


10.15 Olfatear y relajación

No universalizar.

Un perro puede olfatear:

  • calmadamente;
  • intensamente;
  • por excitación;
  • por estrés;
  • para buscar amenaza.

Por tanto

sniffing ≠ relajación por definición.


10.16 Olfato y agencia

Permitir investigar:

  • un árbol;
  • una marca;
  • una superficie;

puede ofrecer pequeñas decisiones.

Pero

el humano mantiene responsabilidad de:

  • seguridad;
  • comida peligrosa;
  • químicos;
  • tráfico.

10.17 Olores históricos

Un olor puede permanecer cuando la fuente ya no está.

Consecuencia

el perro accede a información no visible en el presente.

Precaución

No sabemos cuánta “historia” reconstruye cognitivamente.


10.18 ¿Qué obtiene con la nariz?

Modelo pedagógico:

A — Ambiente

qué hay y qué cambió.

S — Social

quién estuvo y qué señales dejó.

E — Emoción/fisiología

algunos cambios corporales de otros individuos.

R — Recursos

comida, objetos, pistas.

D — Dirección

de dónde viene o hacia dónde continúa un rastro.

D — Decisión

acercarse, ignorar, seguir o alejarse.

ASERDD no se propone como acrónimo público obligatorio; es una clasificación interna del dossier.


11. Adiestramiento y manejo

Paseos

Alternar:

  • desplazamiento dirigido;
  • periodos de exploración olfativa.

Señales

Puede enseñarse:

“vamos”
→ continuar.

“busca / ve a oler”
→ exploración permitida.

Búsqueda doméstica

Empezar:

  • fácil;
  • segura;
  • con éxito frecuente.

Nosework

Puede escalar a:

  • cajas;
  • habitaciones;
  • olor objetivo.

No imponer

Un perro puede preferir otras actividades.


12. Aplicaciones prácticas

Esto significa que…

Permitir olfatear no significa abandonar estructura.

Durante paseo

Puede ayudar:

  • pausas seguras;
  • rutas con variación;
  • evitar tirar continuamente;
  • permitir investigación razonable.

En casa

  • buscar alimento;
  • localizar objetos;
  • juegos sencillos.

Observar

  • interés;
  • persistencia;
  • retirada;
  • frustración;
  • recuperación.

Conviene evitar

  • equivalencias numéricas inventadas;
  • aceites esenciales indiscriminados;
  • obligar a oler;
  • impedir toda exploración;
  • permitir ingestión de sustancias peligrosas.

13. Mitos y controversias

Mito 1 — “Olfatear es perder tiempo”

Clasificación: contradicho.

Olfatear permite adquirir información ambiental y social.


Mito 2 — “Un paseo bueno es el que casi no se detiene”

Clasificación: simplificación.

Depende del objetivo de la salida.


Mito 3 — “10 minutos oliendo equivalen a una hora de ejercicio”

Clasificación: no respaldado.

No existe una equivalencia universal validada.


Mito 4 — “Olfatear siempre relaja”

Clasificación: evidencia insuficiente.

La función depende del contexto.


Mito 5 — “Los perros pueden oler el miedo”

Clasificación: parcialmente respaldado, necesita precisión.

Pueden discriminar cambios químicos asociados con determinados estados de estrés/miedo y modificar su conducta; no implica leer una emoción humana como concepto abstracto.


Mito 6 — “La orina sólo sirve para marcar territorio”

Clasificación: simplificación.

Puede portar información social diversa.


Mito 7 — “Todo olor interesante debe permitirse”

Clasificación: incorrecto.

Seguridad sigue siendo prioritaria.


Mito 8 — “Nosework y olfatear en paseo son lo mismo”

Clasificación: incorrecto.

Uno es actividad estructurada; el otro exploración espontánea.


Mito 9 — “Los aceites esenciales siempre relajan”

Clasificación: contradicho como universal.

Distintos olores producen efectos diferentes y la seguridad debe evaluarse.


Mito 10 — “Si huele mucho está ansioso”

Clasificación: incorrecto como regla.

Sniffing tiene múltiples funciones.


14. Estado de la evidencia

14.1 Kokocińska-Kusiak et al. (2021)

Tipo: revisión.

Tema: anatomía, fisiología y comportamiento olfativo.

Hallazgo: olfacción participa en reconocimiento, aprendizaje, decisión y detección ambiental.

Limitación: revisión amplia, incluye aplicaciones humanas y estudios heterogéneos.

Confianza: alta como marco fisiológico.


14.2 Fountain et al. (2025)

Tipo: scoping review.

Corpus: 27 estudios.

Hallazgo: existe poca evidencia directa sobre el efecto de actividades olfativas en bienestar, pese a abundante investigación sobre capacidad de detección.

