Autor: Alberto Santoyo

  • Tu perro no aprende de tus intenciones: aprende de lo que pasa después

    Tu perro no aprende de tus intenciones: aprende de lo que pasa después

    Tu perro ladra.

    Abres la puerta.

    Mañana vuelve a ladrar.

    Parece una escena sin importancia.

    Pero ahí puede estar ocurriendo aprendizaje.

    La idea central del condicionamiento operante es sencilla:

    las conductas pueden aumentar o disminuir según las consecuencias que producen.

    Y esto cambia una pregunta muy común.

    En vez de:

    “¿Por qué mi perro hace esto?”

    prueba con:

    “¿Qué consigue justo después de hacerlo?”


    1. Tu intención no define lo que el perro aprendió

    Imagina esto:

    Tu perro roba un calcetín.

    Tú gritas:

    “¡No!”

    Después corres detrás de él.

    Desde tu perspectiva:

    lo corregiste.

    Pero mira qué ocurrió después.

    Roba calcetín
    → recibe atención
    → empieza una persecución.

    Si con el tiempo roba más objetos, aquella “corrección” no está reduciendo la conducta.

    Quizá incluso esté ayudando a mantenerla.

    La regla importante es ésta:

    una consecuencia se clasifica por lo que hace a la conducta futura, no por lo que la persona pretendía conseguir.

    Frase para recordar:

    la función importa más que la intención.


    2. Premio ≠ reforzador

    Le das comida.

    ¿Eso significa que estás reforzando?

    No necesariamente.

    Una recompensa es algo que tú consideras valioso.

    Un reforzador es algo que realmente hace que una conducta aumente o se mantenga.

    Ejemplo:

    sentarse
    → recibe pollo
    → sentarse aumenta.

    Aquí el pollo puede estar funcionando como reforzador.

    Pero si das comida y la conducta no aumenta, no basta con llamarlo refuerzo positivo sólo porque apareció una golosina.

    La investigación con perros también muestra algo importante: distintos perros pueden valorar de forma diferente los reforzadores, y características como la calidad del alimento pueden modificar la respuesta en ciertas condiciones.

    Así que no preguntes solamente:

    “¿Qué premio uso?”

    Pregunta:

    “¿Está funcionando?”


    3. Positivo no significa bueno

    Uno de los errores más frecuentes:

    positivo = bueno.

    En condicionamiento operante, no.

    Aquí:

    positivo = algo aparece.

    negativo = algo desaparece, termina o se evita.

    Nada más.

    No son palabras morales.

    Eso permite entender los cuatro términos clásicos.

    Si la conducta…Se presenta algoSe retira algo
    AumentaRefuerzo positivoRefuerzo negativo
    DisminuyeCastigo positivoCastigo negativo

    No necesitas memorizar primero las siglas.

    Hazte dos preguntas:

    ¿La conducta aumentó o disminuyó?

    Después:

    ¿Algo apareció o desapareció?


    4. Refuerzo positivo no significa “dar comida”

    El alimento es sólo una posibilidad.

    También pueden reforzar:

    • juego;
    • atención;
    • contacto;
    • acceso a una puerta;
    • movimiento;
    • olfatear;
    • interacción social.

    Mira este ejemplo:

    perro espera
    → puerta abre.

    Si esperar aumenta, abrir la puerta puede funcionar como reforzador.

    El “premio” no fue comida.

    Fue acceso.

    Esto importa porque muchas veces buscamos reforzadores dentro de nuestra bolsa cuando el perro ya nos está mostrando qué quiere obtener del ambiente.


    5. Hay premios que no están en tu mano

    Tu perro ve un árbol.

    Tira.

    Avanza.

    Llega.

    Olfatea.

    Secuencia:

    tirar → avanzar → olfatear.

    Si tirar aumenta, avanzar hacia el árbol puede estar reforzando esa conducta.

    El árbol no necesita galletas.

    El acceso al olor ya puede tener valor.

    Por eso:

    el ambiente también entrena.

    Olfatear, avanzar, saludar, entrar por una puerta o subir al coche pueden funcionar como consecuencias valiosas.

    La próxima vez que tu perro tire, observa:

    ¿qué consigue cuando tira?


    6. Refuerzo negativo no significa castigo

    Otro mito común:

    “Refuerzo negativo es regañar.”

    No.

    Recuerda:

    refuerzo
    = la conducta aumenta.

    negativo
    = algo desaparece.

    Ejemplo:

    aparece presión
    → perro realiza una respuesta
    → presión desaparece
    → esa respuesta aumenta.

    Eso puede ser refuerzo negativo.

    Si la conducta termina algo aversivo que ya estaba presente:

    escape.

    Si evita algo aversivo esperado:

    evitación.

    La palabra negativo no dice si el método es bueno o malo.

    Describe qué ocurre con el estímulo.


    7. Castigo tampoco significa automáticamente violencia

    En lenguaje cotidiano, “castigo” puede sonar a golpe, dolor o violencia.

    Técnicamente significa algo más específico:

    una consecuencia hace que la conducta disminuya.

    Ejemplo:

    mordida fuerte durante juego
    → juego termina
    → mordidas fuertes disminuyen.

    La retirada del juego podría funcionar como castigo negativo.

    Pero ojo:

    que algo reduzca una conducta no responde todavía otra pregunta importante:

    ¿qué efectos tiene sobre el bienestar?


    8. Funcionar no significa ser la mejor opción

    Ésta es una distinción importante.

    Una intervención puede reducir una conducta.

    Eso habla de eficacia.

    Pero todavía faltan preguntas sobre:

    • estrés;
    • miedo;
    • dolor;
    • asociaciones emocionales;
    • relación con la persona;
    • efectos secundarios;
    • alternativas disponibles.

    La investigación recogida en el dossier relaciona un mayor uso de métodos aversivos con distintos indicadores de bienestar comprometido, aunque muchos estudios tienen limitaciones metodológicas.

    También existe evidencia que impide usar absolutos. Un estudio de 2024 encontró mayor inhibición de persecución con una condición de collar electrónico en una tarea específica, pero con una muestra limitada y dificultades para generalizar el resultado.

    La conclusión útil:

    “puede cambiar una conducta” ≠ “es necesario, óptimo o preferible”.


    9. El timing puede cambiar lo que estás enseñando

    Tu perro se sienta.

    Después se levanta.

    Después mira hacia ti.

    Entonces das comida.

    ¿Qué conducta recibió realmente la consecuencia?

    Ése es el problema del timing.

    En un pequeño estudio con diez perros, retrasos mayores en las acciones de los propietarios se asociaron con una reducción de respuestas apropiadas y de atención en varias condiciones.

    No significa que exista un número mágico de segundos para todas las situaciones.

    Sí significa algo más sencillo:

    cuanto más clara sea la relación entre conducta y consecuencia, más fácil resulta aprender qué conducta funcionó.


    10. “Lo sabe, pero no quiere hacerlo”

    Tal vez.

    Pero no empieces por ahí.

    Tu perro se sienta perfectamente en casa.

    Sales al parque.

    Dices “sentado”.

    Nada.

    Antes de llamarlo desobediencia, observa el contexto.

    En casa había:

    comida visible.

    Tu mano levantada.

    Pocas distracciones.

    La misma habitación.

    En el parque:

    olores.

    personas.

    perros.

    movimiento.

    Una conducta está bajo control estimular cuando su probabilidad cambia de manera sistemática según los estímulos presentes.

    Tal vez el perro no respondió sólo a la palabra.

    Quizá respondía también al gesto, al lugar o a la presencia de comida.

    Frase para recordar:

    aprender una conducta y generalizarla no son exactamente lo mismo.


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    11. No esperes siempre la conducta perfecta

    Quieres que tu perro entre en un transportín.

    Esperas.

    Nada.

    ¿Qué hacemos?

    Podemos construir la conducta poco a poco.

    Eso es shaping.

    Ejemplo:

    mira el transportín
    → refuerzo.

    Se acerca
    → refuerzo.

    Mete la cabeza
    → refuerzo.

    Una pata
    → refuerzo.

    Dos patas.

    Finalmente entra.

    La clave no es premiar cualquier cosa.

    Es reforzar aproximaciones sucesivas hacia un objetivo.

    Pero subir el criterio demasiado rápido puede reducir las respuestas y producir frustración.

    En vez de preguntar:

    “¿Por qué todavía no lo hace?”

    prueba:

    “¿Cuál es el siguiente paso que sí puede hacer?”


    12. Ignorar no siempre funciona

    Otro consejo habitual:

    “Sólo ignóralo.”

    Puede funcionar.

    Pero sólo bajo determinadas condiciones.

    La extinción ocurre cuando una conducta que antes producía un reforzador deja de producirlo.

    Si ladrar producía atención y ahora deja de producirla, el ladrido puede disminuir.

    Pero:

    • puede persistir;
    • puede variar;
    • puede reaparecer;
    • puede aumentar temporalmente.

    Y si otra consecuencia sigue manteniéndolo, ignorar la atención puede no ser suficiente.

    Además, la extinción no es apropiada para todos los problemas. En conductas peligrosas, agresión o miedo puede ser difícil o riesgosa; el manejo y el refuerzo de alternativas suelen ser importantes.


    13. Antes de corregir, cambia la pregunta

    Tu perro salta.

    En vez de:

    “¿Cómo hago para que deje de saltar?”

    pregunta:

    “¿Qué obtiene cuando salta?”

    Tu perro tira.

    ¿Qué obtiene?

    Ladra.

    ¿Qué obtiene?

    Roba objetos.

    ¿Qué ocurre después?

    Ésta es una de las preguntas más útiles del análisis operante:

    ¿qué consecuencia está manteniendo la conducta?

    No siempre tendrás una respuesta inmediata.

    Pero ya estás mirando en una dirección más útil.


    14. Los cuatro cuadrantes no explican todo

    R+.

    R−.

    P+.

    P−.

    Sirven.

    Pero son sólo un mapa inicial.

    Una conducta real también depende de:

    • antecedentes;
    • contexto;
    • motivación;
    • emoción;
    • historia;
    • reforzadores competidores;
    • programas de reforzamiento;
    • generalización;
    • bienestar.

    Por eso un perro no es una calculadora de premios.

    Y el entrenamiento no es simplemente:

    “haz esto y te doy comida.”

    Es una red de relaciones entre conducta, contexto y consecuencias.


    15. Tres cosas que puedes observar hoy

    No necesitas convertirte en analista de conducta.

    Empieza por esto:

    Antes

    ¿Qué estaba ocurriendo?

    Conducta

    ¿Qué hizo exactamente el perro?

    Después

    ¿Qué consiguió, perdió o evitó?

    Y añade una última pregunta:

    ¿la conducta está aumentando, disminuyendo o manteniéndose?

    Eso ya puede cambiar mucho.

    Porque:

    “es terco”

    no indica qué modificar.

    En cambio:

    “tirar le permite llegar al olor”

    ya muestra una relación que podemos trabajar.


    La idea para recordar

    El condicionamiento operante no dice simplemente:

    “los perros obedecen por premios.”

    Dice algo mucho más amplio:

    los perros ajustan su conducta según las consecuencias que producen sus acciones.

    Algunas consecuencias vienen de nosotros.

    Otras del ambiente.

    Muchas ocurren sin que las notemos.

    Así que la próxima vez que aparezca una conducta que no entiendas, prueba con una pregunta distinta.

    No:

    “¿por qué hace esto?”

    Primero:

    “¿qué está funcionando para él?”

    Porque antes de cambiar una conducta, conviene descubrir qué la está manteniendo.

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  • Tu perro aprende de lo que funciona: cómo las consecuencias cambian su conducta

    Tu perro aprende de lo que funciona: cómo las consecuencias cambian su conducta

    Tu perro ladra frente a la puerta.

    Esperas.

    Vuelve a ladrar.

    Esperas otra vez.

    Finalmente abres.

    Al día siguiente ocurre lo mismo.

    Y después de unas semanas quizá pienses:

    “¿Por qué sigue ladrando si sabe perfectamente que no debería hacerlo?”

    Pero mira la escena otra vez.

    El perro ladró.

    La puerta se abrió.

    Ladró otra vez.

    La puerta volvió a abrirse.

    Entonces quizá la pregunta interesante no sea por qué sigue haciéndolo.

    Quizá sea:

    ¿por qué dejaría de hacerlo si ladrar funciona?

    Ahí empieza el condicionamiento operante.

    No empieza con una tabla de cuatro cuadrantes.

    No empieza con premios ni castigos.

    Empieza con algo mucho más cotidiano:

    un perro hace algo y después ocurre algo.

    Y si aquello que ocurre cambia la probabilidad de que la conducta vuelva a aparecer, el perro está aprendiendo de sus consecuencias. Ésa es la idea central del condicionamiento operante.

    Tu perro está aprendiendo incluso cuando tú no estás “entrenando”

    Solemos imaginar el entrenamiento como un momento especial.

    Sacamos comida.

    Decimos “sentado”.

    Esperamos una respuesta.

    Premiamos.

    Pero para el perro no existe una frontera clara entre “sesión de entrenamiento” y “vida cotidiana”.

    La vida cotidiana también enseña.

    El perro salta cuando llegas y recibe atención.

    Tira de la correa y consigue acercarse a un árbol.

    Roba un calcetín y empieza una persecución.

    Ladra y alguien abre una puerta.

    Se queda tranquilo y recibe una caricia.

    Todas estas situaciones tienen algo en común:

    la conducta cambia algo en el ambiente.

    En análisis de conducta, una contingencia puede representarse de manera sencilla:

    Antecedente → conducta → consecuencia.

    O:

    A → B → C.

    Algo ocurre antes.

    El perro hace algo.

    Algo ocurre después.

    Pero falta todavía la pregunta más importante:

    ¿qué sucede después con esa conducta?

    Porque no toda consecuencia cambia el comportamiento.

    Y eso nos lleva a una de las ideas más importantes de todo este tema.

    Tu intención no determina lo que el perro aprendió

    Imagina esto.

    Tu perro roba un calcetín.

    Tú dices “¡no!”.

    El perro corre.

    Tú lo persigues.

    Finalmente recuperas el calcetín.

    Desde tu perspectiva acabas de corregir una conducta.

    Pero ahora mira la secuencia desde el punto de vista del aprendizaje.

    Perro roba calcetín.

    Humano reacciona.

    Humano persigue.

    Empieza una interacción.

    Si con el tiempo el perro roba más calcetines, ¿podemos seguir diciendo que aquella persecución funcionó como castigo?

    No necesariamente.

    Quizá funcionó como atención.

    Quizá como juego.

    Quizá como una oportunidad de iniciar una persecución que al perro le resulta valiosa.

    El dossier resume este principio de manera especialmente importante:

    una consecuencia se clasifica por su efecto sobre la conducta, no por la intención de la persona.

    Eso significa que no basta con decir:

    “Lo premié.”

    O:

    “Lo castigué.”

    Tenemos que mirar qué ocurrió con la conducta después.

    Aquí necesitamos cuatro palabras

    Ahora sí podemos introducir la famosa terminología.

    Pero primero observa algo.

    En la vida cotidiana utilizamos positivo para decir “bueno” y negativo para decir “malo”.

    En condicionamiento operante no significan eso.

    Positivo significa que algo se presenta.

    Negativo significa que algo se retira, termina o evita.

    Ahora las otras dos palabras.

    Refuerzo significa que la conducta aumenta o se mantiene.

    Castigo significa que la conducta disminuye.

    Al combinar ambas dimensiones obtenemos cuatro posibilidades:

    Se presenta algoSe retira, reduce o evita algo
    La conducta aumentaRefuerzo positivo (R+)Refuerzo negativo (R−)
    La conducta disminuyeCastigo positivo (P+)Castigo negativo (P−)

    La tabla es útil.

    Pero hay que usarla correctamente.

    No te dice por qué un perro hace todo lo que hace.

    Sólo clasifica determinadas relaciones entre conducta y consecuencia.

    Refuerzo positivo: no significa simplemente “dar premios”

    Mira este ejemplo.

    Dices “sentado”.

    El perro se sienta.

    Le das comida.

    Después de varias repeticiones, sentarse ocurre con mayor frecuencia.

    Aquí la comida puede estar funcionando como refuerzo positivo.

    ¿Por qué?

    Porque después de la conducta apareció algo y la conducta aumentó.

    Pero ahora cambiemos una sola cosa.

    Dices “sentado”.

    El perro se sienta.

    Le das una croqueta que apenas le interesa.

    Repites veinte veces.

    La respuesta no mejora.

    ¿Podemos decir automáticamente que utilizaste refuerzo positivo porque entregaste comida?

    No.

    Para llamar reforzador a una consecuencia tenemos que observar su efecto sobre la conducta.

    Por eso recompensa y reforzador no son exactamente lo mismo.

    Una recompensa puede ser algo que nosotros creemos valioso.

    Un reforzador es algo cuya función se demuestra porque fortalece la conducta.

    Y aquí aparece otra sorpresa:

    los mejores reforzadores no siempre están dentro de una bolsa.

    El árbol también puede entrenar a tu perro

    Imagina un paseo.

    Tu perro ve un árbol.

    Tira.

    Tú avanzas.

    Llega al árbol.

    Empieza a olfatear.

    Al día siguiente vuelve a tirar.

    Y después vuelve a hacerlo.

    Mira la secuencia:

    tirar → avanzar → olfatear.

    Si tirar aumenta, avanzar hacia el árbol puede estar reforzando esa conducta.

    Nadie entregó comida.

    Nadie dijo “muy bien”.

    Pero el perro consiguió algo que tenía valor.

    Eso es importante porque el ambiente puede ofrecer reforzadores muy potentes:

    oler, avanzar, jugar, saludar, atravesar una puerta, acceder a un espacio o continuar explorando.

    Así que cuando preguntamos:

    “¿Qué premio estoy usando?”

    quizá estamos haciendo una pregunta demasiado pequeña.

    Una mejor pregunta sería:

    ¿qué consigue mi perro cuando hace esto?

    Refuerzo negativo: probablemente no significa lo que creías

    Éste es uno de los términos que más confusión produce.

    “Refuerzo negativo” no significa regañar.

    Recuerda:

    refuerzo = la conducta aumenta.

    negativo = algo desaparece, disminuye o se evita.

    Por ejemplo:

    aparece presión.

    El perro realiza una respuesta.

    La presión desaparece.

    Con el tiempo esa respuesta aumenta.

    Eso puede ser refuerzo negativo.

    Si la conducta termina algo aversivo que ya estaba presente, hablamos de escape.

    Si permite evitar o retrasar algo aversivo que se esperaba, hablamos de evitación.

    Lo importante aquí es separar dos preguntas:

    ¿qué ocurrió con el estímulo?

    y

    ¿qué ocurrió después con la conducta?

    Cuando hacemos esa separación, la terminología deja de parecer tan extraña.

    Y castigo tampoco significa simplemente violencia

    En lenguaje cotidiano, castigar puede significar regañar, golpear, reprender o imponer alguna consecuencia desagradable.

    En sentido técnico es más sencillo:

    una consecuencia funciona como castigo cuando reduce la probabilidad futura de una conducta.

    Si después de una conducta aparece algo y ésta disminuye, hablamos de castigo positivo.

    Si desaparece algo apetitivo y la conducta disminuye, hablamos de castigo negativo.

    Por ejemplo:

    dos perros juegan.

    Uno muerde demasiado fuerte.

    El juego termina.

    Si con el tiempo esas mordidas disminuyen, la retirada del juego puede funcionar como castigo negativo.

    Pero aquí aparece una pregunta distinta.

    Y es muy importante no confundirlas.

    Una técnica puede modificar una conducta.

    ¿Eso significa que deberíamos utilizarla?

    No necesariamente.

    Eficacia y bienestar son preguntas diferentes

    Supongamos que una intervención aversiva reduce rápidamente una conducta.

    Desde el punto de vista operante podemos preguntar:

    ¿disminuyó la conducta?

    Pero eso no responde todavía a preguntas como:

    ¿produjo miedo?

    ¿generó estrés?

    ¿afectó otras conductas?

    ¿cambió la relación con la persona?

    ¿había alternativas?

    ¿qué ocurrió con el bienestar del perro?

    La literatura incluida en el dossier señala asociaciones entre métodos aversivos y diferentes indicadores de bienestar comprometido. Un estudio con 92 perros encontró que un mayor uso de métodos aversivos se relacionaba con más comportamientos de estrés, cambios de cortisol y un sesgo cognitivo más pesimista, aunque el estudio no utilizó asignación aleatoria.

    Pero la historia tampoco debe convertirse en una afirmación absoluta.

    El dossier recoge un estudio de 2024 donde una condición con collar electrónico produjo mayor inhibición de persecución en una tarea específica que determinadas condiciones no aversivas. Sin embargo, existían limitaciones importantes: muestra final pequeña, tarea concreta, diferencias de protocolo y dificultades para generalizar.

    Así que la conclusión responsable no es:

    “Los castigos nunca funcionan.”

    Tampoco:

    “Si funciona, es un buen método.”

    La distinción más útil es:

    “puede modificar la conducta” y “es necesario, óptimo o preferible” son preguntas diferentes.

    Hay otra cosa que puede cambiar completamente el resultado: el tiempo

    Supongamos que tu perro se sienta.

    Un segundo después se levanta.

    Después mira hacia otro lado.

    Después tú entregas comida.

    ¿Qué conducta estás reforzando exactamente?

    Éste es el problema del timing.

    Cuanto más clara sea la proximidad entre conducta y consecuencia, más fácil resulta para el animal discriminar qué respuesta produjo el resultado.

    En un estudio con diez perros, Yamamoto y colaboradores compararon diferentes retrasos en las acciones de los propietarios. A medida que aumentaban los retrasos, disminuyeron varias respuestas correctas y la atención de los perros. La muestra fue pequeña, así que no conviene exagerar el hallazgo, pero ilustra bien por qué el tiempo importa.

    No basta con reforzar.

    Hay que hacer suficientemente claro qué estamos reforzando.

    “Mi perro sabe sentarse, pero afuera decide no hacerlo”

    Esta frase merece atención.

    Porque quizá el problema no sea que el perro haya olvidado nada.

    Tal vez nunca aprendió exactamente lo que nosotros creíamos.

    Una conducta está bajo control estimular cuando su probabilidad cambia sistemáticamente en presencia de determinados estímulos.

    Imagina que durante semanas enseñaste “sentado” de esta forma:

    dices la palabra.

    Te inclinas.

    Levantas la mano.

    Tienes comida.

    Estás en la cocina.

    Ahora sales al parque.

    Dices la misma palabra.

    Pero estás de pie.

    No hay comida visible.

    Hay perros.

    Hay olores.

    Hay movimiento.

    Y el perro no se sienta.

    ¿Está desobedeciendo?

    Quizá.

    Pero primero tenemos que preguntarnos qué señal controlaba realmente la conducta.

    Podría ser la mano.

    La postura.

    La comida.

    El lugar.

    O una combinación de todo eso.

    El dossier recuerda que una señal adquiere control a través de una historia de señal → oportunidad de responder → consecuencia.

    Y después necesitamos otra cosa:

    generalización.

    Responder en la cocina y responder frente a otro perro no son necesariamente la misma tarea.

    Entonces, ¿cómo construimos una conducta nueva?

    No siempre podemos esperar a que el perro haga perfectamente aquello que queremos.

    A veces tenemos que construirlo.

    Un ejemplo es el shaping.

    Supongamos que queremos que entre voluntariamente en un transportín.

    Podríamos esperar a que entre completo.

    O podemos reforzar pequeños pasos:

    primero mira el transportín.

    Luego se acerca.

    Introduce la cabeza.

    Una pata.

    Dos patas.

    Finalmente entra.

    Eso es reforzar aproximaciones sucesivas hacia una conducta objetivo.

    Pero también hay una trampa.

    Si aumentamos el criterio demasiado rápido, podemos ver caída de respuestas, frustración o abandono.

    Así que enseñar no significa simplemente esperar el comportamiento final.

    También significa saber construir el camino hasta él.

    Ahora volvamos al perro que ladraba frente a la puerta

    Recuerda la escena del principio.

    El perro ladra.

    Esperas.

    Ladra otra vez.

    Abres.

    Si esa secuencia se repite, ladrar puede adquirir una historia de reforzamiento.

    Entonces decides cambiarla.

    Ya no abrirás cuando ladre.

    Ahora aparece otro concepto:

    extinción.

    La extinción ocurre cuando una conducta que anteriormente producía un reforzador deja de producirlo.

    Pero no significa que el comportamiento desaparecerá inmediatamente.

    Puede persistir.

    Puede variar.

    Puede reaparecer.

    Puede aumentar temporalmente.

    Y no siempre es una buena estrategia utilizar extinción de manera aislada. En conductas relacionadas con miedo, agresión o situaciones de alto riesgo puede resultar poco práctica o peligrosa. El dossier señala que con frecuencia conviene combinar manejo y refuerzo de una alternativa.

    En nuestro ejemplo podríamos enseñar otra conducta.

    Esperar.

    Mirar a la persona.

    Permanecer tranquilo.

    Y hacer que esa conducta sea la que abra la puerta.

    Ahora estamos modificando la contingencia.

    Ésta es probablemente la pregunta más útil de todo el artículo

    Cuando tu perro hace algo que no quieres, normalmente preguntas:

    “¿Cómo hago para que deje de hacerlo?”

    El condicionamiento operante propone detenernos un momento antes.

    Y preguntar:

    “¿Qué consecuencia está manteniendo esta conducta?”

    Tu perro salta.

    ¿Qué consigue?

    Tira.

    ¿Qué consigue?

    Ladra.

    ¿Qué consigue?

    Roba objetos.

    ¿Qué ocurre después?

    No siempre encontraremos una explicación simple.

    El comportamiento también depende de emoción, motivación, historia, genética, contexto, salud y muchas otras variables.

    El propio dossier advierte que los cuatro cuadrantes son sólo un mapa inicial. Para explicar conductas reales necesitamos también antecedentes, contexto, motivación, emoción, historia, reforzadores competidores, programas de reforzamiento, generalización y bienestar.

    Pero empezar observando las consecuencias cambia mucho nuestra manera de mirar.

    Lo que tu perro puede estar enseñándote

    Existe una última idea interesante.

    Pensamos que nosotros entrenamos a nuestros perros.

    Y es verdad.

    Pero vivimos dentro del mismo sistema.

    El perro ladra.

    Tú abres.

    El perro vuelve a ladrar.

    También tu conducta ha producido una consecuencia:

    el ladrido terminó.

    Quizá la próxima vez abras antes.

    Dos organismos pueden ir ajustando su comportamiento dentro de la misma interacción.

    No necesitamos convertirlo en una historia de manipulación.

    Sólo reconocer que convivir significa responder continuamente a las acciones del otro.

    Por eso aprender sobre condicionamiento operante no sirve únicamente para enseñar “sentado”, “quieto” o “ven”.

    Sirve para observar la convivencia con más precisión.

    Tres cosas para mirar desde hoy

    Cuando aparezca una conducta que quieras comprender, intenta observar tres momentos.

    Qué ocurrió antes.

    Qué hizo exactamente el perro.

    Qué consiguió o evitó después.

    Y después añade una cuarta pregunta:

    ¿la conducta está aumentando, disminuyendo o manteniéndose?

    Ese pequeño ejercicio puede revelar más que muchas etiquetas.

    Porque decir:

    “es terco”

    no te dice qué cambiar.

    Pero decir:

    “cuando tira consigue avanzar hacia el olor”

    ya empieza a mostrar dónde intervenir.

    Volvamos una última vez al principio

    El perro ladra frente a la puerta.

    ¿Es terco?

    ¿Está desobedeciendo?

    ¿Quiere molestarte?

    Tal vez esas preguntas lleguen demasiado pronto.

    Primero mira la secuencia.

    Ladra.

    ¿Qué ocurre?

    ¿La puerta se abre?

    ¿Recibe atención?

    ¿Alguien se acerca?

    ¿La conducta está aumentando?

    El condicionamiento operante no nos enseña simplemente que los perros hacen cosas a cambio de premios.

    Nos enseña algo mucho más general:

    los perros ajustan su conducta según las consecuencias que sus acciones producen.

    Algunas consecuencias las damos nosotros.

    Otras provienen directamente del ambiente.

    Y muchas ocurren sin que siquiera nos demos cuenta.

    Así que la próxima vez que tu perro haga algo que parezca incomprensible, antes de preguntarte cómo corregirlo, prueba una pregunta distinta:

    ¿qué está funcionando para él?

    Quizá ahí empiece la explicación.

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    Teléfonos captando un prado pintoresco de flores silvestres con árboles

  • Aprender a mirar: condicionamiento operante, práctica y responsabilidad en la vida con un perro

    Convivir con un perro significa vivir dentro de un intercambio continuo de acciones y consecuencias.

    Abrimos una puerta. Esperamos frente a un cruce. Entregamos comida. Permitimos que huela. Retiramos atención. Llamamos su nombre. Tensamos o aflojamos una correa. Respondemos a un ladrido. Algunas de estas acciones son deliberadas; otras apenas las advertimos.

    Sin embargo, todas forman parte del mundo en el que el perro aprende.

    Por eso el condicionamiento operante puede entenderse de dos maneras. La primera es teórica: como un conjunto de procesos mediante los cuales cambia la probabilidad futura de una conducta en función de las consecuencias que la siguen. La segunda es práctica: como una disciplina de observación que obliga a quien vive con un perro a prestar atención a aquello que sus propios actos están enseñando.

    Comprender el condicionamiento operante no consiste, por tanto, en memorizar cuatro términos. Consiste en aprender a mirar de otra manera.

    La situación: convivimos con animales que aprenden de nosotros

    El perro doméstico vive en un ambiente profundamente organizado por seres humanos.

    Los humanos controlamos puertas, comida, correas, juguetes, desplazamientos, espacios, horarios y buena parte de las oportunidades de interacción. La domesticación no creó la capacidad de aprender mediante consecuencias, pero la convivencia con personas multiplicó enormemente las contingencias relacionadas con esos recursos.

    Antes incluso de cualquier entrenamiento formal, un cachorro ya encuentra relaciones entre sus acciones y el mundo.

    Llora y aparece una persona.

    Muerde y el juego continúa.

    Se sienta y una puerta se abre.

    Salta y recibe atención.

    Estas pequeñas relaciones van formando un repertorio.

    Por eso resulta artificial imaginar que entrenamos al perro únicamente durante una sesión de diez minutos.

    La vida cotidiana entrena.

    Cada paseo, cada llegada a casa, cada comida y cada interacción forman parte de una historia.

    El problema aparece cuando el humano presta atención sólo a la conducta presente y olvida la historia que la ha formado.

    Vemos al perro saltar hoy, pero no recordamos las cien veces anteriores en las que saltar produjo contacto.

    Vemos que ladra frente a una puerta, pero olvidamos cuántas veces la puerta se abrió después.

    Vemos que tira de la correa, pero quizá no advertimos que tirar le ha permitido llegar durante meses a aquello que quería oler.

    El conocimiento del aprendizaje operante comienza, entonces, con una transformación sencilla: dejar de mirar únicamente lo que hace el perro para empezar a mirar la relación entre lo que hace y lo que ocurre después.

    La enseñanza: la conducta cambia por sus consecuencias

    El principio fundamental puede formularse con claridad.

    Una conducta que produce consecuencias que la fortalecen tenderá a aparecer con mayor frecuencia en condiciones similares. Una conducta seguida de consecuencias que la debilitan tenderá a disminuir.

    Históricamente, Edward Thorndike contribuyó a este modo de pensar mediante sus estudios sobre ensayo y error y la llamada ley del efecto. Más tarde, B. F. Skinner desarrolló un análisis experimental sistemático de la conducta operante y de las contingencias que modifican la frecuencia de las respuestas.

    La enseñanza central, sin embargo, puede expresarse sin aparato técnico excesivo:

    una acción cambia algo en el ambiente y ese cambio puede modificar la probabilidad de que la acción vuelva a ocurrir.

    Podemos representarlo así:

    Antecedente → conducta → consecuencia.

    El antecedente establece condiciones.

    La conducta ocurre.

    La consecuencia sigue.

    Pero el verdadero análisis comienza después:

    ¿qué sucede con esa conducta en el futuro?

    Esta pregunta convierte una teoría sobre aprendizaje en una práctica de atención.

    Ya no basta con decir:

    “Le di un premio.”

    Hay que observar si aquello fortaleció la conducta.

    Ya no basta con decir:

    “Lo corregí.”

    Hay que comprobar si la conducta disminuyó.

    El humano debe abandonar por un momento el privilegio de sus intenciones y observar los efectos reales de sus acciones.

    La primera práctica: aprender a distinguir

    Toda disciplina exige distinguir cosas que a primera vista parecen iguales.

    En condicionamiento operante, cuatro palabras deben separarse cuidadosamente:

    refuerzo, castigo, positivo y negativo.

    El lenguaje cotidiano nos confunde.

    Solemos utilizar positivo como bueno y negativo como malo.

    Aquí no significan eso.

    Positivo significa que algo se presenta.

    Negativo significa que algo se retira, termina o evita.

    Del mismo modo:

    refuerzo significa que una conducta aumenta o se mantiene;

    castigo significa que una conducta disminuye.

    Las cuatro relaciones tradicionales aparecen al combinar ambas dimensiones:

    Se presenta algoSe retira, reduce o evita algo
    La conducta aumentaRefuerzo positivoRefuerzo negativo
    La conducta disminuyeCastigo positivoCastigo negativo

    Pero la utilidad de esta tabla no está en memorizar cuatro etiquetas.

    Está en aprender una manera disciplinada de preguntar.

    Primero:

    ¿la conducta aumentó o disminuyó?

    Después:

    ¿algo apareció o desapareció?

    Esta secuencia obliga a suspender nuestras interpretaciones rápidas.

    El ejercicio consiste en mirar antes de juzgar.

    Recompensa y reforzador: pasar de la intención a la función

    Hay una distinción todavía más importante.

    Una recompensa no es necesariamente un reforzador.

    Nosotros podemos decidir que un trozo de comida es una recompensa.

    Pero sólo la conducta posterior mostrará si ese alimento está funcionando realmente como reforzador.

    El refuerzo se define por su efecto, no por la intención de quien entrega la consecuencia.

    Esta idea requiere cierta humildad.

    El humano deja de asumir que conoce de antemano el valor de las cosas para el perro.

    Un alimento puede tener mucho valor en casa y poco en la calle.

    El juego puede ser más importante que la comida.

    Una oportunidad de olfatear puede competir con cualquier golosina.

    El contacto social puede ser reforzante para un perro y poco relevante para otro.

    La investigación incluida en el dossier muestra que las preferencias individuales pueden relacionarse con la eficacia reforzante y que la calidad de la recompensa alimentaria puede influir en el vigor de la respuesta en determinadas condiciones.

    Así, la práctica cambia.

    La pregunta ya no es:

    “¿Qué premio quiero utilizar?”

    sino:

    “¿Qué tiene valor para este perro, en este momento y en este contexto?”

    Observar de esta manera transforma la relación porque sustituye una pedagogía centrada exclusivamente en el humano por otra que intenta comprender la experiencia concreta del animal.

    El ambiente como maestro

    Una de las transformaciones más importantes consiste en descubrir que el reforzamiento no procede únicamente de nuestra mano.

    El ambiente también enseña.

    Un perro ve un árbol.

    Tira de la correa.

    Avanza.

    Llega al árbol.

    Olfatea.

    Si tirar aumenta, el acceso al árbol puede estar reforzando esa conducta.

    Nadie entregó una galleta.

    Sin embargo, hubo una consecuencia valiosa.

    Lo mismo puede ocurrir con:

    • avanzar;
    • olfatear;
    • saludar;
    • atravesar una puerta;
    • subir al automóvil;
    • continuar jugando.

    Esta constatación modifica profundamente la práctica del entrenamiento.

    Quien aprende a verla deja de considerar el ambiente únicamente como un conjunto de distracciones.

    Empieza a verlo también como un conjunto de oportunidades.

    Una conducta deseada puede abrir una puerta.

    Puede permitir avanzar.

    Puede permitir explorar.

    Puede devolver al perro al juego.

    El entrenamiento empieza entonces a integrarse en la vida ordinaria.

    No se añade artificialmente a ella.

    La disciplina del tiempo

    El aprendizaje exige también precisión temporal.

    Una consecuencia entregada demasiado tarde puede relacionarse con una respuesta diferente de aquella que el humano pretendía fortalecer.

    En un pequeño estudio con diez perros, Yamamoto y colaboradores observaron que retrasos mayores en determinadas acciones del propietario se relacionaban con una reducción de respuestas apropiadas y de atención. La muestra obliga a prudencia, pero el trabajo ilustra un principio general: la proximidad temporal facilita la claridad de la contingencia.

    El timing puede parecer al principio una cuestión técnica.

    Pero también es una disciplina del cuidador.

    Obliga a prestar atención.

    A observar el momento exacto.

    A reconocer pequeñas respuestas.

    A dejar de reaccionar cuando ya es demasiado tarde.

    Una persona que desarrolla buen timing no sólo aprende a entregar mejor un reforzador. Aprende a mirar con mayor precisión.

    Construir en vez de exigir

    Existe otra diferencia entre conocer una teoría y transformarla en práctica.

    Podemos esperar que el perro realice una conducta completa.

    O podemos construirla progresivamente.

    El shaping consiste en reforzar aproximaciones sucesivas hacia una conducta objetivo.

    Para enseñar a entrar en un transportín, por ejemplo, pueden reforzarse sucesivamente mirar, acercarse, introducir la cabeza, colocar una pata, dos y finalmente entrar completamente.

    El ejercicio exige paciencia.

    Hay que observar el repertorio actual.

    Elegir un criterio alcanzable.

    Reconocer el progreso.

    Elevar gradualmente la exigencia.

    Si el criterio aumenta demasiado deprisa, pueden aparecer caída de respuestas, frustración o abandono.

    Aquí el condicionamiento operante deja una enseñanza que supera la mera técnica.

    En lugar de exigir inmediatamente la forma final, aprendemos a trabajar con aquello que ya existe.

    El progreso se construye a partir de aproximaciones.

    Esta lógica también aparece en capturing, luring, targeting y refuerzo diferencial: diferentes procedimientos, pero una misma necesidad de observar qué puede hacer ahora el perro y cómo organizar las consecuencias para favorecer el siguiente paso.

    Aprender a enseñar alternativas

    Una práctica centrada únicamente en detener conductas termina pensando constantemente en prohibiciones.

    No ladres.

    No saltes.

    No tires.

    No muerdas.

    Pero suprimir una conducta no indica todavía qué debería hacer el perro.

    El refuerzo diferencial cambia la pregunta.

    Si salta para conseguir atención, podemos reforzar cuatro patas en el suelo.

    Si tira para avanzar, podemos hacer que avanzar ocurra cuando la correa esté floja.

    Si queremos más calma, podemos capturar y reforzar momentos de descanso.

    Pero esto sólo funcionará correctamente si observamos también las consecuencias que siguen manteniendo la conducta problemática. El propio dossier advierte que reforzar una alternativa puede fracasar si el comportamiento no deseado continúa produciendo reforzadores potentes.

    La transformación consiste entonces en dejar de pensar exclusivamente:

    “¿Cómo elimino esto?”

    y empezar a preguntar:

    “¿Qué comportamiento quiero cultivar?”

    El ejercicio de observar antes de interpretar

    La vida con perros está llena de interpretaciones.

    “Es terco.”

    “Quiere dominar.”

    “Lo hace para molestar.”

    “Sabe que está mal.”

    Estas frases pueden surgir espontáneamente porque los seres humanos somos animales interpretativos.

    Pero el análisis funcional propone un ejercicio diferente.

    Antes de interpretar, describir.

    ¿Qué ocurrió antes?

    ¿Qué hizo exactamente el perro?

    ¿Qué ocurrió después?

    ¿Con qué frecuencia?

    ¿En qué contexto?

    ¿Aumentó?

    ¿Disminuyó?

    El dossier recomienda observar variables como frecuencia, duración, latencia, tasa, contexto, consecuencia y cambios posteriores a una intervención.

    Esta forma de observación tiene una consecuencia ética.

    Reduce el impulso de atribuir inmediatamente defectos de carácter cuando todavía no hemos comprendido el aprendizaje.

    Una conducta persistente puede tener una historia de reforzamiento.

    Un fallo de respuesta puede reflejar problemas de generalización.

    Una caída de rendimiento puede relacionarse con motivación, dolor, contexto o cambios sensoriales.

    Comprender no significa justificar cualquier comportamiento.

    Significa intervenir sobre algo que hemos intentado entender primero.

    Señales: enseñar no es pronunciar palabras

    También cambia nuestra manera de comprender una señal.

    Decimos:

    “Mi perro conoce la orden.”

    Pero una conducta sólo está bajo control estimular cuando su probabilidad cambia sistemáticamente en presencia de determinados antecedentes.

    La palabra no posee una fuerza mágica.

    Ha adquirido significado mediante una historia:

    señal → oportunidad de respuesta → consecuencia.

    Además, el perro puede estar respondiendo a cosas que nosotros no advertimos.

    Una inclinación del torso.

    Un gesto de la mano.

    La presencia de comida.

    La habitación habitual.

    Por eso la generalización requiere práctica.

    Responder en una cocina tranquila y responder en una calle llena de estímulos son situaciones diferentes.

    El cuidador que comprende esto deja de interpretar automáticamente la ausencia de respuesta como desafío.

    Primero pregunta si realmente enseñó la conducta bajo esas condiciones.

    Esta pregunta transforma la exigencia en responsabilidad pedagógica.

    Extinción y la dificultad de dejar de responder

    La extinción ocurre cuando una conducta anteriormente reforzada deja de producir el reforzador que la mantenía.

    En apariencia parece sencilla.

    Si el ladrido obtiene atención, dejamos de entregar atención.

    Pero la práctica es más exigente.

    Puede aparecer persistencia, frustración, variabilidad o recuperación. Un incremento temporal de intensidad o frecuencia puede aparecer en algunos casos, aunque no debe considerarse inevitable.

    Además, ignorar una conducta sólo tiene sentido si la atención era realmente la consecuencia relevante.

    Y no todas las conductas deberían abordarse mediante extinción. En problemas relacionados con miedo, agresión o riesgo, puede ser difícil o peligroso. El dossier señala que el manejo y el refuerzo de alternativas suelen ser estrategias importantes.

    La práctica requiere entonces otra forma de disciplina: consistencia sin rigidez.

    Hay que comprender qué consecuencia mantiene la conducta y decidir si modificarla es seguro, razonable y compatible con el bienestar.

    La cuestión del castigo: eficacia y forma de vida

    Aquí llegamos a una cuestión decisiva.

    Una consecuencia puede reducir una conducta.

    En sentido técnico, eso puede constituir castigo.

    Pero saber que una intervención reduce una conducta no determina todavía si deberíamos utilizarla.

    Ésta es la diferencia entre describir una contingencia y evaluar una práctica.

    Los procedimientos aversivos pueden tener consecuencias sobre estrés, miedo, asociaciones emocionales, relación con el humano y bienestar. El dossier recoge literatura que vincula un mayor uso de métodos aversivos con diversos indicadores de bienestar comprometido.

    Al mismo tiempo, la investigación no permite sostener honestamente que los procedimientos aversivos jamás puedan modificar una conducta. El estudio de Johnson y Wynne de 2024 incluido en el dossier encontró mayor inhibición en una tarea específica bajo una condición con collar electrónico, aunque con limitaciones importantes y sin que ese resultado establezca superioridad general ni resuelva las cuestiones de bienestar.

    La verdadera pregunta se vuelve entonces más amplia.

    No sólo:

    “¿funciona?”

    sino:

    “¿qué tipo de relación construye esta práctica y qué costos produce?”

    Ésta es una cuestión ética porque entrenar no consiste simplemente en conseguir respuestas.

    Implica decidir qué medios consideramos aceptables al formar la conducta de un animal que depende en gran medida de nosotros.

    La transformación: del control a la comprensión

    El condicionamiento operante suele presentarse como una tecnología del comportamiento.

    Y ciertamente puede utilizarse para modificar conductas.

    Pero aplicado con seriedad produce también una transformación en quien lo aprende.

    La persona empieza preguntando:

    “¿Cómo hago para que deje de hacer esto?”

    Y termina preguntando:

    “¿Qué consecuencia mantiene esta conducta?”

    Empieza diciendo:

    “Mi perro no quiere obedecer.”

    Y después se pregunta:

    “¿La respuesta se generalizó a este contexto?”

    Empieza diciendo:

    “Este premio debería gustarle.”

    Y aprende a observar:

    “¿Está funcionando como reforzador aquí?”

    Empieza afirmando:

    “Lo castigué.”

    Y termina comprobando:

    “¿La conducta disminuyó y qué otros efectos produjo mi intervención?”

    Esta transformación no hace que desaparezcan los problemas.

    Cambia la manera de acercarnos a ellos.

    Del juicio rápido a la observación.

    De la intención al efecto.

    De la etiqueta a la contingencia.

    De la exigencia inmediata a la construcción progresiva.

    Del deseo de control a una práctica más precisa de enseñanza.

    La consecuencia ética: reconocer nuestra participación

    La ciencia del aprendizaje no implica que toda conducta problemática sea culpa del humano.

    El perro aporta biología, genética, desarrollo, emoción, historia y predisposiciones. No es una superficie vacía sobre la que escribimos cualquier conducta que deseemos. El refuerzo actúa dentro de un repertorio biológicamente posible.

    Pero reconocer esto tampoco nos libera de responsabilidad.

    Los humanos organizamos una gran parte del ambiente del perro.

    Decidimos cuándo sale.

    A qué accede.

    Qué consecuencias siguen a muchas de sus acciones.

    Qué respuestas reforzamos.

    Qué señales creamos.

    Qué comportamientos permitimos practicar.

    Qué situaciones prevenimos.

    Ser responsable no significa creer que controlamos todo.

    Significa reconocer qué parte de la situación depende de nuestras decisiones.

    En ese sentido, aprender condicionamiento operante es también aprender a examinar nuestra propia conducta.

    El perro está aprendiendo.

    Pero nosotros también debemos hacerlo.

    Una práctica cotidiana de observación

    El conocimiento sólo se vuelve verdaderamente útil cuando se convierte en ejercicio.

    Podemos practicar de manera sencilla.

    Cuando aparezca una conducta que queremos comprender, detener por un momento la interpretación y registrar:

    1. Antecedente
    ¿Qué estaba ocurriendo inmediatamente antes?

    2. Conducta
    ¿Qué hizo realmente el perro, descrito de manera observable?

    3. Consecuencia
    ¿Qué cambió justo después?

    4. Historia
    ¿Esta secuencia ha ocurrido otras veces?

    5. Cambio futuro
    ¿La conducta está aumentando, disminuyendo o manteniéndose?

    6. Contexto
    ¿Ocurre igual en otros lugares y situaciones?

    7. Valor
    ¿Qué parece obtener o evitar el perro?

    8. Bienestar
    ¿Qué efectos emocionales o físicos acompañan la intervención?

    Este ejercicio no resuelve todos los problemas conductuales.

    Pero transforma nuestra forma de observarlos.

    Y, en ocasiones, esa transformación es precisamente lo que permite empezar a resolverlos.

    Reflexión final: aprender a convivir también es aprender a ver

    Los cuatro cuadrantes del condicionamiento operante son útiles.

    Pero no son todavía una forma completa de comprender al perro.

