1. Resumen ejecutivo
La convivencia estrecha entre humanos y perros no garantiza, por sí sola, que las personas comprendan correctamente las necesidades de los perros. La evidencia disponible sugiere que la brecha entre lo que una persona cree que su perro necesita y lo que puede favorecer realmente su bienestar surge de la interacción de varios factores: conocimientos incompletos, interpretaciones antropomórficas, dificultad para reconocer señales conductuales de miedo o estrés, expectativas humanas sobre cómo “debe” comportarse un perro, características del entorno doméstico y urbano, limitaciones de tiempo y recursos, diferencias individuales entre perros y acceso desigual a información de calidad.
La literatura no permite reducir el problema a “falta de educación del dueño”. Philpotts, Dillon y Rooney (2019) señalan que el conocimiento es sólo una parte de un sistema más amplio en el que también influyen valores, actitudes, creencias, normas sociales y contexto. Un análisis posterior de 1,814 responsables de perros encontró que investigar antes de adquirir un perro se asociaba con sentirse más informado sobre necesidades de bienestar y con saber dónde buscar ayuda conductual, pero no encontró relaciones fuertes y simples entre todas las variables de conocimiento, prácticas y bienestar (Philpotts et al., 2024).
La ciencia contemporánea del bienestar también obliga a ampliar qué entendemos por “necesidades”. El modelo de los Five Domains considera nutrición, ambiente físico, salud, interacciones conductuales y estado mental; por tanto, el bienestar no se limita a proporcionar alimento, refugio y ausencia de enfermedad (Mellor et al., 2020). La revisión de Tananaeva y Udell (2026) añade una perspectiva especialmente relevante para perros de compañía urbanos: la incapacidad sostenida para satisfacer necesidades fisiológicas, de seguridad, sociales, cognitivas y específicas del individuo podría contribuir al estrés crónico. Los autores presentan esta idea como una perspectiva complementaria y no como una explicación única de todos los problemas conductuales.
Existe además evidencia de errores de interpretación concretos. Grigg et al. (2021) observaron que responsables podían subestimar señales de miedo ante ruidos domésticos. Horowitz (2009) mostró que el denominado “guilty look” dependía más de las señales del humano que de que el perro hubiera cometido la acción prohibida, ilustrando el riesgo de asignar estados mentales humanos a conductas ambiguas. La revisión de Mota-Rojas et al. (2021) subraya igualmente que el antropomorfismo puede tener efectos tanto benignos como perjudiciales dependiendo de cómo se traduzca en decisiones de manejo.
La conclusión central para el futuro artículo es que la “falta de comprensión” debe presentarse como una brecha humano-perro multifactorial, no como una acusación moral. El objetivo editorial debe ser enseñar al lector a sustituir preguntas del tipo “¿cómo hago que deje de hacer esto?” por una secuencia más completa: ¿qué está ocurriendo?, ¿qué lo provoca?, ¿qué necesidad, emoción, aprendizaje, condición de salud o característica ambiental puede estar implicada?, ¿qué evidencia tenemos?, ¿qué intervención es proporcional y compatible con el bienestar?
2. Pregunta principal
Pregunta central
¿Por qué puede existir una brecha entre lo que un perro necesita y lo que su responsable humano cree que necesita, y qué consecuencias puede tener esa brecha para el bienestar y la convivencia?
Preguntas secundarias
- ¿Qué significa científicamente hablar de “necesidades” de un perro?
- ¿Por qué la convivencia cotidiana no garantiza comprensión etológica?
- ¿Qué papel tiene el antropomorfismo?
- ¿Hasta qué punto los humanos reconocen correctamente miedo, estrés, frustración o incomodidad?
- ¿Cómo influyen las expectativas humanas sobre obediencia y “buen comportamiento”?
- ¿Qué papel tiene la domesticación en la capacidad del perro para convivir y comunicarse con humanos?
- ¿Puede la fuerte sociabilidad humano-dirigida del perro crear una falsa sensación de que comprendemos plenamente su experiencia?
- ¿Cómo influyen edad, genética, historia de aprendizaje, salud y temperamento?
- ¿Cómo influyen urbanización, horarios humanos y restricciones ambientales?
- ¿Qué ocurre cuando se intenta corregir una conducta sin comprender su función o contexto?
- ¿Hasta qué punto la educación de responsables mejora realmente el bienestar?
- ¿Qué limita la evidencia disponible y qué preguntas siguen abiertas?
Alcance
Este dossier aborda principalmente perros de compañía y la interacción humano-perro. No pretende diagnosticar casos individuales ni afirmar que todos los problemas conductuales deriven de necesidades insatisfechas. Dolor, enfermedad, trastornos conductuales, aprendizaje previo, genética, desarrollo y otros factores pueden ser causas o contribuyentes independientes.
3. Conceptos fundamentales
3.1 Necesidad
En este dossier, “necesidad” se utiliza para describir condiciones, recursos, oportunidades o interacciones cuya satisfacción o posibilidad de expresión contribuye de forma significativa al funcionamiento biológico, al estado afectivo o al bienestar del perro.
No debe utilizarse como sinónimo automático de “algo que el perro desea en ese momento”.
3.2 Preferencia
Una preferencia indica que, dadas alternativas, el animal muestra una tendencia a elegir una opción sobre otra. Las pruebas de preferencia pueden aportar información útil, pero una preferencia puntual no demuestra por sí sola una necesidad universal.