Limitación: poblaciones y tareas heterogéneas.

Confianza: alta para estado del campo.


14.3 Duranton & Horowitz (2019)

Tipo: intervención con cognitive bias.

Muestra: 20 perros.

Hallazgo: nosework durante dos semanas se asoció con sesgo de juicio más positivo que heelwork.

Limitación: muestra pequeña, actividad estructurada.

Confianza: moderada.


14.4 Wilson et al. (2022)

Tipo: discriminación olfativa doble ciego.

Perros: 4.

Ensayos: 720.

Hallazgo: discriminaron muestras humanas de estrés y baseline con precisión combinada de 93.75%.

Limitación: muy pocos perros y entrenamiento específico.

Confianza: alta para capacidad de esos perros; moderada para generalización poblacional.


14.5 Parr-Cortes et al. (2024)

Tipo: cognitive bias.

Muestra: 18 perros.

Hallazgo: olor humano de estrés modificó respuesta a un estímulo ambiguo bajo una condición del diseño.

Limitación: efecto dependiente de orden/sesión.

Confianza: moderada.


14.6 Wang & Horowitz (2026)

Tipo: habituación-discriminación.

Muestra: 43 perros.

Hallazgo: perros distinguieron olores emocionales de congéneres y modificaron conducta según la muestra.

Limitación: estudio reciente, requiere replicación.

Confianza: moderada-alta.


14.7 Quaranta et al. (2026)

Tipo: experimento de comunicación urinaria.

Hallazgo: estímulos urinarios diferentes produjeron respuestas fisiológicas y de marcaje distintas.

Limitación: condiciones/población específicas.

Confianza: moderada.


14.8 Siniscalchi et al. (2016)

Tipo: experimento de lateralización.

Hallazgo: uso de narina difería ante olores emocionales caninos y humanos.

Limitación: paradigma específico; lateralización no equivale directamente a valencia simple.

Confianza: moderada-alta.


14.9 D’Aniello et al. (2018)

Tipo: experimento sobre chemosignals humanos.

Hallazgo: olores humanos asociados con miedo/felicidad produjeron cambios conductuales y cardiacos en perros.

Limitación: interpretación de “contagio emocional” requiere cautela y experimentos posteriores han refinado controles.

Confianza: moderada.


14.10 D’Aniello et al. (2023)

Tipo: estudio doble ciego cachorros/adultos.

Hallazgo: miedo humano produjo patrones consistentes en cachorros y adultos; otras diferencias emocionales fueron más claras en adultos.

Limitación: muestra con predominio de Labradores/Goldens.

Confianza: moderada.


14.11 Graham et al. (2005)

Tipo: enriquecimiento olfativo en refugio.

Muestra: 55 perros.

Hallazgo: distintos olores modificaron actividad, reposo y vocalización.

Limitación: kennel, exposición pasiva, no actividad de búsqueda.

Confianza: moderada.


14.12 Westgarth et al. (2010)

Tipo: observacional en paseo.

Datos: 286 observaciones.

Hallazgo: olfateo forma parte frecuente del repertorio de paseo junto con micción e interacción ambiental/social.

Limitación: no mide directamente welfare.

Confianza: alta descriptiva.


15. Banco de evidencia

Evidencia 1

Afirmación: Olfacción es una modalidad central para obtener información ambiental.

Fuente: Kokocińska-Kusiak et al. (2021).

Nivel de certeza: alto.


Evidencia 2

Afirmación: Los perros pueden discriminar cambios químicos humanos asociados con estrés.

Fuente: Wilson et al. (2022).

Nivel de certeza: alto para perros entrenados del estudio.


Evidencia 3

Afirmación: Olores humanos asociados a estrés pueden modificar respuestas cognitivas del perro.

Fuente: Parr-Cortes et al. (2024).

Nivel de certeza: moderado.


Evidencia 4

Afirmación: Perros pueden distinguir olores asociados con diferentes estados emocionales de otros perros.

Fuente: Wang & Horowitz (2026).

Nivel de certeza: moderado-alto.


Evidencia 5

Afirmación: Señales urinarias pueden influir en investigación y marcaje.

Fuente: Quaranta et al. (2026).

Nivel de certeza: moderado.


Evidencia 6

Afirmación: El procesamiento de olores emocionales muestra lateralización.

Fuente: Siniscalchi et al. (2016).

Nivel de certeza: moderado-alto.


Evidencia 7

Afirmación: Nosework puede modificar sesgo cognitivo en perros de compañía.

Fuente: Duranton & Horowitz (2019).

Nivel de certeza: moderado.


Evidencia 8

Afirmación: La evidencia sobre beneficios generales de actividades olfativas para welfare sigue limitada.