    El propio dossier insiste en que una conducta real requiere considerar antecedentes, motivación, emoción, contexto, historia, reforzadores competidores, programas de reforzamiento, generalización y bienestar.

    La tabla clasifica consecuencias.

    La práctica enseña a observar vidas.

    Y quizá ahí se encuentra la enseñanza más importante.

    El condicionamiento operante no debería convertirnos en personas obsesionadas con controlar cada movimiento del perro.

    Debería hacernos más atentos.

    Más precisos al observar.

    Más conscientes de las consecuencias que producimos.

    Más pacientes al construir conductas.

    Más prudentes al intervenir.

    Y más capaces de reconocer que, cada vez que convivimos con un animal que aprende, también nosotros estamos participando en aquello que llegará a ser posible para él.

    No entrenamos simplemente con premios o castigos.

    Organizamos contingencias: qué conducta produce qué consecuencia, cuándo ocurre, qué valor tiene y bajo qué condiciones.

    Pero comprender esto plantea una cuestión que va más allá de la técnica:

    ¿qué clase de cuidador empezamos a ser cuando dejamos de preguntar solamente cómo controlar la conducta del perro y aprendemos, primero, a observar con atención el mundo que estamos construyendo alrededor de él?

  • ¿Tu perro desobedece o está haciendo exactamente lo que ha aprendido?

    ¿Tu perro hace algo porque quiere desobedecerte o porque esa conducta le ha funcionado antes?

    La pregunta parece sencilla. Pero si la tomamos en serio, cambia bastante nuestra manera de entender el entrenamiento.

    Supongamos que un perro ladra frente a una puerta. El humano intenta ignorarlo. El perro vuelve a ladrar. Finalmente alguien abre.

    Al día siguiente ocurre otra vez.

    Después de varias semanas, la familia concluye que el perro es insistente.

    Pero ahora detente un momento.

    Desde el punto de vista del perro, ¿qué ocurrió?

    Ladró.

    La puerta se abrió.

    Volvió a ladrar.

    La puerta volvió a abrirse.

    Si la conducta continúa o aumenta, quizá el fenómeno que debemos explicar no sea la terquedad del perro. Tal vez tengamos delante algo mucho más sencillo: una conducta que produce una consecuencia y que, por ello, aumenta su probabilidad de repetirse.

    Eso es precisamente lo que estudia el condicionamiento operante.

    Pero si aceptamos esta idea, aparece inmediatamente un problema.

    Muchas de las explicaciones que solemos dar sobre nuestros perros quizá estén mirando en la dirección equivocada.

    Lo que normalmente suponemos

    Cuando convivimos con un perro, tendemos a pensar en su comportamiento utilizando palabras intencionales.

    “Quiere portarse mal.”

    “Sabe perfectamente lo que tiene que hacer.”

    “Está desobedeciendo.”

    “Me está retando.”

    “No entiende que eso no se hace.”

    Estas expresiones pueden resultar naturales. No significa que sean siempre absurdas. El problema es otro: no nos dicen necesariamente qué variables están manteniendo la conducta.

    Supongamos que un perro salta cuando llegas a casa.

    Tú piensas:

    “Tengo que enseñarle que saltar está mal.”

    Así que le hablas, lo empujas suavemente, dices “abajo”, quizá lo miras directamente y finalmente consigues que vuelva al suelo.

    Desde tu perspectiva, has corregido.

    Pero falta una pregunta.

    ¿Qué obtuvo el perro al saltar?

    Tal vez contacto.

    Tal vez atención.

    Tal vez voz.

    Tal vez interacción.

    Y si después de muchas llegadas el salto aumenta, entonces tenemos un dato bastante incómodo: parte de nuestra respuesta puede estar contribuyendo a mantener precisamente la conducta que intentábamos eliminar.

    En un análisis operante, una consecuencia se clasifica por el efecto que tiene sobre la conducta futura, no por la intención de la persona que la aplica.

    Ésa es una diferencia fundamental.

    Nosotros conocemos nuestras intenciones.

    El perro experimenta consecuencias.

    Y ambas cosas pueden no coincidir.

    La dificultad: una consecuencia no significa lo que creemos que significa

    Pensemos en algo aparentemente obvio.

    Le das un trozo de comida a tu perro después de que se sienta.

    ¿Lo has reforzado?

    La respuesta habitual es sí.

    Pero técnicamente todavía no lo sabemos.

    Dar comida no constituye por sí mismo refuerzo positivo.

    Para que podamos hablar de refuerzo, la conducta debe aumentar, mantenerse o mostrar un cambio sistemático relacionado con esa consecuencia.

    Por tanto:

    comida ≠ reforzador por definición.

    Del mismo modo:

    gritar ≠ castigo por definición.

    Si gritas cuando el perro roba un calcetín pero el robo continúa aumentando porque el grito inicia una persecución divertida, llamar “castigo” al grito puede describir nuestra intención, pero no su función.

    El dossier presenta precisamente este tipo de situación: una reprimenda sólo puede clasificarse funcionalmente como castigo si la conducta disminuye; si la interacción hace que el comportamiento aumente, la misma consecuencia puede estar cumpliendo otra función.

    Ahora el problema se vuelve más interesante.

    Si las consecuencias no se clasifican por su apariencia sino por sus efectos, entonces no podemos analizar el entrenamiento simplemente observando lo que hace el humano.

    Tenemos que observar también lo que ocurre después con el perro.

    El argumento puede formularse de manera sencilla

    El razonamiento central del condicionamiento operante puede ponerse así:

    1. Los perros producen conductas.
    2. Esas conductas cambian cosas en el ambiente.
    3. Algunas de esas consecuencias afectan la probabilidad de que la conducta vuelva a aparecer.
    4. Por tanto, para comprender por qué una conducta aumenta, disminuye o persiste debemos estudiar la relación entre conducta y consecuencia.

    Eso es una contingencia.

    Podemos representarla de manera simple:

    Antecedente → conducta → consecuencia

    o:

    A → B → C.

    Pero aquí también debemos tener cuidado.

    El esquema no dice que toda consecuencia produzca aprendizaje.

    Tampoco dice que una sola observación demuestre causalidad.

    Dice que debemos estudiar si existe una relación funcional entre lo que el perro hace y lo que sucede después.

    La pregunta central se vuelve entonces:

    ¿Qué cambia en el ambiente cuando aparece esta conducta, y qué ocurre después con la probabilidad de que vuelva a aparecer?

    Ésa es una pregunta mucho más precisa que “¿por qué mi perro se porta así?”.

    Antes de continuar necesitamos aclarar cuatro palabras

    Aquí encontramos una fuente enorme de confusión.

    Las palabras son:

    • positivo;
    • negativo;
    • refuerzo;
    • castigo.

    En conversación cotidiana solemos pensar:

    positivo = bueno

    y

    negativo = malo.

    Pero en condicionamiento operante no significan eso.

    Positivo significa que algo se presenta.

    Negativo significa que algo se retira, termina o evita.

    Ahora las otras dos palabras.

    Refuerzo significa que la conducta aumenta o se mantiene.

    Castigo significa que la conducta disminuye.

    Si combinamos ambas dimensiones obtenemos cuatro posibilidades.

    Se presenta algoSe retira, reduce o evita algo
    La conducta aumentaRefuerzo positivo (R+)Refuerzo negativo (R−)
    La conducta disminuyeCastigo positivo (P+)Castigo negativo (P−)

    Ésta es la famosa tabla.

    Y es útil.

    Pero también puede convertirse en una trampa si creemos que con memorizarla ya comprendemos el comportamiento.

    Refuerzo positivo: ¿qué hace realmente que una conducta aumente?

    Supongamos que pedimos al perro que se siente.

    Se sienta.

    Le damos comida.

    Con el tiempo se sienta con mayor frecuencia bajo esas condiciones.

    Ahora sí tenemos un caso compatible con refuerzo positivo:

    conducta → aparece una consecuencia → la conducta aumenta.

    Pero nada obliga a que el reforzador sea comida.

    Puede ser juego.

    Contacto social.

    Acceso a una puerta.

    Permiso para olfatear.

    Continuar caminando.

    Acercarse a otro perro.

    Perseguir algo permitido.

    Esto plantea otra cuestión.

    ¿Qué convierte algo en reforzador?

    No que nosotros pensemos que es valioso.

    No que el envase diga “premio para perros”.

    No que el entrenador lo considere agradable.

    Su función.

    La investigación citada en el dossier muestra que las preferencias individuales pueden predecir parcialmente qué estímulos mantendrán mejor una respuesta, y que la calidad de una recompensa alimentaria puede afectar el vigor del comportamiento en determinadas condiciones.

    De aquí se sigue una conclusión importante:

    un reforzador no es simplemente una cosa; es una cosa funcionando dentro de una relación.

    Ese mismo trozo de alimento puede tener mucho valor dentro de casa y casi ninguno frente a un árbol lleno de olores.

    Refuerzo negativo: el nombre que más confusión produce

    Ahora pensemos en el refuerzo negativo.

    Muchas personas escuchan el término y concluyen:

    “Eso debe significar regañar.”

    Pero no.

    Refuerzo negativo significa que una conducta aumenta porque hace que algo aversivo termine, disminuya o se evite.

    La estructura es:

    aparece o amenaza una condición aversiva → el perro realiza una respuesta → la condición disminuye o desaparece → la respuesta aumenta.

    Si la conducta termina algo que ya estaba ocurriendo, hablamos de escape.

    Si evita o retrasa algo aversivo esperado, hablamos de evitación.

    En ambos casos la conducta puede fortalecerse mediante refuerzo negativo.

    Por tanto, lo negativo no indica que la conducta disminuya.

    Ésa es precisamente la razón por la que resulta tan fácil confundirse.

    Negativo describe lo que ocurre con el estímulo.

    Refuerzo describe lo que ocurre con la conducta.

    Una vez separadas ambas dimensiones, el término deja de parecer contradictorio.

    ¿Y el castigo?

    Aquí necesitamos hacer otra separación.

    En conversación cotidiana, castigar suele implicar culpa, corrección moral o incluso violencia.

    Pero el término técnico es más estrecho.

    Castigo significa:

    una consecuencia hace que una conducta disminuya.

    Si después de una conducta se presenta algo y la conducta disminuye, hablamos de castigo positivo.

    Si se retira algo apetitivo y la conducta disminuye, hablamos de castigo negativo.

    Por ejemplo, si durante un juego una mordida demasiado fuerte hace que la interacción termine y con el tiempo esas mordidas disminuyen, la retirada del juego puede funcionar como castigo negativo.

    Pero ahora aparece una objeción importante.

    Si llamamos técnicamente “castigo” a cualquier consecuencia que disminuya una conducta, ¿no estamos eliminando la diferencia entre una intervención relativamente inocua y otra potencialmente dañina?

    Sí.

    Y precisamente por eso el cuadrante no puede resolver todas las preguntas importantes.

    La objeción: si algo funciona, ¿por qué no usarlo?

    Supongamos que una consecuencia aversiva reduce una conducta de manera rápida.

    Alguien podría decir:

    “Entonces funciona. ¿Qué más necesitamos saber?”

    Mucho más.

    La eficacia operante responde a una pregunta:

    ¿disminuyó la conducta?

    Pero el bienestar plantea otras:

    • ¿produjo miedo?
    • ¿produjo dolor?
    • ¿generó estrés?
    • ¿qué asociaciones emocionales se formaron?
    • ¿se generalizaron esas respuestas?
    • ¿afectó la relación con la persona?
    • ¿existían alternativas menos aversivas?
    • ¿qué ocurrió fuera del contexto de entrenamiento?

    El dossier distingue explícitamente entre eficacia operante y bienestar. Una contingencia puede cambiar una conducta y al mismo tiempo plantear problemas importantes de bienestar.

    La literatura revisada en el documento muestra asociaciones entre métodos aversivos y diversos indicadores de bienestar comprometido. En un estudio con 92 perros, un mayor uso de métodos aversivos se relacionó con más comportamientos de estrés, cambios en cortisol y un sesgo cognitivo más pesimista, aunque el diseño no fue aleatorizado.

    Revisiones incluidas en el dossier apuntan igualmente a riesgos de bienestar y no encuentran evidencia de una superioridad general del castigo positivo frente a métodos basados en refuerzo.

    Pero aquí debemos evitar una respuesta demasiado cómoda.

    Una segunda objeción: entonces, ¿los métodos aversivos nunca funcionan?

    Eso tampoco se sigue de la evidencia presentada.

    El dossier incluye un estudio de Johnson y Wynne de 2024 en el que una condición con collar electrónico produjo mayor inhibición de persecución en una tarea específica que determinadas condiciones no aversivas.

    Pero el mismo dossier señala varias limitaciones:

    • muestra final pequeña;
    • tarea específica;
    • diferencias entre protocolos;
    • dificultades para generalizar.

    Por tanto, sería incorrecto convertir ese resultado en la afirmación:

    “Los collares electrónicos son superiores.”

    Pero también sería incorrecto decir:

    “Los procedimientos aversivos nunca pueden modificar una conducta.”

    La distinción responsable es otra:

    que una técnica pueda modificar una conducta no demuestra que sea necesaria, óptima o preferible desde la perspectiva del bienestar.

    Ésta es una diferencia que vale la pena mantener porque impide que la discusión se convierta simplemente en una pelea entre etiquetas.

    Primero describimos qué ocurrió.

    Después evaluamos si deberíamos hacerlo.

    Son preguntas distintas.

    Pero todavía falta algo: las consecuencias no viven aisladas

    Imagina que enseñamos una llamada.

    Decimos “ven”.

    El perro regresa.

    Le ponemos la correa y termina la diversión.

    Repetimos esta secuencia muchas veces.

    Ahora la persona dice:

    “Mi perro conoce perfectamente la palabra, pero decidió no obedecer.”

    ¿Seguro?

    Quizá la palabra sí tenga una historia de aprendizaje.

    Pero también la tiene la consecuencia de responder.

    Si venir suele significar que termina todo lo interesante, esa consecuencia puede competir con otras mucho más valiosas.

    El dossier propone una alternativa sencilla: hacer que llegar pueda producir un reforzador y, algunas veces, permitir que el perro vuelva a jugar.

    Este ejemplo muestra por qué un análisis basado únicamente en “la orden” resulta incompleto.

    La conducta depende de:

    • antecedentes;
    • historia;
    • motivación;
    • contexto;
    • consecuencias;
    • competencia entre reforzadores.

    La palabra que pronunciamos es sólo una parte del sistema.

    ¿El perro realmente conoce la señal?

    Tomemos el clásico “sentado”.

    El perro responde perfectamente en la cocina.

    Después vamos al parque.

    Decimos “sentado”.

    Nada.

    ¿Ha decidido ignorarnos?

    Antes de responder conviene preguntar qué controla realmente la conducta.

    Una conducta está bajo control estimular cuando su probabilidad cambia sistemáticamente según determinados antecedentes.

    Quizá creemos que la palabra “sentado” controla la respuesta.

    Pero durante todos los entrenamientos hemos hecho además tres cosas:

    • inclinarnos;
    • mover una mano;
    • mostrar comida.

    Tal vez el perro estaba respondiendo al gesto y no a la palabra.

    O quizá respondía a una combinación de señales.

    O al contexto de la cocina.

    Por eso una señal no adquiere poder simplemente porque decidamos llamarla “orden”.

    Existe una historia:

    señal → oportunidad de respuesta → consecuencia.

    Y todavía debemos enseñar otra cosa: generalización.

    Responder en una habitación tranquila no equivale a responder frente a otro perro, coches, olores, personas y movimiento.

    La ausencia de respuesta no demuestra por sí sola desobediencia.

    Puede demostrar que nuestra enseñanza todavía no llegó hasta allí.

    Ahora considera el tiempo

    Supongamos que el perro ofrece exactamente la conducta que queríamos.

    Pero tardamos varios segundos en marcarla o reforzarla.

    ¿Qué estamos reforzando exactamente?

    La respuesta original.

    ¿O lo que hizo inmediatamente después?

    El timing importa porque cuanto más se separan conducta y consecuencia, menos clara puede resultar la relación.

    El dossier cita un estudio de Yamamoto y colaboradores realizado con diez perros. Al aumentar retrasos entre determinadas respuestas y las acciones de los propietarios, disminuyeron respuestas apropiadas y atención en varias condiciones. La muestra es pequeña, así que conviene evitar una conclusión excesiva, pero el resultado es coherente con la importancia general de la proximidad temporal.

    Así que tampoco basta con preguntar:

    “¿Reforcé?”

    Necesitamos preguntar:

    “¿Qué conducta estaba ocurriendo cuando llegó la consecuencia?”

    ¿Cómo enseñamos algo que todavía no existe?

    Aquí aparece otra dificultad.

    ¿Qué hacemos cuando el perro todavía no realiza la conducta completa?

    Una respuesta sería esperar.

    Otra es construirla.

    El shaping consiste en reforzar diferencialmente aproximaciones sucesivas hacia la conducta final.

    Queremos que el perro entre en un transportín.

    Primero reforzamos mirar.

    Después acercarse.

    Después introducir la cabeza.

    Después una pata.

    Dos.

    Entrar completamente.

    Esto revela algo interesante sobre el aprendizaje.

    No siempre necesitamos esperar el comportamiento perfecto.

    Podemos seleccionar pequeños cambios.

    Pero también podemos equivocarnos.

    Si elevamos el criterio demasiado rápido, la tasa de respuesta puede caer, aparecer frustración o el perro puede abandonar la tarea.

    Por tanto, hasta una técnica basada en refuerzo exige juicio.

    No se trata simplemente de repartir comida.

    Hay que decidir qué aproximación reforzar y cuándo pedir algo más.

    El ambiente también vota

    Pensemos ahora en un perro que tira de la correa.

    Normalmente culpamos a una de dos partes.

    Al perro:

    “Es muy impulsivo.”

    O al humano:

    “No sabe manejarlo.”

    Pero hay una tercera parte en la conversación: el ambiente.

    Perro ve un árbol.

    Tira.

    Avanza.

    Llega.

    Olfatea.

    Si tirar aumenta, avanzar hacia ese árbol puede estar reforzando la conducta.

    Nadie necesitó darle comida.

    El propio ambiente proporcionó la consecuencia.

    Esto nos obliga a ampliar la idea de reforzador.

    Pueden funcionar como reforzadores:

    • olfatear;
    • avanzar;
    • saludar;
    • acceder a una puerta;
    • subir a un coche;
    • continuar una interacción.

    Ahora el entrenamiento parece menos un intercambio artificial de “obediencia por comida”.

    Se parece más a organizar acceso a las cosas que ya importan al perro.

    Una objeción razonable: ¿no estamos reduciendo al perro a una máquina?

    Llegados a este punto alguien podría protestar.

    “Todo esto suena como si el perro fuera una máquina que responde automáticamente a contingencias.”

    La objeción merece atención.

    El propio dossier rechaza una interpretación tan simple.

    El perro no es una caja vacía.

    Su conducta está influida por:

    • especie;
    • genética;
    • desarrollo;
    • experiencia;
    • motivación;
    • emoción;
    • repertorio previo.

    Además, no todas las respuestas son igualmente fáciles de enseñar. Anatomía, predisposiciones, historia y sistemas motivacionales delimitan el repertorio dentro del cual el aprendizaje puede operar.

    El dossier formula la idea así:

    el refuerzo selecciona dentro de un repertorio biológicamente posible.

    Por tanto, explicar una conducta mediante contingencias no significa negar biología, emoción o cognición.

    Significa identificar una dimensión concreta del problema:

    cómo las consecuencias cambian la probabilidad de determinadas acciones.

    No es toda la explicación.

    Pero tampoco es una parte menor.

    ¿Qué ocurre cuando dejamos de reforzar?

    Supongamos que un perro ladra para obtener atención.

    Durante meses, ladrar ha funcionado.

    Ahora decidimos no atenderlo cuando ladra.

    Estamos modificando una relación que mantenía la conducta.

    Eso es extinción: una conducta anteriormente reforzada deja de producir el reforzador que la mantenía.

    Pero tampoco aquí debemos imaginar un proceso limpio y automático.

    Pueden aparecer:

    • persistencia;
    • variabilidad;
    • frustración;
    • recuperación;
    • aumentos temporales de frecuencia o intensidad.

    El denominado extinction burst puede ocurrir, pero no debe presentarse como una ley inevitable.

    Además, la extinción no siempre es prudente.

    En conductas relacionadas con miedo, agresión o riesgo puede ser peligrosa, frustrante o difícil de aplicar. El dossier señala que con frecuencia resulta preferible combinar manejo y refuerzo de alternativas.

    Así que incluso una idea aparentemente sencilla —“deja de reforzarlo”— necesita contexto.

    ¿Y si reforzamos sólo algunas veces?

    Aquí aparece otra intuición muy extendida.

    Si reforzamos una conducta de forma impredecible, ¿se vuelve prácticamente indestructible?

    La respuesta prudente es: depende.

    Los programas de reforzamiento pueden organizarse por razón o intervalo, y ser fijos o variables:

    • FR;
    • VR;
    • FI;
    • VI.

    Existe una amplia tradición experimental sobre estos programas, pero buena parte procede de trabajos con otras especies. La literatura aplicada comparativa específicamente en perros es considerablemente menor.

    Además, pasar demasiado rápido a exigencias mayores puede deteriorar la conducta, aumentar latencias o producir ratio strain.

    Por tanto, no podemos convertir “variable ratio” en una fórmula universal.

    El aprendizaje es más interesante —y más incómodo— que cualquier mantra.

    Lo que sigue del argumento

    Si hemos llegado hasta aquí, varias cosas deberían haber cambiado.

    La primera es nuestra manera de formular los problemas.

    En lugar de:

    “¿Cómo corrijo esto?”

    podemos preguntar:

    “¿Qué consecuencia está manteniendo esta conducta?”

    En lugar de:

    “¿Por qué no quiere obedecer?”

    podemos preguntar:

    “¿En qué contexto aprendió esta respuesta y qué consecuencias compiten ahora con ella?”

    En lugar de:

    “Le di un premio.”

    podemos preguntar:

    “¿La conducta aumentó?”

    En lugar de:

    “Lo castigué.”

    podemos preguntar:

    “¿La conducta disminuyó y qué otros efectos produjo el procedimiento?”

    En lugar de:

    “Mi perro sabe la orden.”

    podemos preguntar:

    “¿Qué estímulos controlan realmente la respuesta y se ha generalizado a este contexto?”

    Éste es un cambio pequeño en el lenguaje, pero grande en el razonamiento.

    Nos obliga a abandonar explicaciones fáciles y observar relaciones.

    Pero no basta con observar una vez

    Aquí aparece otra dificultad importante.

    Supongamos que aplicamos una intervención y al día siguiente la conducta disminuye.

    ¿Ya demostramos que funcionó?

    No necesariamente.

    La reducción podría deberse a:

    • fatiga;
    • saciedad;
    • miedo;
    • contexto;
    • cambio ambiental;
    • extinción;
    • otras variables.

    Por eso el dossier recomienda observar medidas como:

    • frecuencia;
    • latencia;
    • duración;
    • tasa;
    • contexto;
    • consecuencias;
    • variabilidad;
    • cambios después de la intervención.

    Incluso registrar entre diez y veinte ensayos, comparar situaciones y observar reforzadores competidores puede proporcionar más información que una impresión aislada.

    La cuestión es sencilla:

    si afirmamos que una consecuencia cambió una conducta, necesitamos mirar realmente si la conducta cambió.

    La tabla no explica al perro

    Ahora podemos volver a los cuatro cuadrantes.

    R+.

    R−.

    P+.

    P−.

    Son útiles.

    Nos permiten clasificar consecuencias.

    Pero el propio dossier advierte contra convertir el condicionamiento operante en una tabla memorizada.

    Porque una conducta real también requiere considerar:

    • antecedentes;
    • contexto;
    • motivación;
    • emoción;
    • historial;
    • reforzadores competidores;
    • programas de reforzamiento;
    • generalización;
    • bienestar.

    Así que la tabla responde a una pregunta limitada:

    ¿qué tipo de relación funcional existe entre esta conducta y esta consecuencia?

    No responde automáticamente:

    ¿por qué este perro hace esto aquí, ahora, con esta persona y bajo estas condiciones?

    Para eso necesitamos un análisis más completo.

    La pregunta que queda

    Volvamos al principio.

    Tu perro ladra.

    Tira.

    Salta.

    Roba objetos.

    No responde a una señal.

    ¿Qué está haciendo?

    La respuesta rápida consiste en atribuir una intención:

    “desobedece”.

    “es terco”.

    “sabe que está mal”.

    Quizá alguna de esas descripciones capture parte de nuestra experiencia.

    Pero antes de aceptar cualquiera de ellas, podemos plantear una pregunta más exigente:

    ¿qué consecuencias ha producido esta conducta a lo largo del tiempo?

    Porque un perro puede estar realizando exactamente la conducta que su historia le ha enseñado que funciona.

    Y aquí aparece la parte incómoda.

    Nosotros también formamos parte de esa historia.

    Abrimos puertas.

    Prestamos atención.

    Permitimos avanzar.

    Retiramos cosas.

    Terminamos juegos.

    Damos comida.

    Creamos señales.

    Repetimos errores.

    A veces enseñamos deliberadamente.

    A veces enseñamos sin saberlo.

    El condicionamiento operante no dice simplemente que los perros obedecen a cambio de premios.

    Dice algo mucho más profundo y general:

    las conductas cambian según las consecuencias que producen y las condiciones en que esas consecuencias ocurren.

    Por eso, para saber qué está aprendiendo un perro, no basta mirar nuestras intenciones.

    Tenemos que mirar lo que obtiene él.

    Qué conducta produce qué consecuencia.

    Cuándo.

    Con qué valor.

    En qué contexto.

    Y entonces queda una pregunta que ninguna tabla puede responder por nosotros:

    Si muchas de las conductas de tu perro persisten porque de alguna manera han funcionado, ¿cuántas de las cosas que llamas “problemas de comportamiento” son en realidad aprendizajes que todavía no has terminado de comprender?

  • Tu perro también aprende de ti: una conversación sobre consecuencias, hábitos y entrenamiento

    Hay una escena que se repite en muchas casas.

    El perro ladra frente a la puerta. Al principio nadie le hace caso. Vuelve a ladrar. Alguien, cansado, termina abriendo.

    Otro día ocurre lo mismo.

    Y otro.

    Después de unas semanas alguien dice: “No entiendo por qué ladra tanto para salir”.

    Tal vez la pregunta debería formularse al revés: ¿por qué habría de dejar de ladrar si ladrar funciona?

    Ahí comienza el condicionamiento operante.

    No hace falta imaginar al perro pensando: “He descubierto que puedo manipular a estos humanos”. Tampoco necesitamos atribuirle rebeldía, malicia o un misterioso deseo de dominar la casa. Basta algo mucho más sencillo: una conducta produjo una consecuencia y esa consecuencia cambió la probabilidad de que la conducta volviera a aparecer.

    Eso es, en esencia, aprender de las consecuencias.

    Y lo interesante es que ocurre continuamente, incluso cuando nadie cree estar entrenando.

    Cuando creemos que no estamos enseñando nada

    Solemos reservar la palabra entrenamiento para momentos bastante formales: sacar premios, pedir “sentado”, utilizar un clicker o practicar la llamada.

    Pero el perro no distingue con tanta cortesía entre “hora de entrenamiento” y “vida normal”.

    La vida normal también enseña.

    Salta sobre nosotros y recibe atención.

    Tira de la correa y consigue llegar al árbol.

    Roba un calcetín y comienza una persecución por el pasillo.

    Ladra y la puerta se abre.

    Se acerca tranquilamente y recibe una caricia.

    Es decir, sus acciones producen cambios.

    Y cuando esos cambios alteran la probabilidad futura de una conducta, estamos ante aprendizaje operante. Una operante no se define únicamente por cómo se ve, sino por la relación histórica que existe entre una conducta y las consecuencias que ha producido.

    Esto nos obliga a aceptar una idea un poco incómoda: podemos enseñar una conducta sin querer enseñarla.

    De hecho, probablemente lo hacemos todos.

    “Pero yo le digo que no”

    Aquí aparece una de esas frases humanas que parecen resolver el problema porque expresan claramente nuestra intención.

    “Yo le digo que no.”

    Perfecto. Pero el perro no aprende nuestra intención; aprende relaciones.

    Supongamos que roba un objeto y nosotros gritamos, nos acercamos rápidamente e intentamos quitárselo. Desde nuestra perspectiva estamos corrigiendo.

    Desde la suya pueden estar ocurriendo varias cosas.

    Quizá el grito sea aversivo y el robo disminuya.

    Quizá obtenga atención.

    Quizá comience un entretenido juego de persecución.

    Quizá aprenda a correr más deprisa con el objeto.

    Quizá no cambie nada.

    Por eso una consecuencia no se clasifica según lo que nosotros queríamos conseguir, sino según lo que ocurre después con la conducta. Si el robo disminuye, la consecuencia pudo tener una función punitiva. Si aumenta porque la interacción resulta valiosa, nuestra “corrección” podría incluso contribuir a mantenerlo.

    Ésta es quizá una de las lecciones más útiles del condicionamiento operante:

    nuestras buenas intenciones no tienen privilegios sobre los resultados.

    Podemos querer premiar sin reforzar.

    Podemos querer castigar sin reducir una conducta.

    Podemos querer enseñar una cosa y terminar enseñando otra.

    Positivo no quiere decir bueno

    Parte de la dificultad viene del lenguaje.

    En la vida cotidiana solemos utilizar positivo para hablar de algo bueno y negativo para hablar de algo malo. Así que cuando alguien escucha “refuerzo positivo” piensa en una técnica amable, y cuando oye “refuerzo negativo” sospecha que algo desagradable está ocurriendo.

    Pero en este contexto las palabras significan otra cosa.

    Positivo significa que algo se presenta o añade.

    Negativo significa que algo se retira, termina o evita.

    No son categorías morales.

    Después tenemos otras dos palabras: refuerzo y castigo.

    Refuerzo significa que la conducta aumenta o se mantiene.

    Castigo significa que disminuye.

    Con estas dos distinciones aparecen las cuatro contingencias clásicas.

    Si una conducta aumenta porque se presenta algo, hablamos de refuerzo positivo.

    Si aumenta porque algo se retira o evita, hablamos de refuerzo negativo.

    Si disminuye porque se presenta algo, hablamos de castigo positivo.

    Si disminuye porque algo apetitivo se retira, hablamos de castigo negativo.

    Puede parecer un pequeño juego de palabras, pero cambia mucho la manera de mirar al perro.

    Porque ya no preguntamos solamente: “¿Qué hice?”.

    Preguntamos: “¿Qué efecto tuvo lo que hice?”

    El premio que quizá no era premio

    Imagina que estás enseñando al perro a sentarse.

    Dices “sentado”.

    Se sienta.

    Le das una croqueta.

    Repites.

    Pero después de veinte intentos la respuesta no mejora.

    ¿Has usado refuerzo positivo?

    La respuesta técnica no puede ser simplemente “sí, porque le di comida”.

    La comida sólo puede llamarse reforzador de esa conducta si contribuye a que la respuesta aumente o se mantenga.

    Aquí conviene distinguir dos palabras.

    Una recompensa es aquello que nosotros consideramos valioso.

    Un reforzador es aquello cuya función se demuestra por el cambio que produce en la conducta.

    Pueden coincidir.

    Pero no tienen por qué.

    Un perro puede aceptar una croqueta dentro de casa y mostrar muy poco interés por ella cuando está frente a un parque lleno de olores. Puede preferir determinada comida sobre otra. Puede encontrar extraordinariamente valiosa la oportunidad de olfatear y bastante irrelevante una felicitación verbal.

    Los estudios incluidos en el dossier muestran precisamente que las preferencias individuales pueden relacionarse con la eficacia reforzante y que la calidad de una recompensa alimentaria puede influir en el vigor de la respuesta en determinadas condiciones.

    Así que quizá la pregunta no sea “¿llevo premios?”.

    La pregunta más útil sería:

    “¿Qué quiere obtener este perro aquí y ahora?”

    El parque también entrena

    A veces hablamos del entrenamiento como si el humano tuviera el monopolio de las consecuencias.

    Pero el ambiente es un competidor formidable.

    Imagina un perro que tira de la correa para llegar a un árbol.

    Tira.

    Avanza.

    Llega.

    Huele.

    Después nos preguntamos por qué tira.

    Pues porque, al menos algunas veces, tirar funciona.

    El árbol no conoce a Skinner, desde luego. Tampoco necesita conocerlo. El acceso al olor puede fortalecer la conducta que permitió llegar hasta él.

    Esta observación abre una posibilidad mucho más interesante que pelear permanentemente contra el ambiente.

    Podemos utilizarlo.

    Correa floja → avanzar.

    Orientarse hacia la persona → acceso a olfatear.

    Esperar → puerta se abre.

    Responder a la llamada → premio y, algunas veces, volver a jugar.

    Los reforzadores no siempre están en la mano del entrenador. Oler, avanzar, saludar, explorar o acceder a determinados lugares también pueden tener valor.

    Entrenar bien no consiste necesariamente en competir contra lo que el perro quiere.

    A veces consiste en hacer que lo que quiere forme parte del aprendizaje.

    El extraño caso del perro que “sabe” pero no lo hace

    Otra frase conocida:

    “Él sabe sentarse. Lo hace perfectamente en casa.”

    Pero en el parque parece haber perdido misteriosamente sus conocimientos.

    ¿Los perdió?

    Quizá no.

    Tal vez hemos confundido aprender una conducta con aprender a realizarla en cualquier lugar.

    Una respuesta puede estar bajo control de estímulos muy concretos: nuestra posición corporal, la presencia de comida, la cocina, una distancia determinada, la ausencia de perros alrededor.

    Decimos “sentado” y creemos que la palabra es la señal.

    Pero quizá también inclinamos el cuerpo, levantamos la mano y tenemos una golosina entre los dedos.

    ¿A cuál de todas esas cosas está respondiendo realmente?

    El control estimular significa que la probabilidad de la conducta cambia sistemáticamente según determinados antecedentes. La señal adquiere función dentro de una historia en la que esa respuesta ha producido consecuencias.

    Y aquí aparece la generalización.

    Aprender a sentarse en la cocina no equivale automáticamente a sentarse frente a otro perro en la calle.

    No es necesariamente desobediencia.

    Puede ser que todavía no hayamos enseñado suficientemente la conducta en ese contexto.

    Esta distinción tiene algo de humildad práctica: antes de atribuir una intención al perro, conviene preguntarnos qué hemos enseñado realmente.

    También importa cuándo hacemos las cosas

    Podemos encontrar un excelente reforzador y aun así utilizarlo mal.

    El tiempo importa.

    Si el perro realiza la conducta correcta y nosotros tardamos demasiado en proporcionar la consecuencia, puede resultar menos claro qué respuesta está produciendo qué resultado.

    En el estudio de Yamamoto y colaboradores incluido en el dossier, realizado con diez perros, el aumento de los retrasos entre determinadas respuestas y las acciones de sus propietarios estuvo asociado con una reducción de respuestas apropiadas y de atención en varias condiciones. La muestra fue pequeña, por lo que conviene mantener prudencia al generalizar, pero el estudio ilustra la importancia de la proximidad temporal entre conducta y consecuencia.

    Dicho de manera sencilla: si queremos enseñar una conducta, el perro necesita una oportunidad razonable de descubrir cuál de sus acciones fue la que funcionó.

    El buen timing no es obsesión por la precisión.

    Es claridad.

    No siempre tenemos que esperar la conducta perfecta

    Supongamos que queremos que un perro entre voluntariamente en un transportín.

    Podríamos esperar a que entre entero y entonces reforzarlo.

    Quizá tengamos suerte.

    O quizá envejezcamos juntos frente al transportín.

    El shaping ofrece otra posibilidad: construir la conducta poco a poco mediante el reforzamiento diferencial de aproximaciones sucesivas.

    Primero mirar el transportín.

    Después acercarse.

    Luego introducir la cabeza.

    Una pata.

    Dos.

    Entrar.

    El criterio va cambiando progresivamente.

    También podemos capturar conductas que aparecen espontáneamente, utilizar temporalmente un señuelo para guiar un movimiento o enseñar al perro a tocar un objetivo mediante targeting.

    Lo importante es comprender la lógica común: podemos construir comportamiento reforzando pasos que acercan al perro al objetivo.

    Eso cambia también nuestra actitud frente al error.

    En vez de preguntar únicamente “¿por qué no lo hace?”, podemos preguntarnos “¿qué paso intermedio sí puede hacer y puedo reforzar ahora?”.

    Enseñar qué hacer suele ser más útil que repetir qué no hacer

    Cuando aparece una conducta problemática, nuestro lenguaje humano tiende enseguida hacia la prohibición.

    “No saltes.”

    “No tires.”

    “No ladres.”

    “No muerdas.”

    Es comprensible. Pero todavía falta una pregunta:

    ¿Qué queremos que haga en lugar de eso?

    El refuerzo diferencial permite fortalecer conductas alternativas o incompatibles.

    Si el perro salta para obtener atención, podemos reforzar cuatro patas en el suelo.

    Si tira para avanzar, podemos hacer que avanzar dependa de una correa floja.

    Pero hay una dificultad: la conducta problemática no desaparecerá fácilmente si continúa obteniendo consecuencias poderosas por otro lado.

    Podemos reforzar diez veces la alternativa y luego permitir que el perro llegue al árbol tirando.

    El perro también está haciendo sus estadísticas.

    No con una libreta, claro, pero sí mediante su historia de aprendizaje.

    Cuando ignorar no basta

    Aquí aparece otra receta habitual:

    “Ignóralo y se le quitará.”

    A veces puede ocurrir.

    A veces no.

    La extinción consiste en que una conducta que antes producía un reforzador deja de producirlo. Pero eso sólo funciona de esa manera si hemos identificado correctamente qué estaba manteniendo la conducta y podemos retirar esa relación de forma suficientemente consistente.

    Si el perro ladra por atención y dejamos de atenderlo, quizá el ladrido disminuya.

    Pero si también ladra porque así consigue acceso a otro estímulo, porque otra persona responde o porque la propia conducta tiene otras consecuencias, simplemente “ignorar” puede no resolver nada.

    Además, durante la extinción pueden aparecer variabilidad, frustración, persistencia o recuperación. El llamado extinction burst puede ocurrir, pero el dossier advierte que no debe tratarse como una ley inevitable.

    Y, sobre todo, no toda conducta debería abordarse mediante extinción. En comportamientos relacionados con agresión, miedo o riesgos importantes, depender simplemente de “esperar a que deje de funcionar” puede ser peligroso o poco razonable. El manejo del ambiente y el refuerzo de alternativas son con frecuencia opciones más apropiadas.

    El problema de premiar “para siempre”

    Hay personas preocupadas por otra cuestión:

    “¿Entonces tendré que darle comida toda la vida?”

    No necesariamente.

    Pero quizá tampoco convenga apresurarse a dejar de reforzar una conducta que todavía está aprendiendo.

    Durante la adquisición suele ser útil una tasa alta de reforzamiento. Más adelante pueden introducirse programas intermitentes y reforzadores naturales. Sin embargo, el dossier insiste en que la transición debe hacerse gradualmente.

    Existe cierta fascinación popular con el refuerzo variable, como si entregar premios de manera impredecible convirtiera automáticamente una conducta en indestructible.

    La realidad es menos espectacular.

    Los programas de razón e intervalo, fijos o variables, tienen una larga historia experimental, pero la evidencia aplicada específicamente a perros es mucho más limitada que la literatura clásica desarrollada con otras especies.

    Además, aumentar demasiado deprisa las exigencias puede deteriorar la conducta, incrementar la latencia o hacer que deje de aparecer.

    Así que no se trata de convertir los premios en una lotería.

    Se trata de construir una conducta estable y después mantenerla inteligentemente.

    ¿Y el castigo? La pregunta no termina en “funciona”

    Llegamos inevitablemente a un asunto más delicado.

    ¿Puede el castigo reducir una conducta?

    Si utilizamos la palabra en su sentido técnico, la respuesta está incluida en la definición: llamamos castigo precisamente a una consecuencia que reduce la probabilidad futura de una conducta.

    Pero ésa es sólo una pregunta.

    La siguiente es:

    ¿A qué costo?

    Una intervención puede modificar una conducta y, al mismo tiempo, tener consecuencias sobre miedo, estrés, asociaciones emocionales, relación con el humano o bienestar.

    El dossier recoge investigaciones que asocian un mayor uso de métodos aversivos con indicadores de estrés y bienestar comprometido. En un estudio con 92 perros, un mayor uso de procedimientos aversivos se relacionó con más comportamientos de estrés, cambios de cortisol y un sesgo cognitivo más pesimista, aunque el diseño no fue una asignación aleatoria.

    Las revisiones incluidas en la investigación apuntan también hacia riesgos de bienestar y no muestran una superioridad general del castigo positivo frente a métodos basados en refuerzo.

    Pero conviene evitar el extremo contrario: afirmar que un procedimiento aversivo jamás puede modificar comportamiento.

    El dossier incorpora un estudio de 2024 en el que una condición con collar electrónico produjo mayor inhibición en una tarea específica de persecución que determinadas condiciones no aversivas. La muestra final fue pequeña, existieron diferencias de protocolo y el resultado no permite establecer una superioridad general ni resolver las cuestiones de bienestar.

    La distinción importante es ésta:

    “puede cambiar una conducta” y “es el procedimiento que deberíamos elegir” son dos afirmaciones diferentes.

    La primera es descriptiva.

    La segunda exige considerar bienestar, necesidad, alternativas, intensidad y efectos secundarios.

    Y quizá ahí comienza una forma más responsable de entrenar: no preguntando únicamente qué podemos conseguir, sino también cómo queremos conseguirlo.

    Cuando el perro parece estar entrenándonos

    Volvamos ahora a la vida cotidiana.

    El perro ladra y abrimos.

    Salta y lo tocamos.

    Tira y avanza.

    Roba algo y lo perseguimos.

    Nosotros pensamos que reaccionamos a su conducta.

    Desde otro punto de vista, él también está descubriendo qué acciones nuestras puede producir.

    No hace falta convertirlo en una batalla de inteligencias. No hay que decidir quién “manda”.

    Simplemente convivimos dentro de un sistema de consecuencias.

    Y eso significa que nosotros también debemos aprender.

    Debemos observar.

    ¿Cuándo ocurre la conducta?

    ¿Qué la precede?

    ¿Qué consigue el perro?

    ¿Qué evita?

    ¿Aumenta?

    ¿Disminuye?

    ¿Cambia según el lugar?

    ¿La consecuencia que ofrecemos realmente tiene valor?

    El dossier propone precisamente observar frecuencia, duración, latencia, contexto y cambios tras una intervención en lugar de depender solamente de impresiones.

    Es menos emocionante que decir “me está desafiando”.

    Pero bastante más útil.

    Comprender no significa controlar cada segundo

    Hay una tentación curiosa cuando aprendemos estos conceptos.

    Podemos empezar a ver cada interacción como una ecuación.

    El perro mira: contingencia.

    Se sienta: contingencia.

    Ladra: contingencia.

    Respira: quizá también encontremos una etiqueta si nos esforzamos lo suficiente.

    Pero el propio dossier advierte que los cuatro cuadrantes son sólo un mapa inicial. La conducta real depende también de antecedentes, contexto, motivación, emoción, historia de aprendizaje, generalización, programas de reforzamiento y competencia entre distintas consecuencias.

    Además, el perro no es una caja vacía sobre la que escribimos lo que queramos.

    Su especie, genética, desarrollo, repertorio y experiencia influyen en lo que puede aprender y en la facilidad con que determinadas conductas aparecen. El refuerzo selecciona dentro de un repertorio biológicamente posible.

    Comprender el condicionamiento operante no significa imaginar que podemos fabricar cualquier perro que deseemos.

    Significa comprender mejor una parte importante de cómo aprende.

    La pregunta que conviene hacernos

    Quizá el cambio más útil que produce todo esto sea bastante sencillo.

    Cuando aparece una conducta que no nos gusta solemos preguntar:

    “¿Cómo hago para que deje de hacerlo?”

    La ciencia del aprendizaje propone una pregunta anterior:

    “¿Qué está obteniendo con esa conducta?”

    Y después otra:

    “¿Qué conducta alternativa puedo hacer que funcione mejor?”

    La diferencia parece pequeña, pero cambia nuestra posición.

    Ya no estamos intentando derrotar al perro.

    Estamos intentando entender la relación entre comportamiento y consecuencia.

    Esto también nos obliga a aceptar nuestra parte de responsabilidad. No porque toda conducta problemática sea “culpa del dueño” —esa explicación sería tan pobre como atribuirlo todo al perro—, sino porque vivimos dentro del ambiente en el que el perro aprende.

    Abrimos puertas.

    Sujetamos correas.

    Proporcionamos atención.

    Permitimos acceso.

    Retiramos cosas.

    Creamos oportunidades.

    A veces somos parte del reforzador y ni siquiera lo sabemos.

    Una última manera de mirar a tu perro

    La próxima vez que tu perro haga algo que te resulte incomprensible, prueba durante un momento a no llamarlo terco, dominante, manipulador ni desobediente.

    Observa.

    ¿Qué ocurrió justo antes?

    ¿Qué hizo exactamente?

    ¿Qué ocurrió después?

    ¿Y qué suele conseguir cuando hace eso?

    Puede que descubras algo bastante menos misterioso que una lucha de voluntades.

    Quizá descubras una conducta que ha aprendido porque, de alguna manera, funciona.

    El condicionamiento operante no nos enseña simplemente a repartir premios o administrar correcciones. Nos enseña a mirar relaciones: qué conducta produce qué consecuencia, cuándo ocurre, cuánto vale esa consecuencia y en qué contexto aparece.

    Y eso deja una pregunta práctica que vale más que memorizar cualquier cuadrante:

    si tu perro está aprendiendo constantemente de lo que ocurre después de sus acciones, ¿qué le estás enseñando tú cuando crees que no estás entrenando?

  • Condicionamiento operante en perros: entender qué consecuencias cambian la conducta

    Hablar de condicionamiento operante en perros parece sencillo hasta que aparecen palabras como positivo, negativo, refuerzo y castigo. Entonces surge una confusión bastante común: positivo se interpreta como bueno, negativo como malo, refuerzo como premio y castigo como violencia.

    Pero ésos no son los significados técnicos de los términos.

    El problema no es meramente lingüístico. Si utilizamos mal las palabras, analizamos mal la conducta. Podemos creer que estamos reforzando a un perro simplemente porque le damos comida, pensar que lo estamos castigando porque le gritamos “no”, o interpretar una conducta persistente como terquedad cuando en realidad nosotros mismos —o el ambiente— seguimos proporcionando la consecuencia que la mantiene.

    El condicionamiento operante exige una manera distinta de mirar el comportamiento. En vez de empezar preguntando qué quiso hacer el perro o qué pretendía hacer la persona, conviene plantear una pregunta más precisa:

    ¿Qué ocurrió después de la conducta y qué efecto tuvo esa consecuencia sobre la probabilidad de que la conducta volviera a ocurrir?

    Ésa es la cuestión central.

    El condicionamiento operante describe procesos mediante los cuales la probabilidad futura de una conducta cambia en función de las consecuencias que la siguen y de las condiciones en que esas consecuencias ocurren. Una conducta seguida por consecuencias que la fortalecen tenderá a repetirse; una conducta seguida por consecuencias que la debilitan tenderá a disminuir.

    Esta formulación parece simple, pero sus consecuencias son profundas. Permite comprender cómo enseñamos deliberadamente a un perro, pero también cómo construimos accidentalmente muchas de las conductas que después consideramos problemáticas.

    1. Qué significa realmente que una conducta sea operante

    Una conducta operante es una clase de comportamiento cuya probabilidad está relacionada con las consecuencias que históricamente ha producido en determinadas condiciones.

    La palabra operante indica que la conducta produce algún cambio en el ambiente.

    El perro se sienta y obtiene comida.

    Ladra y una puerta se abre.

    Tira de la correa y consigue acercarse al árbol que quería olfatear.

    Salta sobre una persona y obtiene contacto físico.

    Roba un calcetín y comienza una divertida persecución por toda la casa.

    En todos estos casos existe una relación entre una acción y lo que ocurre después.

    Eso no significa que cualquier acontecimiento posterior a una conducta sea automáticamente relevante. Para hablar de una relación operante tenemos que observar si esa consecuencia modifica la probabilidad futura de la conducta.

    Por eso, el condicionamiento operante no debería reducirse a la fórmula popular de “premios y castigos”. Lo fundamental es la contingencia.

    Una contingencia responde a una pregunta:

    Si ocurre esta conducta, ¿qué cambia en el ambiente?

    Una forma sencilla de representarla es:

    Antecedente → conducta → consecuencia

    o, de manera abreviada:

    A → B → C

    El antecedente establece las condiciones en las que ocurre la conducta. La conducta es la respuesta observable. La consecuencia es lo que sucede después.

    Pero el análisis no termina allí. La pregunta verdaderamente importante es qué pasa con esa conducta en el futuro.

    2. De Thorndike a Skinner: aprender de las consecuencias

    La idea de que las consecuencias modifican el comportamiento no comenzó con el entrenamiento moderno de perros.

    A finales del siglo XIX, Edward Thorndike estudió cómo los animales resolvían problemas mediante ensayo y error. Sus experimentos dieron lugar a lo que posteriormente se conocería como ley del efecto: las respuestas seguidas de determinados resultados tienden a fortalecerse, mientras que otras pueden debilitarse.

    B. F. Skinner desarrolló después un análisis experimental mucho más sistemático de estas relaciones. Su interés no estaba simplemente en describir lo que hacía un animal, sino en estudiar cómo cambiaba la frecuencia de una conducta cuando se modificaban sus consecuencias.

    Skinner distinguió además entre conducta respondiente —estrechamente relacionada con el condicionamiento pavloviano— y conducta operante, cuya frecuencia se analiza según las consecuencias que produce.

    Posteriormente, Ferster y Skinner estudiaron cómo diferentes programas de entrega de reforzadores producían patrones distintos de conducta. Buena parte de esa investigación se realizó con especies distintas del perro, especialmente palomas, por lo que no conviene trasladar mecánicamente todos sus resultados al entrenamiento canino. Sin embargo, esos trabajos proporcionaron gran parte del marco conceptual del análisis operante contemporáneo.

    La consecuencia racional de esta historia es sencilla: cuando hablamos hoy de refuerzo, castigo, extinción o programas de reforzamiento no estamos utilizando simplemente vocabulario propio de entrenadores. Estamos recurriendo a conceptos procedentes de una tradición experimental sobre cómo cambia la conducta.

    3. La primera distinción necesaria: refuerzo no significa premio

    Probablemente una de las confusiones más frecuentes consiste en pensar que reforzar significa dar algo agradable.

    No es así.

    En análisis de conducta, refuerzo es el proceso mediante el cual una consecuencia aumenta o mantiene la probabilidad futura de una conducta.

    La definición depende del efecto.

    No de la intención.

    No de que aquello nos parezca agradable.

    No de que hayamos utilizado comida.

    No de que lo llamemos premio.

    Si damos comida después de que un perro se siente pero la probabilidad de sentarse no aumenta ni se mantiene, no hemos demostrado que esa comida esté funcionando como reforzador de esa conducta.

    Esta diferencia permite separar dos conceptos que en conversación cotidiana suelen confundirse:

    recompensa y reforzador.

    Una recompensa puede ser aquello que nosotros creemos valioso para el perro: un trozo de pollo, un juguete, una caricia o unas palabras de elogio.

    Un reforzador, en cambio, se identifica por lo que hace.

    Si aumenta la conducta que lo precede, funciona como reforzador.

    La diferencia no es menor. Los perros presentan preferencias individuales y el valor de una consecuencia puede cambiar según el contexto, la saciedad, la motivación y la competencia con otras posibilidades ambientales. El dossier recoge estudios en perros donde la preferencia por determinados estímulos predijo parcialmente su eficacia posterior como reforzadores y donde la calidad de una recompensa alimentaria modificó el vigor de las respuestas en determinadas condiciones.

    Por tanto, la pregunta útil no es:

    “¿Qué premio estoy usando?”

    sino:

    “¿Esta consecuencia está aumentando realmente la conducta que quiero fortalecer?”

    4. La segunda distinción: positivo y negativo no significan bueno y malo

    En el lenguaje cotidiano utilizamos positivo como sinónimo de deseable y negativo como sinónimo de indeseable.

    En condicionamiento operante significan otra cosa.

    Positivo (+) significa que algo se presenta o se añade.

    Negativo (−) significa que algo se retira, termina, reduce o evita.

    Nada más.

    No contienen por sí mismos una valoración ética.

    Una vez aclarado esto, las cuatro contingencias tradicionales se vuelven mucho más fáciles de comprender.

    Se presenta algoSe retira, reduce o evita algo
    La conducta aumentaRefuerzo positivo (R+)Refuerzo negativo (R−)
    La conducta disminuyeCastigo positivo (P+)Castigo negativo (P−)

    La tabla es útil, pero sólo si recordamos que clasifica relaciones funcionales. No explica por sí sola toda la conducta del perro.

    Refuerzo positivo

    En el refuerzo positivo:

    conducta → aparece una consecuencia → la conducta aumenta.

    Por ejemplo:

    el perro se sienta → recibe alimento → la probabilidad de sentarse aumenta.

    Pero el reforzador puede ser también juego, atención, contacto social, acceso a olfatear, apertura de una puerta o la posibilidad de continuar avanzando.

    El elemento decisivo no es el objeto utilizado.

    Es el cambio posterior de la conducta.

    Refuerzo negativo

    En el refuerzo negativo:

    conducta → desaparece, disminuye o se evita una condición aversiva → la conducta aumenta.

    Por ejemplo:

    aparece una presión → el perro realiza determinada respuesta → la presión cesa → esa respuesta aumenta.

    Aquí conviene distinguir escape y evitación.

    En el escape, la conducta termina algo aversivo que ya está presente.

    En la evitación, la conducta impide o retrasa la aparición de una condición aversiva esperada.

    Ambas pueden mantener conductas mediante refuerzo negativo.

    Por eso resulta incorrecto decir que “refuerzo negativo” significa regañar. Si una reprimenda se presenta después de una conducta y hace que esa conducta disminuya, la clasificación funcional, en caso de demostrarse, sería castigo positivo.

    Castigo positivo

    En el castigo positivo:

    conducta → se presenta una consecuencia → la conducta disminuye.

    Una reprimenda, un sobresalto, una presión o un estímulo aversivo pueden entrar potencialmente en esta categoría.

    Pero existe una condición indispensable:

    la conducta debe disminuir.

    Si no disminuye, no hemos demostrado técnicamente castigo.

    Además, que una respuesta deje de aparecer momentáneamente delante del entrenador no demuestra necesariamente que exista aprendizaje generalizado, que el estado emocional del perro sea adecuado ni que no existan efectos colaterales.

    Castigo negativo

    En el castigo negativo:

    conducta → se retira temporalmente algo apetitivo → la conducta disminuye.

    Por ejemplo, durante un juego una mordida excesivamente fuerte puede hacer que la interacción termine. Si con el tiempo esas mordidas disminuyen, la retirada del juego puede estar funcionando como castigo negativo.

    Pero tampoco aquí basta con retirar algo. La retirada debe estar relacionada con la conducta y debe reducirla.

    5. La regla que evita gran parte de los errores

    Las cuatro contingencias pueden resumirse con dos preguntas.

    Primero:

    ¿La conducta aumenta o disminuye?

    Después:

    ¿la consecuencia se presenta o se retira?

    Si aumenta y se presenta algo, hablamos de R+.

    Si aumenta y se retira algo, hablamos de R−.

    Si disminuye y se presenta algo, hablamos de P+.

    Si disminuye y se retira algo, hablamos de P−.

    De aquí deriva una regla fundamental:

    una consecuencia se clasifica por su efecto sobre la conducta, no por la intención de quien la aplica.

    Esta regla explica algunas situaciones aparentemente extrañas.

    Un propietario puede gritar al perro con la intención de castigarlo cuando roba un objeto. Pero si el perro encuentra divertida la interacción, recibe atención o inicia una persecución, el robo podría aumentar.

    Desde el punto de vista humano hubo una reprimenda.

    Desde el punto de vista funcional puede haber ocurrido otra cosa.

    El dossier utiliza precisamente este ejemplo para mostrar que un grito sólo puede clasificarse como castigo si el comportamiento disminuye; si aumenta, esa misma interacción podría estar funcionando de otra manera.

    La intención explica lo que quería hacer la persona.

    La contingencia explica lo que aprendió el perro.

    No son necesariamente lo mismo.

    6. El valor de un reforzador no es constante

    Otra simplificación consiste en imaginar que un reforzador tiene un valor fijo.

    “Mi perro ama el pollo.”

    Puede ser cierto y, al mismo tiempo, insuficiente.

    El valor de una consecuencia depende de variables como hambre, saciedad, acceso reciente, estrés, temperatura, contexto y competencia ambiental.

    Un trozo de comida que funciona perfectamente dentro de una cocina tranquila puede competir mal contra un olor intenso en la calle.

    Una caricia puede tener valor en un momento y poco en otro.

    La oportunidad de olfatear un árbol puede valer más que la comida durante un paseo.

    Por eso los mejores reforzadores no siempre están en una bolsa.

    El ambiente también puede reforzar.

    Avanzar, olfatear, saludar, acceder a una puerta, subir al automóvil o continuar explorando pueden utilizarse como consecuencias para fortalecer conductas.

    Esta distinción cambia la manera de pensar el entrenamiento. En vez de limitarse a seleccionar alimentos, conviene identificar qué quiere obtener el perro en ese contexto y cómo puede ponerse ese acceso bajo contingencias claras.

    7. El tiempo también forma parte de la contingencia

    Una consecuencia puede ser valiosa y, sin embargo, estar mal temporizada.

    Cuando existe demasiado retraso entre la respuesta y su consecuencia, aumenta la posibilidad de que la consecuencia quede relacionada con otra conducta.

    El dossier recoge un estudio de Yamamoto y colaboradores realizado con diez perros. Al aumentar los retrasos entre determinadas respuestas y las acciones de los propietarios, disminuyeron las respuestas apropiadas y la atención en varias condiciones. La muestra era pequeña, por lo que no debe utilizarse para formular reglas universales, pero el resultado es compatible con un principio más general: la proximidad temporal facilita que la contingencia sea más clara.

    Esto explica por qué el timing es una habilidad fundamental durante el entrenamiento.

    No basta con reforzar.

    Hay que reforzar con suficiente precisión como para que resulte claro qué conducta produjo la consecuencia.

    8. Cómo se construyen conductas nuevas

    El condicionamiento operante no sirve únicamente para aumentar o reducir comportamientos ya existentes. También permite construir repertorios complejos.

    Existen diferentes procedimientos.

    Capturing

    Consiste en reforzar una conducta que el perro ofrece espontáneamente.

    Si un perro se tumba de manera relajada y esa respuesta se marca y refuerza, estamos capturando una conducta natural.

    Luring

    El luring utiliza un estímulo atractivo para guiar inicialmente el movimiento.

    La comida, por ejemplo, puede utilizarse cerca del hocico para producir un desplazamiento. Después conviene retirar progresivamente el señuelo para evitar que la conducta dependa permanentemente de verlo.

    Shaping

    El shaping es más interesante conceptualmente.

    Consiste en reforzar diferencialmente aproximaciones sucesivas hacia una conducta objetivo.

    Si queremos que un perro entre voluntariamente en un transportín, podríamos reforzar primero mirar el transportín, luego aproximarse, después introducir la cabeza, colocar una pata, dos patas y finalmente entrar completamente.

    No consiste simplemente en esperar y repartir comida. Requiere definir criterios, observar el repertorio y elevar progresivamente la exigencia.

    Targeting

    El targeting enseña al perro a orientar o contactar una parte del cuerpo con un objetivo. Puede utilizarse posteriormente para posicionamiento, movimiento o cuidado cooperativo.

    En todos estos procedimientos vuelve a aparecer la misma lógica: no estamos manipulando premios como objetos aislados. Estamos organizando relaciones entre respuestas y consecuencias.

    9. Refuerzo diferencial: enseñar qué hacer, no sólo qué dejar de hacer

    Cuando existe una conducta problemática, una estrategia importante consiste en reforzar una respuesta diferente.

    El refuerzo diferencial puede adoptar varias formas.

    DRA: reforzar una conducta alternativa.

    DRI: reforzar una conducta incompatible.

    DRO: reforzar la ausencia de determinada conducta durante un intervalo.

    Pero el procedimiento debe diseñarse según la función de la conducta y el contexto.

    Supongamos que un perro salta sobre las personas para conseguir atención.

    Una estrategia podría consistir en reforzar cuatro patas en el suelo.

    Sin embargo, aparece una dificultad importante: si el perro sigue consiguiendo atención ocasionalmente cuando salta, la conducta problemática continúa teniendo una fuente de refuerzo.

    No basta con fortalecer la alternativa.

    También hay que observar qué sigue manteniendo la conducta original.

    10. Señales, discriminación y generalización

    A menudo decimos que un perro “sabe una orden”.

    Pero esta expresión puede ocultar mucha complejidad.

    Una conducta está bajo control estimular cuando su probabilidad cambia sistemáticamente según determinados estímulos antecedentes.

    Una señal discriminativa indica, de manera simplificada, que en presencia de esa señal cierta respuesta ha tenido una historia de producir determinadas consecuencias.

    La palabra no controla mágicamente la conducta.

    La señal adquiere función dentro de una historia de aprendizaje:

    señal → oportunidad de respuesta → consecuencia.

    Esto ayuda a explicar un fenómeno muy frecuente: el perro responde perfectamente en la cocina pero no en el parque.

    No necesariamente “desobedece”.

    Quizá la conducta todavía no se haya generalizado.

    También puede ocurrir que el entrenador crea que la palabra “sentado” controla la respuesta cuando el verdadero estímulo es una inclinación del cuerpo, una mano con comida o la posición habitual del entrenamiento.

    La consecuencia práctica es importante: enseñar una conducta y generalizarla son problemas relacionados, pero distintos.

    11. Programas de reforzamiento: no todo debe reforzarse siempre

    Durante la adquisición de una conducta suele ser útil una tasa elevada de reforzamiento y criterios relativamente accesibles.

    En un programa continuo, cada respuesta objetivo produce reforzamiento.

    Posteriormente pueden utilizarse programas intermitentes, donde sólo algunas respuestas producen reforzador.

    Los programas pueden organizarse por razón o intervalo, y ser fijos o variables:

    • FR: razón fija;
    • VR: razón variable;
    • FI: intervalo fijo;
    • VI: intervalo variable.

    La literatura clásica muestra que distintos programas pueden producir patrones diferentes de respuesta. Sin embargo, el dossier advierte que la investigación aplicada sistemática específicamente en perros es mucho menor que la investigación histórica realizada con otras especies.

    Por ello debe evitarse una regla popular demasiado simple:

    “Pasa a premios aleatorios porque así la conducta será más fuerte.”

    La transición hacia programas de mantenimiento debe hacerse progresivamente. Aumentar demasiado rápido las exigencias puede deteriorar el rendimiento, incrementar la latencia o hacer desaparecer la conducta.

    La conclusión es más sobria: adelgazar un programa de reforzamiento es una decisión técnica, no un ritual obligatorio.

    12. Extinción no significa castigo negativo

    Otra confusión frecuente consiste en identificar extinción con retirar algo agradable.

    La extinción operante ocurre cuando una conducta que anteriormente producía un reforzador deja de producirlo.

    No es idéntica al castigo negativo.

    En castigo negativo, una conducta produce contingentemente la retirada de algo apetitivo.

    En extinción, simplemente deja de funcionar la relación que anteriormente mantenía la conducta.

    Durante extinción pueden aparecer reducción gradual de la respuesta, variabilidad, frustración, recuperación o persistencia. En algunos casos puede observarse un incremento temporal de intensidad o frecuencia, aunque el llamado extinction burst no debe presentarse como un fenómeno inevitable.

    Además, la extinción puede ser impráctica o inadecuada en problemas peligrosos, especialmente cuando intervienen agresión, miedo u otras conductas de alto riesgo. El dossier propone con frecuencia combinar manejo y refuerzo de alternativas en vez de depender exclusivamente de extinción.

    13. Muchos problemas de conducta son problemas de contingencias

    Una consecuencia especialmente útil del análisis operante consiste en sustituir una pregunta habitual.

    En vez de preguntar inmediatamente:

    “¿Cómo corrijo esta conducta?”

    conviene preguntar:

    “¿Qué consecuencia está manteniendo esta conducta?”

    Consideremos algunos casos cotidianos.

    Saltar sobre personas

    Persona llega.

    El perro salta.

    La persona habla, toca o empuja al perro.

    Si saltar aumenta, alguna parte de esa interacción puede estar reforzándolo.

    Tirar de la correa

    El perro ve un árbol.

    Tira.

    Consigue acercarse.

    Si tirar aumenta, avanzar hacia el árbol puede funcionar como reforzador.

    Aquí nadie entregó comida.

    El ambiente reforzó la conducta.

    Ladrar para abrir una puerta

    El perro ladra.

    La puerta se abre.

    Si el ladrido aumenta, el acceso puede estar manteniéndolo.

    Robar un calcetín

    El perro roba el objeto.

    El humano lo persigue.

    Si la persecución tiene valor para el perro, el propio intento de corregir el robo puede contribuir a fortalecerlo.

    Acudir a la llamada

    La persona dice “ven”.

    El perro regresa.

    La diversión termina siempre.

    La llamada puede empezar a predecir consecuencias poco competitivas.

    El problema no se resuelve preguntando si el perro “sabe venir”. Hay que estudiar qué produce realmente venir en ese contexto.

    Estos ejemplos muestran algo importante: los humanos no somos los únicos entrenadores presentes.

    El ambiente también enseña.

    14. Eficacia y bienestar son preguntas diferentes

    Hasta aquí hemos hablado de cómo funcionan las contingencias.

    Pero una descripción funcional no constituye todavía una evaluación ética.

    Una consecuencia aversiva puede reducir una conducta.

    Eso responde a una pregunta sobre eficacia.

    No responde automáticamente a preguntas sobre miedo, dolor, estrés, intensidad, generalización, asociación con la persona o disponibilidad de alternativas.

    Ésta es una distinción fundamental.

    El dossier recoge literatura donde el uso de procedimientos aversivos se ha asociado con indicadores de bienestar comprometido. Una revisión de Ziv examinó diecisiete estudios y señaló riesgos para el bienestar sin encontrar evidencia de una superioridad general del castigo positivo frente a estrategias basadas en refuerzo. Otros trabajos también han encontrado asociaciones con estrés y peores indicadores afectivos, aunque una parte de esta literatura presenta limitaciones metodológicas y no siempre procede de experimentos aleatorizados.

    Al mismo tiempo, el dossier advierte contra la afirmación absoluta de que los procedimientos aversivos nunca puedan modificar comportamiento. Un estudio de Johnson y Wynne de 2024 encontró mayor inhibición de persecución en una tarea específica bajo una condición con collar electrónico que en determinadas condiciones no aversivas. Sin embargo, la muestra final fue pequeña, los protocolos diferían y los resultados no permiten concluir superioridad general ni resolver la cuestión del bienestar.

    La formulación científicamente prudente es, por tanto:

    “Puede modificar una conducta” no significa “es necesario, óptimo o preferible”.

    El cuadrante describe una relación funcional.

    La evaluación del método requiere preguntas adicionales.

    15. Qué debería observar una persona que quiere entender la conducta de su perro

    El análisis operante invita a observar más y etiquetar menos.

    Ante una conducta, podemos registrar:

    • qué ocurrió antes;
    • qué hizo exactamente el perro;
    • qué ocurrió inmediatamente después;
    • con qué frecuencia sucede;
    • cuánto tarda en responder;
    • cuánto dura;
    • en qué contextos aparece;
    • qué obtiene o evita;
    • qué cambia cuando modificamos la consecuencia.

    Puede ser útil registrar varios ensayos, comparar contextos y observar tendencias en vez de sacar conclusiones de un único episodio.

    Esto también evita interpretaciones vagas.

    “Es terco.”

    “Quiere dominar.”

    “Me está retando.”

    “Ya sabe que eso está mal.”

    Todas estas frases pueden expresar nuestra impresión, pero no identifican necesariamente las variables que mantienen el comportamiento.

    Una descripción funcional es menos dramática y normalmente más útil.

    Cuando ocurre A, el perro hace B y obtiene C. Desde que C ocurre, B está aumentando.

    Ahora tenemos algo que analizar.

    Conclusión: entrenar significa organizar consecuencias

    El condicionamiento operante suele enseñarse mediante cuatro cuadrantes. Son útiles, pero insuficientes.

    R+, R−, P+ y P− permiten clasificar determinadas consecuencias según dos dimensiones: si algo aparece o desaparece y si la conducta aumenta o disminuye.

    Pero una conducta real exige considerar mucho más: antecedentes, contexto, motivación, historia de aprendizaje, emoción, programas de reforzamiento, generalización, competencia entre reforzadores y bienestar.

    La enseñanza principal tampoco consiste en que los perros “obedecen por premios”.

    Es algo más general.

    Los perros ajustan su comportamiento a las consecuencias que sus acciones producen.

    Algunas de esas consecuencias las entregamos deliberadamente.

    Otras las proporcionamos sin darnos cuenta.

    Y muchas proceden directamente del ambiente.

    Por eso, comprender una conducta exige mirar menos nuestras intenciones y observar con mayor precisión las relaciones que realmente estamos construyendo.

    No entrenamos mediante “premios” y “castigos” entendidos simplemente como objetos.

    Entrenamos modificando contingencias:

    qué conducta produce qué consecuencia, cuándo la produce, cuánto vale esa consecuencia y en qué contexto ocurre.

    Ésa es la diferencia entre utilizar algunas técnicas de entrenamiento y comprender realmente cómo aprende un perro.

  • Condicionamiento operante en perros: ¿Cómo aprende de las consecuencias? (2.5)

    1. Resumen ejecutivo

    Tema

    Condicionamiento operante en perros.

    Pregunta central

    ¿Cómo aprende un perro de las consecuencias de su propia conducta?

    Conclusión principal

    El condicionamiento operante describe un conjunto de procesos mediante los cuales la probabilidad futura de una conducta cambia en función de las consecuencias que la siguen y de las condiciones en que esas consecuencias ocurren.

    En su forma más útil para esta biblioteca:

    Una conducta que produce consecuencias que la fortalecen tenderá a ocurrir más en condiciones similares; una conducta seguida por consecuencias que la debilitan tenderá a ocurrir menos.

    Pero esta definición necesita varios matices.

    Primero, en ciencia del comportamiento:

    • refuerzo significa que una conducta aumenta o se mantiene;
    • castigo significa que una conducta disminuye;
    • positivo significa que algo se presenta o añade;
    • negativo significa que algo se retira, reduce o evita.

    Por tanto:

    positivo ≠ bueno

    y

    negativo ≠ malo.

    Las cuatro contingencias tradicionales son:

    ConsecuenciaSe presenta algoSe retira/evita algo
    La conducta aumentaRefuerzo positivo (R+)Refuerzo negativo (R−)
    La conducta disminuyeCastigo positivo (P+)Castigo negativo (P−)

    Ejemplos simplificados:

    R+
    Perro se sienta → recibe alimento → sentarse aumenta.

    R−
    Perro realiza una respuesta → cesa una presión aversiva → la respuesta aumenta.

    P+
    Perro realiza una conducta → se presenta una consecuencia aversiva → la conducta disminuye.

    P−
    Perro realiza una conducta → pierde temporalmente acceso a algo apetitivo → la conducta disminuye.

    Sin embargo, el famoso “cuadro de cuatro cuadrantes” es sólo una herramienta didáctica. El análisis operante real requiere estudiar:

    • antecedentes;
    • contingencia;
    • motivación;
    • reforzadores;
    • valor de las consecuencias;
    • timing;
    • discriminación;
    • generalización;
    • programas de refuerzo;
    • extinción;
    • competencia entre fuentes de refuerzo;
    • efectos colaterales;
    • bienestar.

    Regla funcional fundamental

    Una consecuencia se clasifica por su efecto sobre la conducta, no por la intención de la persona.

    Dar comida no es automáticamente refuerzo positivo.

    Sólo puede llamarse reforzador si la conducta que la precede:

    • aumenta;
    • se mantiene;
    • se vuelve más resistente a la extinción;
    • o cambia sistemáticamente según la contingencia estudiada.

    Del mismo modo, gritar “¡no!” no es automáticamente castigo técnico. Si la conducta no disminuye, no se ha demostrado función punitiva.

    Segunda distinción central

    RECOMPENSA ≠ REFORZADOR

    “Recompensa” describe normalmente un objeto o acontecimiento que el humano considera valioso.

    “Reforzador” describe una función demostrada.

    La investigación con perros muestra que:

    • las preferencias individuales predicen parcialmente la eficacia reforzante;
    • la calidad de la recompensa puede modificar vigor y rendimiento;
    • comida, elogio, juego y acceso ambiental no tienen el mismo valor para todos los perros;
    • el valor cambia con saciedad, contexto y competencia ambiental.

    Tercera distinción central

    CASTIGO ≠ VIOLENCIA, en sentido técnico.

    “Castigo” es una relación funcional:

    consecuencia → conducta disminuye.

    Puede incluir procedimientos de muy diferente intensidad.

    Pero esto no significa que todos sean equivalentes desde la perspectiva de bienestar.

    La literatura canina sobre métodos aversivos indica que el uso de castigo positivo y refuerzo negativo puede asociarse con:

    • conductas de estrés;
    • miedo;
    • peor estado afectivo;
    • respuestas agresivas;
    • riesgos de aprendizaje colateral.

    Por tanto:

    una contingencia puede ser operantemente eficaz y, al mismo tiempo, plantear problemas de bienestar.

    Cuarta distinción central

    EXTINCIÓN ≠ CASTIGO NEGATIVO

    En extinción:

    una conducta que antes producía un reforzador deja de producirlo.

    En castigo negativo:

    una conducta produce la retirada contingente de un estímulo apetitivo.

    Puede existir solapamiento práctico, pero conceptualmente son procesos distintos.

    Historia científica

    El desarrollo del condicionamiento operante puede entenderse a través de:

    Thorndike
    → ensayo y error + ley del efecto.

    Skinner
    → conducta operante + análisis experimental de contingencias.

    Ferster y Skinner
    → programas de reforzamiento.

    Skinner distinguió con claridad la conducta respondiente/pavloviana de aquella cuya frecuencia se modifica por sus consecuencias, utilizando el término operante para describir clases de respuestas funcionalmente relacionadas con sus consecuencias.

    Tesis recomendada

    El condicionamiento operante no enseña que el perro “hace caso porque recibe premios”. Enseña algo mucho más general: los perros ajustan su conducta a las consecuencias que producen sus acciones. Entender qué refuerza realmente una conducta, cuándo ocurre y en qué contexto permite explicar tanto habilidades deseadas como muchos problemas que las personas entrenan accidentalmente.


    2. Pregunta principal

    Pregunta principal

    ¿Cómo aprende un perro de las consecuencias de sus propias acciones y cómo podemos utilizar ese conocimiento para enseñar, mantener o reducir conductas sin confundir eficacia con bienestar?

    Preguntas secundarias

    1. ¿Qué significa operante?
    2. ¿En qué se diferencia del condicionamiento clásico?
    3. ¿Qué aportó Thorndike?
    4. ¿Qué aportó Skinner?
    5. ¿Qué es la ley del efecto?
    6. ¿Qué es una contingencia?
    7. ¿Qué es refuerzo?
    8. ¿Qué es castigo?
    9. ¿Qué significa positivo?
    10. ¿Qué significa negativo?
    11. ¿Qué es R+?
    12. ¿Qué es R−?
    13. ¿Qué es P+?
    14. ¿Qué es P−?
    15. ¿Cómo saber si una consecuencia está reforzando?
    16. ¿Qué diferencia existe entre recompensa y reforzador?
    17. ¿Qué diferencia existe entre castigo coloquial y técnico?
    18. ¿Qué es escape?
    19. ¿Qué es evitación?
    20. ¿Qué es extinción?
    21. ¿Cómo se diferencia de P−?
    22. ¿Qué es shaping?
    23. ¿Qué es capturing?
    24. ¿Qué es luring?
    25. ¿Qué es refuerzo diferencial?
    26. ¿Qué es control estimular?
    27. ¿Cómo adquiere una señal control sobre una respuesta?
    28. ¿Qué es un programa de reforzamiento?
    29. ¿Qué diferencia existe entre reforzamiento continuo e intermitente?
    30. ¿Qué son FR, VR, FI y VI?
    31. ¿Son útiles los programas variables en entrenamiento canino?
    32. ¿Qué es resistencia a extinción?
    33. ¿Qué es behavioral momentum?
    34. ¿Qué es razón de respuesta?
    35. ¿Qué es latencia?
    36. ¿Por qué importa el timing?
    37. ¿Cómo influye la magnitud/calidad del reforzador?
    38. ¿Qué es una operación motivacional?
    39. ¿Qué es reforzamiento no contingente?
    40. ¿Qué errores humanos refuerzan conductas no deseadas?
    41. ¿Cuándo el castigo puede producir efectos colaterales?
    42. ¿Qué dice la evidencia sobre métodos basados en recompensas y métodos aversivos?
    43. ¿Qué puede concluirse y qué no?
    44. ¿Cómo medir si una conducta está realmente bajo control operante?
    45. ¿Cómo integrar aprendizaje operante y bienestar?

    Alcance

    Este dossier es fundamental.

    No pretende sustituir dossiers específicos sobre:

    • refuerzo positivo;
    • refuerzo negativo;
    • castigo;
    • extinción;
    • programas de reforzamiento;
    • shaping;
    • control estimular;
    • métodos aversivos.

    Su función es construir el marco técnico común.


    3. Conceptos fundamentales

    3.1 Conducta operante

    Una operante es una clase de conducta cuya probabilidad está relacionada con las consecuencias que históricamente ha producido bajo determinadas condiciones.

    No se define únicamente por su forma.

    Por ejemplo:

    “poner las cuatro patas en el suelo” puede pertenecer a una clase funcional si sistemáticamente produce atención o acceso.

    Skinner (1937, 1938) distinguió la conducta operante de la conducta respondiente.

    3.2 Antecedente

    Evento o contexto que ocurre antes de una respuesta y puede alterar su probabilidad.

    Ejemplos:

    • señal verbal;
    • presencia de una persona;
    • puerta abierta;
    • correa;
    • comida visible;
    • otro perro;
    • postura del humano.

    3.3 Respuesta

    Conducta observable.

    Ejemplo:

    • sentarse;
    • aproximarse;
    • ladrar;
    • tirar;
    • mirar;
    • tocar una mano;
    • soltar un objeto.

    3.4 Consecuencia

    Evento que ocurre después de la respuesta.

    Puede o no modificar la conducta futura.

    3.5 Contingencia

    Relación funcional:

    si ocurre la conducta, ¿qué cambia en el ambiente?

    Una contingencia operante puede representarse:

    A → B → C

    Antecedente → conducta → consecuencia.

    Pero la consecuencia sólo es funcionalmente relevante si altera comportamiento futuro.


    3.6 Refuerzo

    Proceso mediante el cual una consecuencia aumenta o mantiene la probabilidad futura de una conducta.

    No se define por:

    • agradable;
    • amable;
    • comida;
    • intención.

    Se define por el efecto sobre la conducta.

    3.7 Castigo

    Proceso mediante el cual una consecuencia reduce la probabilidad futura de una conducta.

    No implica automáticamente:

    • dolor;
    • violencia;
    • abuso.

    Pero numerosos procedimientos utilizados como castigo sí pueden involucrar estímulos aversivos y riesgos de bienestar.


    3.8 Positivo y negativo

    En esta terminología:

    positivo (+)
    algo se presenta.

    negativo (−)
    algo se retira, termina o evita.

    No significan:

    positivo = moralmente bueno

    negativo = moralmente malo.

    Éste es el mito central del artículo.


    3.9 Refuerzo positivo (R+)

    Estructura:

    conducta
    se presenta estímulo/consecuencia
    conducta aumenta.

    Ejemplo:

    sentarse → alimento → sentarse aumenta.

    Otros posibles reforzadores:

    • juego;
    • interacción;
    • acceso a olfatear;
    • apertura de puerta;
    • persecución permitida;
    • contacto social.

    Regla

    Si se da comida pero la conducta no aumenta:

    no se ha demostrado R+ para esa conducta en esas condiciones.


    3.10 Refuerzo negativo (R−)

    Estructura:

    conducta
    se retira/reduce/evita un estímulo aversivo
    conducta aumenta.

    Ejemplo abstracto:

    presión aparece
    → perro realiza respuesta
    → presión termina
    → respuesta aumenta.

    El estímulo eliminado funciona como condición aversiva.

    Escape

    La conducta termina un estímulo ya presente.

    Evitación

    La conducta impide o retrasa un estímulo aversivo esperado.

    Ambos pueden mantener conducta mediante R−.

    Error común

    “Refuerzo negativo es regañar.”

    No.

    Si el regaño se presenta después de una respuesta y la reduce, sería conceptualmente P+, no R−.


    3.11 Castigo positivo (P+)

    Estructura:

    conducta
    se presenta consecuencia
    conducta disminuye.

    Ejemplos pueden incluir:

    • sobresalto;
    • presión;
    • reprimenda;
    • estímulo eléctrico;
    • ruido.

    Pero sólo son técnicamente castigo si la conducta disminuye.

    Importante

    Que una conducta se suprima durante la presencia del entrenador no significa necesariamente:

    • aprendizaje generalizado;
    • cambio emocional saludable;
    • ausencia de efectos colaterales.

    3.12 Castigo negativo (P−)

    Estructura:

    conducta
    se retira temporalmente estímulo apetitivo/acceso
    conducta disminuye.

    Ejemplos:

    • se interrumpe juego;
    • se retira atención;
    • se pierde acceso temporal.

    Procedimientos clásicos:

    • response cost;
    • time-out from positive reinforcement.

    Riesgo conceptual

    No toda retirada es P−.

    La retirada debe:

    1. ser contingente a la conducta;
    2. reducir la conducta.

    3.13 Recompensa

    Término coloquial.

    Puede describir:

    • comida;
    • juguete;
    • elogio.

    Pero “recompensa” no garantiza función reforzante.

    Riemer et al. (2018) mostró que la calidad de la recompensa alimentaria podía influir en eficacia de respuesta, mientras que aumentar simplemente cantidad no producía necesariamente el mismo efecto.


    3.14 Reforzador primario y condicionado

    Primario / no condicionado
    → tiene valor sin condicionamiento específico dentro del entrenamiento.

    Ejemplo típico:
    comida.

    Condicionado
    → adquiere valor mediante asociación.

    Ejemplo:
    clicker, marcador verbal, ficha.

    En la práctica:

    conducta → click → comida

    combina procesos operantes y pavlovianos.


    3.15 Refuerzo automático

    Una conducta puede producir consecuencias reforzantes sin mediación humana.

    Ejemplo:

    perro rompe un objeto
    → obtiene estimulación sensorial.

    o:

    rasca una puerta
    → modifica sensaciones/ambiente.

    Esto explica por qué algunas conductas persisten aunque nadie “las premie”.


    3.16 Motivación y operaciones motivacionales

    El valor de un reforzador cambia.

    Variables:

    • hambre;
    • saciedad;
    • acceso reciente;
    • estrés;
    • temperatura;
    • contexto;
    • competencia ambiental.

    Por ello:

    “mi perro ama el pollo” no significa que pollo tenga el mismo valor en todas las situaciones.


    3.17 Timing

    Una consecuencia demasiado tardía puede relacionarse con otra respuesta distinta.

    Yamamoto et al. (2009) evaluó retrasos de acciones del propietario en 10 perros. A medida que aumentaban retrasos de 0.13 a 2 segundos, disminuían respuestas correctas y atención en varias condiciones.

    La muestra es pequeña, pero refuerza un principio general bien establecido:

    la proximidad temporal entre conducta y consecuencia facilita claridad contingencial.


    3.18 Extinción operante

    Procedimiento mediante el cual una conducta previamente reforzada deja de producir el reforzador que la mantenía.

    Resultado esperado:

    reducción gradual.

    Pero pueden aparecer:

    • aumento temporal;
    • variabilidad;
    • frustración;
    • recuperación;
    • persistencia.

    Hall (2017) revisa persistencia y resistencia a extinción específicamente en perros.


    3.19 Extinction burst

    En uso aplicado se describe como:

    • aumento temporal de frecuencia;
    • intensidad;
    • variabilidad;

    al comenzar extinción.

    Debe explicarse con cuidado:

    no toda extinción produce un “burst” claro y no debe tratarse como ley inevitable.


    3.20 Shaping

    Construcción de una conducta mediante reforzamiento diferencial de aproximaciones sucesivas.

    Ejemplo:

    objetivo:
    entrar en transportín.

    Refuerzo:

    1. mirar transportín;
    2. acercarse;
    3. introducir cabeza;
    4. una pata;
    5. dos patas;
    6. entrar completamente.

    No es simplemente “esperar y premiar”.

    Exige:

    • criterios;
    • timing;
    • progresión.

    3.21 Capturing

    Reforzar una conducta que el perro ofrece espontáneamente.

    Ejemplo:

    perro se tumba relajado
    → marcar/reforzar.


    3.22 Luring

    Utilizar un estímulo atractivo para guiar movimiento inicialmente.

    Ejemplo:

    comida cerca del hocico
    → movimiento.

    Después conviene retirar gradualmente el señuelo para evitar dependencia.


    3.23 Targeting

    Enseñar contacto/orientación hacia un objetivo.

    Puede convertirse en herramienta para:

    • posicionamiento;
    • cuidado cooperativo;
    • movimiento.

    3.24 Refuerzo diferencial

    Refuerzo selectivo de ciertas respuestas.

    Ejemplos:

    DRA
    → conducta alternativa.

    DRI
    → conducta incompatible.

    DRO
    → ausencia de una conducta durante intervalo.

    Debe diseñarse según función y contexto.


    3.25 Control estimular

    Una conducta está bajo control estimular cuando la probabilidad cambia sistemáticamente según estímulos antecedentes.

    Ejemplo:

    “sentado” produce alta probabilidad de sentarse.

    Pero si el perro responde sólo cuando:

    • persona inclina cuerpo;
    • mano tiene comida;
    • está en cocina;

    el control real puede ser compuesto.


    3.26 Señal discriminativa (SD)

    En análisis operante, un SD señala que una respuesta tiene una historia de producir determinada consecuencia.

    Simplificación práctica:

    “En presencia de esta señal, esta respuesta suele funcionar.”

    No significa que la palabra “ordene” causalmente el movimiento de manera automática.


    3.27 Generalización

    La respuesta se extiende a estímulos/contextos similares.

    Discriminación

    La respuesta se concentra en condiciones donde históricamente ha sido reforzada.


    4. Evolución

    4.1 Aprender de consecuencias es una capacidad adaptativa general

    El condicionamiento operante no es exclusivo del perro.

    Permite a un animal ajustar conducta según:

    • recursos;
    • peligros;
    • competencia;
    • refugio;
    • interacción social.

    4.2 Función adaptativa

    Si una acción produce alimento:

    → repetirla puede ser útil.

    Si produce daño:

    → reducirla puede ser útil.

    El mecanismo permite flexibilidad sin depender exclusivamente de respuestas genéticamente fijadas.

    4.3 Restricciones biológicas

    No todas las respuestas son igualmente enseñables.

    Influyen:

    • anatomía;
    • sistemas motivacionales;
    • repertorio;
    • predisposición;
    • historia.

    Por tanto:

    el refuerzo selecciona dentro de un repertorio biológicamente posible.

    4.4 Domesticación

    La domesticación no creó el aprendizaje operante.

    Pero convivir con humanos multiplicó contingencias relacionadas con:

    • alimento;
    • puertas;
    • correas;
    • atención;
    • objetos;
    • señales;
    • espacios urbanos.

    El perro doméstico vive en un ambiente extraordinariamente controlado por decisiones humanas.


    5. Domesticación e historia

    5.1 Thorndike y el ensayo y error

    Edward Thorndike estudió animales en dispositivos conocidos como puzzle boxes.

    El principio histórico central fue la ley del efecto:

    respuestas seguidas de resultados satisfactorios tenderían a fortalecerse, mientras que respuestas seguidas de resultados insatisfactorios tenderían a debilitarse.

    Thorndike (1898) ayudó a desplazar explicaciones anecdóticas hacia experimentos controlados.

    5.2 De Thorndike a Skinner

    Skinner desarrolló una metodología basada en:

    • respuestas repetibles;
    • tasa de respuesta;
    • consecuencias;
    • control experimental.

    En 1937 distinguió dos tipos de reflejo condicionado y articuló la noción de operante.

    En The Behavior of Organisms (1938) consolidó su análisis experimental.

    5.3 Qué significa “operante”

    La conducta “opera” sobre el ambiente.

    No necesita un estímulo elicitador identificado como en el modelo pavloviano.

    Su probabilidad se analiza según consecuencias.

    5.4 Programas de reforzamiento

    Ferster y Skinner (1957) estudiaron cómo diferentes reglas de entrega de reforzador producen patrones distintos de conducta.

    Su investigación fue mayoritariamente con palomas.

    Debe evitarse extrapolar mecánicamente todos los patrones a perros de compañía, pero los principios inspiraron gran parte del análisis operante contemporáneo.

    5.5 Dog training moderno

    La terminología R+/R−/P+/P− llegó ampliamente al entrenamiento canino a través de:

    • análisis de conducta;
    • psicología comparada;
    • entrenamiento animal;
    • medicina conductual.

    Sin embargo, el sector profesional no utiliza las palabras con completa consistencia.

    Por eso el artículo debe insistir:

    describir contingencia concreta > etiquetar cuadrante.


    6. Etología

    6.1 El perro no es una caja vacía

    El aprendizaje operante selecciona conducta dentro de un repertorio influido por:

    • especie;
    • genética;
    • desarrollo;
    • experiencia;
    • motivación.

    6.2 Tinbergen: causación

    ¿Por qué aparece la respuesta ahora?

    • señal;
    • estado motivacional;
    • historia de refuerzo;
    • valor del resultado;
    • emoción.

    6.3 Ontogenia

    ¿Cómo se desarrolló?

    Una conducta puede adquirir una historia larga.

    Ejemplo:

    cachorro salta
    → personas ríen/tocan.

    Meses después:

    salto altamente persistente.

    El problema no necesita explicación por “dominancia”.

    Puede existir una historia de reforzamiento.

    6.4 Función

    En análisis conductual, función significa:

    qué consecuencias ayudan a mantener el comportamiento.

    Funciones comunes:

    • acceso;
    • atención;
    • escape;
    • estimulación.

    No es idéntico a función adaptativa evolutiva.

    6.5 Filogenia

    Algunas respuestas son más probables por repertorio de especie.

    Ejemplo:

    olfatear, perseguir, masticar.

    El entrenamiento puede:

    • canalizar;
    • poner bajo señal;
    • reforzar alternativas.

    No puede eliminar la biología del perro.


    7. Cognición y aprendizaje

    7.1 La unidad fundamental es relación, no objeto

    No preguntar sólo:

    “¿qué premio usas?”

    Preguntar:

    “¿qué conducta produce qué consecuencia y con qué consistencia?”


    7.2 El reforzador se demuestra

    Vicars et al. (2014) evaluó preferencia y eficacia de reforzadores en ocho perros.

    Las preferencias medidas sistemáticamente podían predecir qué estímulos mantendrían mejor la respuesta.

    Esto demuestra:

    preferencia y reforzamiento están relacionados, pero el reforzador debe verificarse funcionalmente.


    7.3 Calidad vs cantidad

    Riemer et al. (2018) estudió valor de recompensas alimentarias.

    La calidad de alimento afectó vigor de respuesta más claramente que simplemente aumentar cantidad en determinadas condiciones.

    No significa:

    “usa comida premium”.

    Significa:

    valor reforzante depende de propiedades del resultado, no sólo de número de piezas.


    7.4 Contingencia

    Si alimento aparece independientemente de conducta:

    puede perderse claridad operante.

    Pfaller-Sadovsky et al. (2022) estudió reforzamiento no contingente en perros de compañía y mostró que la entrega temporal de reforzadores puede alterar conducta incluso sin depender de la respuesta.

    Esto demuestra que:

    la comida puede modificar conducta aunque no esté funcionando como R+ contingente a la respuesta objetivo.


    7.5 Refuerzo no contingente

    NCR

    Reforzador se entrega según tiempo, no respuesta.

    Puede:

    • reducir valor de conducta mantenida por ese reforzador;
    • competir;
    • producir efectos de abolición/saciedad;
    • cambiar condiciones.

    No es “reforzar nada”.

    Es un procedimiento diferente.


    7.6 Extinción y omisión

    Bentosela et al. (2008) estudió mirada hacia humanos en una situación de solicitud de comida.

    Encontraron cambios rápidos:

    • aumento con reforzamiento diferencial;
    • disminución con omisión;
    • disminución con extinción.

    Esto es evidencia directa de sensibilidad canina a contingencias operantes.


    7.7 Timing

    Yamamoto et al. (2009):

    10 perros.

    Retrasos:
    0.13, 0.27, 0.5, 1 y 2 s.

    Mayores retrasos redujeron respuestas apropiadas y atención.

    La muestra es pequeña, pero ilustra:

    una consecuencia mal temporizada puede seleccionar otra conducta distinta a la que el humano cree estar reforzando.


    7.8 Programas de reforzamiento

    Refuerzo continuo (CRF/FR1)

    Cada respuesta objetivo produce reforzador.

    Útil para:

    • adquisición.

    Refuerzo intermitente

    Sólo algunas respuestas producen reforzador.

    Puede utilizarse para:

    • mantenimiento;
    • persistencia.

    7.9 Ratio vs intervalo

    Ratio
    → depende de número de respuestas.

    Interval
    → depende del paso del tiempo + respuesta.

    Fixed
    → criterio constante.

    Variable
    → criterio cambia alrededor de promedio.

    Así:

    • FR;
    • VR;
    • FI;
    • VI.

    Advertencia

    La literatura aplicada específica en perros sobre comparación sistemática de estos programas es mucho menor que la literatura clásica en palomas/roedores.

    Hall et al. (2021) señala precisamente la necesidad de estudios paramétricos en perros de trabajo.


    7.10 Partial reinforcement extinction effect

    En muchas especies, respuestas adquiridas bajo reforzamiento parcial pueden mostrar mayor persistencia durante extinción que respuestas continuamente reforzadas.