Fuente: Fountain et al. (2025).

Nivel de certeza: alto.


Evidencia 9

Afirmación: Olores ambientales pueden modificar comportamiento de perros de refugio.

Fuente: Graham et al. (2005).

Nivel de certeza: moderado.


Evidencia 10

Afirmación: No existe una equivalencia validada entre minutos de olfateo y minutos de ejercicio.

Fuente: estado de la literatura revisada; Fountain et al. (2025).

Nivel de certeza: alto respecto a ausencia de evidencia.


16. Propuesta de estructura del artículo

H1 — Por qué olfatear es tan importante para un perro

Gancho

“Tú ves una esquina vacía. Tu perro puede encontrar información que lleva horas —o más— allí.”


H2 — La nariz no sirve sólo para encontrar comida

Explicar

ambiente;
individuos;
cambios;
decisiones.


H2 — Olfatear es una forma activa de investigar

Explicar

sniffing;
muestreo;
cognición.


H2 — Del olor a la decisión

Cadena

detectar
→ discriminar
→ localizar
→ interpretar
→ actuar.


H2 — Qué puede descubrir sobre otros perros

Orina;

señales sociales;
estado emocional.

Evidencia

Quaranta;
Wang & Horowitz.


H2 — Los humanos también dejamos información química

Evidencia

Wilson;
D’Aniello;
Parr-Cortes.


H2 — ¿Puede realmente “oler el miedo”?

Matizar

cambios fisiológicos detectables

leer una emoción como palabra.


H2 — Olfato y cerebro

Lateralización

Siniscalchi.


H2 — ¿Olfatear mejora el bienestar?

Evidencia prometedora

Duranton.

Estado del campo

Fountain.


H2 — Lo que todavía no podemos afirmar

  • minutos equivalentes;
  • relajación universal;
  • dosis ideal;
  • cortisol universal.

H2 — Olfatear durante el paseo no es “no caminar”

Conectar con Artículo 10.


H2 — Cómo permitir exploración sin perder seguridad

Alternar

“vamos”
+
“ve a oler”.


H2 — La pregunta final

No:

“¿cuánto tiempo estamos perdiendo aquí?”

Sí:

“¿qué oportunidad de información y exploración está teniendo mi perro?”


17. Preguntas todavía abiertas

  1. ¿Cuánto tiempo de exploración olfativa es óptimo?
  2. ¿Existe una necesidad mínima?
  3. ¿Cómo cambia por raza?
  4. ¿Cómo cambia por función histórica?
  5. ¿Cómo cambia con edad?
  6. ¿Cómo cambia con enfermedad nasal?
  7. ¿Cómo cambia con deterioro cognitivo?
  8. ¿Cómo afecta braquicefalia?
  9. ¿Qué diferencias existen entre sniffing libre y nosework?
  10. ¿Cómo cambia frecuencia cardiaca durante sniffing espontáneo?
  11. ¿Cómo cambia cortisol?
  12. ¿Qué actividades olfativas mejoran welfare de forma causal?
  13. ¿Cuánto dura el efecto de nosework?
  14. ¿Qué papel tiene autonomía en esos efectos?
  15. ¿Qué información concreta existe en orina canina?
  16. ¿Pueden identificar individuos de forma robusta por marcaje?
  17. ¿Cuánto tiempo persiste información emocional en un olor?
  18. ¿Cómo cambia una señal química con el ambiente?
  19. ¿Cómo influye lluvia, temperatura y viento?
  20. ¿Cómo integran olor con visión?
  21. ¿Cómo integran olor con sonido?
  22. ¿Qué diferencias existen entre machos y hembras?
  23. ¿Cómo cambia con esterilización?
  24. ¿Qué olores ambientales son seguros como enriquecimiento?
  25. ¿Cómo medir científicamente “calidad olfativa” de un paseo?

18. Referencias

D’Aniello, B., Semin, G. R., Alterisio, A., Aria, M., & Scandurra, A. (2018). Interspecies transmission of emotional information via chemosignals: From humans to dogs (Canis lupus familiaris). Animal Cognition, 21(1), 67–78. https://doi.org/10.1007/s10071-017-1139-x

D’Aniello, B., Pinelli, C., Scandurra, A., Di Lucrezia, A., Aria, M., & Semin, G. R. (2023). When are puppies receptive to emotion-induced human chemosignals? The cases of fear and happiness. Animal Cognition, 26(4), 1241–1250. https://doi.org/10.1007/s10071-023-01771-4

Duranton, C., & Horowitz, A. (2019). Let me sniff! Nosework induces positive judgment bias in pet dogs. Applied Animal Behaviour Science, 211, 61–66. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2018.12.009