    Pero:

    no debe simplificarse como “haz premios aleatorios y será más fuerte”.

    Cambios de programa demasiado rápidos pueden:

    • reducir rendimiento;
    • generar ratio strain;
    • debilitar conducta.

    7.11 Behavioral momentum

    Hall (2017) revisa aplicaciones de teoría de momentum conductual en perros.

    Idea simplificada:

    una conducta en un contexto con historia rica de reforzamiento puede ser más resistente a disrupción.

    Útil en perros de detección:

    • trabajar ante distractores;
    • mantener búsqueda cuando blancos son raros.

    7.12 Cadenas conductuales

    Muchos trabajos complejos implican secuencias:

    buscar
    → localizar
    → indicar
    → recibir reforzador.

    Thrailkill et al. (2016) estudió persistencia de cadenas heterogéneas en perros de detección y mostró que las condiciones de reforzamiento pueden alterar resistencia a extinción de la cadena.


    7.13 Shaping y creatividad conductual

    En shaping:

    1. definir objetivo;
    2. observar repertorio;
    3. seleccionar aproximación;
    4. reforzar;
    5. elevar criterio;
    6. dejar de reforzar aproximaciones antiguas.

    Error común:

    elevar criterio demasiado rápido.

    Puede producir:

    • caída de tasa;
    • frustración;
    • abandono.

    7.14 Señuelo vs refuerzo

    Un alimento puede cumplir distintas funciones:

    antes de la conducta
    → señuelo.

    después de conducta y contingente
    → potencial reforzador.

    entregado por tiempo
    → NCR.

    El objeto es el mismo.

    La función cambia.


    7.15 Señales y control estimular

    Una conducta no está “bajo comando” porque el humano pronuncie una palabra.

    Debe existir historia de:

    señal → oportunidad de respuesta → consecuencia.

    La señal gana control porque informa sobre contingencia.


    8. Desarrollo

    8.1 Cachorros aprenden consecuencias desde muy temprano

    Antes de clases formales:

    llorar
    → humano aparece.

    morder
    → juego continúa.

    sentarse
    → se abre puerta.

    Estas contingencias construyen repertorio.

    8.2 Educación accidental

    Muchos “malos hábitos” fueron funcionalmente reforzados.

    Ejemplo:

    perro ladra en mesa
    → recibe comida.

    Tres veces por semana durante meses.

    Después:

    familia pregunta por qué “no entiende que está mal”.

    Desde análisis operante:

    la conducta ha sido reforzada intermitentemente.

    Eso puede producir alta persistencia.

    8.3 Adolescencia

    Cambios de:

    • exploración;
    • motivación;
    • activación;
    • competencia ambiental;

    pueden modificar eficacia de reforzadores.

    No implica que el perro “olvide”.

    8.4 Senior

    Puede seguir aprendiendo.

    Pero deben considerarse:

    • dolor;
    • audición;
    • visión;
    • movilidad;
    • cognición.

    Una caída de respuesta no debe atribuirse automáticamente a motivación.


    9. Análisis del comportamiento

    9.1 ABC ampliado

    Operación motivacional
    +
    Antecedente

    Conducta

    Consecuencia

    cambio futuro de probabilidad


    9.2 Caso: saltar sobre personas

    A: persona llega.

    B: perro salta.

    C: persona toca y habla.

    Si salto aumenta:

    → interacción funciona como R+.

    Solución

    Manejo:
    evitar ensayo.

    Refuerzo diferencial:
    cuatro patas en suelo → atención.


    9.3 Caso: tirar de correa

    A: estímulo atractivo delante.

    B: perro tira.

    C: avanza hacia estímulo.

    Si tirar aumenta:

    → avance puede reforzar tirar.

    No hace falta que el humano entregue comida.

    Lección

    el ambiente refuerza.


    9.4 Caso: ladrido para abrir puerta

    B: ladra.

    C: puerta se abre.

    Si aumenta:

    → acceso funciona como R+.


    9.5 Caso: presión y liberación

    A: presión.

    B: respuesta.

    C: presión termina.

    Si respuesta aumenta:

    → R−.


    9.6 Caso: interrumpir juego

    A: juego.

    B: mordida fuerte.

    C: juego termina.

    Si mordida fuerte disminuye:

    → P−.


    9.7 Caso: reprimenda

    Perro roba objeto.

    Humano grita.

    ¿P+?

    Sólo si:

    → robar disminuye.

    Si el perro interpreta grito como interacción y roba más:

    la misma consecuencia podría estar funcionando como reforzador social.

    Lección

    la función la determina la conducta futura, no la intención humana.


    9.8 Error de causalidad

    Una conducta puede disminuir después de una intervención por:

    • fatiga;
    • saciedad;
    • contexto;
    • miedo;
    • extinción;
    • cambio ambiental.

    Una sola observación no demuestra P+ o P−.


    10. Bienestar

    10.1 Eficacia operante no equivale a bienestar

    Un estímulo aversivo puede funcionar operantemente.

    Eso no resuelve:

    • intensidad;
    • miedo;
    • dolor;
    • generalización;
    • asociación con humano;
    • estrés;
    • alternativas disponibles.

    10.2 Métodos aversivos

    Ziv (2017) revisó 17 estudios.

    Conclusión general:

    • riesgos para bienestar;
    • no evidencia de superioridad general de castigo positivo frente a estrategias basadas en refuerzo.

    Guilherme-Fernandes et al. (2017) también encontró asociación entre aversivos e indicadores de bienestar comprometido, aunque destacó limitaciones metodológicas.


    10.3 Evidencia fisiológica y cognitiva

    Vieira de Castro et al. (2020):

    92 perros.

    Grupos:

    • reward;
    • mixed;
    • aversive.

    Mayor uso de aversivos se asoció con:

    • más conductas de estrés;
    • mayores cambios de cortisol;
    • sesgo cognitivo más pesimista.

    Limitación:

    no asignación aleatoria.


    10.4 Eficacia y eficiencia

    Vieira de Castro et al. (2021) comparó métodos reward vs mixed en perros entrenados en tareas.

    En ese contexto, el grupo basado en recompensas mostró mejor o comparable eficacia/eficiencia en medidas estudiadas.

    La literatura todavía es más limitada de lo deseable.


    10.5 Evidencia que complica una narrativa absoluta

    Johnson y Wynne (2024) encontró que en una tarea específica de inhibición de persecución un grupo con collar electrónico mostró mayor inhibición que condiciones no aversivas concretas.

    Limitaciones:

    • pequeña muestra final;
    • tarea específica;
    • diferencias de protocolo;
    • dificultades para extrapolar.

    Esto obliga a distinguir:

    “puede modificar conducta”

    de:

    “es necesario, óptimo o preferible en términos de bienestar”.


    10.6 Confrontación y agresión

    Herron et al. (2009) estudió respuestas reportadas a intervenciones confrontativas en perros con problemas conductuales.

    Varias técnicas aversivas/confrontativas provocaron respuestas agresivas en una proporción importante.

    Esto no demuestra que todo P+ cause agresión.

    Demuestra:

    algunos procedimientos pueden aumentar riesgo en perros susceptibles.


    10.7 La ética no está contenida en el cuadrante

    R+, R−, P+ y P− describen relaciones funcionales.

    No determinan automáticamente:

    • aceptabilidad;
    • intensidad;
    • bienestar;
    • proporcionalidad.

    Por eso un artículo científico debe separar:

    descripción operante
    de
    evaluación ética y de bienestar.


    11. Adiestramiento y manejo

    11.1 Secuencia recomendada para enseñar

    1. definir conducta observable

    “tumbado” mejor que “calmado”.

    2. identificar reforzador

    3. crear oportunidad

    4. marcar respuesta

    5. entregar consecuencia

    6. repetir

    7. elevar criterio

    8. introducir señal

    9. generalizar

    10. pasar a mantenimiento


    11.2 Adquisición

    Durante adquisición:

    • alta tasa de refuerzo;
    • criterio alcanzable;
    • pocas distracciones.

    Error:

    retirar reforzamiento demasiado pronto.


    11.3 Shaping

    Ideal cuando:

    • no puede inducirse fácilmente;
    • queremos iniciativa;
    • conducta tiene etapas.

    Riesgo:

    criterios confusos.


    11.4 Captura

    Ideal para:

    • calma;
    • posturas naturales;
    • conductas espontáneas.

    11.5 Refuerzo diferencial

    Para problemas:

    perro salta
    → reforzar cuatro patas en suelo.

    perro tira
    → reforzar correa floja / orientación.

    Pero:

    si la conducta problema continúa produciendo reforzadores potentes:

    el plan puede fracasar.


    11.6 Manejo

    El manejo altera contingencias.

    Ejemplo:

    no dejar comida en mesa.

    Evita:

    robar → comida.

    Esto reduce práctica y autorrefuerzo.


    11.7 Refuerzo ambiental

    Los mejores reforzadores no siempre están en la bolsa.

    Ejemplos:

    • olfatear;
    • avanzar;
    • saludar;
    • acceder a puerta;
    • subir al coche.

    Puede utilizarse:

    conducta deseada → acceso ambiental.


    11.8 Programas de mantenimiento

    Después de adquisición:

    no es obligatorio alimentar cada respuesta de por vida.

    Pero el cambio debe:

    • ser gradual;
    • mantener valor;
    • incorporar reforzadores naturales.

    No reducir a:

    “pasa a variable ratio porque crea adicción”.

    Esa frase es científicamente deficiente.


    11.9 Ratio strain

    Si exigencia aumenta demasiado:

    • respuestas pueden deteriorarse;
    • latencia aumenta;
    • conducta desaparece.

    Regla práctica:

    adelgazar programa de refuerzo lentamente.


    11.10 Extinción en problemas cotidianos

    Ejemplo:

    ladrido obtiene atención.

    Extinción:
    atención deja de seguir al ladrido.

    Pero:

    si ocasionalmente obtiene atención:

    la conducta puede volverse altamente persistente.


    11.11 Extinción no siempre es recomendable

    Puede ser:

    • peligrosa;
    • frustrante;
    • difícil.

    Especialmente con:

    • agresión;
    • miedo;
    • conductas de alto riesgo.

    Preferir con frecuencia:

    manejo + refuerzo de alternativa.


    12. Aplicaciones prácticas

    Esto significa que…

    Antes de preguntar:

    “¿Cómo corrijo esto?”

    preguntar:

    “¿Qué consecuencia está manteniendo la conducta?”


    En la vida cotidiana…

    Caso 1 — saltar

    Perro salta
    → humano toca.

    Si aumenta:

    contacto es reforzador.

    Solución:
    atención para cuatro patas en suelo.


    Caso 2 — tirar

    Tira
    → llega al árbol.

    Árbol/olfato puede reforzar.

    Uso:

    correa floja
    → acceso al olor.


    Caso 3 — ladrar en puerta

    Ladra
    → puerta se abre.

    Entrenamiento accidental.

    Cambiar:

    silencio/orientación
    → puerta abre.


    Caso 4 — robar calcetín

    Roba
    → humano persigue.

    Si el juego de persecución tiene valor:

    robar puede aumentar.


    Caso 5 — llamada

    “ven”
    → perro llega
    → se termina diversión.

    La llamada puede adquirir consecuencias poco competitivas.

    Mejor:

    llegar
    → premio + a veces volver a jugar.


    Un responsable puede observar…

    • frecuencia;
    • latencia;
    • duración;
    • tasa;
    • contexto;
    • consecuencia;
    • variabilidad;
    • cambios después de intervención.

    Conviene evitar…

    1. etiquetar una consecuencia sin comprobar efecto;
    2. llamar “R+” a cualquier premio;
    3. llamar “P+” a cualquier regaño;
    4. creer que negativo significa malo;
    5. retirar reforzadores demasiado rápido;
    6. usar programas variables sin conducta estable;
    7. ignorar refuerzos ambientales;
    8. aplicar extinción a conductas peligrosas sin plan;
    9. usar castigo sin valorar bienestar;
    10. atribuir persistencia a “terquedad”.

    Podría ayudar…

    • registrar 10–20 ensayos;
    • calcular porcentaje;
    • medir latencia;
    • comparar contextos;
    • identificar reforzadores competidores;
    • entrenar alternativas;
    • manejar ambiente.

    13. Mitos y controversias

    AfirmaciónClasificaciónEvaluación
    “Positivo significa bueno.”ContradichaSignifica añadir/presentar.
    “Negativo significa malo.”ContradichaSignifica retirar/reducir.
    “Dar comida siempre es R+.”ContradichaDebe aumentar la conducta.
    “Quitar algo siempre es castigo.”ContradichaSi aumenta conducta puede ser R−.
    “Castigo significa pegar.”Contradicha como definición técnicaCastigo es reducción funcional.
    “Si regaño, estoy castigando.”No necesariamenteSólo si conducta disminuye.
    “R− es malo y R+ es bueno por definición.”ContradichaLos términos no contienen evaluación moral.
    “Los cuatro cuadrantes explican todo entrenamiento.”Contradicha / incompletaFaltan antecedentes, motivación, programas, emoción, Pavloviano, contexto.
    “Extinción es P−.”Contradicha como equivalenciaSon procedimientos funcionalmente distintos.
    “Ignorar siempre elimina conductas.”ContradichaSólo si atención es reforzador relevante y otras fuentes no mantienen conducta.
    “Un perro hace cosas sólo para obtener premios.”ContradichaExisten múltiples reforzadores y aprendizaje pavloviano.
    “Hay que dejar de premiar lo antes posible.”ContradichaRetirada prematura puede deteriorar conducta.
    “Variable ratio es siempre el mejor programa.”No respaldada como regla universalDepende de tarea, adquisición, mantenimiento y bienestar.
    “Los castigos nunca funcionan.”Demasiado absolutaPueden reducir conducta; cuestión adicional es bienestar, necesidad y efectos secundarios.
    “Si funciona, es buen método.”Contradicha por evaluación de bienestarEficacia conductual no agota el análisis.
    “Una conducta reforzada nunca se extingue.”ContradichaDepende de programa, contexto y nuevas contingencias.
    “Si refuerzo mucho, el perro se vuelve dependiente de comida.”SimplificaciónDepende de diseño, transferencia a reforzadores naturales y control estimular.
    “El perro sabe la orden pero elige desobedecer.”No demostrado por el fallo de respuestaPueden intervenir motivación, contexto y generalización.

    Controversia 1 — ¿cuadrantes o análisis funcional?

    Los cuadrantes ayudan a enseñar terminología.

    Pero pueden fomentar errores:

    • etiquetar sin medir;
    • ignorar antecedentes;
    • ignorar Pavloviano;
    • ignorar bienestar.

    Conclusión:

    usar cuadrantes como mapa inicial, no como análisis completo.

    Controversia 2 — ¿castigo puede ser eficaz?

    Sí, por definición una consecuencia que reduce conducta es castigo.

    La controversia relevante es:

    • rapidez;
    • necesidad;
    • efectos secundarios;
    • bienestar;
    • alternativas.

    Controversia 3 — ¿reward-only existe?

    En la práctica, entrenamiento puede incluir:

    • R+;
    • P−;
    • extinción;
    • manejo.

    Por eso términos populares como:

    “positive-only”

    pueden ser menos precisos que describir procedimientos concretos.

    Controversia 4 — reforzar emoción

    Una emoción no se maneja exactamente como una respuesta operante simple.

    Dar comida en presencia de miedo no significa automáticamente “reforzar miedo”.

    Puede participar en contracondicionamiento pavloviano.

    Este tema conecta con el dossier 4.


    14. Estado de la evidencia

    14.1 Muy alta confianza

    Principios básicos:

    • refuerzo;
    • castigo;
    • contingencia;
    • extinción;
    • programas.

    Respaldados por más de un siglo de investigación comparada.

    14.2 Alta confianza específica en perros

    Sensibilidad a contingencias

    Bentosela et al. (2008).

    Extinción/persistencia

    Hall (2017).

    Timing

    Yamamoto et al. (2009), aunque muestra pequeña.

    Valor del reforzador

    Vicars et al. (2014);
    Riemer et al. (2018).


    14.3 Evidencia moderada-alta

    Métodos aversivos y bienestar

    Convergencia de:

    • revisiones;
    • encuestas;
    • observación;
    • cortisol;
    • sesgo cognitivo.

    Pero:

    muchos estudios no son ensayos aleatorizados.


    14.4 Áreas con evidencia canina limitada

    • comparación sistemática FR/VR/FI/VI;
    • ratio strain;
    • programas concurrentes;
    • matching law;
    • operaciones motivacionales;
    • shaping optimizado;
    • NCR aplicado;
    • behavioral momentum fuera de perros de trabajo.

    Hall et al. (2021) señala múltiples oportunidades de investigación aplicada.


    14.5 Evaluación de fuentes clave

    FuenteTipoPoblación/muestraHallazgoLimitacionesConfianzaUso
    Thorndike (1898)Monografía experimentalgatos y otros animalesEnsayo/error y ley del efectoHistórica; conceptos revisadosMuy alta históricaOrigen
    Skinner (1937)Artículo teórico/experimentalliteratura experimentalDistingue operante/respondienteTerminología históricaMuy alta históricaDefinición
    Skinner (1938)Monografía experimentalprincipalmente ratasAnálisis sistemático de conducta operanteNo perrosMuy alta teóricaFundamentos
    Ferster & Skinner (1957)Monografía experimentalprincipalmente palomasProgramas de refuerzo producen patrones sistemáticosExtrapolación a perros requiere cautelaMuy alta generalProgramas
    Bentosela et al. (2008)Experimentos caninosperros domésticosMirada cambia rápidamente con refuerzo, omisión y extinciónParadigma específicoAltaContingencia
    Yamamoto et al. (2009)Experimento10 perrosRetrasos empeoran respuesta/atenciónMuestra pequeñaModeradaTiming
    Rooney & Cowan (2011)Encuesta + tarea53 díadasMétodos del dueño asociados con conducta/aprendizajeCorrelacionalModeradaAplicación
    Vicars et al. (2014)Experimento8 perrosPreferencia predice eficacia reforzanteMuestra pequeñaModeradaReforzador
    Hall (2017)RevisiónperrosPersistencia y resistencia a extinciónCampo canino limitadoAlta como síntesisExtinción
    Riemer et al. (2018)ExperimentoperrosCalidad de recompensa influye en eficaciaTarea concretaModerada-altaMagnitud
    Vieira de Castro et al. (2020)Estudio aplicado92 perrosMás aversivos, peores indicadores de bienestarNo aleatorizadoModerada-altaBienestar
    Vieira de Castro et al. (2021)Estudio comparativoperros de escuelasReward-based igual/mejor en medidas de eficacia/eficienciaContexto específicoModeradaMétodos
    Hall et al. (2021)Revisiónperros de trabajoCiencia del aprendizaje puede optimizar entrenamientoVarias recomendaciones aún no probadasAlta como agendaAplicación
    Pfaller-Sadovsky et al. (2022)Experimentoperros de compañíaNCR y extinción alteran respuesta arbitrariaÁrea pequeñaModeradaNCR
    Johnson & Wynne (2024)Ensayo aleatorizado30 reclutados; muestra final menorE-collar superior en tarea específica de persecuciónMuestra pequeña/protocolos distintosModerada para tarea, baja generalizaciónControversia

    14.6 Conflictos entre fuentes

    Conflicto 1 — métodos aversivos y eficacia

    Algunos estudios:
    reward-based comparable o mejor.

    Johnson & Wynne (2024):
    e-collar mejor en una tarea específica.

    Interpretación:

    eficacia depende de conducta, procedimiento, reforzadores, entrenadores y medida.

    No convertir un estudio en regla universal.


    Conflicto 2 — castigo como categoría vs aversivos

    No todo castigo técnico es idéntico.

    P− puede utilizar retirada de juego.

    P+ puede variar enormemente.

    Por ello:

    “castigo” no debe utilizarse como sinónimo automático de “aversivo intenso”.


    Conflicto 3 — programa variable siempre resistente

    La literatura básica muestra efectos de reforzamiento parcial.

    Pero entrenamiento aplicado es más complejo.

    No asumir:

    “VR produce siempre mejor conducta”.


    15. Banco de evidencia

    Evidencia 1

    Afirmación:
    La conducta puede modificarse según sus consecuencias.

    Qué demuestra la investigación:
    Thorndike y Skinner desarrollaron evidencia experimental sistemática de selección de respuestas por consecuencias.

    Fuente:
    Thorndike (1898); Skinner (1938).

    Nivel de certeza:
    Muy alto.

    Matiz importante:
    Las teorías modernas son más amplias que sus formulaciones históricas.

    Dónde utilizarse:
    Introducción.


    Evidencia 2

    Afirmación:
    R+/R−/P+/P− se definen funcionalmente.

    Qué demuestra la teoría:
    Refuerzo/castigo requieren cambio posterior de conducta.

    Fuente:
    Skinner (1938, 1953); literatura de análisis de conducta.

    Nivel de certeza:
    Muy alto.

    Matiz importante:
    Una sola observación no basta siempre para demostrar función.

    Dónde:
    Cuatro contingencias.


    Evidencia 3

    Afirmación:
    Los perros ajustan rápidamente respuestas a refuerzo, omisión y extinción.

    Qué demuestra la investigación:
    Bentosela et al. observó aumento y disminución rápida de mirada humana según contingencias.

    Fuente:
    Bentosela et al. (2008).

    Nivel de certeza:
    Alto para paradigma.

    Matiz:
    Mirada para comida no representa toda conducta canina.


    Evidencia 4

    Afirmación:
    El timing humano importa.

    Qué demuestra:
    Retrasos de acciones del propietario redujeron respuesta correcta en perros entrenados.

    Fuente:
    Yamamoto et al. (2009).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz:
    n=10.


    Evidencia 5

    Afirmación:
    Un estímulo preferido puede ser mejor reforzador.

    Qué demuestra:
    Evaluaciones de preferencia predijeron eficacia posterior.

    Fuente:
    Vicars et al. (2014).

    Nivel:
    Moderado.

    Matiz:
    n=8.


    Evidencia 6

    Afirmación:
    La calidad del alimento puede importar más que simplemente aumentar cantidad.

    Qué demuestra:
    Riemer et al. encontró cambios en vigor relacionados con calidad.

    Fuente:
    Riemer et al. (2018).

    Nivel:
    Moderado-alto.

    Matiz:
    Tarea específica.


    Evidencia 7

    Afirmación:
    Extinción y persistencia tienen relevancia aplicada en perros.

    Qué demuestra:
    Hall sintetiza trabajos sobre resistencia a extinción y momentum.

    Fuente:
    Hall (2017).

    Nivel:
    Alto como síntesis.


    Evidencia 8

    Afirmación:
    Refuerzo no contingente puede modificar conducta sin depender de una respuesta objetivo.

    Qué demuestra:
    Pfaller-Sadovsky et al. comparó NCR con y sin extinción.

    Fuente:
    Pfaller-Sadovsky et al. (2022).

    Nivel:
    Moderado.


    Evidencia 9

    Afirmación:
    La historia de refuerzo puede afectar persistencia de cadenas de trabajo.

    Qué demuestra:
    Estudios con perros de detección muestran que condiciones de refuerzo influyen en resistencia a disrupción/extinción.

    Fuente:
    Thrailkill et al. (2016); Hall (2017).

    Nivel:
    Moderado-alto.


    Evidencia 10

    Afirmación:
    Métodos aversivos se asocian con indicadores de bienestar comprometido.

    Qué demuestra:
    Revisiones de 2017 y estudio de 2020 convergen en esa dirección.

    Fuente:
    Guilherme-Fernandes et al. (2017); Ziv (2017); Vieira de Castro et al. (2020).

    Nivel:
    Moderado-alto.

    Matiz:
    No todos los estudios son experimentales.


    Evidencia 11

    Afirmación:
    Recompensa no implica automáticamente peor eficacia.

    Qué demuestra:
    Vieira de Castro et al. (2021) encontró reward-based comparable o superior en variables del estudio.

    Fuente:
    Vieira de Castro et al. (2021).

    Nivel:
    Moderado.


    Evidencia 12

    Afirmación:
    No puede afirmarse que procedimientos aversivos nunca cambien conducta.

    Qué demuestra:
    Johnson y Wynne encontró mayor inhibición en una tarea concreta con e-collar.

    Fuente:
    Johnson & Wynne (2024).

    Nivel:
    Moderado para esa tarea.

    Matiz:
    No demuestra superioridad general ni resuelve bienestar.


    Evidencia 13

    Afirmación:
    La ciencia del aprendizaje todavía está infrautilizada en entrenamiento de perros de trabajo.

    Qué demuestra:
    Hall et al. identifica oportunidades en schedules, discriminación, generalización, memoria y persistencia.

    Fuente:
    Hall et al. (2021).

    Nivel:
    Alto como revisión.


    16. Propuesta de estructura del artículo

    H1 — Condicionamiento operante en perros: cómo las consecuencias cambian la conducta

    Objetivo:
    Explicar mecanismo sin reducirlo a premios/castigos.


    H2 — De Thorndike a Skinner

    H3 — Ensayo y error

    H3 — Ley del efecto

    H3 — Qué significa “operante”

    Fuentes:
    Thorndike (1898); Skinner (1937, 1938).


    H2 — La idea fundamental: conducta → consecuencia

    Objetivo:
    Presentar ABC y contingencia.


    H2 — Qué significan realmente positivo y negativo

    H3 — Añadir

    H3 — Retirar

    H3 — No significan bueno/malo


    H2 — Las cuatro contingencias

    H3 — R+

    H3 — R−

    H3 — P+

    H3 — P−

    Incluir tabla.


    H2 — La regla que evita casi todos los errores

    Una consecuencia se define por lo que hace a la conducta futura.

    H3 — Recompensa vs reforzador

    H3 — Reprimenda vs castigo


    H2 — Refuerzo positivo

    H3 — Comida

    H3 — Juego

    H3 — Atención

    H3 — Acceso ambiental

    Evidencia:
    Vicars et al. (2014); Riemer et al. (2018).


    H2 — Refuerzo negativo

    H3 — Escape

    H3 — Evitación

    H3 — Por qué no significa “castigo negativo”


    H2 — Castigo positivo y negativo

    H3 — Definición funcional

    H3 — Riesgos

    H3 — Bienestar

    Evidencia:
    Ziv (2017); Vieira de Castro et al. (2020).


    H2 — Timing

    Evidencia:
    Yamamoto et al. (2009).


    H2 — Cómo se construye una conducta

    H3 — Capturing

    H3 — Luring

    H3 — Shaping

    H3 — Targeting


    H2 — Refuerzo diferencial

    H3 — alternativa

    H3 — incompatible

    H3 — ausencia


    H2 — Señales y control estimular

    H3 — SD

    H3 — discriminación

    H3 — generalización


    H2 — Programas de reforzamiento

    H3 — continuo

    H3 — intermitente

    H3 — ratio

    H3 — intervalo

    Advertencia:
    no convertir “variable ratio” en mantra.


    H2 — Extinción

    H3 — qué significa

    H3 — persistencia

    H3 — por qué puede reaparecer

    Evidencia:
    Bentosela et al. (2008); Hall (2017).


    H2 — Lo que tu perro puede estar entrenándote a ti

    Ejemplos:

    • ladrar → abrir puerta;
    • saltar → atención;
    • traer objeto → persecución.

    H2 — Cuando el ambiente es el reforzador

    H3 — olfato

    H3 — acceso

    H3 — movimiento

    H3 — interacción


    H2 — Eficacia no es la única pregunta

    H3 — efectos secundarios

    H3 — emoción

    H3 — bienestar


    H2 — Qué debería observar un responsable

    1. antecedente;
    2. conducta;
    3. consecuencia;
    4. cambio en frecuencia;
    5. contexto;
    6. valor del reforzador.

    H2 — Idea final

    Para saber qué está aprendiendo un perro, no basta mirar lo que hacemos nosotros: hay que observar qué consecuencia obtiene él y cómo cambia después su conducta.


    17. Preguntas todavía abiertas

    1. ¿Qué programas de reforzamiento son óptimos para diferentes tareas caninas?
    2. ¿Cuánto difieren perros individuales en sensibilidad a ratio e intervalo?
    3. ¿Qué programas generan mayor persistencia sin frustración?
    4. ¿Cómo medir ratio strain en perros?
    5. ¿Qué papel tiene saciedad en rendimiento?
    6. ¿Cómo cambia valor de comida ante distractores?
    7. ¿Cómo comparar juego, alimento, elogio y acceso ambiental?
    8. ¿Qué reforzadores sociales funcionan de manera fiable?
    9. ¿Cómo cambia eficacia reforzante con edad?
    10. ¿Cómo afecta dolor?
    11. ¿Qué razas/clados muestran diferencias replicables?
    12. ¿Cómo separar genética de historia de entrenamiento?
    13. ¿Qué timing es óptimo según tarea?
    14. ¿Cómo afecta un marcador a retraso de reforzador?
    15. ¿Cuánto puede “puentear” un clicker la demora?
    16. ¿Qué combinaciones de shaping producen aprendizaje más rápido?
    17. ¿Cuándo shaping genera frustración?
    18. ¿Qué criterios de progresión son óptimos?
    19. ¿Cómo medir operaciones motivacionales en ambiente real?
    20. ¿Qué efectos tiene NCR en problemas de comportamiento?
    21. ¿Cuándo es preferible NCR frente a DRA?
    22. ¿Cómo interactúa extinción con Pavloviano?
    23. ¿Qué produce recuperación de conductas operantes?
    24. ¿Cómo influye contexto en extinción?
    25. ¿Cómo afectan programas variables a recaída?
    26. ¿Qué diferencia existe entre entrenamiento de compañía y trabajo?
    27. ¿Cómo optimizar perros de detección cuando blancos son raros?
    28. ¿Cómo reforzar cadenas largas?
    29. ¿Cómo influyen señales accidentales humanas?
    30. ¿Qué consecuencias ambientales refuerzan reactividad?
    31. ¿Cómo medir conducta sin depender de informes del dueño?
    32. ¿Cómo comparar eficacia y bienestar simultáneamente?
    33. ¿Qué efectos colaterales específicos produce cada procedimiento aversivo?
    34. ¿Qué intensidad convierte una contingencia en clínicamente problemática?
    35. ¿Qué papel tiene predictibilidad?
    36. ¿Qué papel tiene control?
    37. ¿Cómo afecta elección voluntaria?
    38. ¿Qué procedimientos reducen necesidad de castigo?
    39. ¿Cómo enseñar análisis funcional a responsables sin simplificarlo?
    40. ¿Qué términos deberían estandarizarse en entrenamiento canino?

    18. Referencias

    Bentosela, M., Barrera, G., Jakovcevic, A., Elgier, A. M., & Mustaca, A. E. (2008). Effect of reinforcement, reinforcer omission and extinction on a communicative response in domestic dogs (Canis familiaris). Behavioural Processes, 78(3), 464–469. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2008.03.004

    Ferster, C. B., & Skinner, B. F. (1957). Schedules of reinforcement. Appleton-Century-Crofts.

    Guilherme-Fernandes, J., Olsson, I. A. S., & Vieira de Castro, A. C. (2017). Do aversive-based training methods actually compromise dog welfare? A literature review. Applied Animal Behaviour Science, 196, 1–12. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2017.07.001

    Hall, N. J. (2017). Persistence and resistance to extinction in the domestic dog: Basic research and applications to canine training. Behavioural Processes, 141(Part 1), 67–74. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2017.04.001

    Hall, N. J., Johnston, A. M., Bray, E. E., Otto, C. M., MacLean, E. L., Udell, M. A. R., & Wynne, C. D. L. (2021). Working dog training for the twenty-first century. Frontiers in Veterinary Science, 8, 646022. https://doi.org/10.3389/fvets.2021.646022

    Herron, M. E., Shofer, F. S., & Reisner, I. R. (2009). Survey of the use and outcome of confrontational and non-confrontational training methods in client-owned dogs showing undesired behaviors. Applied Animal Behaviour Science, 117(1–2), 47–54. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2008.12.011

    Hiby, E. F., Rooney, N. J., & Bradshaw, J. W. S. (2004). Dog training methods: Their use, effectiveness and interaction with behaviour and welfare. Animal Welfare, 13(1), 63–69. https://doi.org/10.1017/S0962728600026683

    Johnson, A. C., & Wynne, C. D. L. (2024). Comparison of the efficacy and welfare of different training methods in stopping chasing behavior in dogs. Animals, 14(18), 2632. https://doi.org/10.3390/ani14182632

    Pfaller-Sadovsky, N., Arnott, G., & Hurtado-Parrado, C. (2022). The effects of noncontingent reinforcement on an arbitrary response in companion dogs. Journal of the Experimental Analysis of Behavior. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36283576/

    Reisner, I. (2017). The learning dog: A discussion of training methods. In J. Serpell (Ed.), The domestic dog: Its evolution, behavior and interactions with people (2nd ed., pp. 210–226). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781139161800.011

    Riemer, S., Ellis, S. L. H., Thompson, H., & Burman, O. H. P. (2018). Reinforcer effectiveness in dogs—The influence of quantity and quality. Applied Animal Behaviour Science, 206, 87–93. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2018.05.016

    Rooney, N. J., & Cowan, S. (2011). Training methods and owner–dog interactions: Links with dog behaviour and learning ability. Applied Animal Behaviour Science, 132(3–4), 169–177. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2011.03.007

    Skinner, B. F. (1937). Two types of conditioned reflex: A reply to Konorski and Miller. The Journal of General Psychology, 16(1), 272–279.

    Skinner, B. F. (1938). The behavior of organisms: An experimental analysis. Appleton-Century.

    Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan.

    Thorndike, E. L. (1898). Animal intelligence: An experimental study of the associative processes in animals. Psychological Review Monograph Supplements, 2(4). https://doi.org/10.1037/10780-000

    Thrailkill, E. A., Kacelnik, A., Porritt, F., & Bouton, M. E. (2016). Increasing the persistence of a heterogeneous behavior chain: Studies of extinction in a rat model and a working dog model. Behavioural Processes, 129, 74–85. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2016.06.006

    Vicars, S. M., Miguel, C. F., & Sobie, J. L. (2014). Assessing preference and reinforcer effectiveness in dogs. Behavioural Processes, 103, 75–83. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2013.11.006

    Vieira de Castro, A. C., Araújo, Â., Fonseca, A., & Olsson, I. A. S. (2021). Improving dog training methods: Efficacy and efficiency of reward and mixed training methods. PLOS ONE, 16(2), e0247321. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0247321

    Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L., & Olsson, I. A. S. (2020). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PLOS ONE, 15(12), e0225023. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0225023

    Yamamoto, M., Kikusui, T., & Ohta, M. (2009). Influence of delayed timing of owners’ actions on the behaviors of their dogs, Canis familiaris. Journal of Veterinary Behavior, 4(1), 11–18. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2008.08.006

    Ziv, G. (2017). The effects of using aversive training methods in dogs—A review. Journal of Veterinary Behavior, 19, 50–60. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2017.02.004


    Nota para el futuro redactor

    El artículo debe evitar dos errores opuestos.

    Error 1:
    convertir condicionamiento operante en una tabla memorizada de cuatro cuadrantes.

    Error 2:
    hablar de “premios y correcciones” sin precisión funcional.

    La progresión recomendada es:

    conducta

    consecuencia

    ¿la conducta aumenta o disminuye?

    ¿la consecuencia se presentó o se retiró?

    Entonces:

    aumenta + se presenta
    → R+

    aumenta + se retira
    → R−

    disminuye + se presenta
    → P+

    disminuye + se retira
    → P−.

    Pero inmediatamente después debe añadirse:

    La tabla sólo clasifica consecuencias. No explica por sí sola por qué el perro hace algo.

    Para explicar una conducta real también necesitamos:

    • antecedentes;
    • contexto;
    • motivación;
    • emoción;
    • historial;
    • reforzadores competidores;
    • programas;
    • generalización;
    • bienestar.

    La idea final que debería conservar el lector es:

    No entrenamos con “premios” o “castigos” como objetos. Entrenamos modificando contingencias: qué conducta tiene qué consecuencia, cuándo, con qué valor y en qué contexto.

  • ¿Cómo aprende realmente un perro? (2.3)

    1. Resumen ejecutivo

    Tema

    ¿Cómo aprende realmente un perro?

    Pregunta central

    ¿Qué mecanismos permiten que la experiencia cambie la conducta de un perro?

    Conclusión principal

    Aprender no significa simplemente “obedecer”, memorizar órdenes ni responder a una persona. En ciencia del comportamiento, el aprendizaje se refiere, de forma general, a cambios relativamente persistentes en la conducta o en la capacidad de responder que resultan de la experiencia. En perros, esos cambios pueden producirse por múltiples mecanismos que operan de manera simultánea:

    1. aprendizaje no asociativo, como habituación y sensibilización;
    2. aprendizaje asociativo pavloviano, mediante relaciones predictivas entre acontecimientos;
    3. aprendizaje operante o instrumental, mediante las consecuencias de las propias acciones;
    4. discriminación y generalización, que determinan ante qué estímulos se expresa lo aprendido;
    5. extinción y reaprendizaje, que permiten actualizar contingencias;
    6. aprendizaje social, utilizando información procedente de humanos u otros perros;
    7. formación y recuperación de memoria, necesaria para que la experiencia influya más adelante;
    8. consolidación, mediante la cual ciertos aprendizajes se estabilizan después de la experiencia;
    9. flexibilidad cognitiva, que permite abandonar una regla previamente útil cuando las contingencias cambian;
    10. plasticidad neural, término que describe cambios funcionales y estructurales del sistema nervioso asociados a experiencia y aprendizaje.

    La literatura contemporánea sobre perros muestra que estos animales pueden:

    • aprender asociaciones entre estímulos y recompensas;
    • modificar rápidamente conductas ante cambios de reforzamiento;
    • aprender discriminaciones;
    • revertir asociaciones previamente aprendidas;
    • mostrar resistencia o sensibilidad a la extinción;
    • recordar objetos y localizaciones durante intervalos de memoria de trabajo;
    • conservar representaciones de acciones durante horas;
    • recuperar acciones propias no necesariamente entrenadas explícitamente;
    • aprender observando a humanos y congéneres;
    • mostrar efectos de sueño y actividad posterior sobre consolidación;
    • presentar importantes diferencias individuales en la velocidad y estilo de aprendizaje.

    Por tanto, el modelo recomendado para esta biblioteca es:

    PERCEPCIÓN → ATENCIÓN → EXPERIENCIA → PREDICCIÓN/CONTINGENCIA → CAMBIO CONDUCTUAL → CODIFICACIÓN → CONSOLIDACIÓN → RECUPERACIÓN → GENERALIZACIÓN/DISCRIMINACIÓN → ACTUALIZACIÓN

    No todas las experiencias pasan por cada etapa de manera consciente ni existe evidencia para atribuir a los perros los mismos procesos introspectivos humanos.

    La distinción más importante

    APRENDIZAJE ≠ EJECUCIÓN

    Que un perro no realice una conducta en un momento concreto no demuestra que no la haya aprendido.

    La ejecución observable puede depender de:

    • atención;
    • contexto;
    • motivación;
    • emoción;
    • fatiga;
    • salud;
    • tipo de señal;
    • presencia de distractores;
    • valor de los reforzadores;
    • interferencia de otros aprendizajes;
    • grado de generalización;
    • historia previa.

    Esto significa que:

    “No lo hizo” no permite concluir automáticamente “no lo sabe”.

    Tampoco:

    “Lo hizo una vez” demuestra que el aprendizaje esté consolidado, generalizado o sea fiable.

    Mito central

    “Aprender significa obedecer.”

    Clasificación: contradicho conceptualmente.

    Obedecer una señal humana es sólo un caso particular de aprendizaje.

    Un perro aprende cuando:

    • deja de orientarse a un sonido irrelevante;
    • desarrolla miedo después de una asociación desagradable;
    • descubre que saltar produce atención;
    • aprende qué mano contiene alimento;
    • cambia de estrategia cuando deja de recibir recompensa;
    • memoriza dónde desapareció un objeto;
    • observa a otro individuo resolver una tarea;
    • reconoce que una señal visual predice una recompensa;
    • generaliza una respuesta a un lugar nuevo.

    Ninguno de estos procesos requiere necesariamente “obediencia”.

    Tesis recomendada para el futuro artículo

    Un perro aprende cuando la experiencia cambia lo que predice, recuerda o hace. Algunas veces aprende asociaciones entre acontecimientos; otras, las consecuencias de sus propias acciones; otras, mediante repetición, observación o exposición. Lo aprendido sólo se convierte en una conducta fiable cuando puede conservarse, recuperarse, discriminarse y generalizarse en los contextos relevantes.


    2. Pregunta principal

    Pregunta principal

    ¿Qué mecanismos permiten cambiar la conducta de un perro mediante experiencia, y cómo se relacionan aprendizaje, memoria, emoción, contexto y plasticidad?

    Preguntas secundarias

    1. ¿Qué significa científicamente aprender?
    2. ¿Cómo distinguimos aprendizaje de un cambio temporal de conducta?
    3. ¿Qué diferencia existe entre aprendizaje y ejecución?
    4. ¿Qué tipos de aprendizaje existen?
    5. ¿Qué es aprendizaje no asociativo?
    6. ¿Qué es habituación?
    7. ¿Qué es sensibilización?
    8. ¿Qué es condicionamiento clásico?
    9. ¿Qué es condicionamiento operante?
    10. ¿Cómo aprende un perro qué acontecimientos predicen otros?
    11. ¿Cómo aprende qué consecuencias producen sus acciones?
    12. ¿Qué papel tiene el error de predicción?
    13. ¿Cómo se forma una discriminación?
    14. ¿Cómo se generaliza lo aprendido?
    15. ¿Qué ocurre durante la extinción?
    16. ¿La extinción significa olvidar?
    17. ¿Qué es el aprendizaje por ensayo y error?
    18. ¿Puede un perro aprender observando?
    19. ¿Puede aprender de otros perros?
    20. ¿Puede aprender de humanos?
    21. ¿Qué diferencia existe entre aprendizaje social, imitación y emulación?
    22. ¿Qué papel tiene la memoria de trabajo?
    23. ¿Qué sabemos de la memoria a largo plazo?
    24. ¿Existe memoria episódica en perros?
    25. ¿Por qué se habla de memoria “episódica-like” o episódica-like?
    26. ¿Cómo afecta el sueño a la consolidación?
    27. ¿Cómo afecta el arousal o activación emocional?
    28. ¿Cómo afectan miedo y estrés?
    29. ¿Qué significa plasticidad neural?
    30. ¿Puede verse la plasticidad asociada al entrenamiento en el cerebro del perro?
    31. ¿Cómo cambia el aprendizaje durante el desarrollo?
    32. ¿Cómo cambia con la edad?
    33. ¿Existen diferencias individuales importantes?
    34. ¿La raza predice cómo aprende un individuo?
    35. ¿Cómo influyen el olfato, la visión y las señales verbales?
    36. ¿Qué significa que una conducta esté realmente aprendida?
    37. ¿Cómo debería evaluar un responsable el aprendizaje?

    Alcance de la investigación

    Este dossier es un mapa general de mecanismos.

    No pretende desarrollar exhaustivamente:

    • condicionamiento clásico;
    • condicionamiento operante;
    • refuerzo;
    • castigo;
    • extinción;
    • generalización;
    • aprendizaje social;
    • memoria;
    • neuroplasticidad.

    Cada uno merece posteriormente un dossier independiente.

    Aquí deben entenderse sus relaciones.


    3. Conceptos fundamentales

    3.1 Aprendizaje

    Definición operacional recomendada:

    Cambio relativamente persistente en la conducta o en la capacidad de responder que resulta de la experiencia y no se explica únicamente por maduración, fatiga, lesión, enfermedad o un estado transitorio.

    Esta formulación es deliberadamente amplia.

    No presupone:

    • conciencia humana;
    • comprensión verbal;
    • intención de aprender;
    • existencia de una sesión formal;
    • obediencia.

    Reisner (2017) destaca precisamente que el perro aprende continuamente de la interacción con el ambiente, no sólo cuando participa en una sesión de adiestramiento.

    3.2 Conducta

    Para estudiar aprendizaje debe describirse operacionalmente.

    Incorrecto:

    “Se volvió mejor.”

    Más útil:

    “En la primera sesión acertó 4 de 20 elecciones; en la quinta, 16 de 20.”

    El aprendizaje se infiere de cambios sistemáticos en desempeño.

    3.3 Aprendizaje no es lo mismo que rendimiento

    El rendimiento es lo que observamos en un momento determinado.

    Puede estar alterado por:

    • hambre;
    • saciedad;
    • distracción;
    • sueño;
    • miedo;
    • dolor;
    • temperatura;
    • presencia del responsable;
    • contexto;
    • dificultad;
    • interferencia.

    Así, el aprendizaje es un constructo inferido a partir de patrones de conducta, no una sustancia visible.

    3.4 Asociación

    Una asociación es una relación aprendida entre representaciones, estímulos, respuestas o consecuencias.

    Ejemplos:

    • correa → paseo;
    • timbre → visitante;
    • click → alimento;
    • sentarse → acceso;
    • determinada localización → recompensa.

    3.5 Contingencia

    Indica hasta qué punto un evento depende de otro.

    Ejemplo:

    Si sentarse produce alimento de manera sistemática y no sentarse no lo produce, existe una relación contingente más clara que si el alimento aparece aleatoriamente.

    3.6 Contigüidad

    Se refiere a cercanía temporal o espacial.

    No debe confundirse con contingencia.

    Dos eventos pueden ocurrir muy cerca temporalmente pero no mantener una relación predictiva fiable.

    3.7 Predicción

    Gran parte del aprendizaje asociativo puede entenderse como actualización de expectativas:

    “Cuando ocurre X, ¿qué suele venir después?”

    o:

    “Cuando hago Y, ¿qué suele ocurrir?”

    3.8 Error de predicción

    Concepto general de modelos modernos de aprendizaje:

    diferencia entre lo que el organismo esperaba y lo que ocurrió.

    Cuando un resultado es sorprendente, puede existir mayor actualización del aprendizaje.

    En perros, estudios de neuroimagen sobre recompensa y expectativa muestran respuestas en circuitos como el caudado ante señales predictivas y omisión de resultados esperados (Cook et al., 2016; Prichard et al., 2018).

    No debe afirmarse que cada cambio conductual del perro pueda reducirse a un único cálculo neural de “prediction error”; es un marco explicativo, no una explicación completa de toda cognición.

    3.9 Memoria

    La memoria permite que información adquirida previamente influya en conducta posterior.

    No es una entidad única.

    En perros se han investigado, entre otras cosas:

    • memoria de trabajo;
    • reconocimiento;
    • memoria visuoespacial;
    • memoria de acciones;
    • memoria episódica-like;
    • memoria a largo plazo;
    • consolidación.

    3.10 Codificación

    Procesos mediante los cuales información de una experiencia puede dejar una representación utilizable posteriormente.

    3.11 Consolidación

    Procesos por los que una memoria inicialmente lábil se estabiliza.

    Estudios con perros sugieren que experiencias posteriores y sueño pueden influir en la retención de aprendizajes (Kis et al., 2017; Affenzeller et al., 2017).

    3.12 Recuperación

    Uso posterior de información almacenada.

    Fallar en recuperación no demuestra necesariamente ausencia de aprendizaje original.

    3.13 Plasticidad neural

    Capacidad del sistema nervioso para modificar su organización o funcionamiento en relación con experiencia, desarrollo o lesión.

    En el artículo debe evitarse una versión popular excesivamente simplificada:

    “Cada vez que el perro aprende se crean nuevas conexiones.”

    El aprendizaje puede implicar cambios en:

    • eficacia sináptica;
    • conectividad funcional;
    • activación de redes;
    • expresión molecular;
    • estructura.

    Pero en perros de compañía la mayoría de estudios no observa directamente sinapsis individuales.

    Deshpande et al. (2024), utilizando conectividad funcional por fMRI en perros de trabajo, encontró una red cuya conectividad cambió junto con mejoras conductuales durante entrenamiento, proporcionando evidencia de plasticidad funcional relacionada con entrenamiento, no una cartografía completa de los cambios celulares responsables.


    4. Evolución

    4.1 Aprender es anterior a la domesticación

    Los mecanismos básicos de aprendizaje no aparecieron cuando surgió el perro doméstico.

    Habituación, sensibilización y aprendizaje asociativo existen en una enorme diversidad de animales.

    Por tanto, no debería escribirse:

    “Los humanos enseñaron a los perros a aprender.”

    El perro heredó capacidades de aprendizaje propias de su historia evolutiva como vertebrado, mamífero y cánido.

    4.2 Qué pudo cambiar con domesticación

    La domesticación pudo alterar:

    • tolerancia hacia humanos;
    • atención social;
    • sensibilidad a señales humanas;
    • motivación de cooperación;
    • desarrollo de respuestas sociales;
    • experiencias disponibles desde edades tempranas.

    Hare y Tomasello (2005) propusieron que algunas habilidades sociales dirigidas a humanos pudieron ser favorecidas durante domesticación.

    Pero esta interpretación no significa que toda respuesta a señales humanas sea innata.

    Elgier et al. (2009) revisó evidencia mostrando que la historia de aprendizaje puede modificar qué señales humanas siguen los perros.

    Range y Virányi (2013), comparando perros y lobos criados bajo condiciones similares, encontraron aprendizaje social a partir de humanos y congéneres en ambas especies, lo que muestra que algunas capacidades no pueden atribuirse exclusivamente a domesticación.

    4.3 Una interpretación integrada

    Lo más defendible es:

    capacidad general de aprendizaje + predisposiciones heredadas + domesticación + desarrollo + experiencia individual

    en vez de:

    instinto o aprendizaje como alternativas excluyentes.

    4.4 Cognición canina en contexto comparativo

    Lea y Osthaus (2018) advierten que la cognición del perro debe analizarse desde tres contextos:

    • cánido;
    • cazador social;
    • animal domesticado.

    Muchas capacidades caninas son impresionantes, pero no necesariamente únicas.

    4.5 Función adaptativa

    Aprender permite ajustar conducta a ambientes variables.

    Puede servir para:

    • localizar recursos;
    • evitar riesgos;
    • reconocer individuos;
    • predecir acontecimientos;
    • utilizar información social;
    • ajustar estrategias;
    • abandonar respuestas que dejan de funcionar.

    5. Domesticación e historia

    5.1 Convivir con humanos multiplicó las oportunidades de aprendizaje social

    Durante domesticación y posterior convivencia, los perros pasaron a desarrollarse dentro de ambientes en los que los humanos proporcionan:

    • alimento;
    • refugio;
    • restricciones;
    • señales;
    • información espacial;
    • consecuencias;
    • oportunidades sociales.

    Eso convierte al humano en una fuente extraordinariamente frecuente de información.

    5.2 Señales humanas: predisposición y aprendizaje

    Un error es plantear:

    “Los perros entienden señales humanas porque evolucionaron para hacerlo.”

    Otro error:

    “Todo se explica por condicionamiento individual.”

    La literatura apoya una interacción.

    Elgier et al. (2009) mostró que una señal aprendida podía modificar preferencia por señales sociales.

    Range y Virányi (2013) mostró que lobos intensamente socializados también pueden aprender de humanos y congéneres.

    Pongrácz y Dobos (2025), en una revisión de 61 publicaciones, concluyen que el aprendizaje social canino debe estudiarse considerando validez ecológica, coste de aprendizaje individual y éxito del demostrador.

    5.3 Del trabajo funcional al aprendizaje doméstico

    Los humanos han seleccionado y enseñado perros para:

    • caza;
    • pastoreo;
    • guardia;
    • recuperación;
    • rastreo;
    • detección;
    • asistencia.

    Eso significa que la selección artificial pudo modificar predisposiciones que influyen en desempeño de determinadas tareas.

    Pero:

    predisposición no equivale a conocimiento adquirido.

    El perro necesita experiencia para adaptar su repertorio a condiciones concretas.


    6. Etología

    6.1 El aprendizaje opera sobre repertorios biológicamente posibles

    No todos los comportamientos son igualmente fáciles de enseñar.

    El animal llega con:

    • capacidades sensoriales;
    • sistemas motores;
    • motivaciones;
    • predisposiciones;
    • límites anatómicos;
    • historia evolutiva.

    Por ejemplo:

    • olfatear es una conducta altamente natural;
    • seguir una trayectoria visual depende de capacidades perceptivas;
    • realizar un movimiento incompatible con anatomía no puede “aprenderse” por refuerzo.

    6.2 Las cuatro preguntas de Tinbergen

    Causación

    ¿Qué procesos inmediatos producen el cambio?

    • asociación;
    • refuerzo;
    • atención;
    • activación;
    • memoria;
    • emoción.

    Ontogenia

    ¿Cómo cambia la capacidad con experiencia y edad?

    Bray et al. (2021) siguió 160 candidatos a perros de asistencia desde 8–10 semanas hasta aproximadamente 21 meses. Muchas funciones mejoraron con edad, particularmente algunos componentes ejecutivos y de interacción social, mientras ciertas diferencias individuales mostraron estabilidad relativa.

    Función

    ¿Por qué puede ser útil aprender?

    Porque permite ajustar conducta a ambientes variables sin depender exclusivamente de respuestas fijas.

    Filogenia

    ¿Qué capacidades comparten perros con otros animales y cuáles pudieron cambiar en la línea canina/domesticada?

    La respuesta varía según el mecanismo.

    6.3 Aprendizaje preparado y restricciones biológicas

    La ciencia del aprendizaje ha mostrado ampliamente que los animales no aprenden todas las asociaciones con igual facilidad.

    En perros puede influir:

    • relevancia sensorial;
    • predisposición de conducta;
    • historia de selección;
    • experiencia.

    Prichard et al. (2018) encontró, en 19 perros sometidos a fMRI despierta, diferentes velocidades de adquisición según modalidad: en su paradigma, estímulos visuales y olfativos produjeron aprendizaje neural más rápido que estímulos verbales.

    Esto no demuestra que “las palabras sean malas para entrenar”; demuestra que modalidad y saliencia pueden cambiar adquisición.


    7. Cognición y aprendizaje

    7.1 Mapa general de tipos de aprendizaje

    Una estructura útil para el futuro artículo:

    A. NO ASOCIATIVO

    • habituación;
    • sensibilización.

    B. ASOCIATIVO

    • pavloviano;
    • operante/instrumental.

    C. DISCRIMINATIVO Y FLEXIBLE

    • discriminación;
    • generalización;
    • reversal learning;
    • extinción.

    D. SOCIAL

    • facilitación social;
    • local enhancement;
    • stimulus enhancement;
    • emulación;
    • imitación;
    • otras formas de aprendizaje observacional.

    E. MEMORIA Y CONSOLIDACIÓN

    • memoria de trabajo;
    • memoria de acciones;
    • memoria a largo plazo;
    • episódica-like;
    • consolidación postaprendizaje.

    Estas categorías se solapan.


    7.2 Habituación

    Definición:

    Disminución de una respuesta ante presentaciones repetidas de un estímulo cuando esa disminución no se explica simplemente por fatiga o adaptación sensorial.

    Rankin et al. (2009) revisó los criterios clásicos de habituación en múltiples especies.

    Ejemplo canino:

    Un perro inicialmente orienta cabeza y orejas hacia un ruido doméstico leve y repetido; con exposiciones seguras, la respuesta disminuye.

    Pero:

    repetición ≠ habituación garantizada.

    Puede ocurrir sensibilización.


    7.3 Sensibilización

    Definición:

    aumento de la reactividad después de una experiencia intensa o repetida.

    Ejemplo:

    Un perro expuesto repetidamente a ruidos muy intensos puede reaccionar cada vez con mayor intensidad.

    Esto desmonta el mito:

    “Si lo expones suficientes veces, terminará acostumbrándose.”

    No necesariamente.

    La intensidad, predictibilidad, control y estado emocional importan.


    7.4 Condicionamiento clásico

    Pregunta:

    ¿Qué predice qué?

    Un estímulo inicialmente neutro puede adquirir significado al preceder de forma fiable a otro acontecimiento.

    Ejemplos:

    • abrir frigorífico → alimento;
    • correa → salida;
    • clínica → manipulación;
    • tono → recompensa;
    • trueno → experiencia de miedo.

    El perro no necesita realizar una acción específica para que se forme una asociación.


    7.5 Condicionamiento operante

    Pregunta:

    ¿Qué ocurre como consecuencia de lo que hago?

    La probabilidad futura de una conducta cambia por sus consecuencias.

    Conceptos:

    • refuerzo positivo;
    • refuerzo negativo;
    • castigo positivo;
    • castigo negativo;
    • programas de refuerzo;
    • extinción;
    • control estimular.

    Este mecanismo explica gran parte del entrenamiento deliberado, pero también conductas “accidentalmente entrenadas”.

    Ejemplo:

    perro salta → recibe atención → saltar aumenta.

    Nadie pretendía enseñarlo.


    7.6 Aprendizaje por ensayo y error

    No es un mecanismo separado completamente del aprendizaje operante.

    Describe situaciones en las que el animal:

    • prueba respuestas;
    • obtiene consecuencias;
    • modifica gradualmente su comportamiento.

    Shimabukuro et al. (2015) mostró adquisición, extinción y readquisición en tareas de resolución de problemas, además de diferencias individuales y efectos de familiaridad humana.


    7.7 Discriminación

    Aprender:

    “Esta señal/contexto predice una consecuencia distinta de aquella otra.”

    Azadian y Protopopova (2024) estudiaron adquisición, discriminación, reversal learning y extinción en 111 perros de cinco clados raciales.

    La discriminación es central para que una conducta aparezca:

    • con una señal concreta;
    • en cierto contexto;
    • ante determinado estímulo.

    7.8 Generalización

    Capacidad de transferir aprendizaje a estímulos o contextos parecidos.

    Puede ser útil:

    Un “sentado” aprendido con una persona se extiende a otras.

    Puede ser problemática:

    Miedo aprendido ante un estímulo se extiende a otros parecidos.

    Una respuesta sólo aprendida en un contexto puede mostrar poca generalización.

    Regla práctica

    Adquisición no demuestra generalización.


    7.9 Reversal learning

    En una tarea de reversión:

    1. A produce recompensa.
    2. B no.
    3. Después se invierte:
    4. B produce recompensa.
    5. A deja de producirla.

    El perro debe:

    • detectar el cambio;
    • inhibir la respuesta previamente útil;
    • aprender la nueva contingencia.

    Es una medida de flexibilidad cognitiva.

    Azadian y Protopopova (2024) encontró diferencias entre clados y factores individuales, aunque los autores advierten que no deben interpretarse automáticamente como diferencias cognitivas “innatas” puras.


    7.10 Extinción

    La extinción ocurre cuando una respuesta previamente reforzada deja de producir el resultado que la mantenía y disminuye.

    En perros, Hall (2017) revisó evidencia sobre persistencia y resistencia a la extinción.

    Bentosela et al. (2008) mostró que retirar contingencias de recompensa modificaba rápidamente una respuesta comunicativa de mirada hacia humanos.

    Importante:

    extinción no equivale necesariamente a borrar la memoria original.

    Desde la ciencia general del aprendizaje, la respuesta puede reaparecer bajo determinadas condiciones.

    Para el lector esto explica por qué:

    • una conducta “desaparecida” puede regresar;
    • cambiar contexto puede producir recaída;
    • reaprender puede ser más rápido que aprender desde cero.

    7.11 Aprendizaje social

    Definición amplia:

    aprendizaje influido por observación o interacción con otro individuo o con productos de su conducta.

    No todo aprendizaje social es imitación.

    Pongrácz y Dobos (2025) revisó 61 publicaciones y subrayó la variedad de mecanismos y paradigmas.

    Los perros pueden aprender de:

    • humanos;
    • perros;
    • otros demostradores relevantes.

    Range y Virányi (2013) mostró que perros y lobos socializados podían beneficiarse de demostraciones humanas y de congéneres.


    7.12 Imitación y emulación

    Imitación:
    copiar aspectos de la acción del demostrador.

    Emulación:
    reproducir el resultado u objetivo mediante una estrategia propia.

    No deben utilizarse como sinónimos.

    Los paradigmas Do as I Do han proporcionado evidencia de que algunos perros entrenados pueden reproducir acciones humanas y conservar representaciones de ellas (Fugazza et al., 2016).


    7.13 Memoria de trabajo

    Fiset et al. (2003) estudió búsqueda de objetos que desaparecían.

    La precisión disminuyó con el retraso, pero los perros permanecieron por encima del azar incluso con intervalos de hasta 240 segundos en uno de los experimentos.

    Esto no significa:

    “la memoria de trabajo de todos los perros dura cuatro minutos.”

    Depende del paradigma, la información y el individuo.

    La enseñanza correcta es:

    los perros pueden mantener información temporalmente y su precisión puede decaer con el retraso.


    7.14 Memoria a largo plazo de acciones

    Fugazza et al. (2016):

    • 12 perros en condición de retraso;
    • acciones demostradas por humanos;
    • intervalos de 1 a 24 horas;
    • rendimiento imitativo mantenido.

    Los autores interpretaron los resultados como evidencia de memoria declarativa a largo plazo para acciones imitadas.

    Debe conservarse el matiz:

    • eran perros previamente entrenados en el paradigma;
    • el tamaño de muestra era pequeño.

    7.15 Memoria episódica-like

    En humanos, memoria episódica implica componentes fenomenológicos difíciles de verificar en animales no verbales.

    Por ello se utiliza:

    episodic-like memory.

    Fugazza et al. (2020) mostró que perros podían repetir acciones propias espontáneas después de retrasos de segundos a una hora, con decadencia del rendimiento compatible con memoria episódica-like.

    No escribir:

    “Se ha demostrado que los perros recuerdan el pasado exactamente como nosotros.”

    Más preciso:

    Ciertos paradigmas muestran que pueden recuperar información sobre acciones o acontecimientos pasados de maneras que cumplen criterios conductuales de memoria episódica-like.


    7.16 Consolidación

    Aprender durante una sesión no es el final del proceso.

    Kis et al. (2017) mostró:

    • cambios en EEG del sueño después de aprendizaje de comandos;
    • relaciones entre características del sueño y mejora posterior;
    • efectos de actividades durante el intervalo de retención.

    Affenzeller et al. (2017), con 16 Labradores, encontró que actividad de juego posterior al aprendizaje se asociaba con menor número de ensayos necesarios para reaprender una discriminación 24 horas después.

    Conclusión:

    Lo que ocurre después de aprender puede influir en la retención.

    No interpretar como:

    “todo perro debe jugar inmediatamente después de cada sesión.”

    Las muestras y tareas fueron específicas.


    7.17 Plasticidad neural

    Prichard et al. (2018):

    • 19 perros;
    • fMRI despierta;
    • asociaciones visuales, olfativas y verbales;
    • señales relacionadas con recompensa;
    • caudado, amígdala y corteza parietotemporal.

    Encontraron aprendizaje neural de asociaciones en pocas decenas de ensayos y diferencias entre modalidades.

    Deshpande et al. (2024) estudió perros de trabajo y describió redes de conectividad asociadas tanto a predicción de entrenabilidad como a cambios relacionados con entrenamiento.

    Esto justifica decir:

    el aprendizaje se acompaña de cambios funcionales medibles en el cerebro.

    Pero no:

    “cada conducta aprendida corresponde a una conexión específica que podemos localizar”.


    8. Desarrollo

    8.1 El aprendizaje empieza muy temprano

    No empieza cuando el cachorro aprende “sentado”.

    Desde etapas tempranas está expuesto a:

    • olores;
    • contacto;
    • estímulos;
    • individuos;
    • consecuencias;
    • regularidades.

    8.2 Desarrollo cognitivo

    Bray et al. (2021) siguió longitudinalmente 160 perros candidatos a asistencia.

    Resultados relevantes:

    • muchas medidas mejoraron de cachorro a adulto joven;
    • cambios especialmente claros en algunas funciones ejecutivas;
    • algunas diferencias individuales fueron relativamente estables.

    Esto demuestra que:

    capacidad observable = desarrollo + experiencia + diferencias individuales.

    8.3 Aprendizaje social temprano

    Estudios con cachorros de aproximadamente ocho semanas han encontrado aprendizaje social a partir de humanos y congéneres, además de retención temporal de la solución observada.

    Esto muestra que el aprendizaje social aparece pronto, aunque su forma y eficiencia cambian con desarrollo y experiencia.

    8.4 Periodos sensibles

    Los periodos sensibles afectan especialmente:

    • sociabilidad;
    • respuestas de miedo;
    • familiaridad con estímulos;
    • plasticidad social.

    Pero no significan:

    “después de cierta semana el perro ya no aprende”.

    El aprendizaje continúa durante toda la vida.

    8.5 Envejecimiento

    Con edad pueden cambiar de forma desigual:

    • flexibilidad;
    • memoria de trabajo;
    • velocidad de procesamiento;
    • atención;
    • aprendizaje de discriminaciones.

    No todas las capacidades declinan al mismo ritmo.

    Wallis et al. (2018) y otros trabajos sobre envejecimiento canino muestran precisamente heterogeneidad entre dominios cognitivos.

    8.6 Salud

    Un deterioro aparente del aprendizaje puede reflejar:

    • dolor;
    • pérdida auditiva;
    • alteraciones visuales;
    • trastornos neurológicos;
    • disfunción cognitiva;
    • fatiga;
    • enfermedad sistémica.

    Por eso, una caída repentina en capacidad de aprendizaje no debe interpretarse automáticamente como “terquedad”.


    9. Análisis del comportamiento

    9.1 Aprendizaje como cambio de contingencias

    Marco:

    ANTECEDENTE → CONDUCTA → CONSECUENCIA

    Pero para este artículo conviene ampliarlo:

    ESTADO INTERNO + CONTEXTO + ANTECEDENTE

    CONDUCTA

    CONSECUENCIA

    ACTUALIZACIÓN DEL APRENDIZAJE

    9.2 Ejemplo: perro salta sobre visitas

    Episodio 1

    Persona entra.


    Perro salta.


    Persona toca y habla.

    Si el contacto funciona como reforzador:


    Aumenta probabilidad de saltar.

    El perro ha aprendido aunque nadie quisiera enseñarlo.

    9.3 Ejemplo: miedo a clínica

    Entrada a clínica.


    Manipulación desagradable/dolorosa.


    Asociación predictiva.

    Con el tiempo:

    clínica → activación/miedo.

    Aquí el aprendizaje relevante puede ser principalmente pavloviano.

    9.4 Ejemplo: palabra “ven”

    Durante adquisición:

    “ven” + contexto + orientación del cuerpo + distancia + historia de refuerzo.

    El perro puede estar respondiendo a:

    • palabra;
    • gesto;
    • inclinación corporal;
    • lugar;
    • combinación.

    Por eso una conducta puede “fallar” cuando cambia el componente realmente controlador.

    9.5 Un error central: atribuir demasiado a intención

    Frases como:

    • “sabe que está mal”;
    • “decidió desafiarme”;
    • “se hace el sordo”;

    pueden ocultar:

    • falta de generalización;
    • señal débil;
    • competencia de reforzadores;
    • conflicto emocional;
    • historia de consecuencias.

    9.6 Cómo demostrar aprendizaje

    Idealmente mediante:

    • cambio sistemático;
    • comparación con línea base;
    • repetición;
    • retención;
    • transferencia;
    • control de alternativas.

    En investigación:

    • porcentaje de elecciones correctas;
    • ensayos hasta criterio;
    • latencia;
    • errores;
    • persistencia;
    • generalización;
    • rendimiento post-retención.

    10. Bienestar

    10.1 Aprender no es emocionalmente neutro

    Cada experiencia de aprendizaje ocurre dentro de un estado afectivo.

    Un perro puede aprender:

    • que una persona predice seguridad;
    • que una señal predice alimento;
    • que un lugar predice miedo;
    • que intentar escapar termina presión.

    Así, debemos preguntar:

    ¿Qué conducta aprendió?

    y:

    ¿Qué asociación emocional pudo aprender al mismo tiempo?

    10.2 Activación y rendimiento

    Bray et al. (2015) comparó perros de asistencia y perros de compañía en una tarea de control inhibitorio.

    El aumento de activación:

    • mejoró rendimiento en perros inicialmente más calmados;
    • perjudicó a perros inicialmente más excitables.

    Esto apoya una idea importante:

    no existe un nivel único de activación óptimo para todos los perros.

    10.3 Estrés no significa simplemente “no aprende”

    La relación es más compleja.

    En ciencia de memoria general, estrés puede:

    • fortalecer ciertos recuerdos;
    • perjudicar recuperación;
    • favorecer respuestas más rígidas;
    • alterar atención.

    En perros, la literatura específica todavía es mucho más limitada que en humanos y roedores.

    Por tanto, evitar:

    “el cortisol bloquea el aprendizaje.”

    10.4 Métodos y asociaciones colaterales

    Vieira de Castro et al. (2020) encontró peores indicadores de bienestar en perros entrenados con mayor proporción de métodos aversivos.

    Para este artículo, la enseñanza es:

    una intervención cambia más que la conducta objetivo.

    Puede modificar:

    • expectativa;
    • activación;
    • aproximación;
    • evitación;
    • relación con contexto.

    10.5 Frustración

    Cuando desaparece un reforzador esperado puede aparecer:

    • búsqueda;
    • insistencia;
    • vocalización;
    • cambio de postura;
    • abandono.

    Bentosela et al. (2008) encontró cambios conductuales durante omisión y extinción en una tarea comunicativa.

    Esto ayuda a explicar que:

    extinción no es un proceso emocionalmente vacío.


    11. Adiestramiento y manejo

    11.1 Consecuencia central

    Un buen entrenador no “introduce aprendizaje” en un animal que antes no aprendía.

    El perro ya está aprendiendo constantemente.

    El entrenamiento consiste en:

    organizar experiencias para aumentar la probabilidad de ciertos aprendizajes y reducir otros.

    11.2 Estrategias principales y mecanismo

    EstrategiaMecanismo dominanteQué busca
    Exposición segura repetidaHabituaciónReducir respuesta a estímulo irrelevante
    DesensibilizaciónAprendizaje gradual / control de intensidadReducir reactividad
    ContracondicionamientoAsociación pavlovianaCambiar predicción emocional
    Refuerzo positivoOperanteAumentar respuesta
    Refuerzo diferencialOperanteFortalecer alternativa
    ShapingOperanteConstruir conducta por aproximaciones
    CapturaOperanteReforzar respuesta espontánea
    DiscriminaciónControl estimularResponder ante señal correcta
    Generalización planificadaTransferenciaResponder en variación de contextos
    ExtinciónCambio de contingenciaReducir respuesta antes reforzada
    Modelado socialAprendizaje socialAprovechar información de demostrador
    ReversalFlexibilidadAdaptarse a contingencia nueva

    11.3 Secuencia recomendable de una habilidad

    1. Adquisición
    → aparece la respuesta.

    2. Criterio
    → mejora forma/duración/precisión.

    3. Señal
    → estímulo adquiere control.

    4. Discriminación
    → responde cuándo corresponde.

    5. Generalización
    → transfiere a contextos.

    6. Mantenimiento
    → persiste con el tiempo.

    7. Resistencia a distracción
    → se mantiene ante interferencia.

    Esta secuencia explica por qué:

    hacer una conducta tres veces en la cocina no significa “ya la sabe”.

    11.4 Importancia del tipo de señal

    Prichard et al. (2018) encontró diferencias entre modalidades.

    Implicación práctica:

    • observar qué estímulos son más salientes;
    • no depender únicamente de palabras;
    • evitar señales múltiples accidentales;
    • transferir gradualmente control a la señal deseada.

    11.5 Aprendizaje social como herramienta

    Puede ayudar en:

    • resolución de problemas;
    • adquisición de acciones;
    • exploración;
    • búsqueda de recursos.

    Pero no todos los perros copiarán igual.

    Depende de:

    • atención;
    • relación con modelo;
    • tarea;
    • coste;
    • experiencia;
    • resultado observado.

    11.6 Manejo y aprendizaje

    Cambiar el ambiente puede alterar lo que el perro tiene oportunidad de aprender.

    Ejemplo:

    Si cada día practica perseguir ciclistas:

    → la conducta se repite.

    Si se aumenta distancia mientras se entrena una alternativa:

    → cambian las contingencias y oportunidades.

    El manejo no es contrario al aprendizaje; puede proteger el proceso de aprendizaje.


    12. Aplicaciones prácticas

    Esto significa que…

    Un responsable debería reemplazar:

    “¿Por qué no obedece?”

    por:

    “¿Qué ha aprendido exactamente en este contexto?”

    En la vida cotidiana…

    Si un perro se sienta perfectamente en casa pero no en un parque:

    posibles explicaciones:

    • señal no generalizada;
    • distractores;
    • reforzadores competidores;
    • activación;
    • cambio de postura humana;
    • distancia;
    • historia distinta.

    Un responsable puede observar…

    1. ¿qué ocurre antes?
    2. ¿qué hace exactamente?
    3. ¿qué ocurre después?
    4. ¿en qué contexto funciona?
    5. ¿en cuál falla?
    6. ¿qué señal controla realmente?
    7. ¿qué consecuencias tienen valor?
    8. ¿qué estado emocional presenta?
    9. ¿cuánto tarda en responder?
    10. ¿retiene la conducta al día siguiente?

    Conviene evitar…

    • asumir obediencia como medida de inteligencia;
    • repetir una señal muchas veces;
    • aumentar demasiados criterios simultáneamente;
    • asumir que exposición produce habituación;
    • usar “memoria corta” para explicar cualquier fallo;
    • pensar que extinción borra aprendizaje;
    • interpretar cada error como desafío;
    • ignorar fatiga o dolor;
    • usar una sola sesión como prueba de aprendizaje estable.

    Podría ayudar…

    • entrenar en sesiones breves;
    • variar gradualmente contextos;
    • registrar porcentaje de éxito;
    • separar duración, distancia y distracción;
    • usar reforzadores individualizados;
    • permitir recuperación;
    • repetir después de intervalos;
    • considerar descanso;
    • observar diferencias individuales.

    Ejemplo 1 — Recall

    Fase 1:
    adquisición.

    Fase 2:
    asociación entre señal y aproximación.

    Fase 3:
    generalización a lugares.

    Fase 4:
    competencia con distracciones.

    Fase 5:
    mantenimiento.

    Error:
    pasar de cocina silenciosa a parque lleno de perros y concluir:

    “decidió no obedecer”.

    Ejemplo 2 — Aspiradora

    Exposición débil y controlada:
    puede favorecer habituación.

    Exposición intensa:
    puede sensibilizar.

    Resultado depende de:

    • intensidad;
    • distancia;
    • control;
    • duración;
    • historia.

    Ejemplo 3 — Saludo

    Persona llega.

    Perro se sienta.

    Recibe atención.

    Con repeticiones:
    sentarse puede aumentar.

    Pero simultáneamente:
    la llegada de personas puede adquirir valor positivo.

    Operante + pavloviano.


    13. Mitos y controversias

    AfirmaciónClasificaciónEvaluación
    “Aprender significa obedecer.”ContradichaObediencia es sólo una aplicación específica.
    “El perro sólo aprende cuando lo entrenamos.”ContradichaAprende continuamente de consecuencias y asociaciones.
    “Si lo hizo una vez, ya lo sabe.”ContradichaPuede faltar fluidez, discriminación, retención y generalización.
    “Si no lo hace, no lo aprendió.”ContradichaEjecución depende de múltiples variables.
    “Repetir siempre hace que se acostumbre.”ContradichaPuede ocurrir sensibilización.
    “La memoria de los perros dura sólo unos segundos.”ContradichaEstudios muestran memoria de trabajo durante minutos y recuerdos de acciones durante horas.
    “Los perros viven sólo en el presente.”Contradicha como afirmación absolutaExisten datos de memoria episódica-like y recuerdos de acciones pasadas.
    “Extinción significa que olvidó.”Contradicha / simplificaciónLa respuesta puede reaparecer; extinción implica nuevo aprendizaje además de reducción conductual.
    “Los perros aprenden únicamente por refuerzo.”ContradichaTambién existen condicionamiento pavloviano, habituación, sensibilización y aprendizaje social.
    “Un perro aprende por imitación igual que un humano.”No respaldada como generalizaciónExisten distintas formas de aprendizaje social; imitación es sólo una.
    “La raza determina qué tan inteligente es.”No respaldada como explicación individual simpleExisten diferencias poblacionales y de tarea, pero fuerte variación individual y contextual.
    “Más activación siempre mejora el rendimiento.”ContradichaEfecto depende de nivel basal, individuo y tarea.
    “Dormir después de entrenar garantiza mejor aprendizaje.”Evidencia insuficiente como regla universalHay evidencia prometedora de consolidación relacionada con sueño, pero depende del paradigma.
    “Aprender crea automáticamente nuevas neuronas.”Contradicha / simplificación neurobiológicaPlasticidad puede adoptar múltiples formas; neurogénesis no es sinónimo de aprendizaje.
    “La palabra es la mejor señal porque el perro entiende lenguaje humano.”No respaldada como regla generalModalidad, saliencia e historia influyen; señales verbales no fueron las más rápidas en un paradigma fMRI.
    “Si un perro es viejo ya no aprende.”ContradichaPuede seguir aprendiendo, aunque ciertas funciones cambien con la edad.

    Controversia 1 — Asociacionismo vs cognición

    Pregunta histórica:

    ¿Basta el aprendizaje asociativo para explicar la conducta del perro?

    La respuesta actual no debería ser extrema.

    El aprendizaje asociativo explica muchísimo.

    Pero la investigación canina estudia también:

    • memoria;
    • representación;
    • inferencia;
    • metas;
    • aprendizaje social;
    • flexibilidad.

    No es necesario elegir:

    “todo es condicionamiento”
    o
    “el perro razona como una persona”.

    Controversia 2 — Domesticación vs experiencia

    Algunas habilidades sociales aparecen muy pronto.

    Pero aprendizaje puede modificar su expresión.

    Por ello:

    predisposición + desarrollo + experiencia
    es mejor modelo.

    Controversia 3 — Memoria episódica

    Los perros muestran comportamientos compatibles con criterios de memoria episódica-like.

    No podemos inferir directamente experiencia subjetiva autobiográfica humana.

    Por eso el calificativo -like es importante.

    Controversia 4 — Plasticidad

    La neuroimagen permite observar asociaciones funcionales.

    No permite reducir aprendizaje a:

    “se encendió esta parte del cerebro.”

    La cognición emerge de redes y procesos distribuidos.


    14. Estado de la evidencia

    14.1 Muy alta confianza

    Principios generales de aprendizaje

    • habituación;
    • sensibilización;
    • condicionamiento clásico;
    • condicionamiento operante;
    • discriminación;
    • generalización;
    • extinción.

    Son mecanismos establecidos en ciencia comparada.

    14.2 Alta confianza en perros

    Aprendizaje por consecuencias

    Estudios experimentales muestran cambios rápidos en respuestas caninas según reforzamiento, omisión y extinción (Bentosela et al., 2008).

    Discriminación y reversal

    Demostradas en numerosos paradigmas, incluida investigación reciente con perros de compañía (Azadian & Protopopova, 2024).

    Memoria de trabajo

    Fiset et al. (2003) proporciona evidencia experimental clara en una tarea de objetos.

    Aprendizaje social

    Existe un cuerpo amplio de investigación; la revisión de Pongrácz y Dobos (2025) incluyó 61 publicaciones.

    14.3 Confianza moderada-alta

    Consolidación relacionada con sueño

    Kis et al. (2017) muestra relaciones EEG-conducta y efectos de actividades postaprendizaje.

    La evidencia está creciendo, pero el campo sigue siendo pequeño.

    Memoria episódica-like

    Existe evidencia experimental en varios paradigmas.

    Debe conservarse lenguaje cuidadoso por las limitaciones inferenciales.

    Plasticidad neural asociada al entrenamiento

    fMRI permite detectar cambios funcionales.

    La evidencia canina todavía es mucho menor que la humana o rodentia.

    14.4 Áreas con incertidumbre importante

    • mecanismos celulares específicos durante aprendizaje natural en perros;
    • diferencias robustas entre razas;
    • efectos longitudinales de métodos de entrenamiento sobre cognición;
    • papel causal exacto del sueño;
    • límites de imitación;
    • relación entre activación emocional y diferentes tipos de memoria;
    • estructura psicométrica de la “inteligencia canina”.

    14.5 Evaluación de fuentes clave

    FuenteTipoMuestraHallazgoLimitacionesConfianza aproximadaUso
    Rankin et al. (2009)Revisión de consenso sobre habituaciónMultiespecieActualiza características de habituaciónNo específica de perrosAltaAprendizaje no asociativo
    Reisner (2017)Capítulo académicoN/AIntegra principios de aprendizaje con entrenamiento caninoRevisión narrativaAlta para marco conceptualDefinir aprendizaje
    Elgier et al. (2009)RevisiónLiteratura canina disponibleHistoria de aprendizaje modifica uso de señales humanasCampo entonces más pequeñoModerada-altaAsociativo/social
    Range & Virányi (2013)Experimento comparativoLobos y perros juveniles socializadosAmbas especies usan información social humana/congénereParadigma específicoModerada-altaDomesticación
    Fiset et al. (2003)Dos experimentosPerros en tarea de permanencia de objetoRendimiento por encima del azar hasta retrasos prolongadosParadigma específico; no generaliza a toda memoriaAlta para tareaMemoria de trabajo
    Fugazza et al. (2016)Experimento24 perros, 12 con retrasos largosImitación conservada 1–24 hPerros entrenados; muestra pequeñaModeradaMemoria a largo plazo
    Fugazza et al. (2020)ExperimentoPerros entrenados en repetir accionesRecuperan acciones propias tras retrasosParadigma especializadoModerada-altaEpisódica-like
    Kis et al. (2017)EEG + experimentos conductuales15 en EEG inicial; 53 en segundo experimentoAprendizaje afecta sueño; sueño/actividad relacionan con retenciónMuestras moderadas; causalidad limitada en parteModerada-altaConsolidación
    Affenzeller et al. (2017)Experimento16 LabradoresJuego postaprendizaje mejoró reaprendizaje al día siguienteUna raza; muestra pequeñaModeradaConsolidación
    Prichard et al. (2018)fMRI despierta19 perrosAsociaciones recompensa-estímulo y diferencias por modalidadMuestra pequeña; selección de perros capaces de fMRIModeradaNeurobiología
    Bray et al. (2015)Experimento106 perrosArousal afecta control inhibitorio según temperamento/poblaciónTarea específicaAlta para interacción observadaEmoción
    Bray et al. (2021)Longitudinal160 candidatos a asistenciaDesarrollo y estabilidad diferencial de funciones cognitivasPoblación seleccionadaAlta para esa poblaciónOntogenia
    Azadian & Protopopova (2024)Experimento remoto/virtual111 perrosDiferencias en discriminación, reversión y extinciónRazas/clados no equivalen a causalidad genética; remotoModeradaFlexibilidad
    Deshpande et al. (2024)fMRI longitudinalPerros de trabajoRedes distintas predicen entrenabilidad y cambian con entrenamientoPoblación especializada, muestra limitadaModeradaPlasticidad
    Pongrácz & Dobos (2025)Revisión61 publicacionesSintetiza aprendizaje social desde validez ecológicaHeterogeneidad de paradigmasAlta para mapa del campoAprendizaje social
    Arden et al. (2016)Revisión cuantitativa/histórica>100 años de literaturaSeñala baja potencia y escasez histórica de trabajo en diferencias individualesLiteratura hasta 2016Alta para limitaciones metodológicasEstado de evidencia

    14.6 Conflictos y aparentes contradicciones

    Contradicción 1 — ¿aprenden mejor con activación o con calma?

    Bray et al. (2015):
    el aumento de activación benefició a perros más calmados y perjudicó a perros más excitables.

    Affenzeller et al. (2017):
    una actividad de juego postaprendizaje se relacionó con mejor retención.

    No es contradicción directa.

    Difieren:

    • momento de activación;
    • población;
    • tarea;
    • variable medida.

    Conclusión:

    “arousal” no tiene un efecto simple y universal.

    Contradicción 2 — ¿las habilidades sociales son innatas o aprendidas?

    Estudios tempranos:
    muestran uso precoz de señales humanas.

    Elgier et al.:
    muestra modificación por aprendizaje.

    Range y Virányi:
    muestra capacidades similares en lobos intensamente socializados para algunos mecanismos.

    Conclusión:

    predisposición y aprendizaje interactúan.

    Contradicción 3 — ¿el aprendizaje social es imitación?

    No.

    Diferentes estudios miden:

    • local enhancement;
    • atención;
    • emulación;
    • imitación.

    La revisión de Pongrácz y Dobos (2025) recalca heterogeneidad.


    15. Banco de evidencia

    Evidencia 1

    Afirmación:
    El perro aprende continuamente, no sólo en sesiones.

    Qué demuestra la investigación:
    La literatura académica de aprendizaje aplicada al perro conceptualiza la experiencia cotidiana como fuente permanente de asociaciones y consecuencias.

    Fuente:
    Reisner (2017).

    Nivel de certeza:
    Alto.

    Matiz importante:
    Es un principio derivado de ciencia general del aprendizaje, no un único ensayo.

    Dónde utilizarlo:
    Introducción.


    Evidencia 2

    Afirmación:
    Repetición no equivale necesariamente a habituación.

    Qué demuestra la investigación:
    Rankin et al. sistematiza criterios para distinguir habituación de fatiga, adaptación sensorial y otros procesos.

    Fuente:
    Rankin et al. (2009).

    Nivel de certeza:
    Muy alto como principio comparado.

    Matiz importante:
    Revisión multiespecie.

    Dónde utilizarlo:
    Habituación/sensibilización.


    Evidencia 3

    Afirmación:
    La historia de reforzamiento puede modificar la respuesta a señales humanas.

    Qué demuestra la investigación:
    La revisión de Elgier et al. incluye experimentos donde una señal de color entrenada modifica preferencia previa por una señal social.

    Fuente:
    Elgier et al. (2009).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto.

    Matiz importante:
    No elimina posibles predisposiciones sociales.

    Dónde utilizarlo:
    Domesticación vs aprendizaje.


    Evidencia 4

    Afirmación:
    Los perros pueden mantener información espacial durante retrasos de minutos.

    Qué demuestra la investigación:
    Fiset et al. encontró rendimiento por encima del azar hasta 240 s en una tarea específica de objeto desaparecido.

    Fuente:
    Fiset et al. (2003).

    Nivel de certeza:
    Alto para ese paradigma.

    Matiz importante:
    No define un límite general de “memoria del perro”.

    Dónde utilizarlo:
    Memoria de trabajo.


    Evidencia 5

    Afirmación:
    Los perros pueden retener acciones observadas durante horas.

    Qué demuestra la investigación:
    Fugazza et al. encontró imitación después de intervalos de 1 a 24 horas.

    Fuente:
    Fugazza et al. (2016).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    Perros previamente entrenados; muestra pequeña.

    Dónde utilizarlo:
    Memoria a largo plazo.


    Evidencia 6

    Afirmación:
    Los perros pueden recuperar representaciones de sus propias acciones pasadas.

    Qué demuestra la investigación:
    Fugazza et al. mostró repetición de acciones espontáneas tras retrasos hasta una hora.

    Fuente:
    Fugazza et al. (2020).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto.

    Matiz importante:
    Se denomina memoria episódica-like, no evidencia directa de experiencia autobiográfica humana.

    Dónde utilizarlo:
    Mito “viven sólo en el presente”.


    Evidencia 7

    Afirmación:
    El sueño puede relacionarse con consolidación del aprendizaje en perros.

    Qué demuestra la investigación:
    Kis et al. encontró cambios EEG postaprendizaje y relaciones con mejora posterior.

    Fuente:
    Kis et al. (2017).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto.

    Matiz importante:
    El campo aún es pequeño.

    Dónde utilizarlo:
    Consolidación.


    Evidencia 8

    Afirmación:
    La actividad posterior al aprendizaje puede modificar retención.

    Qué demuestra la investigación:
    Affenzeller et al. encontró mejor reaprendizaje al día siguiente tras juego postentrenamiento en Labradores.

    Fuente:
    Affenzeller et al. (2017).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    16 perros de una raza.

    Dónde utilizarlo:
    Aplicaciones prácticas.


    Evidencia 9

    Afirmación:
    La modalidad sensorial puede afectar la velocidad de aprendizaje asociativo.

    Qué demuestra la investigación:
    Prichard et al. observó diferentes curvas neurales de adquisición para estímulos visuales, olfativos y verbales.

    Fuente:
    Prichard et al. (2018).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    fMRI con 19 perros altamente entrenados para permanecer inmóviles; no generalizar directamente a todos los contextos.

    Dónde utilizarlo:
    Señales.


    Evidencia 10

    Afirmación:
    El valor de recompensa social frente a alimento varía entre perros.

    Qué demuestra la investigación:
    Cook et al. encontró diferencias individuales en activación del caudado ante señales predictivas de comida y elogio, relacionadas con elecciones posteriores.

    Fuente:
    Cook et al. (2016).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    15 perros; neuroimagen no equivale a medida total de motivación.

    Dónde utilizarlo:
    Diferencias individuales.


    Evidencia 11

    Afirmación:
    El efecto de activación emocional depende del individuo.

    Qué demuestra la investigación:
    Bray et al. encontró efectos opuestos del incremento de activación en poblaciones con distintos niveles basales.

    Fuente:
    Bray et al. (2015).

    Nivel de certeza:
    Alto para el paradigma.

    Matiz importante:
    No establece una curva universal exacta para cada tarea.

    Dónde utilizarlo:
    Emoción y aprendizaje.


    Evidencia 12

    Afirmación:
    Las funciones cognitivas cambian durante desarrollo y algunas diferencias individuales emergen temprano.

    Qué demuestra la investigación:
    Bray et al. siguió 160 candidatos a asistencia desde cachorro hasta adulto joven.

    Fuente:
    Bray et al. (2021).

    Nivel de certeza:
    Alto para esa población.

    Matiz importante:
    Perros seleccionados para asistencia no representan a toda la población canina.

    Dónde utilizarlo:
    Desarrollo.


    Evidencia 13

    Afirmación:
    Perros pueden aprender de humanos y otros perros.

    Qué demuestra la investigación:
    Range y Virányi encontró beneficio de demostraciones humanas y de congéneres; la revisión de Pongrácz y Dobos amplía el cuerpo empírico.

    Fuente:
    Range & Virányi (2013); Pongrácz & Dobos (2025).

    Nivel de certeza:
    Alto.

    Matiz importante:
    Los mecanismos concretos varían.

    Dónde utilizarlo:
    Aprendizaje social.


    Evidencia 14

    Afirmación:
    Discriminación, reversión y extinción muestran diferencias individuales y grupales.

    Qué demuestra la investigación:
    Azadian y Protopopova estudiaron 111 perros de cinco clados en un paradigma de hand-touch.

    Fuente:
    Azadian & Protopopova (2024).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    Las diferencias de clado no deben interpretarse automáticamente como genética pura.

    Dónde utilizarlo:
    Diferencias individuales.


    Evidencia 15

    Afirmación:
    El entrenamiento prolongado puede asociarse con cambios funcionales en redes cerebrales.

    Qué demuestra la investigación:
    Deshpande et al. identificó una red cuya conectividad cambió junto con mejora conductual durante entrenamiento de perros de trabajo.

    Fuente:
    Deshpande et al. (2024).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    fMRI de conectividad no demuestra mecanismo celular.

    Dónde utilizarlo:
    Plasticidad.


    16. Propuesta de estructura del artículo

    H1 — ¿Cómo aprende realmente un perro?

    Objetivo:
    Explicar que aprendizaje es mucho más amplio que obediencia.

    Pregunta:
    ¿Qué cambia cuando un perro aprende?

    Evidencia:
    Reisner (2017); Lea & Osthaus (2018).


    H2 — Aprender no significa obedecer

    H3 — Qué es aprendizaje

    H3 — Qué es ejecución

    H3 — Por qué podemos confundirlos

    Objetivo:
    Establecer concepto base.


    H2 — El mapa completo del aprendizaje

    Visual sugerido:

    experiencia
    atención
    asociación
    cambio
    memoria
    consolidación
    recuperación
    generalización


    H2 — Primera vía: habituación y sensibilización

    H3 — Habituación

    H3 — Sensibilización

    H3 — Por qué repetir no siempre ayuda

    Evidencia:
    Rankin et al. (2009).


    H2 — Segunda vía: aprender qué predice qué

    H3 — Condicionamiento clásico

    H3 — Señales predictivas

    H3 — Aprendizaje emocional

    Objetivo:
    Introducir Pavlov sin convertirlo en artículo completo.


    H2 — Tercera vía: aprender de las consecuencias

    H3 — Condicionamiento operante

    H3 — Contingencia

    H3 — Conductas accidentalmente entrenadas

    Evidencia:
    Bentosela et al. (2008); Hall (2017).


    H2 — Aprender diferencias: discriminación y generalización

    H3 — Qué señal importa

    H3 — Contexto

    H3 — Generalización

    Evidencia:
    Azadian & Protopopova (2024); Prichard et al. (2018).


    H2 — Aprender que las reglas cambiaron

    H3 — Extinción

    H3 — Reversal learning

    H3 — Reaparición de conductas

    Evidencia:
    Hall (2017); Azadian & Protopopova (2024).


    H2 — Aprender observando

    H3 — Aprendizaje social

    H3 — Humanos

    H3 — Otros perros

    H3 — Imitación vs emulación

    Evidencia:
    Range & Virányi (2013); Pongrácz & Dobos (2025); Fugazza et al. (2016).


    H2 — Aprender requiere recordar

    H3 — Memoria de trabajo

    H3 — Memoria a largo plazo

    H3 — Episódica-like

    Evidencia:
    Fiset et al. (2003); Fugazza et al. (2016, 2020).


    H2 — Lo que ocurre después de la sesión también importa

    H3 — Consolidación

    H3 — Sueño

    H3 — Actividad postaprendizaje

    Evidencia:
    Kis et al. (2017); Affenzeller et al. (2017).


    H2 — Qué ocurre en el cerebro cuando aprende

    H3 — Recompensa

    H3 — Expectativa

    H3 — Plasticidad funcional

    Evidencia:
    Cook et al. (2016); Prichard et al. (2018); Deshpande et al. (2024).


    H2 — Por qué dos perros no aprenden igual

    H3 — Desarrollo

    H3 — Temperamento

    H3 — Motivación

    H3 — Historia

    H3 — Edad

    H3 — Contexto

    Evidencia:
    Bray et al. (2015, 2021); Arden et al. (2016).