Fountain, J., Fernandez, E. J., McWhorter, T. J., & Hazel, S. J. (2025). The value of sniffing: A scoping review of scent activities for canines. Applied Animal Behaviour Science, 282, 106485. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2024.106485

Graham, L., Wells, D. L., & Hepper, P. G. (2005). The influence of olfactory stimulation on the behaviour of dogs housed in a rescue shelter. Applied Animal Behaviour Science, 91(1–2), 143–153. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2004.08.024

Kokocińska-Kusiak, A., Woszczyło, M., Zybala, M., Maciocha, J., Barłowska, K., & Dzięcioł, M. (2021). Canine olfaction: Physiology, behavior, and possibilities for practical applications. Animals, 11(8), 2463. https://doi.org/10.3390/ani11082463

Littlewood, K. E., Heslop, M. V., & Cobb, M. L. (2023). The agency domain and behavioral interactions: Assessing positive animal welfare using the Five Domains Model. Frontiers in Veterinary Science, 10, 1284869. https://doi.org/10.3389/fvets.2023.1284869

Mellor, D. J., Beausoleil, N. J., Littlewood, K. E., McLean, A. N., McGreevy, P. D., Jones, B., & Wilkins, C. (2020). The 2020 Five Domains Model: Including human–animal interactions in assessments of animal welfare. Animals, 10(10), 1870. https://doi.org/10.3390/ani10101870

Parr-Cortes, Z., Müller, C. T., Talas, L., Mendl, M., Guest, C., & Rooney, N. J. (2024). The odour of an unfamiliar stressed or relaxed person affects dogs’ responses to a cognitive bias test. Scientific Reports, 14, 15843. https://doi.org/10.1038/s41598-024-66147-1

Quaranta, A., d’Ingeo, S., Minunno, M., Straziota, V., Nolè, M., Ventriglia, G., Ceci, E., & Siniscalchi, M. (2026). Decoding dog communication through the physiology and behavior of urine marking. Scientific Reports, 16, 1711. https://doi.org/10.1038/s41598-025-31373-8

Siniscalchi, M., d’Ingeo, S., & Quaranta, A. (2016). The dog nose “KNOWS” fear: Asymmetric nostril use during sniffing at canine and human emotional stimuli. Behavioural Brain Research, 304, 34–41. https://doi.org/10.1016/j.bbr.2016.02.011

Siniscalchi, M., d’Ingeo, S., Minunno, M., & Quaranta, A. (2018). Communication in dogs. Animals, 8(8), 131. https://doi.org/10.3390/ani8080131

Wang, A., & Horowitz, A. (2026). Dogs (Canis familiaris) distinguish conspecific emotional chemosignals. Scientific Reports, 16, 11176. https://doi.org/10.1038/s41598-026-41426-1

Westgarth, C., Christley, R. M., Pinchbeck, G. L., Gaskell, R. M., Dawson, S., & Bradshaw, J. W. S. (2010). Dog behaviour on walks and the effect of use of the leash. Applied Animal Behaviour Science, 125(1–2), 38–46. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2010.03.007

Wilson, C., Campbell, K., Petzel, Z., & Reeve, C. (2022). Dogs can discriminate between human baseline and psychological stress condition odours. PLOS ONE, 17(9), e0274143. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0274143


Nota metodológica para el futuro redactor

Este artículo debe lograr que el lector deje de pensar:

“olfatear es una pausa entre partes importantes del paseo”

y empiece a pensar:

“olfatear es una de las formas principales en que el perro investiga lo que está ocurriendo.”

Debe conservar estas distinciones:

  1. oler ≠ procesar pasivamente;
  2. detección ≠ interpretación completa;
  3. discriminación ≠ conocimiento humano-equivalente;
  4. sniffing libre ≠ nosework;
  5. nosework ≠ enriquecimiento universal garantizado;
  6. olfatear ≠ relajarse necesariamente;
  7. olfato ≠ sustituto automático de ejercicio;
  8. olor humano de estrés ≠ “leer la mente”;
  9. marcaje ≠ territorio solamente;
  10. capacidad olfativa extraordinaria ≠ licencia para inventar cifras.

La frase rectora sugerida es:

Cuando un perro olfatea no está dejando de hacer el paseo: está usando una de sus principales herramientas para comprenderlo.

Una segunda frase útil:

Nosotros miramos para saber qué hay; los perros también huelen para decidir qué significa y qué hacer después.

La secuencia explicativa del artículo debe ser:

moléculas
detección
discriminación
procesamiento
información
decisión
conducta.

Y la aplicación práctica debe concluir:

reconocer el olfato como una parte real de la experiencia canina, sin mitificarlo

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