    H2 — Cómo saber si de verdad aprendió

    Proponer criterios:

    • responde con frecuencia;
    • baja latencia;
    • pocas ayudas;
    • discrimina señal;
    • mantiene tras intervalo;
    • generaliza;
    • recupera después de interrupción.

    H2 — Qué cambia en la forma de educar a un perro

    Cerrar con preguntas:

    1. ¿qué quiero que aprenda?
    2. ¿qué está prediciendo?
    3. ¿qué consecuencia obtiene?
    4. ¿qué contexto controla la respuesta?
    5. ¿lo recuerda?
    6. ¿lo generalizó?
    7. ¿cómo se siente?

    17. Preguntas todavía abiertas

    1. ¿Qué mecanismos celulares específicos sustentan aprendizaje natural en perros de compañía?
    2. ¿Cómo se relacionan diferencias individuales en recompensa social con entrenamiento cotidiano?
    3. ¿Qué modalidades sensoriales facilitan mejor diferentes tipos de aprendizaje?
    4. ¿Cómo interactúan olfato y memoria espacial?
    5. ¿Qué papel causal exacto tiene el sueño?
    6. ¿Qué fases del sueño contribuyen a diferentes memorias?
    7. ¿Qué actividades postaprendizaje mejoran o interfieren con consolidación?
    8. ¿Cómo cambia aprendizaje bajo estrés crónico?
    9. ¿Qué nivel de activación es óptimo para diferentes individuos?
    10. ¿Cómo detectar si una respuesta fallida refleja memoria, motivación o generalización?
    11. ¿Qué indicadores permiten diferenciar falta de aprendizaje de mala recuperación?
    12. ¿Cómo cambia aprendizaje en perros con dolor?
    13. ¿Qué diferencias cognitivas de raza son replicables?
    14. ¿Cuánto de esas diferencias se explica por selección genética vs experiencia humana?
    15. ¿Qué mecanismos específicos explican aprendizaje social entre perro y humano?
    16. ¿Cómo decide un perro cuándo copiar y cuándo aprender individualmente?
    17. ¿Qué información del demostrador considera?
    18. ¿Hasta dónde llega la imitación flexible?
    19. ¿Qué dimensiones de memoria episódica-like pueden demostrarse?
    20. ¿Cómo medir conciencia de memoria sin lenguaje?
    21. ¿Qué estructura tiene la memoria semántica canina?
    22. ¿Cómo se consolidan palabras o etiquetas de objetos?
    23. ¿Cómo interactúan condicionamiento clásico y operante en situaciones reales?
    24. ¿Qué variables predicen resistencia a extinción?
    25. ¿Qué experiencias favorecen recaída?
    26. ¿Cómo optimizar generalización sin generar confusión?
    27. ¿Cómo influye el responsable sobre atención y memoria?
    28. ¿Puede la neuroimagen predecir aprendizaje individual de forma útil fuera de perros de trabajo?
    29. ¿Qué cambios de conectividad neural son causa y cuáles consecuencia del entrenamiento?
    30. ¿Cómo integrar medidas conductuales, fisiológicas y neurales en estudios longitudinales?

    18. Referencias

    Affenzeller, N., Palme, R., & Zulch, H. (2017). Playful activity post-learning improves training performance in Labrador Retriever dogs (Canis lupus familiaris). Physiology & Behavior, 168, 62–73. https://doi.org/10.1016/j.physbeh.2016.10.014

    Arden, R., Bensky, M. K., & Adams, M. J. (2016). A review of cognitive abilities in dogs, 1911 through 2016: More individual differences, please! Current Directions in Psychological Science, 25(5), 307–312. https://doi.org/10.1177/0963721416667718

    Azadian, A., & Protopopova, A. (2024). Exploring breed differences in discrimination, reversal learning, and resistance to extinction in the domestic dog (Canis familiaris). Scientific Reports, 14, 24143. https://doi.org/10.1038/s41598-024-76283-3

    Bentosela, M., Barrera, G., Jakovcevic, A., Elgier, A. M., & Mustaca, A. E. (2008). Effect of reinforcement, reinforcer omission and extinction on a communicative response in domestic dogs (Canis familiaris). Behavioural Processes, 78(3), 464–469. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2008.03.004

    Bray, E. E., Gruen, M. E., Gnanadesikan, G. E., Horschler, D. J., Levy, K. M., Kennedy, B. S., Hare, B. A., & MacLean, E. L. (2021). Dog cognitive development: A longitudinal study across the first 2 years of life. Animal Cognition, 24(2), 311–328. https://doi.org/10.1007/s10071-020-01443-7

    Bray, E. E., MacLean, E. L., & Hare, B. A. (2015). Increasing arousal enhances inhibitory control in calm but not excitable dogs. Animal Cognition, 18(6), 1317–1329. https://doi.org/10.1007/s10071-015-0901-1

    Cook, P. F., Prichard, A., Spivak, M., & Berns, G. S. (2016). Awake canine fMRI predicts dogs’ preference for praise vs food. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 11(12), 1853–1862. https://doi.org/10.1093/scan/nsw102

    Deshpande, G., Zhao, S., Waggoner, P., Beyers, R., Morrison, E., Huynh, N., Vodyanoy, V., Denney, T. S., Jr., & Katz, J. S. (2024). Two separate brain networks for predicting trainability and tracking training-related plasticity in working dogs. Animals, 14(7), 1082. https://doi.org/10.3390/ani14071082

    Elgier, A. M., Jakovcevic, A., Barrera, G., Mustaca, A. E., & Bentosela, M. (2009). Communication between domestic dogs (Canis familiaris) and humans: Dogs are good learners. Behavioural Processes, 81(3), 402–408. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2009.03.017

    Fiset, S., Beaulieu, C., & Landry, F. (2003). Duration of dogs’ (Canis familiaris) working memory in search for disappearing objects. Animal Cognition, 6(1), 1–10. https://doi.org/10.1007/s10071-002-0157-4

    Fugazza, C., Pogány, Á., & Miklósi, Á. (2016). Do as I … Did! Long-term memory of imitative actions in dogs (Canis familiaris). Animal Cognition, 19(2), 263–269. https://doi.org/10.1007/s10071-015-0931-8

    Fugazza, C., Pongrácz, P., Pogány, Á., Lenkei, R., & Miklósi, Á. (2020). Mental representation and episodic-like memory of own actions in dogs. Scientific Reports, 10, 10449. https://doi.org/10.1038/s41598-020-67302-0

    Hall, N. J. (2017). Persistence and resistance to extinction in the domestic dog: Basic research and applications to canine training. Behavioural Processes, 141(Part 1), 67–74. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2017.04.001

    Hare, B., & Tomasello, M. (2005). Human-like social skills in dogs? Trends in Cognitive Sciences, 9(9), 439–444. https://doi.org/10.1016/j.tics.2005.07.003

    Kis, A., Szakadát, S., Gácsi, M., Kovács, E., Simor, P., Török, C., Gombos, F., Bódizs, R., & Topál, J. (2017). The interrelated effect of sleep and learning in dogs (Canis familiaris): An EEG and behavioural study. Scientific Reports, 7, 41873. https://doi.org/10.1038/srep41873

    Lea, S. E. G., & Osthaus, B. (2018). In what sense are dogs special? Canine cognition in comparative context. Learning & Behavior, 46(4), 335–363. https://doi.org/10.3758/s13420-018-0349-7

    Pongrácz, P., & Dobos, P. (2025). Social learning in dogs from an ecologically valid perspective. Biologia Futura, 76(2), 233–248. https://doi.org/10.1007/s42977-025-00271-5

    Prichard, A., Chhibber, R., Athanassiades, K., Spivak, M., & Berns, G. S. (2018). Fast neural learning in dogs: A multimodal sensory fMRI study. Scientific Reports, 8, 14614. https://doi.org/10.1038/s41598-018-32990-2

    Range, F., & Virányi, Z. (2013). Social learning from humans or conspecifics: Differences and similarities between wolves and dogs. Frontiers in Psychology, 4, 868. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00868

    Rankin, C. H., Abrams, T., Barry, R. J., Bhatnagar, S., Clayton, D. F., Colombo, J., Coppola, G., Geyer, M. A., Glanzman, D. L., Marsland, S., McSweeney, F. K., Wilson, D. A., Wu, C.-F., & Thompson, R. F. (2009). Habituation revisited: An updated and revised description of the behavioral characteristics of habituation. Neurobiology of Learning and Memory, 92(2), 135–138. https://doi.org/10.1016/j.nlm.2008.09.012

    Reisner, I. (2017). The learning dog: A discussion of training methods. In J. Serpell (Ed.), The domestic dog: Its evolution, behavior and interactions with people (2nd ed., pp. 210–226). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781139161800.011

    Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L., & Olsson, I. A. S. (2020). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PLOS ONE, 15(12), e0225023. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0225023


    Nota para el futuro redactor

    Este artículo debe funcionar como el mapa del sistema de aprendizaje de toda la biblioteca.

    No debe profundizar tanto en cada mecanismo que sustituya los artículos posteriores.

    La idea esencial es:

    Un perro no aprende “obediencia”; aprende regularidades. Aprende qué estímulos predicen acontecimientos, qué consecuencias siguen a sus acciones, qué información merece atender, qué respuestas siguen funcionando y cuáles dejan de hacerlo. Para que ese aprendizaje sea útil después, la información debe poder mantenerse, recuperarse y transferirse al contexto adecuado.

    El lector debería terminar pudiendo distinguir:

    habituación
    de
    sensibilización

    condicionamiento clásico
    de
    condicionamiento operante

    aprendizaje
    de
    ejecución

    adquisición
    de
    generalización

    extinción
    de
    olvido

    aprendizaje social
    de
    imitación

    memoria de trabajo
    de
    memoria a largo plazo

    cambio conductual
    de
    plasticidad neural medida directamente

    y, sobre todo:

    “No hizo la conducta” no es todavía una explicación de por qué no la hizo.

  • Entrenar, educar, manejar o modificar conducta: ¿en qué se diferencian? (2.2)

    1. Resumen ejecutivo

    Tema principal

    Entrenar, educar, manejar o modificar conducta.

    Pregunta central

    ¿En qué se diferencian estas cuatro formas de intervenir sobre la conducta de un perro y cuándo corresponde utilizar cada una?

    Problema conceptual

    En el lenguaje cotidiano del mundo canino suelen mezclarse términos como:

    • entrenamiento;
    • adiestramiento;
    • educación;
    • manejo;
    • modificación de conducta;
    • rehabilitación;
    • terapia conductual;
    • obediencia;
    • socialización.

    La confusión no es sólo lingüística. Puede producir errores prácticos importantes.

    Por ejemplo:

    • intentar “entrenar” un problema que en realidad necesita primero manejo de seguridad;
    • llamar “mala educación” a una respuesta relacionada con miedo, dolor o ansiedad;
    • usar “modificación de conducta” como sinónimo de enseñar una orden;
    • pensar que manejar el ambiente es “rendirse” porque el perro no está aprendiendo una habilidad nueva;
    • derivar un problema clínico complejo a una persona que sólo tiene experiencia enseñando habilidades;
    • creer que cualquier comportamiento no deseado es anormal;
    • confundir la supresión momentánea de una respuesta con haber tratado su causa.

    La literatura veterinaria y de comportamiento no ofrece una taxonomía universal que delimite con precisión absoluta los términos training, education, management y behavior modification. De hecho, una revisión sistemática reciente sobre contracondicionamiento encontró discrepancias significativas incluso en la definición y aplicación de una técnica tan conocida como counterconditioning (Shnookal et al., 2024). La literatura profesional también documenta heterogeneidad en formación, terminología y práctica entre personas que trabajan con conducta canina (Daniels et al., 2022; DeLeeuw & Williams, 2026).

    Por ello, este dossier propone definiciones operativas, transparentes y útiles para toda la biblioteca. No deben presentarse como si fueran categorías naturales mutuamente excluyentes ni como un consenso terminológico universal.

    Definiciones operativas recomendadas

    1. Adiestramiento o entrenamiento

    Proceso intencional de enseñanza mediante el cual se organizan antecedentes, señales, oportunidades de respuesta y consecuencias para adquirir, fortalecer, debilitar, poner bajo control estimular, generalizar o mantener conductas específicas.

    Ejemplos:

    • acudir al llamado;
    • permanecer en una manta;
    • soltar un objeto;
    • entrar al transportín;
    • caminar con correa;
    • detectar un olor;
    • colocar voluntariamente la barbilla sobre una superficie.

    La pregunta central es:

    ¿Qué habilidad o respuesta queremos que el perro aprenda?


    2. Educación canina

    Término práctico y amplio para el proceso mediante el cual se desarrollan repertorios, hábitos y competencias que permiten al perro convivir de manera funcional y segura dentro de un entorno humano concreto.

    Puede incluir:

    • entrenamiento;
    • socialización;
    • habituación;
    • prevención;
    • rutinas;
    • manejo;
    • aprendizaje de habilidades cotidianas;
    • enseñanza al responsable.

    Advertencia: “educación canina” es muy útil en español como categoría editorial y profesional, pero no constituye una categoría experimental o clínica con límites universalmente estandarizados en la literatura científica.

    La pregunta central es:

    ¿Qué necesita aprender y experimentar este perro para desenvolverse adecuadamente en su vida cotidiana?


    3. Manejo

    Modificación deliberada del ambiente, las oportunidades, la exposición, los recursos o las interacciones para prevenir un problema, reducir riesgo, evitar ensayo de una conducta, satisfacer necesidades o mantener al perro por debajo de un nivel de dificultad que comprometa su bienestar o aprendizaje.

    Ejemplos:

    • colocar una barrera en una puerta;
    • aumentar distancia respecto de un desencadenante;
    • no dejar comida accesible;
    • evitar temporalmente una ruta donde el perro entra en pánico;
    • utilizar separación física entre perros que se pelean;
    • cerrar cortinas para reducir exposición visual;
    • ajustar rutinas;
    • preparar una zona segura durante fuegos artificiales.

    El perro no necesita adquirir una conducta nueva para que el manejo sea eficaz.

    Horwitz (2008) señala que las soluciones de manejo pueden permitir control suficiente en algunos casos y, en otros, funcionar como el primer paso de un tratamiento. El Merck Veterinary Manual organiza actualmente el tratamiento conductual de animales de compañía alrededor de tres grandes componentes: manejo, modificación de conducta y, cuando procede, medicación.

    La pregunta central es:

    ¿Qué podemos cambiar ahora mismo en el ambiente para reducir riesgo, malestar o práctica del problema?


    4. Modificación de conducta

    Intervención sistemática diseñada para cambiar un patrón conductual ya establecido y, cuando sea relevante, las contingencias, motivaciones, expectativas o respuestas emocionales que lo mantienen o acompañan.

    Puede utilizar:

    • manejo;
    • desensibilización;
    • contracondicionamiento;
    • refuerzo diferencial;
    • entrenamiento de respuestas alternativas;
    • extinción en situaciones apropiadas;
    • cambios de antecedentes;
    • procedimientos de relajación;
    • planes individualizados;
    • intervención farmacológica veterinaria cuando está indicada.

    La pregunta central es:

    ¿Qué patrón establecido queremos cambiar y qué mecanismos lo están produciendo o manteniendo?


    Quinta categoría necesaria: medicina conductual veterinaria

    Las cuatro categorías anteriores son insuficientes para comprender todos los casos.

    La medicina conductual veterinaria evalúa, diagnostica y trata problemas conductuales considerando conjuntamente aprendizaje, emoción, ambiente, desarrollo, salud física y posibles trastornos clínicos.

    Puede integrar:

    diagnóstico médico + manejo + modificación de conducta + entrenamiento + farmacoterapia + seguimiento clínico.

    Camps et al. (2019) y Mills et al. (2024) muestran por qué esta frontera es esencial: dolor, enfermedades neurológicas, endocrinas y otros problemas médicos pueden causar, intensificar o modificar problemas conductuales.

    Conclusión principal

    La relación más útil no es:

    manejo → educación → entrenamiento → modificación

    como si fueran niveles de dificultad.

    Es mejor entenderla como un sistema de herramientas parcialmente solapadas:

    MANEJO
    → cambia las condiciones.

    ENTRENAMIENTO
    → enseña respuestas.

    EDUCACIÓN
    → organiza el repertorio necesario para la convivencia.

    MODIFICACIÓN DE CONDUCTA
    → cambia patrones establecidos y, frecuentemente, respuestas emocionales o motivacionales.

    MEDICINA CONDUCTUAL
    → diagnostica y trata casos en los que pueden intervenir enfermedad, dolor o trastornos clínicos.

    Tesis recomendada para el futuro artículo

    No todo problema se resuelve enseñando una orden. A veces hay que enseñar una habilidad; otras veces cambiar el ambiente; otras modificar una respuesta emocional o un patrón aprendido; y otras investigar primero si existe dolor, enfermedad o un trastorno conductual. Saber qué tipo de problema tenemos determina qué tipo de intervención necesitamos.


    2. Pregunta principal

    Pregunta principal

    ¿Qué diferencias existen entre adiestramiento, educación, manejo y modificación de conducta, y cómo decidir qué intervención corresponde en una situación concreta?

    Preguntas secundarias

    1. ¿Existe una definición científica universal de cada término?
    2. ¿Por qué “educación canina” es útil aunque no sea una categoría experimental estricta?
    3. ¿Qué convierte una intervención en entrenamiento?
    4. ¿Puede existir manejo sin aprendizaje?
    5. ¿Puede el manejo modificar indirectamente el aprendizaje?
    6. ¿Cuándo una conducta cotidiana se convierte en un problema conductual?
    7. ¿Cuál es la diferencia entre una conducta indeseada y una conducta anormal?
    8. ¿Qué diferencia existe entre enseñar una respuesta alternativa y tratar la causa de un problema?
    9. ¿Cuándo la modificación de conducta incluye entrenamiento?
    10. ¿Qué papel desempeña el condicionamiento clásico?
    11. ¿Qué papel desempeña el condicionamiento operante?
    12. ¿Qué papel tiene la emoción?
    13. ¿Qué función cumple el manejo en agresión, miedo y ansiedad?
    14. ¿Puede el manejo ser una solución permanente?
    15. ¿Cuándo debería utilizarse temporalmente?
    16. ¿Cuándo es necesario investigar causas médicas?
    17. ¿Qué puede hacer un entrenador?
    18. ¿Qué requiere un veterinario?
    19. ¿Qué problemas pueden requerir un veterinario especialista en conducta?
    20. ¿Por qué el título profesional no garantiza por sí mismo competencia?
    21. ¿Cómo interactúan estas intervenciones dentro de un plan completo?
    22. ¿Cómo se mide el éxito de cada una?

    Conceptos fundamentales

    • aprendizaje;
    • conducta;
    • comportamiento problemático;
    • comportamiento anormal;
    • función de la conducta;
    • antecedente;
    • consecuencia;
    • contingencia;
    • motivación;
    • emoción;
    • control estimular;
    • generalización;
    • evitación;
    • exposición;
    • prevención;
    • riesgo;
    • bienestar;
    • diagnóstico diferencial;
    • desensibilización;
    • contracondicionamiento;
    • refuerzo diferencial;
    • respuesta alternativa;
    • farmacoterapia;
    • calidad de vida.

    Términos que suelen confundirse

    • entrenar / educar;
    • entrenamiento / modificación de conducta;
    • manejo / tratamiento;
    • obediencia / educación;
    • socialización / exposición;
    • habituación / desensibilización;
    • contracondicionamiento / distracción;
    • conducta indeseada / conducta anormal;
    • problema de entrenamiento / trastorno conductual;
    • entrenador / consultor de conducta / veterinario especialista en conducta.

    Alcance

    Este dossier no intenta crear una regulación profesional universal ni establecer competencias legales aplicables a todos los países.

    Las atribuciones profesionales cambian según:

    • legislación;
    • títulos protegidos;
    • asociaciones;
    • sistemas de certificación;
    • jurisdicción.

    El objetivo es proporcionar un marco conceptual y clínico que permita comprender qué clase de intervención se está realizando y cuándo una situación supera la enseñanza ordinaria de habilidades.


    3. Conceptos fundamentales

    3.1 No existe una única taxonomía universal

    La primera conclusión de la investigación debe aparecer muy pronto en el artículo:

    Estas palabras no funcionan como cuatro cajas científicas con fronteras perfectas.

    Una misma intervención puede pertenecer simultáneamente a varias categorías.

    Ejemplo:

    Un perro ladra y se abalanza hacia otros perros durante el paseo.

    El plan puede incluir:

    Manejo
    → aumentar distancia.

    Modificación de conducta
    → cambiar asociaciones con la aparición de otros perros.

    Entrenamiento
    → enseñar a orientarse hacia el responsable o realizar una respuesta alternativa.

    Educación
    → integrar esas habilidades en la vida cotidiana.

    Medicina conductual
    → evaluar miedo intenso, ansiedad, dolor u otros factores clínicos cuando existan indicios.

    La utilidad de las categorías reside en saber qué función cumple cada componente, no en etiquetar todo el caso con una sola palabra.


    3.2 Conducta indeseada no significa conducta anormal

    Este punto es esencial.

    Una conducta puede ser:

    1. normal para la especie;
    2. funcional para el perro;
    3. indeseada para el humano.

    Ejemplos:

    • olfatear;
    • ladrar;
    • perseguir;
    • excavar;
    • masticar;
    • saltar;
    • buscar alimento;
    • proteger distancia ante algo temido.

    Que una persona no quiera una conducta no convierte automáticamente esa conducta en una enfermedad.

    El trabajo inicial consiste en preguntar:

    ¿Estamos ante una conducta normal en un contexto inconveniente, un aprendizaje no deseado, una respuesta emocional problemática o un posible trastorno médico/conductual?


    3.3 Problema de entrenamiento

    Definición operativa:

    Situación en la que una habilidad deseada todavía no se ha adquirido, no está suficientemente fluida, no se encuentra bajo control de la señal adecuada, no se ha generalizado o no se mantiene en el contexto relevante.

    Ejemplos:

    • no sabe permanecer sobre una manta;
    • sólo responde a “ven” dentro de casa;
    • todavía tira de la correa;
    • no sabe entrar al transportín.

    No implica necesariamente miedo, ansiedad o patología.


    3.4 Problema de manejo

    Situación en la que el ambiente permite:

    • riesgo;
    • ensayo repetido de una conducta;
    • exposición excesiva;
    • acceso a reforzadores no deseados;
    • conflicto evitable.

    Ejemplo:

    Un perro que roba comida tiene acceso constante a una mesa con alimento.

    Antes de diseñar un protocolo complejo:

    retirar el alimento o impedir el acceso modifica inmediatamente la contingencia.


    3.5 Problema de modificación de conducta

    Situación en la que existe un patrón ya establecido que se pretende cambiar.

    Puede implicar:

    • una respuesta emocional;
    • una conducta operante persistente;
    • una combinación de ambas;
    • múltiples antecedentes;
    • múltiples reforzadores;
    • historial extenso;
    • sensibilización;
    • generalización del miedo;
    • evitación.

    Ejemplos:

    • respuesta intensa de miedo ante ruidos;
    • agresión defensiva;
    • conducta repetitiva;
    • conducta persistente de vigilancia;
    • reactividad establecida.

    3.6 Problema clínico

    Un comportamiento requiere evaluación médica especialmente cuando:

    • aparece de forma súbita;
    • cambia bruscamente;
    • se relaciona con contacto o movimiento;
    • existe sensibilidad al tacto;
    • aparece irritabilidad;
    • cambia el sueño;
    • disminuye actividad;
    • existe pérdida de habilidades;
    • hay desorientación;
    • se modifica apetito;
    • aparecen signos neurológicos;
    • la intensidad resulta desproporcionada;
    • existe agresión de nueva aparición.

    Camps et al. (2019) revisaron vínculos entre alteraciones conductuales y dolor, problemas endocrinos, metabólicos y neurológicos. Mills et al. (2024) recomiendan considerar incomodidad o dolor ante problemas conductuales. Una serie clínica reciente sobre dolor maladaptativo volvió a demostrar la dificultad de distinguir algunos casos conductuales de problemas dolorosos sin evaluación multidimensional.


    4. Evolución

    4.1 Estas categorías no son categorías evolutivas

    “Entrenamiento”, “educación”, “manejo” y “modificación de conducta” son marcos humanos de intervención.

    No tiene sentido preguntar:

    “¿Para qué evolucionó la modificación de conducta?”

    El perro evolucionó y fue domesticado con determinadas:

    • capacidades de aprendizaje;
    • sistemas emocionales;
    • sistemas motivacionales;
    • repertorios de conducta;
    • capacidades sociales.

    Nosotros aplicamos diferentes intervenciones sobre esos sistemas.

    4.2 Qué aporta la perspectiva evolutiva

    Aunque las categorías no sean biológicas, la etología y evolución ayudan a evitar errores como:

    “Si la conducta molesta, debe eliminarse.”

    Una conducta puede formar parte de repertorios funcionales de:

    • exploración;
    • comunicación;
    • evitación;
    • depredación;
    • defensa;
    • juego;
    • búsqueda de alimento;
    • conducta social.

    El primer paso no debe ser clasificarla como “mala”, sino comprender:

    1. qué es;
    2. qué la desencadena;
    3. qué función inmediata puede cumplir;
    4. si puede manejarse;
    5. si necesita alternativa;
    6. si existe malestar subyacente.

    4.3 Implicación editorial

    La perspectiva evolutiva será secundaria en este artículo, pero sirve para una regla importante:

    Manejar o modificar una conducta no debería implicar ignorar por qué existe esa conducta en el repertorio del animal.


    5. Domesticación e historia

    5.1 De funciones específicas a convivencia cotidiana

    Históricamente, muchos perros fueron seleccionados y entrenados para tareas concretas:

    • caza;
    • pastoreo;
    • vigilancia;
    • transporte;
    • protección;
    • detección.

    En el perro de compañía moderno aparecen demandas diferentes:

    • no tirar de la correa;
    • tolerar tráfico;
    • convivir con visitas;
    • permanecer solo;
    • viajar;
    • tolerar manipulación;
    • compartir espacios urbanos;
    • caminar cerca de otros perros;
    • comportarse dentro de departamentos.

    Esto favorece el uso de la noción de educación como marco amplio de convivencia.

    5.2 Desarrollo de la medicina conductual

    Con el crecimiento de la medicina conductual veterinaria, los problemas dejaron de tratarse exclusivamente como:

    “falta de obediencia”.

    La práctica clínica moderna considera:

    • salud;
    • dolor;
    • desarrollo;
    • aprendizaje;
    • emoción;
    • ambiente;
    • farmacología;
    • seguridad;
    • bienestar.

    Seibert y Landsberg (2008) describieron la necesidad de historia conductual, conocimiento de mecanismos y, en determinados casos, farmacoterapia. Overall (2019) revisó cambios de paradigma basados en evidencia dentro de la medicina conductual veterinaria.

    5.3 Una historia que no debe simplificarse

    No utilizar la narrativa:

    “Antes existía entrenamiento; ahora existe modificación de conducta científica.”

    Los humanos siempre han alterado ambiente y consecuencias.

    Lo que ha cambiado es:

    • formalización científica;
    • terminología;
    • reconocimiento de emoción;
    • integración con medicina veterinaria;
    • evaluación de bienestar;
    • profesionalización desigual.

    6. Etología

    6.1 Antes de intervenir: ¿qué conducta estamos viendo?

    La etología obliga a describir antes de juzgar.

    Compare:

    “Es agresivo.”

    con:

    “Cuando una persona desconocida se aproxima a menos de dos metros mientras está sujeto con correa, fija la mirada, endurece el cuerpo, gruñe y se lanza hacia delante.”

    La segunda descripción permite investigar:

    • distancia;
    • antecedente;
    • función;
    • emoción;
    • riesgo;
    • historia;
    • contexto;
    • aprendizaje.

    6.2 Las cuatro preguntas de Tinbergen

    Causación

    ¿Qué produce la conducta ahora?

    • estímulos;
    • dolor;
    • miedo;
    • aprendizaje;
    • motivación;
    • contexto;
    • consecuencias.

    Ontogenia

    ¿Cómo se desarrolló?

    • genética;
    • socialización;
    • experiencias;
    • historial de aprendizaje;
    • exposición;
    • trauma;
    • enfermedad;
    • envejecimiento.

    Función

    ¿Qué resultado funcional puede producir?

    • distancia;
    • atención;
    • alimento;
    • acceso;
    • escape;
    • interacción.

    Filogenia

    ¿Qué historia de la especie contribuye al repertorio?

    • comunicación;
    • defensa;
    • predación;
    • sociabilidad;
    • exploración.

    6.3 Diferentes preguntas producen diferentes intervenciones

    Si el problema principal es:

    “no conoce la habilidad”
    → entrenamiento.

    Si es:

    “el ambiente permite que ocurra constantemente”
    → manejo.

    Si es:

    “existe un patrón emocional/conductual establecido”
    → modificación.

    Si es:

    “puede existir un proceso médico”
    → evaluación veterinaria.


    7. Cognición y aprendizaje

    7.1 Las cuatro categorías utilizan los mismos mecanismos básicos

    Las categorías se distinguen por objetivo y estructura, no porque utilicen cerebros diferentes.

    Intervienen:

    • condicionamiento clásico;
    • condicionamiento operante;
    • habituación;
    • sensibilización;
    • discriminación;
    • generalización;
    • extinción;
    • memoria;
    • atención;
    • motivación.

    7.2 Entrenamiento: construir repertorio

    Ejemplo:

    enseñar “a tu cama”.

    Puede utilizar:

    • shaping;
    • lure;
    • targeting;
    • captura;
    • refuerzo;
    • señal;
    • generalización.

    El objetivo principal es adquisición de una respuesta.

    7.3 Manejo: cambiar oportunidades

    Ejemplo:

    El perro ladra a peatones desde una ventana.

    Manejo:

    • película opaca;
    • cortina;
    • limitar acceso.

    No es necesario que el perro “entienda” una instrucción.

    Sin embargo, el manejo puede afectar el aprendizaje porque:

    • evita ensayo repetido;
    • reduce exposición;
    • disminuye reforzamiento;
    • previene sensibilización;
    • permite recuperar niveles basales de activación.

    Por tanto:

    manejo no significa ausencia total de efectos sobre aprendizaje.

    Significa que su mecanismo práctico principal consiste en cambiar las condiciones, no en exigir una nueva habilidad.

    7.4 Modificación: cambiar patrones

    Ejemplo:

    El perro muestra miedo ante hombres con sombrero.

    Un plan puede incluir:

    manejo
    → mantener distancia suficiente.

    desensibilización
    → exposición graduada.

    contracondicionamiento
    → crear nuevas relaciones predictivas.

    entrenamiento
    → enseñar una respuesta operante alternativa.

    Aquí entrenamiento y modificación se solapan, pero no son idénticos.

    7.5 Contracondicionamiento: un ejemplo de problemas terminológicos

    Shnookal et al. (2024) realizaron una revisión sistemática de 14 trabajos sobre intervenciones etiquetadas como contracondicionamiento.

    Encontraron:

    • definiciones inconsistentes;
    • procedimientos diferentes;
    • componentes clásicos y operantes mezclados;
    • heterogeneidad que dificulta comparar eficacia.

    Esto apoya una regla metodológica para toda la biblioteca:

    No basta con nombrar una técnica. Debe describirse exactamente qué estímulo aparece, qué respuesta ocurre, qué consecuencia se entrega y bajo qué contingencia.

    7.6 Enseñar al humano también es parte del tratamiento

    Pfaller-Sadovsky et al. (2020) revisaron programas de entrenamiento de cuidadores humanos y díadas humano-perro. El metaanálisis encontró efectos prometedores, pero la literatura canina contenía muchos estudios de caso y reportes incompletos.

    Implicación:

    El perro no es el único aprendiz del sistema.

    El responsable debe aprender a:

    • reconocer señales;
    • controlar antecedentes;
    • reforzar a tiempo;
    • ajustar criterios;
    • registrar resultados;
    • aplicar manejo.

    8. Desarrollo

    8.1 Educación tiene una dimensión preventiva

    Una razón por la que “educación” es útil como término amplio es que gran parte del trabajo ocurre antes de que exista un problema establecido.

    Puede incluir:

    • socialización;
    • habituación;
    • exposición gradual;
    • manipulación amable;
    • aprendizaje de rutinas;
    • prevención;
    • autonomía progresiva;
    • habilidades de convivencia.

    Esto se diferencia de una modificación de conducta que intenta cambiar un patrón ya establecido.

    8.2 La misma conducta puede requerir intervenciones distintas según la historia

    Cachorro que salta:

    • puede requerir enseñanza de saludo alternativo.

    Adulto que se lanza sobre visitas por miedo:

    • puede requerir manejo + modificación emocional + evaluación individual.

    Perro senior que empieza a gruñir al ser tocado:

    • debe hacer pensar primero en dolor o enfermedad.

    8.3 Edad, salud y experiencia cambian el plan

    La decisión nunca debería basarse sólo en:

    “qué conducta hace”.

    También:

    • cuándo empezó;
    • frecuencia;
    • intensidad;
    • duración;
    • contexto;
    • cambios recientes;
    • historial médico;
    • capacidad física;
    • experiencias previas.

    9. Análisis del comportamiento

    9.1 ABC como herramienta transversal

    ANTECEDENTE → CONDUCTA → CONSECUENCIA

    Puede utilizarse en las cuatro categorías.

    9.2 Ejemplo completo: ladrar en la puerta

    Antecedente

    Suena el timbre.

    Conducta

    Corre, ladra, salta contra la puerta.

    Consecuencias posibles

    • aparece una persona;
    • el responsable grita;
    • se abre la puerta;
    • aumenta la excitación;
    • el visitante se retira.

    Intervención 1: manejo

    • barrera física;
    • perro en otra estancia;
    • aviso para que visitante no toque el timbre.

    Objetivo:
    prevenir ensayo y reducir riesgo.

    Intervención 2: entrenamiento

    • enseñar “a tu cama”.

    Objetivo:
    construir una respuesta alternativa.

    Intervención 3: modificación

    Si existe miedo:

    • exposición gradual al sonido;
    • cambio de asociación;
    • trabajo a intensidad tolerable.

    Objetivo:
    cambiar el patrón emocional/conductual.

    Intervención 4: evaluación clínica

    Si la reactividad aumentó súbitamente junto con otros cambios:

    • valorar salud.

    Objetivo:
    descartar o tratar factores médicos.

    9.3 La función no es la intención moral

    En análisis conductual “función” no significa:

    “qué intenta hacer moralmente”.

    Significa:

    qué variables ambientales y consecuencias ayudan a explicar la persistencia de la respuesta.

    9.4 Entrenamiento alternativo no siempre trata la emoción

    Ejemplo:

    Un perro aprende a mirar al responsable ante otro perro.

    Esto puede ser muy útil.

    Pero si sigue experimentando miedo intenso, la respuesta alternativa no demuestra automáticamente que la emoción subyacente haya desaparecido.

    Por eso es importante diferenciar:

    cambiar topografía observable

    de:

    cambiar estado emocional o motivacional.


    10. Bienestar

    10.1 Manejo puede ser una intervención de bienestar

    La idea:

    “si evitas el desencadenante, nunca aprenderá”

    es demasiado simple.

    En algunos casos, reducir exposición puede:

    • prevenir pánico;
    • reducir riesgo;
    • impedir práctica;
    • evitar sensibilización;
    • permitir recuperación;
    • crear condiciones para aprendizaje posterior.

    Riemer (2023), al revisar miedo a ruidos, incluye manejo ambiental y, cuando procede, medicación como herramientas de protección del bienestar durante eventos inevitables, junto con modificación conductual a largo plazo.

    10.2 Exposición no es siempre educación

    Exponer repetidamente a un perro a un estímulo intenso no garantiza habituación.

    Puede ocurrir:

    • sensibilización;
    • miedo;
    • evitación;
    • escape;
    • indefensión;
    • respuestas defensivas.

    La exposición debe distinguirse de:

    • socialización;
    • habituación;
    • desensibilización sistemática.

    10.3 Modificar conducta requiere considerar emoción

    Una intervención que reduce una respuesta observable no debe declararse exitosa sólo por supresión inmediata.

    Preguntar:

    • ¿disminuyó miedo?
    • ¿aumentó evitación?
    • ¿aparecieron nuevas respuestas?
    • ¿mejoró recuperación?
    • ¿aumentó capacidad de elección?
    • ¿se mantuvo el resultado?
    • ¿se generalizó?
    • ¿qué ocurrió con calidad de vida?

    10.4 Manejo permanente puede ser éticamente correcto

    No todo manejo debe retirarse.

    Ejemplo:

    Perro con historial grave de predación hacia determinados animales.

    Una barrera segura puede ser parte permanente de la vida.

    Éxito no siempre significa:

    “el perro ya puede enfrentarse libremente a cualquier situación.”

    Puede significar:

    “la familia puede prevenir el riesgo de manera estable y el perro mantiene buena calidad de vida.”

    Horwitz (2008) destaca precisamente que las expectativas realistas son parte central del manejo de problemas conductuales.


    11. Adiestramiento y manejo

    11.1 Matriz central

    DimensiónAdiestramientoEducaciónManejoModificación de conductaMedicina conductual
    Pregunta¿Qué debe aprender?¿Qué necesita para convivir?¿Qué debemos cambiar en el entorno?¿Qué patrón debemos cambiar?¿Qué diagnóstico/factores médicos o conductuales existen?
    Objeto principalHabilidad o respuestaRepertorio funcional amplioContexto y exposiciónPatrón establecidoPaciente y sistema clínico
    Necesita conducta nuevaFrecuentementeFrecuentementeNo necesariamenteA vecesDepende
    Puede incluir emociónIndirectamenteFrecuentementeCentral cuando procede
    Puede ser preventivoSí, pero suele intervenir sobre patrón existente
    Puede ser permanentePuede requerir mantenimiento
    Puede requerir diagnóstico médicoNormalmente noNormalmente noA vecesFrecuentemente debe considerarse
    EjemploEnseñar recallHabilidades de vida urbanaBarrera visualDS/CC para miedoDiagnóstico + tratamiento integrado

    11.2 Adiestramiento

    Objetivo

    Adquirir o reorganizar conductas específicas.

    Mecanismos

    • condicionamiento operante;
    • condicionamiento clásico;
    • control estimular;
    • generalización;
    • discriminación.

    Ventajas

    • crea habilidades;
    • aumenta predictibilidad;
    • facilita comunicación;
    • permite respuestas alternativas.

    Limitaciones

    Una habilidad no resuelve automáticamente:

    • dolor;
    • miedo intenso;
    • ansiedad;
    • conflicto ambiental;
    • necesidades no satisfechas.

    Error típico

    “Si consigo que se siente frente al estímulo, el problema está resuelto.”

    Puede haber control motor sin resolución emocional.


    11.3 Educación

    Objetivo

    Desarrollar competencias de convivencia.

    Componentes

    • habilidades;
    • socialización;
    • habituación;
    • manejo;
    • prevención;
    • rutinas;
    • lectura mutua;
    • aprendizaje humano.

    Ventajas

    Permite pensar más allá de “órdenes”.

    Limitación terminológica

    No está estandarizada como categoría clínica universal.

    Recomendación editorial

    Usarla, pero siempre explicar qué proceso concreto se está empleando.


    11.4 Manejo

    Objetivos

    1. seguridad;
    2. reducción de exposición;
    3. prevención de ensayo;
    4. reducción de oportunidades de reforzamiento;
    5. protección del bienestar;
    6. facilitar tratamiento.

    Herramientas

    • distancia;
    • barreras;
    • horarios;
    • rutas;
    • separación;
    • correas y arneses adecuados;
    • control de recursos;
    • organización espacial;
    • señales para visitantes;
    • zonas seguras.

    Ventajas

    • efecto inmediato sobre riesgo;
    • no exige aprendizaje complejo;
    • puede reducir carga emocional.

    Limitaciones

    • puede ser difícil de mantener;
    • errores humanos pueden tener consecuencias;
    • no siempre cambia la conducta subyacente;
    • puede restringir excesivamente la vida si está mal diseñado.

    Cuándo puede ser suficiente

    Cuando:

    • el problema es completamente prevenible;
    • la calidad de vida es buena;
    • la familia puede mantenerlo;
    • no existe malestar clínicamente relevante;
    • la exposición no es necesaria.

    Cuándo es sólo parte del plan

    Cuando:

    • el perro debe inevitablemente enfrentarse al estímulo;
    • existe miedo significativo;
    • el manejo reduce demasiado calidad de vida;
    • el riesgo continúa;
    • se necesita aprendizaje de alternativas.

    11.5 Modificación de conducta

    Objetivo

    Alterar un patrón existente.

    Estrategias comunes

    • modificación de antecedentes;
    • refuerzo diferencial;
    • desensibilización;
    • contracondicionamiento;
    • respuesta alternativa;
    • relajación;
    • prevención de ensayo;
    • cambio de contingencias.

    Ventajas

    Puede abordar:

    • función;
    • emoción;
    • contexto;
    • aprendizaje histórico.

    Limitaciones

    • requiere evaluación;
    • puede ser lenta;
    • heterogeneidad metodológica;
    • respuestas complejas rara vez dependen de una sola variable;
    • riesgo si se interviene sin manejo adecuado.

    Evidencia

    Shnookal et al. (2024) encontró resultados mayoritariamente favorables de intervenciones basadas en contracondicionamiento en los estudios incluidos, pero subrayó muestras pequeñas, heterogeneidad y definiciones inconsistentes.


    11.6 Medicina conductual

    Objetivo

    Diagnosticar y tratar al paciente cuando existen problemas conductuales con posibles componentes:

    • médicos;
    • neurobiológicos;
    • emocionales;
    • ambientales;
    • de aprendizaje.

    Puede incorporar

    • examen físico;
    • examen neurológico;
    • pruebas diagnósticas;
    • historia conductual;
    • diagnóstico;
    • manejo;
    • modificación;
    • entrenamiento;
    • farmacoterapia.

    Demontigny-Bédard y Frank (2018) describen planes que integran identificación de trastornos médicos/conductuales, herramientas de manejo y entrenamiento y, cuando está indicado, psicofármacos.

    11.7 No hay una jerarquía simple

    Incorrecto:

    Manejo < entrenamiento < modificación de conducta.

    Correcto:

    Cada herramienta responde a una pregunta diferente.


    12. Aplicaciones prácticas

    Caso 1 — Cachorro salta para saludar

    Probablemente predomina:
    educación + entrenamiento + manejo.

    Manejo:
    evitar que practique saltos intensos con visitas.

    Entrenamiento:
    reforzar cuatro patas en el suelo o conducta alternativa.

    Educación:
    integrarlo como ritual de saludo.

    No asumir:
    trastorno conductual.


    Caso 2 — Perro roba comida

    Predomina:
    manejo + entrenamiento.

    Manejo:
    retirar acceso.

    Entrenamiento:
    estación, “déjalo”, respuestas alternativas.

    Error:
    crear continuamente oportunidades de robo para “corregirlo”.


    Caso 3 — Perro teme fuegos artificiales

    Predomina:
    manejo + modificación; posible medicina conductual.

    Manejo:
    espacio seguro, reducción de exposición.

    Modificación:
    desensibilización/contracondicionamiento planificados.

    Medicina:
    si el miedo es grave, discutir tratamiento veterinario.

    Riemer (2023) revisa precisamente esta combinación multimodal.


    Caso 4 — Gruñido nuevo al subir al automóvil

    Primero:
    considerar salud.

    No empezar suponiendo:
    “se volvió dominante”.

    Investigar:
    dolor musculoesquelético, dificultad de movimiento, experiencias aversivas, miedo.


    Caso 5 — Reactividad a perros

    Manejo:
    distancia, rutas, barreras.

    Modificación:
    trabajo sobre asociación/emoción si corresponde.

    Entrenamiento:
    respuesta alternativa.

    Educación del responsable:
    lectura corporal, distancia crítica, timing.

    Medicina conductual:
    si intensidad, generalización, riesgo o sospecha médica lo justifican.


    Caso 6 — Perro no viene al llamado

    Si no existe miedo o conflicto clínico:

    predomina entrenamiento.

    Investigar:

    • adquisición;
    • señal;
    • reforzadores;
    • generalización;
    • historia de consecuencias;
    • dificultad.

    No convertir automáticamente un problema de generalización en:
    “problema de conducta”.


    Caso 7 — Peleas entre perros del hogar

    No es adecuado comenzar con:

    “hay que enseñar obediencia”.

    Prioridades:

    1. seguridad y separación;
    2. historia detallada;
    3. desencadenantes;
    4. salud;
    5. riesgo;
    6. evaluación profesional;
    7. plan individual.

    “Esto significa que…”

    La primera pregunta no debería ser:

    “¿Cómo le enseño a dejar de hacerlo?”

    Sino:

    “¿Qué clase de problema es éste?”

    “En la vida cotidiana…”

    Un mismo perro puede necesitar simultáneamente:

    • manejo en la mañana;
    • entrenamiento durante una sesión;
    • modificación ante un desencadenante;
    • medicación veterinaria;
    • educación general a lo largo de meses.

    “Un responsable puede observar…”

    • inicio;
    • frecuencia;
    • intensidad;
    • antecedentes;
    • distancia;
    • recuperación;
    • signos de miedo;
    • cambios físicos;
    • contexto;
    • consecuencias;
    • situaciones donde no ocurre.

    “Conviene evitar…”

    • diagnosticar “ansiedad” sólo por una conducta;
    • etiquetar “dominancia” sin análisis;
    • enfrentar repetidamente al perro a algo temido;
    • creer que manejo es fracaso;
    • usar una orden para ocultar signos de dolor;
    • pedir a un entrenador que diagnostique enfermedad;
    • esperar que medicación sustituya todo aprendizaje;
    • esperar que entrenamiento sustituya diagnóstico médico.

    “Podría ayudar…”

    • describir exactamente la conducta;
    • grabar episodios cuando sea seguro;
    • llevar registro temporal;
    • implementar seguridad inmediata;
    • reducir exposición;
    • valorar salud;
    • identificar función;
    • enseñar alternativas;
    • medir resultados.

    13. Mitos y controversias

    AfirmaciónClasificaciónEvaluación
    “Todo se arregla entrenando.”ContradichaSalud, dolor, miedo clínico y condiciones ambientales pueden requerir intervenciones distintas.
    “Manejo significa rendirse.”ContradichaPuede ser intervención terapéutica, preventiva o permanente válida (Horwitz, 2008).
    “Si evito el estímulo, nunca aprenderá.”Parcial / dependeEvitación permanente puede impedir aprendizaje en algunos objetivos, pero manejo temporal puede ser esencial para seguridad y bienestar.
    “Modificar conducta es enseñar obediencia avanzada.”ContradichaPuede buscar cambios emocionales, motivacionales y funcionales además de habilidades.
    “Una conducta indeseada es un trastorno.”ContradichaMuchas conductas normales resultan incompatibles con expectativas humanas.
    “Si el perro conoce una orden, puede controlar cualquier emoción.”Contradicha / simplificaciónEjecución de habilidad y estado emocional no son equivalentes.
    “La medicación es el último recurso cuando todo entrenamiento falla.”No respaldada como regla generalEn medicina conductual puede formar parte temprana de un plan cuando el diagnóstico lo justifica.
    “El entrenador y el veterinario conductual hacen lo mismo.”ContradichaEl veterinario puede diagnosticar causas médicas y prescribir tratamiento; los ámbitos profesionales difieren.
    “Behaviorist/consultor conductual siempre significa especialista clínico.”Contradicha en jurisdicciones como EE. UU.ACVB y AVSAB advierten que ciertos títulos no veterinarios no están legalmente protegidos ni garantizan formación.
    “Una respuesta alternativa elimina automáticamente la causa.”ContradichaPuede cambiar la topografía sin cambiar la emoción subyacente.
    “Exposición repetida siempre produce habituación.”ContradichaTambién puede ocurrir sensibilización.
    “Educación, entrenamiento y modificación son categorías totalmente separadas.”ContradichaSe solapan; su utilidad es funcional y operativa.
    “La conducta debe cambiar antes de poder manejarla.”ContradichaEl manejo puede cambiar riesgo inmediatamente.
    “Si el perro deja de mostrar la conducta, el problema está resuelto.”Evidencia insuficienteDeben evaluarse emoción, generalización, recuperación, bienestar y recurrencia.

    Controversia 1 — ¿Manejo o tratamiento?

    Algunos responsables consideran el manejo como una solución inferior.

    La literatura clínica no lo trata así.

    Horwitz (2008) señala que:

    • en algunos casos el manejo permite control suficiente;
    • en otros es el primer paso del tratamiento.

    El Merck Veterinary Manual actual lo incluye como categoría principal de tratamiento conductual.

    Conclusión:

    La pregunta no es si manejar “cuenta” como tratamiento; es si el manejo elegido resuelve adecuadamente riesgo, bienestar y objetivos del caso.

    Controversia 2 — ¿Entrenamiento o modificación?

    No existe una frontera matemática.

    Enseñar una conducta alternativa puede formar parte de ambos.

    Una distinción útil:

    entrenamiento
    → foco primario en adquirir repertorio.

    modificación
    → foco primario en cambiar un patrón preexistente y las variables que lo sostienen.

    Controversia 3 — ¿Cuándo es clínico?

    No todo miedo es trastorno.

    No toda agresión implica enfermedad.

    No toda conducta repetitiva es compulsión.

    Pero algunos problemas requieren diagnóstico diferencial.

    La frontera se determina mediante:

    • intensidad;
    • frecuencia;
    • contexto;
    • función;
    • sufrimiento;
    • deterioro;
    • riesgo;
    • salud;
    • historia.

    14. Estado de la evidencia

    14.1 Alta confianza

    A. El manejo es una herramienta válida

    Respaldado de forma consistente en literatura clínica veterinaria.

    Se utiliza para:

    • seguridad;
    • prevención;
    • reducción de exposición;
    • protección del bienestar.

    B. Problemas médicos pueden presentarse como cambios conductuales

    Camps et al. (2019) y Mills et al. (2024) respaldan claramente esta conclusión.

    C. La modificación de conducta suele ser multimodal

    Puede combinar:

    • manejo;
    • aprendizaje;
    • modificación emocional;
    • medicación.

    D. Enseñar al cuidador importa

    Pfaller-Sadovsky et al. (2020) encontró efectos prometedores del entrenamiento a cuidadores, aunque con limitaciones en la literatura canina.

    14.2 Confianza moderada

    A. Eficacia del contracondicionamiento

    Shnookal et al. (2024) encontró resultados mayoritariamente positivos, pero:

    • sólo 14 estudios;
    • heterogeneidad;
    • muestras pequeñas;
    • variaciones terminológicas.

    B. Intervenciones preventivas de miedo

    Riemer (2023) encuentra evidencia prometedora para prevención y tratamiento de miedo a ruidos, pero la calidad varía según procedimiento.

    14.3 Problemas metodológicos importantes

    Terminología

    Una técnica puede ser nombrada igual y aplicarse de forma distinta.

    Resultados

    “Mejoría” puede significar:

    • menos frecuencia;
    • menos intensidad;
    • satisfacción del propietario;
    • cambio fisiológico;
    • ausencia de episodios;
    • percepción del profesional.

    Profesionales

    La formación y regulación varían enormemente.

    Daniels et al. (2022) documentó heterogeneidad en profesionales que ofrecían modificación conductual en Reino Unido. DeLeeuw y Williams (2026) describieron diversidad ética y epistemológica entre entrenadores de distintas orientaciones.

    14.4 Evaluación de fuentes clave

    FuenteTipoPoblación/muestraHallazgo relevanteLimitacionesConfianzaUso
    Horwitz (2008)Revisión clínicaN/AManejo puede ser solución o primer pasoNo es revisión sistemáticaAlta como marco clínicoDefinir manejo
    Seibert & Landsberg (2008)Revisión clínicaN/ADiagnóstico requiere historia, mecanismos y posibles tratamientos médicosRevisión narrativaAlta para práctica clínicaFrontera clínica
    Demontigny-Bédard & Frank (2018)Revisión clínicaN/APlanes conductuales integran diagnóstico, manejo, entrenamiento y fármacos cuando procedeRevisión narrativaAlta para marco clínicoTratamiento multimodal
    Strickler (2018)RevisiónN/ACambio de conducta debe basarse en aprendizaje y considerar individualidadRevisión narrativaModerada-altaAprendizaje aplicado
    Overall (2019)Revisión críticaN/ACambios de paradigma en medicina conductualSelección narrativa de temasAlta para contexto profesionalHistoria/paradigmas
    Camps et al. (2019)RevisiónN/AMúltiples enfermedades pueden cambiar conductaNo revisión sistemática formalAlta para necesidad de diferencialDolor/salud
    Pfaller-Sadovsky et al. (2020)Revisión sistemática + metaanálisis18 estudios en metaanálisis; literatura canina limitadaEntrenamiento a cuidadores muestra efecto prometedorMuchos casos únicos; reporte deficienteModerada-altaPapel humano
    Daniels et al. (2022)Encuesta de clientesProfesionales del Reino Unido reportados por clientesHeterogeneidad de profesionales/métodosPercepción del cliente; un paísModeradaRegulación/títulos
    Riemer (2023)RevisiónN/AMiedo a ruidos requiere combinación de manejo, modificación y a veces medicaciónEvidencia heterogénea según intervenciónModerada-altaCaso práctico
    Mills et al. (2024)Revisión clínicaN/ADolor puede causar o agravar problemas conductualesRevisión clínica, ejemplos de casosAlta para principioCuándo derivar
    Shnookal et al. (2024)Revisión sistemática14 trabajosHeterogeneidad semántica y resultados favorables en varios usos de contracondicionamientoMuestras pequeñas, procedimientos variablesModeradaDefiniciones
    DeLeeuw & Williams (2026)Cualitativo + cuantitativo35 entrenadoresCampo profesional heterogéneo y poco reguladoMuestra pequeña, autoselecciónModerada para perspectivasCompetencias y títulos

    14.5 Conflictos entre fuentes

    Conflicto aparente 1: manejo como solución vs manejo como paso temporal

    Horwitz (2008):
    puede ser solución suficiente o primer paso.

    Otros protocolos clínicos:
    lo integran con modificación y tratamiento.

    No es realmente una contradicción.

    Depende de:

    • objetivo;
    • riesgo;
    • posibilidad de exposición;
    • calidad de vida;
    • recursos familiares;
    • diagnóstico.

    Conflicto 2: qué significa “contracondicionamiento”

    Shnookal et al. (2024) demuestra que investigadores aplican ese término a procedimientos con contingencias diferentes.

    Implicación:
    cuando una fuente dice “CC”, hay que leer el método.

    Conflicto 3: quién puede tratar qué

    Los límites profesionales dependen de jurisdicción.

    ACVB diferencia claramente la capacidad de un veterinario especialista para diagnosticar componentes médicos y utilizar farmacoterapia.

    Sin embargo:

    • títulos no veterinarios pueden no estar protegidos;
    • certificaciones cambian según país;
    • competencias individuales varían.

    Conclusión:
    separar siempre:

    título
    de
    formación demostrable
    de
    competencia legal
    de
    alcance clínico.


    15. Banco de evidencia

    Evidencia 1

    Afirmación:
    El manejo puede ser una intervención válida por sí misma.

    Qué demuestra la investigación:
    Horwitz describe soluciones de manejo que en algunos casos mejoran/controlan suficientemente el problema y en otros constituyen el primer paso terapéutico.

    Fuente:
    Horwitz (2008).

    Nivel de certeza:
    Alto como principio clínico.

    Matiz importante:
    No implica que manejo siempre sea suficiente.

    Dónde podría utilizarse:
    Sección “Manejo no significa rendirse”.


    Evidencia 2

    Afirmación:
    La medicina conductual no puede separarse completamente de la medicina física.

    Qué demuestra la investigación:
    Camps et al. revisa relaciones entre conducta y dolor, trastornos neurológicos, endocrinos/metabólicos y otros problemas médicos.

    Fuente:
    Camps et al. (2019).

    Nivel de certeza:
    Alto.

    Matiz importante:
    Un cambio conductual no demuestra automáticamente enfermedad; indica necesidad de diferencial cuando corresponde.

    Dónde podría utilizarse:
    “Cuándo entrenamiento no es suficiente”.


    Evidencia 3

    Afirmación:
    El dolor puede causar o exacerbar conductas problemáticas.

    Qué demuestra la investigación:
    Mills et al. revisa mecanismos de dolor y signos conductuales y recomienda considerar incomodidad en casos conductuales.

    Fuente:
    Mills et al. (2024).

    Nivel de certeza:
    Alto.

    Matiz importante:
    Diagnóstico de dolor puede ser complejo.

    Dónde podría utilizarse:
    Casos de cambio súbito, agresión al contacto y reducción de actividad.


    Evidencia 4

    Afirmación:
    Los planes clínicos pueden integrar manejo, entrenamiento, modificación y medicación.

    Qué demuestra la investigación:
    Demontigny-Bédard y Frank describen planes de tratamiento que requieren identificar trastornos médicos/conductuales e integrar herramientas según el diagnóstico.

    Fuente:
    Demontigny-Bédard y Frank (2018).

    Nivel de certeza:
    Alto para el marco clínico.

    Matiz importante:
    No todos los casos necesitan medicación.

    Dónde podría utilizarse:
    Matriz comparativa.


    Evidencia 5

    Afirmación:
    Problemas conductuales requieren historia y diagnóstico diferencial.

    Qué demuestra la investigación:
    Seibert y Landsberg describen historia conductual, mecanismos de cambio y posible tratamiento farmacológico como partes de una evaluación clínica competente.

    Fuente:
    Seibert y Landsberg (2008).

    Nivel de certeza:
    Alto.

    Matiz importante:
    Es revisión clínica, no ensayo.

    Dónde podría utilizarse:
    Frontera con medicina conductual.


    Evidencia 6

    Afirmación:
    “Contracondicionamiento” no se usa de manera totalmente uniforme.

    Qué demuestra la investigación:
    La revisión sistemática de 14 trabajos encontró discrepancias de definición y procedimientos, incluyendo variantes clásicas y operantes.

    Fuente:
    Shnookal et al. (2024).

    Nivel de certeza:
    Alto respecto de la heterogeneidad de la literatura revisada.

    Matiz importante:
    No significa que el concepto carezca de utilidad; significa que debe operacionalizarse.

    Dónde podría utilizarse:
    Introducción y controversias terminológicas.


    Evidencia 7

    Afirmación:
    Intervenciones basadas en contracondicionamiento han mostrado resultados positivos en varios problemas, pero la base todavía es heterogénea.

    Qué demuestra la investigación:
    La mayoría de estudios de la revisión de Shnookal et al. reportaron mejorías, especialmente en algunas conductas agresivas y de kennel; separación resultó más resistente.

    Fuente:
    Shnookal et al. (2024).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    Muestras pequeñas, implementación especializada y heterogeneidad reducen generalización.

    Dónde podría utilizarse:
    Modificación de conducta.


    Evidencia 8

    Afirmación:
    El cuidador humano necesita entrenamiento para implementar cambios de conducta.

    Qué demuestra la investigación:
    Pfaller-Sadovsky et al. encontró efectos prometedores de programas de entrenamiento a cuidadores; el metaanálisis reportó un efecto global grande, aunque la evidencia canina era metodológicamente limitada.

    Fuente:
    Pfaller-Sadovsky et al. (2020).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto.

    Matiz importante:
    Muchos estudios caninos eran casos únicos y pocos aportaban datos comparables.

    Dónde podría utilizarse:
    “Educación también significa enseñar al humano”.


    Evidencia 9

    Afirmación:
    El tratamiento de miedo a ruidos es un ejemplo de intervención multimodal.

    Qué demuestra la investigación:
    Riemer revisa manejo ambiental, contracondicionamiento, desensibilización, entrenamiento de relajación y medicación ansiolítica cuando procede.

    Fuente:
    Riemer (2023).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto.

    Matiz importante:
    La fuerza de evidencia varía entre intervenciones.

    Dónde podría utilizarse:
    Caso aplicado.


    Evidencia 10

    Afirmación:
    El campo profesional que ofrece modificación de conducta no está uniformemente regulado.

    Qué demuestra la investigación:
    Daniels et al. describe un panorama británico sin registro universal obligatorio y con variedad de profesionales y métodos.

    Fuente:
    Daniels et al. (2022).

    Nivel de certeza:
    Moderado para Reino Unido.

    Matiz importante:
    No extrapolar automáticamente al marco legal de México u otros países.

    Dónde podría utilizarse:
    Elección de profesional.


    Evidencia 11

    Afirmación:
    Entrenadores profesionales pueden diferir notablemente en interpretación de evidencia y ética.

    Qué demuestra la investigación:
    DeLeeuw y Williams entrevistaron 35 profesionales de orientaciones distintas y documentaron convergencias y diferencias metodológicas/epistémicas.

    Fuente:
    DeLeeuw y Williams (2026).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    Estudio pequeño y principalmente cualitativo.

    Dónde podría utilizarse:
    Por qué el título “entrenador” no define un método.


    Evidencia 12

    Afirmación:
    El especialista veterinario en conducta tiene un ámbito distinto del entrenador.

    Qué demuestra la fuente:
    ACVB explica que el veterinario especialista tiene formación médica y conductual para valorar componentes médicos, establecer diagnósticos y utilizar medicación dentro de planes integrados.

    Fuente:
    American College of Veterinary Behaviorists (s. f.).

    Nivel de certeza:
    Alto como descripción profesional del sistema estadounidense.

    Matiz importante:
    Las competencias legales dependen de la jurisdicción.

    Dónde podría utilizarse:
    “¿A quién acudir?”


    Evidencia 13

    Afirmación:
    El campo veterinario ha experimentado cambios de paradigma relevantes respecto a dominancia y castigo.

    Qué demuestra la investigación:
    Overall revisa evidencia que cuestiona prácticas históricamente extendidas y subraya la necesidad de incorporar ciencia conductual a atención clínica.

    Fuente:
    Overall (2019).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto.

    Matiz importante:
    Es una revisión narrativa crítica.

    Dónde podría utilizarse:
    Historia.


    16. Propuesta de estructura del artículo

    H1 — Entrenar, educar, manejar o modificar conducta: no significan lo mismo

    Objetivo:
    Presentar el problema sin tecnicismos excesivos.

    Pregunta:
    ¿Por qué importa distinguirlos?

    Evidencia:
    Horwitz (2008); Demontigny-Bédard & Frank (2018); Shnookal et al. (2024).


    H2 — Una advertencia: no existen cuatro cajas perfectas

    Objetivo:
    Evitar crear falsa taxonomía.

    Pregunta:
    ¿Son términos científicos estandarizados?

    Respuesta esperada:
    No completamente; se superponen y algunas palabras son usos profesionales/editoriales.

    Evidencia:
    Shnookal et al. (2024); Daniels et al. (2022).


    H2 — Entrenar: enseñar una respuesta

    H3 — Qué significa adquirir una habilidad

    H3 — Señales, consecuencias y generalización

    H3 — Ejemplos

    Objetivo:
    Definir entrenamiento por su función de aprendizaje.

    Fuente:
    Strickler (2018) y literatura general de aprendizaje.


    H2 — Educar: preparar al perro para la vida que realmente tendrá

    H3 — Educación como término práctico amplio

    H3 — Socialización, prevención y habilidades

    H3 — Por qué educación no es una categoría experimental estricta

    Objetivo:
    Mantener un concepto útil sin fingir universalidad científica.


    H2 — Manejar: cambiar el ambiente

    H3 — Manejo no exige que el perro aprenda

    H3 — Prevenir ensayo

    H3 — Reducir exposición

    H3 — Cuándo puede ser permanente

    Evidencia:
    Horwitz (2008); Riemer (2023); Merck Veterinary Manual.


    H2 — Modificar conducta: cambiar un patrón establecido

    H3 — Antecedentes, consecuencias y emoción

    H3 — Desensibilización

    H3 — Contracondicionamiento

    H3 — Respuestas alternativas

    Evidencia:
    Shnookal et al. (2024).


    H2 — El quinto concepto: medicina conductual

    H3 — Conducta y salud física

    H3 — Dolor

    H3 — Ansiedad y otros trastornos

    H3 — Cuándo puede intervenir medicación

    Evidencia:
    Camps et al. (2019); Mills et al. (2024); Demontigny-Bédard & Frank (2018).


    H2 — Un mismo caso puede necesitar las cuatro cosas

    Ejemplo recomendado:
    reactividad ante otros perros.

    Mostrar:

    manejo
    → distancia;

    entrenamiento
    → respuesta alternativa;

    modificación
    → nueva asociación;

    educación
    → integración cotidiana;

    veterinaria
    → evaluación clínica cuando existen banderas rojas.


    H2 — ¿Qué clase de problema tengo delante?

    Crear árbol práctico:

    H3 — No conoce una habilidad

    → entrenamiento.

    H3 — El ambiente permite el problema

    → manejo.

    H3 — Hay patrón emocional/conductual establecido

    → modificación.

    H3 — Hay cambio súbito, dolor, deterioro o riesgo clínico

    → veterinario.


    H2 — Conducta indeseada no es igual a trastorno

    Objetivo:
    Normalizar repertorios sin minimizar problemas.

    Evidencia:
    literatura clínica veterinaria.


    H2 — Por qué el manejo no significa fracaso

    Objetivo:
    Desmontar el mito principal.

    Evidencia:
    Horwitz (2008); Merck Veterinary Manual.


    H2 — Por qué una orden no trata necesariamente el miedo

    Objetivo:
    Separar topografía y emoción.

    Evidencia:
    Riemer (2023); Shnookal et al. (2024).


    H2 — ¿Entrenador, consultor o veterinario?

    H3 — Qué puede variar según jurisdicción

    H3 — Qué competencias comprobar

    H3 — Cuándo derivar

    Evidencia:
    Daniels et al. (2022); DeLeeuw & Williams (2026); ACVB.


    H2 — La regla final: primero identifica qué necesitas cambiar

    Cierre:

    habilidad → entrenamiento

    repertorio de vida → educación

    condiciones → manejo

    patrón → modificación

    enfermedad/trastorno → medicina conductual

    Recordar que pueden coexistir.


    17. Preguntas todavía abiertas

    1. ¿Debería existir una taxonomía internacional estandarizada para intervención conductual canina?
    2. ¿Es útil mantener “educación canina” como categoría separada de entrenamiento?
    3. ¿Cómo varía su significado entre español, inglés y otras tradiciones profesionales?
    4. ¿Qué criterios objetivos deberían determinar cuándo un caso pasa de entrenamiento a modificación?
    5. ¿Qué grado de malestar convierte una conducta problemática en un trastorno clínico?
    6. ¿Qué porcentaje de casos presentados a entrenadores tiene un componente médico no detectado?
    7. ¿Cómo debería estructurarse la colaboración entrenador-veterinario?
    8. ¿Qué datos mínimos debería registrar un profesional antes de intervenir?
    9. ¿Qué métricas permiten evaluar manejo como resultado terapéutico?
    10. ¿Cuándo el manejo permanente produce mejor bienestar que intentar exposición/modificación?
    11. ¿Qué coste para calidad de vida puede tener un manejo demasiado restrictivo?
    12. ¿Cómo separar cambio de conducta observable de cambio emocional?
    13. ¿Qué técnicas denominadas “contracondicionamiento” son realmente equivalentes?
    14. ¿Cómo debería reportarse la contingencia en estudios de modificación conductual?
    15. ¿Qué intervenciones de cuidador mejoran la fidelidad de aplicación?
    16. ¿Qué certificaciones predicen realmente competencia profesional?
    17. ¿Cómo difiere la regulación profesional entre México, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea?
    18. ¿Qué conductas son derivadas demasiado tarde a medicina veterinaria?
    19. ¿Cómo detectar dolor en perros referidos inicialmente por problemas de conducta?
    20. ¿Cómo medir conjuntamente seguridad, bienestar, aprendizaje y satisfacción humana?

    18. Referencias

    American College of Veterinary Behaviorists. (s. f.). What is a veterinary behaviorist? https://www.dacvb.org/page/AnimalOwners

    American Veterinary Society of Animal Behavior. (2021). Humane dog training position statement. https://avsab.org/resources/position-statements/

    Camps, T., Amat, M., & Manteca, X. (2019). A review of medical conditions and behavioral problems in dogs and cats. Animals, 9(12), 1133. https://doi.org/10.3390/ani9121133

    Daniels, J. T., Busby, D., Chase-Topping, M., & Brown, S. M. (2022). A survey of dog behavior modification practice in the UK: Who is offering it, what methods are they using and how effective do their clients perceive practitioners to be? Journal of Veterinary Behavior, 59, 1–7. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2022.11.011

    DeLeeuw, J. L., & Williams, T. J. (2026). Professional dog trainers’ perspectives on training methods: Ethical and evidentiary insights. Frontiers in Veterinary Science, 13, 1744448. https://doi.org/10.3389/fvets.2026.1744448

    Demontigny-Bédard, I., & Frank, D. (2018). Developing a plan to treat behavior disorders. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 48(3), 351–365. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2017.12.004

    Hall, N. J. (2017). Persistence and resistance to extinction in the domestic dog: Basic research and applications to canine training. Behavioural Processes, 141(Pt 1), 67–74. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2017.04.001

    Horwitz, D. F. (2008). Managing pets with behavior problems: Realistic expectations. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 38(5), 1005–1021. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2008.04.006

    Landsberg, G., Shaw, J., & Donaldson, J. (2008). Handling behavior problems in the practice setting. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 38(5), 951–969. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2008.04.002

    Mills, D. S., Coutts, F. M., & McPeake, K. J. (2024). Behavior problems associated with pain and paresthesia. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 54(1), 55–69. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2023.08.007

    Overall, K. L. (2019). Evidence-based paradigm shifts in veterinary behavioral medicine. Journal of the American Veterinary Medical Association, 254(7), 798–807. https://doi.org/10.2460/javma.254.7.798

    Pfaller-Sadovsky, N., Medina, L., Dillenburger, K., & Hurtado-Parrado, C. (2020). We don’t train in vain: A systematic review and meta-analysis of human and canine caregiver training. Journal of Applied Animal Welfare Science, 23(3), 265–301. https://doi.org/10.1080/10888705.2019.1646134

    Riemer, S. (2023). Therapy and prevention of noise fears in dogs—A review of the current evidence for practitioners. Animals, 13(23), 3664. https://doi.org/10.3390/ani13233664

    Seibert, L. M., & Landsberg, G. M. (2008). Diagnosis and management of patients presenting with behavior problems. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 38(5), 937–950. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2008.04.001

    Shnookal, J., Tepper, D., Howell, T., & Bennett, P. (2024). Counterconditioning-based interventions for companion dog behavioural modification: A systematic review. Applied Animal Behaviour Science, 276, 106305. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2024.106305

    Strickler, B. G. (2018). Helping pet owners change pet behaviors: An overview of the science. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 48(3), 419–431. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2017.12.008


    Nota para el futuro redactor

    Este tema debe funcionar como el mapa de decisión de toda la biblioteca.

    No debe convertirse en una batalla terminológica.

    El mensaje no es:

    “Ésta es la única definición correcta de cada palabra.”

    El mensaje científicamente más defendible es:

    Las fronteras terminológicas no están universalmente estandarizadas, pero distinguir la función de cada intervención evita errores importantes.

    Las cinco preguntas que deben quedar en la mente del lector son:

    1. ¿Falta una habilidad?
      → entrenar.
    2. ¿Necesitamos un repertorio más amplio para la convivencia?
      → educar.
    3. ¿Podemos cambiar las condiciones para prevenir riesgo o práctica?
      → manejar.
    4. ¿Existe un patrón establecido que necesita cambiar?
      → modificar conducta.
    5. ¿Puede existir dolor, enfermedad o un trastorno clínico?
      → evaluación veterinaria / medicina conductual.

    Y el matiz final:

    En los casos reales, estas respuestas pueden ser simultáneamente verdaderas.

  • ¿Qué significa realmente entrenar a un perro? (2.1)

    1. Resumen ejecutivo

    Tema

    ¿Qué significa realmente entrenar a un perro?

    Pregunta central

    ¿Qué es científicamente el adiestramiento canino?

    Conclusión principal

    La literatura científica no ofrece una única definición universal y formal de dog training comparable a una categoría biológica estrictamente delimitada. En la práctica académica, el adiestramiento se estudia principalmente mediante la ciencia del aprendizaje, el análisis de conducta, la cognición animal, la etología, la medicina conductual y el bienestar animal.

    Para esta biblioteca resulta útil adoptar la siguiente definición operacional, que sintetiza esos campos y debe presentarse como una formulación de trabajo, no como una cita de consenso:

    El adiestramiento canino es el proceso deliberado mediante el cual una persona organiza antecedentes, señales, oportunidades de respuesta y consecuencias para modificar la probabilidad, forma, duración, intensidad, control contextual o mantenimiento de determinadas conductas de un perro, y para establecer o modificar asociaciones relevantes, dentro de un contexto determinado.

    Esta definición tiene varias implicaciones:

    1. Adiestrar no equivale a obtener obediencia. La obediencia —responder a señales humanas como “sentado”, “ven” o “quieto”— es sólo una posible aplicación del entrenamiento.
    2. Aprendizaje y entrenamiento no son sinónimos. El perro aprende continuamente de las consecuencias y asociaciones de su vida cotidiana, aunque nadie esté intentando entrenarlo. El entrenamiento es una organización intencional de parte de esas condiciones de aprendizaje (Reisner, 2017).
    3. El entrenamiento modifica probabilidades de conducta, no “programa” respuestas mecánicas. La ejecución depende del contexto, motivación, emoción, salud, historia de aprendizaje, calidad de las señales, competencia con otros reforzadores y grado de generalización.
    4. El condicionamiento operante es central, pero no suficiente para explicar el entrenamiento. Mientras las consecuencias modifican la probabilidad futura de conductas, el condicionamiento clásico genera asociaciones emocionales y predictivas de manera simultánea.
    5. “Recompensa” no es sinónimo técnico de “reforzador”. Un estímulo sólo funciona como reforzador si, de hecho, aumenta o mantiene una conducta en determinadas condiciones. Las preferencias y la eficacia reforzante varían entre perros y contextos (Vicars et al., 2014; Riemer et al., 2018).
    6. La eficacia debe evaluarse multidimensionalmente. Una intervención puede cambiar una conducta a corto plazo y, sin embargo, producir estrés, miedo, deterioro de la interacción o pobre generalización. Por tanto, conviene valorar adquisición, latencia, precisión, retención, generalización, efectos secundarios y bienestar.
    7. La evidencia contemporánea favorece el uso de estrategias basadas principalmente en refuerzo positivo, especialmente por su perfil de bienestar y porque no se ha demostrado que los procedimientos aversivos sean necesarios para la mayoría de objetivos habituales. Sin embargo, la literatura presenta limitaciones de diseño y debe evitarse la afirmación absoluta de que un procedimiento aversivo “nunca puede funcionar” conductualmente (Guilherme-Fernandes et al., 2017; Ziv, 2017; China et al., 2020; Vieira de Castro et al., 2020; Johnson & Wynne, 2024).
    8. El comportamiento humano forma parte del sistema de aprendizaje. El timing, la consistencia, los criterios, la selección del reforzador, la dificultad de la tarea y el contexto pueden determinar el resultado tanto como las capacidades del perro.
    9. La domesticación probablemente facilitó aspectos de la comunicación perro-humano, pero no creó los mecanismos básicos de aprendizaje. El condicionamiento clásico e instrumental son mecanismos ampliamente distribuidos entre animales. La idea de que “el perro evolucionó para obedecer” es una simplificación no sustentada (Hare & Tomasello, 2005; Kaminski & Nitzschner, 2013; Lea & Osthaus, 2018).
    10. El entrenamiento debe distinguirse operativamente de manejo, educación y modificación de conducta, aunque estas fronteras no están universalmente estandarizadas en ciencia.

    Tesis recomendada para el futuro artículo

    Entrenar a un perro no consiste esencialmente en conseguir obediencia; consiste en organizar experiencias de aprendizaje para que ciertas conductas y asociaciones se vuelvan más o menos probables en determinados contextos, procurando al mismo tiempo que el proceso sea comprensible, generalizable y compatible con su bienestar.


    2. Pregunta principal

    Pregunta principal

    ¿Qué es científicamente el adiestramiento canino y qué procesos explican que una conducta aprendida aparezca, se mantenga y se generalice?

    Preguntas secundarias

    1. ¿Cuál es la diferencia entre aprendizaje y entrenamiento?
    2. ¿Qué cuenta como “conducta aprendida”?
    3. ¿Qué papel desempeñan antecedentes, conducta y consecuencias?
    4. ¿Cómo intervienen el condicionamiento clásico y el operante?
    5. ¿Qué diferencia existe entre recompensa y reforzador?
    6. ¿Qué significa técnicamente refuerzo y castigo?
    7. ¿Cómo adquiere una señal control sobre una conducta?
    8. ¿Por qué un perro puede realizar una conducta en un contexto y no en otro?
    9. ¿Qué función tienen atención, motivación, emoción y estado fisiológico?
    10. ¿Qué diferencia existe entre entrenar, educar, manejar el ambiente y modificar una conducta problemática?
    11. ¿Es la obediencia el objetivo científico del entrenamiento?
    12. ¿Qué criterios permiten decir que un método “funciona”?
    13. ¿Cómo debe incorporarse el bienestar a la evaluación de un entrenamiento?
    14. ¿Qué papel tienen la domesticación y la historia evolutiva?
    15. ¿Qué factores dependen del perro y cuáles del humano?
    16. ¿Cuándo un problema excede el entrenamiento cotidiano y requiere evaluación veterinaria o de medicina conductual?

    Alcance

    Este dossier se centra en los fundamentos conceptuales y científicos del adiestramiento. No pretende:

    • enseñar de forma exhaustiva cada técnica;
    • elaborar protocolos clínicos para agresión, miedo o ansiedad;
    • hacer una historia completa del adiestramiento;
    • resolver todos los debates éticos sobre herramientas;
    • sustituir una evaluación veterinaria o de medicina conductual.

    Su función es construir el artículo fundacional que permita entender posteriormente condicionamiento, reforzamiento, castigo, señales, generalización, motivación, métodos y bienestar.


    3. Conceptos fundamentales

    3.1 Aprendizaje

    En términos generales, el aprendizaje se refiere a cambios relativamente persistentes en la conducta, en la capacidad de responder o en relaciones funcionales con el ambiente que se producen a partir de la experiencia.

    Para el artículo conviene evitar una definición excesivamente rígida porque diferentes tradiciones —psicología comparada, análisis de conducta, cognición animal— enfatizan aspectos distintos.

    Lo importante es distinguir:

    experiencia → cambio en la probabilidad o organización de la conducta

    de:

    • maduración;
    • fatiga;
    • enfermedad;
    • cambios motores temporales;
    • variaciones exclusivamente atribuibles al estado momentáneo.

    Reisner (2017) subraya que el aprendizaje acompaña al perro durante toda la vida y ocurre tanto en sesiones planificadas como en interacciones cotidianas.

    3.2 Adiestramiento

    No existe una única frontera científica universal entre training, education y behavior modification. Para esta biblioteca se utilizará una definición funcional:

    Adiestramiento = organización intencional de condiciones de aprendizaje para producir cambios conductuales específicos.

    Puede buscar, entre otras cosas:

    • enseñar una conducta nueva;
    • aumentar una conducta existente;
    • reducir una conducta;
    • cambiar el contexto en el que ocurre;
    • enseñar una respuesta alternativa;
    • mejorar precisión;
    • aumentar duración;
    • aumentar distancia;
    • reducir latencia;
    • introducir control por señales;
    • generalizar;
    • mantener una habilidad;
    • crear cadenas conductuales;
    • preparar al perro para cooperar en procedimientos cotidianos.

    3.3 Conducta

    Una conducta es una actividad observable o mensurable del organismo. En aplicación práctica puede describirse operacionalmente.

    Ejemplo poco útil:

    “El perro es desobediente.”

    Ejemplo operacional:

    “Cuando escucha ‘ven’ a diez metros en el parque, se aproxima al responsable en 3 de 10 ensayos.”

    La segunda formulación permite medir, identificar antecedentes y consecuencias y probar cambios.

    3.4 Antecedente

    Evento, contexto o condición que ocurre antes de una conducta y que puede alterar su probabilidad.

    Puede incluir:

    • una señal verbal;
    • un gesto;
    • la aparición de una persona;
    • distancia respecto de otro perro;
    • ubicación;
    • presencia de comida;
    • nivel de excitación;
    • correa;
    • historial reciente de reforzamiento.

    3.5 Consecuencia

    Evento que sigue a una conducta y puede influir en su probabilidad futura.

    No toda consecuencia que sucede después de una conducta la modifica. Debe demostrarse funcionalmente su efecto.

    3.6 Contingencia

    Relación funcional entre eventos: qué condiciones preceden a una respuesta y qué consecuencias dependen de ella.

    El entrenamiento no consiste simplemente en “dar premios”; consiste en establecer relaciones contingentes suficientemente claras para que el perro pueda aprender qué comportamiento produce qué resultado.

    3.7 Condicionamiento clásico o pavloviano

    Proceso por el cual un estímulo adquiere capacidad predictiva al relacionarse con otro evento.

    Aplicación cotidiana:

    • sonido del clicker → predice alimento;
    • coger la correa → predice paseo;
    • entrar a una clínica → puede predecir manipulación;
    • una persona concreta → puede predecir interacción agradable o desagradable.

    El condicionamiento clásico ayuda a entender que, durante el entrenamiento, el perro no sólo aprende “qué hacer”: también puede aprender cómo sentirse ante el contexto, la persona, la señal o la herramienta.

    3.8 Condicionamiento operante o instrumental

    Proceso por el cual las consecuencias de una conducta modifican su probabilidad futura.

    Refuerzo positivo

    Se añade o presenta algo después de una conducta y la conducta aumenta o se mantiene.

    Refuerzo negativo

    Se retira, reduce o evita un estímulo después de una conducta y la conducta aumenta o se mantiene.

    Castigo positivo

    Se añade o presenta algo después de una conducta y la conducta disminuye.

    Castigo negativo

    Se retira algo después de una conducta y la conducta disminuye.

    “Positivo” y “negativo” describen añadir o retirar; no significan bueno y malo.

    3.9 Recompensa y reforzador

    En lenguaje cotidiano, una recompensa es algo que la persona considera agradable o valioso.

    En análisis de conducta, un reforzador se define por su efecto funcional: aumenta o mantiene la conducta que lo precede bajo determinadas condiciones.

    Por tanto:

    La intención humana no convierte automáticamente un estímulo en reforzador.

    Vicars et al. (2014), en ocho perros, encontraron que una evaluación sistemática de preferencias podía predecir qué estímulos funcionarían mejor como reforzadores. Riemer et al. (2018) mostró además que la calidad del alimento puede modificar la eficacia motivacional.

    3.10 Señal y control estimular

    Una señal no “contiene” naturalmente el significado de sentarse, venir o tumbarse.

    A través del aprendizaje, ciertos estímulos adquieren capacidad para indicar que una respuesta concreta tendrá determinadas consecuencias.

    El objetivo técnico no es sólo que el perro pueda ejecutar la conducta, sino que aprenda:

    qué respuesta tiene sentido, ante qué señal y en qué condiciones.

    3.11 Discriminación

    Proceso mediante el cual el animal responde de manera diferente ante estímulos o contextos distintos.

    3.12 Generalización

    Proceso mediante el cual una respuesta aprendida se extiende a estímulos, personas, posiciones o contextos distintos de aquellos utilizados durante el aprendizaje inicial.

    Anderson et al. (2023) investigaron modalidades vocales, gestuales y combinadas, mostrando que la configuración de las señales puede afectar la transferencia/generalización del aprendizaje.

    3.13 Extinción

    Reducción de una respuesta previamente reforzada cuando la relación de reforzamiento deja de operar.

    No debe explicarse simplemente como “olvido”. Pueden observarse fenómenos como recuperación espontánea o reaparición en otros contextos.

    3.14 Motivación

    Conjunto de variables que alteran el valor de consecuencias y la probabilidad de determinadas conductas.

    Un mismo trozo de alimento puede tener distinta eficacia:

    • antes o después de comer;
    • en casa o en un parque;
    • frente a un distractor muy intenso;
    • para perros con preferencias diferentes.

    3.15 Ejecución no es idéntica a aprendizaje

    Una distinción editorial crucial:

    Que una respuesta no aparezca no demuestra por sí sola que el perro “no sabe” o que “decide desobedecer”.

    La ejecución observable puede verse afectada por:

    • distracciones;
    • miedo;
    • excitación;
    • conflicto;
    • dolor;
    • fatiga;
    • señales ambiguas;
    • contexto no generalizado;
    • reforzadores competidores;
    • diferencia entre entrenador y responsable;
    • estado motivacional.

    3.16 Obediencia

    “Obediencia” es un término práctico e histórico utilizado para describir la realización de respuestas solicitadas por una persona.

    No es equivalente a aprendizaje ni agota el concepto de entrenamiento.

    Un perro puede ser entrenado para:

    • ofrecer una pata voluntariamente para una extracción de sangre;
    • buscar un olor;
    • entrar a un transportín;
    • relajarse sobre una manta;
    • discriminar objetos;
    • llevar a una persona a una salida;
    • detectar una sustancia;
    • realizar una conducta deportiva;
    • participar en cuidados.

    Ninguna de estas funciones se comprende bien si “entrenamiento” se reduce a una jerarquía de obediencia.

    3.17 Distinciones operativas para la biblioteca

    ConceptoDefinición de trabajoEjemplo
    ManejoModificar el ambiente para alterar oportunidades, antecedentes o riesgos.Colocar una barrera para evitar acceso a la puerta.
    EducaciónTérmino práctico amplio para enseñar habilidades de convivencia. No constituye una categoría científica universalmente delimitada.Esperar antes de salir, caminar con correa, descansar en casa.
    AdiestramientoOrganizar intencionalmente contingencias y señales para enseñar conductas específicas.Enseñar “ven” o entrar a un transportín.
    Modificación de conductaIntervenir sobre patrones problemáticos establecidos, normalmente tras analizar función, emoción, contexto y variables médicas.Reducir respuesta de miedo mediante plan individualizado.
    Medicina conductualEvaluación clínica de problemas en los que pueden intervenir enfermedad, dolor, ansiedad u otros trastornos.Agresión de aparición súbita asociada a dolor.

    Estas fronteras son editoriales y operativas, no una taxonomía científica universal.


    4. Evolución

    4.1 El entrenamiento no necesita una “adaptación para obedecer”

    El error evolutivo más frecuente sería afirmar:

    “Los perros evolucionaron para ser entrenados por humanos.”

    Los mecanismos fundamentales utilizados durante el entrenamiento —habituación, condicionamiento clásico, aprendizaje instrumental, discriminación, generalización— no aparecieron con la domesticación del perro. Son capacidades de aprendizaje presentes, en diferentes formas, en numerosas especies.

    Lea y Osthaus (2018) revisaron la cognición canina desde un contexto comparativo y concluyeron que debe entenderse al perro simultáneamente como:

    • cánido;
    • cazador social;
    • animal domesticado.

    Su revisión advierte contra tratar todas las capacidades cognitivas del perro como excepcionales.

    4.2 Qué pudo modificar la domesticación

    La domesticación sí puede ser relevante en otro nivel: la interacción con señales humanas.

    Perros domésticos muestran habilidades notables para utilizar gestos y señales comunicativas humanas. Hare y Tomasello (2005) propusieron que parte de esta sensibilidad pudo emerger durante la domesticación, potencialmente mediante selección sobre temperamento y tolerancia hacia los humanos.

    Kaminski y Nitzschner (2013) revisaron estas capacidades y las principales explicaciones evolutivas, entre ellas:

    • hipótesis de adaptación específica;
    • hipótesis de subproducto de selección por menor miedo/agresión;
    • influencia de la ontogenia y experiencia individual.

    4.3 Estado de la evidencia

    Respaldado:

    • los perros utilizan diversas señales humanas;
    • aprendizaje asociativo y discriminativo son mecanismos generales, no exclusivos del perro;
    • domesticación, ontogenia y experiencia participan en la cognición social canina.

    Hipótesis plausible pero no equivalente a hecho cerrado:

    • una ruta evolutiva concreta explica por sí sola la sensibilidad del perro a humanos;
    • la domesticación “seleccionó obediencia” como rasgo general.

    4.4 Implicación para el artículo

    No conviene contar la historia como:

    lobo → domesticación → obediencia → entrenamiento

    sino como:

    mecanismos ancestrales de aprendizaje + historia de los cánidos + domesticación + desarrollo individual + convivencia humana → extraordinaria capacidad práctica para aprender dentro de sistemas humanos.


    5. Domesticación e historia

    5.1 Domesticación y cooperación humano-perro

    Los perros han desempeñado múltiples tareas humanas:

    • caza;
    • vigilancia;
    • pastoreo;
    • protección;
    • transporte;
    • detección;
    • asistencia;
    • compañía.

    Cada función seleccionó y entrenó repertorios diferentes.

    Esto refuerza una idea esencial:

    No existe un único objetivo natural del entrenamiento canino.

    La conducta deseada depende del contexto humano.

    Un comportamiento útil en un perro de pastoreo puede ser inconveniente en otro contexto doméstico; una capacidad de persecución puede ser seleccionada para una función y necesitar control ambiental en otra.

    5.2 Del entrenamiento funcional al perro de compañía

    En perros de compañía, gran parte del entrenamiento moderno se orienta a compatibilizar el repertorio del perro con:

    • departamentos;
    • calles;
    • tráfico;
    • visitas;
    • clínicas veterinarias;
    • convivencia con niños;
    • correa;
    • ascensores;
    • espacios públicos;
    • reglas domésticas.

    Por ello, “entrenar” no es solamente aumentar rendimiento. También puede:

    • facilitar seguridad;
    • prevenir conflictos;
    • aumentar predictibilidad;
    • enseñar alternativas;
    • facilitar cuidados.

    5.3 Historia reciente de métodos

    La literatura aplicada describe una transición histórica desde prácticas con mayor énfasis en correcciones, coerción, castigo y refuerzo negativo hacia métodos basados en recompensas y análisis más explícito del aprendizaje (Hiby et al., 2004; Reisner, 2017).

    Sin embargo, no existe una sustitución completa. El campo profesional continúa siendo heterogéneo.

    DeLeeuw y Williams (2026), en un estudio principalmente cualitativo con 35 entrenadores profesionales, describen un sector en gran medida no regulado y diferencias metodológicas y éticas importantes entre profesionales orientados al refuerzo y profesionales de métodos mixtos.

    5.4 Precaución histórica

    Este artículo fundacional no necesita afirmar una línea progresiva simplista:

    “Antes todo era castigo; ahora la ciencia descubrió el refuerzo.”

    El condicionamiento y el uso de consecuencias tienen una historia científica compleja. Además, distintos entrenadores han mezclado procedimientos durante décadas.

    La historia debe utilizarse para contextualizar, no para crear una narrativa moral simplificada.


    6. Etología

    6.1 El entrenamiento actúa sobre un animal con repertorio propio

    El perro no llega al entrenamiento como una “tabla rasa”.

    Posee:

    • sistemas motivacionales;
    • capacidades sensoriales;
    • repertorios motores;
    • predisposiciones;
    • experiencias previas;
    • estrategias de aproximación y evitación;
    • historia social;
    • diferencias individuales.

    El entrenamiento puede:

    1. canalizar conductas existentes;
    2. ponerlas bajo control de señales;
    3. reforzar variantes;
    4. construir combinaciones nuevas;
    5. reducir oportunidades de conductas incompatibles;
    6. cambiar asociaciones emocionales.

    6.2 Las cuatro preguntas de Tinbergen

    A. Causación

    Pregunta: ¿Qué mecanismos inmediatos producen la conducta?

    Relevantes para entrenamiento:

    • percepción de señales;
    • estado motivacional;
    • excitación;
    • miedo;
    • atención;
    • consecuencias pasadas;
    • valor del reforzador;
    • contexto;
    • estado físico.

    Ejemplo:

    Un perro no acude al llamado.

    La explicación proximal puede incluir:

    • no discriminó la señal;
    • el entorno contiene un reforzador competidor;
    • la conducta nunca se generalizó;
    • existe miedo a acercarse;
    • el criterio es demasiado difícil;
    • la señal perdió valor predictivo;
    • hay un problema físico.

    No es científicamente suficiente decir “es terco”.

    B. Ontogenia

    Pregunta: ¿Cómo se desarrolló esa respuesta a lo largo de la vida?

    Factores:

    • genética;
    • ambiente prenatal;
    • periodo neonatal;
    • socialización;
    • experiencias;
    • historia de reforzamiento;
    • experiencias aversivas;
    • exposición a contextos;
    • cambios por edad y salud.

    C. Función

    Pregunta: ¿Qué función puede tener una conducta?

    Importante aclaración: el entrenamiento en sí es una práctica humana, no una conducta adaptativa del perro que necesite una explicación funcional evolutiva.

    En cambio, las conductas objetivo sí pueden cumplir funciones inmediatas.

    Ejemplo:

    Saltar sobre una persona puede producir:

    • proximidad;
    • contacto;
    • atención;
    • acceso.

    Si esas consecuencias mantienen el salto, etiquetarlo como “dominancia” oculta variables modificables.

    D. Filogenia

    Pregunta: ¿qué historia evolutiva contribuyó al repertorio?

    La filogenia puede ayudar a entender:

    • conducta social;
    • locomoción;
    • predación;
    • exploración;
    • comunicación;
    • olfacción;
    • sensibilidad a movimientos.

    Pero no debe utilizarse para fabricar explicaciones adaptativas no comprobadas.

    6.3 Regla editorial

    Para cualquier comportamiento de entrenamiento:

    describir primero → identificar contexto → formular hipótesis funcional → comprobar contingencias → sólo después interpretar.


    7. Cognición y aprendizaje

    7.1 El perro aprende incluso cuando no “estamos entrenando”

    Reisner (2017) señala que el aprendizaje ocurre durante toda la vida del perro y mediante interacciones con su entorno físico y social.

    Esto permite formular una diferencia fundamental:

    Aprendizaje no planificado

    Persona entra → perro salta → recibe atención.

    La persona puede no querer entrenar el salto, pero una consecuencia social puede mantenerlo.

    Entrenamiento planificado

    Persona entra → se refuerzan cuatro patas en el suelo → se repite sistemáticamente.

    En ambos casos hay aprendizaje. Sólo el segundo contiene un diseño deliberado.

    7.2 Condicionamiento clásico y operante ocurren juntos

    Un entrenamiento nunca es exclusivamente “operante” en el sentido cotidiano.

    Ejemplo:

    Perro se sienta → recibe alimento.

    Operante: sentarse aumenta porque produce alimento.

    Al mismo tiempo:

    Pavloviano: entrenador, lugar, bolsa de premios, palabra y situación pueden adquirir propiedades predictivas.

    Si se utilizan estímulos aversivos:

    Operante: una conducta puede aumentar al terminar la presión o disminuir tras una corrección.

    Simultáneamente:

    Pavloviano: contexto, persona, herramienta o señal pueden asociarse con eventos desagradables.

    Esta coexistencia explica por qué el análisis del entrenamiento no puede limitarse a preguntar:

    “¿Consiguió la conducta?”

    También debe preguntar:

    “¿Qué asociaciones adicionales se pudieron formar?”

    7.3 Refuerzo es una relación funcional

    Un error habitual es definir refuerzo por el objeto:

    comida = refuerzo.

    Más exacto:

    comida puede funcionar como reforzador cuando su presentación contingente aumenta o mantiene la respuesta.

    Vicars et al. (2014) estudiaron ocho perros y encontraron que evaluaciones de preferencia podían predecir la eficacia posterior de los estímulos como reforzadores.

    Riemer et al. (2018) encontró que mayor calidad de recompensa alimentaria podía aumentar el vigor de la respuesta en una tarea de carrera, mientras que aumentar la cantidad de piezas no produjo necesariamente el mismo efecto.

    7.4 Una señal no es un “comando” con significado inherente

    Para el perro, “sit”, “sentado”, una mano levantada o cualquier otro estímulo no contienen naturalmente una respuesta.

    Su control se construye mediante aprendizaje.

    Así, cuando un perro responde bien a un gesto pero peor a una palabra, esto no implica necesariamente que esté desobedeciendo.

    Anderson et al. (2023) exploraron el uso de señales vocales, gestuales y compuestas y su transferencia a nuevas condiciones, ilustrando la importancia de estudiar qué componente controla realmente la respuesta.

    7.5 Generalización

    Un error práctico muy frecuente:

    “Lo hace perfectamente en la sala, así que ya lo sabe.”

    En realidad, cambios en:

    • persona;
    • postura;
    • distancia;
    • lugar;
    • ruido;
    • superficie;
    • presencia de perros;
    • nivel de excitación;

    pueden cambiar el control estimular.

    La generalización debe diseñarse y comprobarse.

    7.6 Discriminación

    El entrenamiento eficaz también implica enseñar cuándo no realizar una conducta.

    Por ejemplo, un perro puede aprender que subir a una plataforma tras una señal produce refuerzo, pero hacerlo indiscriminadamente no.

    7.7 Atención

    La atención no debería tratarse como una capacidad binaria.

    Depende de:

    • saliencia del estímulo;
    • competencia ambiental;
    • estado emocional;
    • historia de refuerzo;
    • dificultad de la tarea;
    • fatiga;
    • motivación.

    7.8 Emoción

    Miedo, estrés y excitación pueden alterar:

    • exploración;
    • aproximación;
    • evitación;
    • velocidad;
    • ingestión;
    • atención;
    • memoria;
    • repertorio conductual disponible.

    Por tanto, “sabe hacerlo” y “puede hacerlo ahora” son preguntas distintas.

    7.9 Aprendizaje social

    Los perros pueden utilizar información de humanos y congéneres en múltiples tareas, aunque “aprendizaje social” no debe confundirse automáticamente con imitación exacta.

    Este tema merece un artículo propio. Para el dossier actual basta establecer que el condicionamiento directo no es la única vía mediante la que el perro obtiene información.

    7.10 La unidad práctica: aprendizaje + contexto + emoción

    Una formulación especialmente útil para el futuro artículo:

    La conducta que vemos en una sesión es el producto de lo que el perro ha aprendido, lo que percibe en ese momento, lo que espera que ocurra, lo que valen las consecuencias disponibles y el estado físico y emocional en que se encuentra.


    8. Desarrollo

    8.1 El aprendizaje empieza antes de una clase formal

    La historia conductual de un perro comienza mucho antes de que una persona decida “entrenarlo”.

    Incluye:

    • predisposición genética;
    • desarrollo prenatal;
    • experiencia maternal;
    • socialización;
    • exposición ambiental;
    • aprendizaje con congéneres;
    • interacción con humanos;
    • experiencias agradables y aversivas.

    8.2 Periodos sensibles y socialización

    McEvoy et al. (2022) realizó una revisión sistemática narrativa de 29 estudios sobre socialización canina. La revisión reconoce la importancia de experiencias tempranas, pero también subraya que una parte considerable de la literatura presenta limitaciones metodológicas y que muchas recomendaciones populares son más precisas de lo que permite afirmar la evidencia.

    Para este artículo no conviene convertir el periodo sensible en una cifra rígida universal.

    8.3 Aprendizaje durante toda la vida

    La importancia del desarrollo temprano no implica que un adulto “ya no pueda aprender”.

    El repertorio puede seguir cambiando mediante experiencia y entrenamiento.

    Lo que puede variar con la edad:

    • estado sensorial;
    • movilidad;
    • motivación;
    • salud;
    • velocidad de adquisición;
    • historial de conductas muy practicadas.

    8.4 Diferencias individuales

    La misma técnica no produce necesariamente:

    • la misma velocidad;
    • la misma motivación;
    • la misma respuesta emocional;
    • la misma generalización;

    en todos los perros.

    Por ello, la individualización es una propiedad esencial de un buen programa de entrenamiento.


    9. Análisis del comportamiento

    9.1 Modelo básico

    ANTECEDENTE → CONDUCTA → CONSECUENCIA

    No explica absolutamente toda la conducta, pero ofrece un marco práctico para identificar variables modificables.

    9.2 Ejemplo: saltar al saludar

    Antecedente:
    Una persona entra y mira al perro.

    Conducta:
    El perro salta sobre la persona.

    Consecuencia posible:
    La persona habla, toca o empuja al perro.

    Si el contacto social tiene valor para ese individuo, incluso empujarlo puede mantener el comportamiento.

    9.3 Análisis alternativo

    En lugar de:

    “Salta porque quiere dominar.”

    formular:

    “¿Qué ocurre justo antes? ¿Qué obtiene o evita? ¿Qué respuesta alternativa queremos reforzar? ¿Podemos manejar el ambiente mientras aprende?”

    9.4 Variables que deben investigarse ante un “fracaso” de entrenamiento

    1. ¿La conducta se adquirió realmente?
    2. ¿La señal tiene control estimular?
    3. ¿Existen señales simultáneas contradictorias?
    4. ¿Se entrenó con esa distancia?
    5. ¿Se entrenó con ese nivel de distracción?
    6. ¿Se generalizó a ese lugar?
    7. ¿La consecuencia tiene valor suficiente?
    8. ¿Existe un reforzador competidor?
    9. ¿El perro está asustado o sobreexcitado?
    10. ¿La persona cambió postura, tono o gesto?
    11. ¿Se reforzó accidentalmente otra conducta?
    12. ¿El criterio aumentó demasiado rápido?
    13. ¿Existe dolor, enfermedad o limitación sensorial?
    14. ¿Hay historia previa de castigo asociada a la señal?

    9.5 Influencia humana

    Rooney y Cowan (2011), con 53 parejas perro-responsable, encontraron asociaciones entre el estilo de entrenamiento reportado, el comportamiento observado del responsable y el rendimiento de los perros en una tarea nueva. Los perros de personas observadas como más pacientes y juguetonas rindieron mejor en esa tarea.

    El diseño es correlacional y no demuestra causalidad, pero apoya una idea crítica:

    el entrenador es una variable del sistema.

    9.6 Conductas que no deben atribuirse automáticamente

    Sin análisis suficiente, evitar explicaciones como:

    • dominancia;
    • terquedad;
    • culpa;
    • venganza;
    • maldad;
    • “quiere retarte”;
    • “sabe perfectamente y decide ignorarte”.

    Pueden existir conflictos, competencia de motivaciones y aprendizaje previo, pero la atribución mental debe justificarse y no reemplazar el análisis funcional.


    10. Bienestar

    10.1 El éxito conductual no es la única variable

    Supongamos que dos procedimientos reducen una conducta.

    Para evaluar el resultado deberían considerarse además:

    • rapidez de adquisición;
    • errores;
    • mantenimiento;
    • generalización;
    • estrés durante el procedimiento;
    • miedo;
    • evitación;
    • recuperación posterior;
    • efectos sobre otras conductas;
    • interacción perro-humano.

    Por eso:

    “funciona” es una descripción incompleta si no especificamos qué resultado se midió.

    10.2 Evidencia sobre métodos aversivos

    Guilherme-Fernandes et al. (2017) revisaron la literatura existente y encontraron una asociación general entre métodos aversivos e indicadores de bienestar comprometido y problemas conductuales, pero señalaron importantes limitaciones metodológicas y la necesidad de más investigación experimental.

    Ziv (2017), revisando 17 estudios, llegó a una conclusión semejante: existe evidencia de riesgos para bienestar y no se disponía de evidencia convincente de superioridad de los procedimientos basados en castigo positivo frente al refuerzo positivo.

    Vieira de Castro et al. (2020) estudió 92 perros de compañía de siete escuelas:

    • reward-based: n = 42;
    • mixed: n = 22;
    • aversive: n = 28.

    Se evaluaron conductas durante entrenamiento, cortisol salival y sesgo cognitivo. El grupo con mayor proporción de procedimientos aversivos mostró más indicadores conductuales de estrés, mayores elevaciones de cortisol tras entrenamiento y juicios más “pesimistas” en la prueba de sesgo cognitivo.

    Limitación importante:

    los perros no fueron asignados aleatoriamente a las escuelas, por lo que no puede eliminarse toda explicación alternativa.

    10.3 Eficacia comparativa

    China et al. (2020) estudió 63 perros con problemas de control sin correa, distribuidos en tres grupos de 21. En las variables medidas, el grupo entrenado principalmente mediante refuerzo positivo alcanzó respuestas con menos señales y menores latencias que el grupo con collar electrónico en varias comparaciones.

    El estudio tiene valor experimental aplicado, aunque las condiciones diferían también en entrenadores y prácticas, lo que limita atribuir cada diferencia a una sola herramienta.

    10.4 Evidencia contradictoria relevante

    Johnson y Wynne (2024) realizaron un estudio aleatorizado sobre inhibición de persecución ante un señuelo.

    De 30 perros reclutados, 19 persiguieron consistentemente y continuaron en las comparaciones relevantes. En esa tarea específica, el grupo con collar electrónico mostró mejor inhibición y generalización de la conducta de persecución que las condiciones alimentarias utilizadas.

    Sin embargo:

    • la muestra final fue muy pequeña;
    • dos perros del grupo de collar fueron retirados tras alcanzar el límite de estímulos, dejando seis en análisis clave;
    • hubo diferencias procedimentales entre condiciones;
    • la eficacia motivacional del alimento no fue validada de forma individual;
    • vocalizaciones ocurrieron en perros expuestos al estímulo eléctrico;
    • el resultado se refiere a una tarea específica, no a “todo entrenamiento”.

    10.5 Interpretación adecuada del conflicto

    No escribir:

    “La ciencia demuestra que los aversivos no funcionan.”

    Tampoco:

    “Un estudio demuestra que el collar electrónico es mejor.”

    Más exacto:

    Los procedimientos aversivos pueden modificar conducta porque operan mediante principios de aprendizaje reales. Sin embargo, la literatura acumulada identifica riesgos de bienestar y no demuestra una ventaja general que justifique considerarlos necesarios para el entrenamiento cotidiano. Un ensayo reciente encontró mayor eficacia del collar electrónico en una tarea estrecha de inhibición de persecución, pero sus resultados tienen alcance limitado y no resuelven el debate general sobre eficacia, generalización y bienestar.

    10.6 Posición profesional

    La American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB, 2021) recomienda métodos basados en recompensas para el entrenamiento y el tratamiento de problemas conductuales y desaconseja procedimientos aversivos.

    Debe presentarse como:

    posición profesional veterinaria basada en interpretación de la literatura, no como si fuera por sí misma un ensayo experimental.

    10.7 Necesidades, preferencias y actividades opcionales

    El hecho de que algo pueda funcionar como reforzador no significa que sea una necesidad biológica.

    Distinguir:

    Necesidad: condición cuya falta compromete significativamente funcionamiento o bienestar.

    Preferencia: opción que el animal elige en determinadas condiciones.

    Actividad opcional: puede enriquecer o ser agradable sin ser universalmente necesaria.

    Esta distinción evita inferir:

    “Si el perro prefiere X, entonces necesita X.”


    11. Adiestramiento y manejo

    11.1 Mapa de estrategias

    EstrategiaObjetivoMecanismoVentajasLimitaciones / riesgosUso razonable
    Refuerzo positivoAumentar una conductaPresentar consecuencia apetitiva contingenteFlexible; permite construir repertorios; bajo riesgo aversivoRequiere identificar reforzador, timing y criteriosEnseñanza de habilidades y respuestas alternativas
    Marcador condicionadoSeñalar con precisión una respuestaAsociación pavloviana + contingencia operanteMejora precisión temporalEl marcador debe adquirir valor predictivo y seguir siendo fiableConductas que requieren timing preciso
    ShapingConstruir respuestas complejasReforzar aproximaciones sucesivasPermite construir sin forzar movimientoCriterios mal ajustados pueden generar frustraciónNuevas habilidades y movimientos complejos
    CapturaReforzar conducta espontáneaRefuerzo de ocurrencias naturalesPoca intrusiónDepende de que la conducta ocurraRelajación, posturas, conductas espontáneas
    LuringGuiar inicialmente una respuestaSeguimiento de estímulo + refuerzo posteriorFacilita adquisición rápidaEl señuelo puede convertirse en dependencia si no se desvaneceIntroducción de movimientos sencillos
    Refuerzo diferencialAumentar una respuesta alternativa/incompatibleReforzar selectivamentePermite sustituir repertoriosRequiere identificar bien la función y manejar la conducta problemaSaltos, acceso, autocontrol, respuestas alternativas
    Castigo negativoReducir una conductaRetirar temporalmente un resultado apetitivoPuede utilizarse sin estímulo físico aversivoPuede producir frustración; requiere contingencia claraAlgunas conductas mantenidas por acceso/atención
    Manejo de antecedentesPrevenir o cambiar oportunidadesControl estimular / cambio ambientalReduce ensayo de conducta problema y riesgoNo enseña por sí solo una alternativaPrevención durante aprendizaje
    Desensibilización + contracondicionamientoCambiar respuestas ante estímulos emocionalesExposición controlada + nuevas asociacionesCentral en miedo bajo planes adecuadosMal dosificado puede aumentar miedo; casos clínicos requieren especialistaMiedo/ansiedad con evaluación apropiada
    Castigo positivo / refuerzo negativo aversivoReducir o aumentar conductas mediante eventos aversivosConsecuencias aversivasPuede producir cambios conductualesRiesgo de miedo, estrés, evitación, asociaciones colaterales; requiere alto control técnicoNo se recomienda como estrategia de rutina; AVSAB aconseja alternativas basadas en recompensas

    11.2 Manejo no es fracaso

    Ejemplo:

    Perro roba comida de una mesa.

    Manejo:

    • retirar alimentos;
    • cerrar acceso;
    • usar barrera.

    Entrenamiento:

    • reforzar permanecer en una estación;
    • enseñar señal de retirada;
    • reforzar respuestas alternativas.

    El manejo puede:

    • reducir riesgo;
    • impedir práctica de una conducta;
    • disminuir oportunidades de autorrefuerzo;
    • crear condiciones en que el entrenamiento pueda funcionar.

    11.3 Educación no es una categoría experimental estricta

    En español resulta útil usar educación canina para el conjunto de habilidades necesarias para convivencia, pero el artículo debe aclarar que se trata de una distinción práctica, no de una frontera científica reconocida universalmente.

    11.4 Modificación de conducta

    Cuando el objetivo implica:

    • miedo intenso;
    • ansiedad;
    • agresión;
    • pánico;
    • conductas compulsivas;
    • deterioro grave del funcionamiento;

    no basta con describirlo como “falta de entrenamiento”.

    Puede necesitarse:

    • historia clínica;
    • evaluación veterinaria;
    • diagnóstico diferencial;
    • manejo de riesgo;
    • intervención conductual individualizada;
    • en algunos casos tratamiento médico prescrito por veterinario.

    12. Aplicaciones prácticas

    Esto significa que…

    “Entrenar” no debería traducirse mentalmente como:

    “hacer que el perro haga lo que le digo.”

    Una traducción más científica sería:

    “crear condiciones suficientemente claras para que determinada respuesta se vuelva probable en determinadas circunstancias.”

    En la vida cotidiana…

    Cuando un perro aprende “sentado” en la cocina, todavía pueden faltar:

    • duración;
    • distancia;
    • distracciones;
    • generalización;
    • cambio de persona;
    • cambio de postura del humano;
    • mantenimiento.

    Un responsable puede observar…

    • ¿Qué ocurre justo antes?
    • ¿Qué hace exactamente el perro?
    • ¿Qué sucede después?
    • ¿La conducta aumenta con el tiempo?
    • ¿En qué lugares sí aparece?
    • ¿En qué lugares falla?
    • ¿Qué reforzadores parecen tener valor?
    • ¿Qué señales humanas predicen la conducta?
    • ¿Qué indicadores emocionales acompañan el entrenamiento?

    Conviene evitar…

    1. llamar “terquedad” a cualquier fallo;
    2. repetir una señal muchas veces sin analizar por qué falla;
    3. asumir que un premio elegido por la persona es reforzante;
    4. aumentar dificultad simultáneamente en distancia, duración y distracción;
    5. interpretar una conducta aislada como “dominancia”;
    6. confundir supresión inmediata con aprendizaje estable;
    7. evaluar un método únicamente por si detiene una conducta;
    8. entrenar a través de dolor o malestar físico sin detectarlo;
    9. pedir exposición intensa a estímulos que producen miedo bajo la idea de “que se acostumbre”.

    Podría ayudar…

    • describir la conducta de forma observable;
    • reducir criterios;
    • volver a un contexto donde existe alta tasa de éxito;
    • usar reforzadores valiosos;
    • reforzar alternativas claras;
    • controlar el ambiente;
    • introducir variación progresivamente;
    • registrar frecuencia, latencia o porcentaje de respuestas;
    • observar estado emocional además del resultado;
    • solicitar ayuda cualificada cuando el problema excede enseñanza cotidiana.

    Cuándo consultar a un veterinario o especialista cualificado

    Especialmente si existe:

    • cambio conductual súbito;
    • agresión de nueva aparición;
    • sensibilidad al tacto;
    • alteraciones de sueño;
    • pérdida de apetito;
    • cambios locomotores;
    • miedo intenso;
    • conductas repetitivas o compulsivas;
    • ansiedad grave;
    • deterioro funcional;
    • riesgo para personas u otros animales.

    Dolor, enfermedad y alteraciones neurológicas pueden modificar conducta y capacidad de aprendizaje.


    13. Mitos y controversias

    AfirmaciónClasificaciónEvaluación
    “Entrenar es conseguir obediencia.”Contradicha / conceptualmente insuficienteEl entrenamiento incluye múltiples formas de adquisición y modificación conductual. Obediencia es sólo una aplicación.
    “El perro sólo aprende durante las sesiones.”ContradichaEl aprendizaje ocurre continuamente mediante experiencia y contingencias cotidianas (Reisner, 2017).
    “Si le doy comida, lo estoy reforzando.”Parcialmente respaldada / técnicamente incorrecta como reglaEl estímulo es reforzador sólo si aumenta o mantiene la conducta en esas condiciones.
    “Positivo significa bueno y negativo significa malo.”ContradichaEn condicionamiento operante indican presentación o retirada de estímulos.
    “Usar comida es sobornar.”Generalización engañosaUn reforzador entregado contingentemente después de una respuesta no equivale conceptualmente a mostrar un incentivo antes de toda respuesta.
    “Si sabe hacerlo y no lo hace, me está desobedeciendo.”Evidencia insuficiente como explicación generalPuede intervenir contexto, generalización, señal, motivación, emoción, competencia de reforzadores o salud.
    “El perro necesita que el humano sea alfa.”No respaldada como modelo general de entrenamientoLa dominancia social no ofrece una explicación universal de la relación humano-perro ni sustituye el análisis de contingencias.
    “Los métodos aversivos nunca funcionan.”Demasiado absolutaPueden modificar conducta mediante mecanismos de aprendizaje; Johnson y Wynne (2024) encontró eficacia en una tarea específica. La cuestión científica es eficacia comparativa + bienestar + necesidad + efectos secundarios.
    “Si un método funciona, es un buen método.”Contradicha por un enfoque moderno de bienestarEl resultado conductual debe evaluarse junto con estrés, miedo, efectos colaterales, generalización y relación humano-perro.
    “Los métodos aversivos son necesarios para casos difíciles.”No demostrado como afirmación generalChina et al. (2020) no encontró necesidad de collar electrónico para problemas de control sin correa; la evidencia no sostiene necesidad general.
    “El entrenamiento puede resolver cualquier problema.”ContradichaDolor, enfermedad, miedo clínico, ansiedad y otros trastornos pueden requerir evaluación veterinaria y modificación de conducta especializada.
    “Ser entrenador profesional garantiza formación científica.”Evidencia insuficienteEl campo está escasamente regulado en múltiples jurisdicciones y existe gran heterogeneidad formativa (DeLeeuw & Williams, 2026).

    Controversia central: eficacia frente a bienestar

    La discusión más útil para el artículo no es:

    “positivo vs. negativo”

    sino:

    ¿Qué aprende el perro, con qué velocidad, bajo qué condiciones, con qué grado de generalización y con qué coste o beneficio para su bienestar?


    14. Estado de la evidencia

    14.1 Conclusiones con alta confianza conceptual

    1. Los perros aprenden fuera de sesiones formales.
    Respaldado por ciencia general del aprendizaje y síntesis académicas específicas de perros.

    2. Condicionamiento clásico y operante son relevantes para el entrenamiento.
    Base consolidada de la ciencia del aprendizaje.

    3. Refuerzo y castigo se definen por efectos funcionales sobre la conducta, no por intención moral.
    Principio básico del análisis de conducta.

    4. El contexto y el control estimular importan.
    Respaldado por abundante literatura de aprendizaje y estudios caninos específicos.

    5. Obediencia no agota el concepto de entrenamiento.
    Conclusión conceptual sustentada por la diversidad de tareas y objetivos estudiados.

    14.2 Evidencia fuerte pero con limitaciones de aplicación

    Los procedimientos aversivos presentan riesgos de bienestar.

    La convergencia entre revisiones, estudios observacionales y trabajos con medidas fisiológicas y cognitivas aumenta la confianza.

    Sin embargo:

    • muchos estudios no son aleatorizados;
    • técnicas se agrupan bajo categorías amplias;
    • el historial de los perros puede diferir;
    • entrenadores también difieren;
    • autoinformes introducen sesgo;
    • no todos los aversivos tienen la misma intensidad.

    Por ello, el lenguaje apropiado es:

    “La evidencia acumulada indica mayor riesgo de resultados adversos de bienestar”

    y no:

    “cada uso de cualquier estímulo aversivo causará inevitablemente daño.”

    14.3 Evaluación de fuentes clave

    FuenteTipo / poblaciónMuestraHallazgo principalLimitacionesConfianza aproximadaUso en artículo
    Reisner (2017)Capítulo académico de síntesisN/AAprendizaje es continuo; entrenamiento formal es sólo parte de la experienciaNo es revisión sistemáticaAlta para marco conceptualDefinir entrenamiento vs aprendizaje
    Hiby et al. (2004)Encuesta de responsables364Uso de recompensas asociado con mayor obediencia reportada; castigo con más problemas reportadosAutoinforme; correlacionalModeradaHistoria de métodos y limitaciones
    Rooney & Cowan (2011)Encuesta + observación estandarizada53Más recompensa reportada se asoció con mejor rendimiento en tarea nueva; conducta del responsable también se relacionó con rendimientoCorrelacional; muestra pequeñaModeradaPapel del humano
    Guilherme-Fernandes et al. (2017)Revisión de literatura913 referencias inicialmente; subconjunto elegibleAsociación general entre aversivos e indicadores de bienestar comprometidoHeterogeneidad y falta de experimentos fuertesModerada-alta para dirección general; menor para causalidad exactaEstado de evidencia
    Ziv (2017)Revisión17 estudiosRiesgos de bienestar; sin evidencia de superioridad general de castigo positivoCalidad desigual de estudiosModeradaContrastar métodos
    Vieira de Castro et al. (2020)Estudio aplicado, medidas conductuales, cortisol y sesgo cognitivo92Peor bienestar en grupos con mayor uso de aversivosSin asignación aleatoria; diferencias entre escuelasModerada-altaBienestar
    China et al. (2020)Comparación aplicada de tres grupos63; 21/grupoGrupo centrado en refuerzo positivo rindió mejor en varias medidas de señal/latenciaDiferencias entre entrenadores y protocolosModeradaEficacia comparativa
    Johnson & Wynne (2024)Ensayo aleatorizado de inhibición de persecución30 reclutados; 19 continuaron; grupo collar muy pequeñoCollar electrónico mostró mayor inhibición en esa tarea específicaMuy pequeño; diferencias procedimentales; dos retirados por límite de estímulosBaja-moderada para generalización; moderada para esa tarea concretaMostrar conflicto real
    Vicars et al. (2014)Experimento de preferencias/refuerzo8Preferencia predijo eficacia reforzanteMuestra muy pequeñaModerada para principio, limitada para generalizaciónRecompensa ≠ reforzador
    McEvoy et al. (2022)Revisión sistemática narrativa de socialización29 estudiosExperiencia temprana importa; literatura tiene vacíos y recomendaciones rígidas exceden evidenciaHeterogeneidad y literatura antiguaModeradaDesarrollo
    DeLeeuw & Williams (2026)Estudio cualitativo + cuantitativo con profesionales35Campo heterogéneo y en gran medida no reguladoMuestra pequeña y autoseleccionadaModerada para perspectivas, baja para prevalencias generalesContexto profesional actual

    14.4 Conflictos entre fuentes

    Conflicto 1: ¿son más eficaces los procedimientos aversivos?

    China et al. (2020):
    En problemas de control sin correa, el grupo centrado en refuerzo positivo alcanzó mejores resultados en varias medidas.

    Johnson y Wynne (2024):
    En una tarea artificial y específica de persecución, el grupo con collar electrónico inhibió la persecución de forma más efectiva que dos condiciones alimentarias.

    Posibles motivos del desacuerdo:

    • objetivos distintos;
    • reforzadores distintos;
    • perros distintos;
    • tareas diferentes;
    • protocolos diferentes;
    • experiencia de entrenadores;
    • duración;
    • criterios de éxito;
    • tamaño de muestra.

    Estado actual:

    No existe base para afirmar que un método sea universalmente más rápido para todas las conductas. La evidencia disponible tampoco demuestra que los procedimientos aversivos sean necesarios de manera general.

    Conflicto 2: fuerza de la evidencia de bienestar

    Revisiones de 2017:
    Encontraron una dirección consistente hacia riesgo de bienestar, pero criticaron la calidad y heterogeneidad de la investigación.

    Vieira de Castro et al. (2020):
    Añadió medidas directas, fisiológicas y cognitivas en perros de compañía.

    Estado actual:

    La convergencia ha aumentado, pero aún faltan diseños experimentales amplios, preregistrados, longitudinales y éticamente viables.

    14.5 Jerarquía práctica de certeza para el artículo

    Muy consolidado:

    • aprendizaje asociativo;
    • contingencias;
    • control estimular;
    • refuerzo definido funcionalmente;
    • generalización/discriminación;
    • aprendizaje a lo largo de la vida.

    Con evidencia canina razonablemente convergente:

    • métodos aversivos presentan mayor riesgo de estrés/malestar;
    • características del responsable influyen en el proceso;
    • valor del reforzador varía individualmente;
    • contexto y modalidad de señal afectan ejecución.

    En desarrollo o con debate metodológico:

    • magnitud exacta de efectos de cada herramienta;
    • diferencias individuales a largo plazo;
    • impactos causales de métodos completos;
    • qué componentes concretos de la domesticación explican capacidades comunicativas;
    • estándares universales de entrenamiento “óptimo”.

    15. Banco de evidencia

    Evidencia 1

    Afirmación:
    El aprendizaje canino no se limita a sesiones formales de entrenamiento.

    Qué demuestra la investigación:
    Reisner describe el aprendizaje como un proceso continuo durante la vida del perro y destaca que asociaciones y consecuencias cotidianas modifican conducta incluso cuando el responsable no está realizando una sesión formal.

    Fuente:
    Reisner (2017).

    Nivel de certeza:
    Alto como principio conceptual.

    Matiz importante:
    Es una síntesis académica, no un experimento diseñado para medir “aprendizaje continuo”.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Introducción y distinción entrenamiento vs aprendizaje.


    Evidencia 2

    Afirmación:
    Los mecanismos básicos de aprendizaje utilizados en entrenamiento no son exclusivos de los perros.

    Qué demuestra la investigación:
    La revisión comparativa de Lea y Osthaus sitúa la cognición canina dentro de la evolución de cánidos, cazadores sociales y animales domesticados y advierte que muchas capacidades no son excepcionales.

    Fuente:
    Lea y Osthaus (2018).

    Nivel de certeza:
    Alto para el marco comparativo.

    Matiz importante:
    No significa que todas las especies aprendan exactamente igual ni que la domesticación sea irrelevante.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Evolución.


    Evidencia 3

    Afirmación:
    Los perros muestran una capacidad notable para utilizar señales comunicativas humanas.

    Qué demuestra la investigación:
    Revisiones describen resultados consistentes en tareas de gestos humanos, especialmente señalamiento.

    Fuente:
    Hare y Tomasello (2005); Kaminski y Nitzschner (2013).

    Nivel de certeza:
    Alto respecto a la habilidad; moderado respecto a su explicación evolutiva exacta.

    Matiz importante:
    Las hipótesis sobre domesticación no deben presentarse como una única explicación cerrada.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Domesticación.


    Evidencia 4

    Afirmación:
    Una “recompensa” elegida por una persona no necesariamente es un reforzador eficaz.

    Qué demuestra la investigación:
    Vicars et al. evaluó preferencias en ocho perros y encontró que las preferencias medidas podían predecir la eficacia reforzante posterior.

    Fuente:
    Vicars et al. (2014).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    La muestra es muy pequeña y la eficacia puede cambiar con contexto y estado motivacional.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Conceptos de refuerzo y motivación.


    Evidencia 5

    Afirmación:
    La calidad de la recompensa puede cambiar el rendimiento.

    Qué demuestra la investigación:
    Riemer et al. encontró efectos de la calidad del alimento sobre el vigor de la respuesta en una tarea, mientras que incrementar simplemente la cantidad no produjo el mismo patrón.

    Fuente:
    Riemer et al. (2018).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    No implica que “mejor comida” siempre sea la solución; el efecto depende de la tarea y del individuo.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Motivación.


    Evidencia 6

    Afirmación:
    El comportamiento del responsable puede relacionarse con el desempeño de aprendizaje del perro.

    Qué demuestra la investigación:
    En 53 parejas, Rooney y Cowan encontraron asociaciones entre entrenamiento reportado, comportamiento observado del responsable y rendimiento del perro en una tarea nueva.

    Fuente:
    Rooney y Cowan (2011).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    Correlación no demuestra que un rasgo humano concreto cause por sí solo el resultado.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    “El humano también forma parte del entrenamiento”.


    Evidencia 7

    Afirmación:
    La literatura acumulada asocia métodos aversivos con mayor riesgo de indicadores de bienestar comprometido.

    Qué demuestra la investigación:
    Dos revisiones de 2017 encontraron una dirección general consistente hacia más estrés, miedo u otros resultados indeseables, a la vez que destacaron debilidades metodológicas.

    Fuente:
    Guilherme-Fernandes et al. (2017); Ziv (2017).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto para existencia de riesgo; menor para cuantificar causalidad de cada técnica.

    Matiz importante:
    “Aversivo” agrupa procedimientos distintos y muchos estudios son observacionales.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Bienestar y controversias.


    Evidencia 8

    Afirmación:
    Una mayor proporción de entrenamiento aversivo se ha asociado con indicadores conductuales, fisiológicos y cognitivos de peor bienestar en perros de compañía.

    Qué demuestra la investigación:
    Vieira de Castro et al. comparó 92 perros de siete escuelas y encontró más comportamientos relacionados con estrés, mayores cambios de cortisol y sesgo cognitivo más pesimista en el grupo con mayor uso de aversivos.

    Fuente:
    Vieira de Castro et al. (2020).

    Nivel de certeza:
    Moderado-alto.

    Matiz importante:
    Los grupos no fueron asignados aleatoriamente; existen posibles variables de confusión entre escuelas y perros.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Bienestar.


    Evidencia 9

    Afirmación:
    El collar electrónico no mostró ventaja general sobre entrenamiento centrado en refuerzo positivo en un estudio aplicado de problemas de control sin correa.

    Qué demuestra la investigación:
    China et al. comparó 63 perros en tres grupos; el grupo de refuerzo positivo necesitó menos señales y presentó menores latencias en varias medidas.

    Fuente:
    China et al. (2020).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    Los grupos diferían también en entrenadores y prácticas, no sólo en presencia/ausencia del collar.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Eficacia comparativa.


    Evidencia 10

    Afirmación:
    No es correcto afirmar que un estímulo aversivo nunca puede producir un cambio conductual eficaz.

    Qué demuestra la investigación:
    Johnson y Wynne encontraron que, en una tarea específica de inhibición de persecución, la condición con collar electrónico produjo mayor supresión/generalización que dos condiciones con alimento.

    Fuente:
    Johnson y Wynne (2024).

    Nivel de certeza:
    Moderado para esa tarea; bajo para extrapolar a entrenamiento general.

    Matiz importante:
    Muestra muy pequeña, diferencias procedimentales y consideraciones de bienestar limitan la generalización.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Controversia “eficacia ≠ conveniencia”.


    Evidencia 11

    Afirmación:
    El contexto y la modalidad de la señal forman parte de lo que el perro aprende.

    Qué demuestra la investigación:
    Anderson et al. examinó respuestas ante señales vocales, gestuales y combinadas y la generalización a cambios en esos componentes.

    Fuente:
    Anderson et al. (2023).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    Un solo paradigma no representa todas las formas de señalización.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Generalización y control estimular.


    Evidencia 12

    Afirmación:
    La experiencia temprana importa, pero existen vacíos científicos importantes sobre cómo prescribir una socialización “óptima”.

    Qué demuestra la investigación:
    La revisión de McEvoy et al. sintetizó 29 estudios y resaltó tanto la importancia de socialización como la limitada calidad o actualidad de parte de la evidencia.

    Fuente:
    McEvoy et al. (2022).

    Nivel de certeza:
    Moderado.

    Matiz importante:
    No convertir rangos de edad aproximados en límites biológicos universales.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Desarrollo.


    Evidencia 13

    Afirmación:
    El campo profesional del entrenamiento canino sigue siendo heterogéneo.

    Qué demuestra la investigación:
    DeLeeuw y Williams estudiaron 35 profesionales con distintas orientaciones y describieron diferencias de razonamiento ético/evidenciario dentro de un sector en gran medida no regulado.

    Fuente:
    DeLeeuw y Williams (2026).

    Nivel de certeza:
    Moderado para describir perspectivas; limitado para estimar prevalencias globales.

    Matiz importante:
    No extrapolar 35 participantes a todos los entrenadores ni a todas las jurisdicciones.

    Dónde podría utilizarse en el artículo:
    Cierre y elección de profesional.


    16. Propuesta de estructura del artículo

    H1 — ¿Qué significa realmente entrenar a un perro?

    Objetivo:
    Romper la equivalencia “entrenamiento = obediencia” y presentar el entrenamiento como organización intencional del aprendizaje.

    Pregunta:
    ¿Qué cambia realmente cuando entrenamos?

    Evidencia:
    Reisner (2017); fundamentos de aprendizaje.


    H2 — Entrenar no es lo mismo que aprender

    H3 — El perro aprende aunque nadie intente enseñarle

    Objetivo:
    Mostrar aprendizaje incidental.

    Pregunta:
    ¿Por qué aparecen conductas que nadie enseñó deliberadamente?

    Evidencia:
    Reisner (2017); análisis funcional.

    H3 — Qué convierte el aprendizaje cotidiano en entrenamiento

    Objetivo:
    Introducir intencionalidad y diseño de contingencias.

    Fuente recomendada:
    Reisner (2017).


    H2 — La unidad básica: antecedentes, conducta y consecuencias

    H3 — Qué ocurre antes

    Objetivo:
    Introducir antecedentes y señales.

    H3 — Qué hace exactamente el perro

    Objetivo:
    Sustituir etiquetas por descripciones observables.

    H3 — Qué ocurre después

    Objetivo:
    Explicar consecuencias y contingencia.

    Fuentes:
    Reisner (2017); literatura de análisis de conducta.


    H2 — Los dos grandes mecanismos que operan durante el entrenamiento

    H3 — Condicionamiento clásico: aprender qué predice qué

    Objetivo:
    Mostrar asociaciones emocionales/predictivas.

    H3 — Condicionamiento operante: aprender qué conducta produce qué

    Objetivo:
    Explicar consecuencias.

    H3 — Por qué ambos ocurren al mismo tiempo

    Objetivo:
    Conectar conducta y emoción.

    Fuentes:
    Reisner (2017); Ziv (2017); Guilherme-Fernandes et al. (2017).


    H2 — Recompensa no significa automáticamente refuerzo

    H3 — El reforzador se define por su efecto

    Objetivo:
    Corregir vocabulario popular.

    H3 — Cada perro y cada contexto cambian el valor del reforzador

    Evidencia:
    Vicars et al. (2014); Riemer et al. (2018).


    H2 — ¿Qué aprende un perro cuando aprende una señal?

    H3 — Palabras y gestos no tienen significado innato

    H3 — Discriminación

    H3 — Generalización

    Objetivo:
    Explicar por qué “lo sabe en casa” no significa “lo sabe en todas partes”.

    Evidencia:
    Anderson et al. (2023).


    H2 — Entrenar, educar, manejar y modificar conducta no son exactamente lo mismo

    H3 — Manejo: cambiar el ambiente

    H3 — Educación: habilidades de convivencia

    H3 — Adiestramiento: respuestas específicas

    H3 — Modificación de conducta: patrones establecidos y emoción

    Objetivo:
    Crear vocabulario para el resto de la biblioteca.

    Matiz:
    Declarar que son distinciones operativas, no fronteras universales.


    H2 — ¿Entrenar significa conseguir obediencia?

    H3 — Qué es obediencia

    H3 — Otras funciones del entrenamiento

    Ejemplos:

    • cuidado cooperativo;
    • detección;
    • asistencia;
    • deporte;
    • seguridad;
    • habilidades de convivencia.

    Objetivo:
    Desmontar el mito central.

    Fuentes:
    Reisner (2017); literatura de perros de trabajo y cooperative care como extensión futura.


    H2 — ¿Cuándo podemos decir que un entrenamiento funciona?

    H3 — Adquisición

    H3 — Latencia y precisión

    H3 — Retención

    H3 — Generalización

    H3 — Bienestar y efectos secundarios

    Objetivo:
    Evitar que “funciona” signifique sólo “la conducta se detuvo”.

    Evidencia:
    China et al. (2020); Vieira de Castro et al. (2020); Johnson & Wynne (2024).


    H2 — Por qué el método importa para el bienestar

    H3 — Qué sabemos sobre métodos aversivos

    H3 — Qué limitaciones tiene la investigación

    H3 — Qué ocurre cuando estudios distintos no coinciden

    Objetivo:
    Mostrar ciencia como cuerpo de evidencia, no como citas aisladas.

    Evidencia:
    Guilherme-Fernandes et al. (2017); Ziv (2017); Vieira de Castro et al. (2020); China et al. (2020); Johnson y Wynne (2024); AVSAB (2021).


    H2 — El humano también está siendo “entrenado”

    H3 — Timing

    H3 — Consistencia

    H3 — Criterios

    H3 — Elección de reforzador

    Objetivo:
    Explicar que errores de diseño humano pueden parecer “fallos” del perro.

    Evidencia:
    Rooney y Cowan (2011).


    H2 — Qué debería cambiar en la forma de mirar a un perro

    Objetivo:
    Traducir conceptos a vida cotidiana.

    Preguntas finales:

    • ¿Qué ocurre antes?
    • ¿Qué obtiene o evita?
    • ¿Lo entrené en este contexto?
    • ¿Mi señal es clara?
    • ¿Mi reforzador tiene valor?
    • ¿Cómo se siente?
    • ¿Existe un problema médico?
    • ¿Qué puedo cambiar en el ambiente?

    H2 — Cuándo el entrenamiento no es suficiente

    Objetivo:
    Crear límites responsables.

    Incluir:

    • dolor;
    • enfermedad;
    • miedo intenso;
    • ansiedad;
    • agresión;
    • alteración súbita;
    • riesgo.

    Recomendación:
    consulta veterinaria/medicina conductual o profesional cualificado según el caso.


    17. Preguntas todavía abiertas

    1. ¿Puede formularse una definición profesional estandarizada de “dog training” que sea útil internacionalmente?
    2. ¿Qué métricas deberían formar un estándar mínimo de “eficacia”?
    3. ¿Cuánto debe pesar el bienestar frente a la rapidez de adquisición al comparar procedimientos?
    4. ¿Qué componentes específicos de los métodos aversivos generan qué efectos?
    5. ¿Qué duración tienen los efectos emocionales de diferentes procedimientos?
    6. ¿Cómo afectan las diferencias individuales a la eficacia de reforzadores?
    7. ¿Cómo cambia el valor del reforzador según hambre, estrés, contexto y competencia ambiental?
    8. ¿Qué estrategias producen mejor generalización fuera de la sesión?
    9. ¿Cómo medir la “fiabilidad” de una conducta de manera comparable entre estudios?
    10. ¿Qué características del humano predicen mejores resultados de entrenamiento?
    11. ¿Cómo influyen timing, consistencia y claridad de manera independiente?
    12. ¿Qué parte de las capacidades sociales caninas procede de domesticación y cuál de experiencia ontogenética?
    13. ¿Cómo cambia el aprendizaje a lo largo del envejecimiento normal?
    14. ¿Cómo interactúan dolor subclínico y rendimiento de entrenamiento?
    15. ¿Cuál es el efecto de ofrecer mayor control y elección durante el entrenamiento?
    16. ¿Cómo transferir una habilidad del entrenador profesional a la familia?
    17. ¿Qué criterios mínimos deberían exigirse a profesionales del entrenamiento?
    18. ¿Cómo separar experimentalmente “herramienta”, “procedimiento”, “entrenador” y “filosofía de entrenamiento”?
    19. ¿Qué intervenciones no aversivas son óptimas para conductas de altísimo valor motivacional, como persecución?
    20. ¿Cómo diseñar ensayos controlados éticamente sólidos cuando una condición implica estímulos potencialmente aversivos?

    18. Referencias

    American Veterinary Society of Animal Behavior. (2021). Humane dog training position statement. https://avsab.org/resources/position-statements/

    Anderson, M. A. B., Otero, D. K., Peruyero, P., & Dorey, N. R. (2023). The effects of cue modality on reliability and generalization of training outcomes with domestic dog. Journal of Veterinary Behavior, 61, 8–12. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2023.01.001

    Blackwell, E. J., Twells, C., Seawright, A., & Casey, R. A. (2008). The relationship between training methods and the occurrence of behavior problems, as reported by owners, in a population of domestic dogs. Journal of Veterinary Behavior, 3(5), 207–217. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2007.10.008

    China, L., Mills, D. S., & Cooper, J. J. (2020). Efficacy of dog training with and without remote electronic collars vs. a focus on positive reinforcement. Frontiers in Veterinary Science, 7, 508. https://doi.org/10.3389/fvets.2020.00508

    DeLeeuw, J. L., & Williams, T. J. (2026). Professional dog trainers’ perspectives on training methods: Ethical and evidentiary insights. Frontiers in Veterinary Science, 13, 1744448. https://doi.org/10.3389/fvets.2026.1744448

    Deldalle, S., & Gaunet, F. (2014). Effects of 2 training methods on stress-related behaviors of the dog (Canis familiaris) and on the dog–owner relationship. Journal of Veterinary Behavior, 9(2), 58–65. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2013.11.004

    Guilherme-Fernandes, J., Olsson, I. A. S., & Vieira de Castro, A. C. (2017). Do aversive-based training methods actually compromise dog welfare? A literature review. Applied Animal Behaviour Science, 196, 1–12. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2017.07.001

    Hare, B., & Tomasello, M. (2005). Human-like social skills in dogs? Trends in Cognitive Sciences, 9(9), 439–444. https://doi.org/10.1016/j.tics.2005.07.003

    Hiby, E. F., Rooney, N. J., & Bradshaw, J. W. S. (2004). Dog training methods: Their use, effectiveness and interaction with behaviour and welfare. Animal Welfare, 13(1), 63–69. https://doi.org/10.1017/S0962728600026683

    Johnson, A. C., & Wynne, C. D. L. (2024). Comparison of the efficacy and welfare of different training methods in stopping chasing behavior in dogs. Animals, 14(18), 2632. https://doi.org/10.3390/ani14182632

    Kaminski, J., & Nitzschner, M. (2013). Do dogs get the point? A review of dog–human communication ability. Learning and Motivation, 44(4), 294–302. https://doi.org/10.1016/j.lmot.2013.05.001

    Lea, S. E. G., & Osthaus, B. (2018). In what sense are dogs special? Canine cognition in comparative context. Learning & Behavior, 46(4), 335–363. https://doi.org/10.3758/s13420-018-0349-7

    McEvoy, V., Baqueiro Espinosa, U., Crump, A., & Arnott, G. (2022). Canine socialisation: A narrative systematic review. Animals, 12(21), 2895. https://doi.org/10.3390/ani12212895

    Reisner, I. (2017). The learning dog: A discussion of training methods. In J. Serpell (Ed.), The domestic dog: Its evolution, behavior and interactions with people (2nd ed., pp. 210–226). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781139161800.011

    Riemer, S., Ellis, S. L. H., Thompson, H., & Burman, O. H. P. (2018). Reinforcer effectiveness in dogs—The influence of quantity and quality. Applied Animal Behaviour Science, 206, 87–93. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2018.05.016

    Rooney, N. J., & Cowan, S. J. (2011). Training methods and owner–dog interactions: Links with dog behaviour and learning ability. Applied Animal Behaviour Science, 132(3–4), 169–177. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2011.03.007

    Vicars, S. M., Miguel, C. F., & Sobie, J. L. (2014). Assessing preference and reinforcer effectiveness in dogs. Behavioural Processes, 103, 75–83. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2013.11.006

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    Nota para el redactor

    Este dossier es una investigación base, no el artículo final. La redacción posterior debe mantener tres distinciones en todo momento:

    1. aprendizaje ≠ sesión de entrenamiento;
    2. cambio conductual ≠ bienestar garantizado;
    3. falta de respuesta ≠ desobediencia intencional demostrada.

    La idea más importante que debe sobrevivir a cualquier simplificación editorial es:

    Entrenar es diseñar condiciones de aprendizaje, no imponer obediencia como explicación del comportamiento.