3.3 Motivación
La motivación se refiere a procesos que aumentan o reducen la probabilidad de que un animal busque, evite o mantenga determinados estímulos o actividades. Puede variar con hambre, cansancio, miedo, experiencia, ambiente y estado fisiológico.
3.4 Bienestar animal
El bienestar comprende el estado físico y mental del animal en relación con las condiciones en las que vive. El modelo Five Domains organiza la evaluación en nutrición, ambiente físico, salud, interacciones conductuales y estado mental (Mellor et al., 2020).
3.5 Estado afectivo
Experiencia subjetiva positiva o negativa asociada con condiciones internas o externas. En perros puede inferirse mediante convergencia de indicadores conductuales, fisiológicos y contextuales; no existe una única señal infalible.
3.6 Estrés
El estrés no es sinónimo de sufrimiento ni es siempre perjudicial. Es una respuesta adaptativa a desafíos internos o externos. La preocupación central es la intensidad, duración, predictibilidad, controlabilidad y capacidad de recuperación. El estrés crónico o la carga alostática sostenida puede afectar salud y comportamiento (Tananaeva & Udell, 2026).
3.7 Antropomorfismo
Atribución de características, intenciones o estados humanos a animales no humanos. Puede facilitar empatía, pero también conducir a inferencias erróneas cuando se sustituye la observación del comportamiento por una narrativa humana (Mota-Rojas et al., 2021).
3.8 Conducta problemática vs. conducta funcional
Una conducta puede ser problemática para el humano y, al mismo tiempo, tener una función comprensible para el perro. Ladrar, huir, masticar, perseguir o evitar pueden estar controlados por antecedentes y consecuencias concretos.
3.9 Manejo, educación, adiestramiento y modificación de conducta
- Manejo: modificar el ambiente para prevenir o reducir una situación.
- Educación: enseñar habilidades de convivencia.
- Adiestramiento: enseñar conductas específicas.
- Modificación de conducta: intervenir sobre patrones problemáticos ya establecidos.
- Atención clínica: necesaria cuando dolor, enfermedad o trastorno conductual pueden estar implicados.
4. Evolución
La brecha humano-perro no debe explicarse suponiendo que los perros son simplemente “lobos viviendo en casas”. La domesticación produjo cambios en la sociabilidad y en la interacción con humanos. Boada y Wirobski (2025), usando el marco de Tinbergen, revisan la sociabilidad dirigida a humanos y destacan cambios en socialización, miedo, apego y mecanismos cognitivos y neurofisiológicos asociados con la convivencia humana.
La domesticación ayuda a explicar por qué los perros son particularmente capaces de formar relaciones estrechas con las personas, pero esa adaptación no implica que sus necesidades sean idénticas a las humanas. La facilidad para vincularse con humanos puede incluso contribuir a una ilusión de transparencia: cuanto más familiar nos parece un perro, más fácil puede ser asumir que entendemos sus estados internos sin verificar señales contextuales.
Evidencia
- Los perros muestran especial sensibilidad a señales humanas y fuerte sociabilidad humano-dirigida.
- El desarrollo y la experiencia siguen modulando esas tendencias.
- La domesticación no elimina las necesidades de explorar, regular distancia, descansar, aprender, buscar seguridad y expresar repertorios conductuales propios de la especie.
Hipótesis plausible, no conclusión cerrada
La gran capacidad del perro para adaptarse a ambientes humanos podría favorecer que los humanos sobreestimen el grado en que el perro se adapta sin costo a rutinas diseñadas principalmente para personas.
5. Domesticación e historia
Durante gran parte de la historia compartida, numerosos perros realizaron funciones concretas: vigilancia, caza, pastoreo, transporte, control de plagas, protección, compañía y otras tareas. La transición de muchos perros a roles predominantemente de compañía ha cambiado el contexto en que expresan su repertorio conductual.
Sonntag y Overall (2014) argumentan que la modificación del papel de los animales de compañía, junto con cambios en estilos de vida humanos, puede exponerlos a estresores y limitar la expresión de comportamientos normales. La urbanización, espacios reducidos, alta densidad y largas jornadas humanas aparecen como factores relevantes.
Holland (2019) muestra que la decisión de adquirir un perro está influida por múltiples elementos —apariencia, comportamiento esperado, salud, tendencias sociales, demografía y experiencias previas— y que futuros responsables pueden subestimar compromisos de tiempo, energía y coste. Esto es importante porque la brecha de necesidades puede comenzar antes de que el perro llegue al hogar.
Implicación editorial
El artículo debe evitar la narrativa “antes los perros estaban mejor”. La evidencia no permite una generalización histórica tan simple. El punto útil es que el entorno y la función han cambiado, por lo que las oportunidades conductuales disponibles también pueden cambiar.
6. Etología
Aplicación de las cuatro preguntas de Tinbergen
1. Causación
¿Qué mecanismos inmediatos pueden explicar una conducta que el humano interpreta mal?
- miedo;
- búsqueda de seguridad;
- frustración;
- motivación exploratoria;
- hambre;
- dolor;
- excitación;
- aprendizaje previo;
- búsqueda de acceso a recursos;
- necesidad de distancia;
- sensibilidad a estímulos;
- fatiga o privación de descanso.
2. Ontogenia
La forma en que un perro responde depende de:
- genética;
- ambiente prenatal;
- socialización temprana;
- experiencias durante periodos sensibles;
- aprendizaje acumulado;
- experiencias aversivas;
- entrenamiento;
- salud;
- edad;
- cambios en el entorno.
3. Función
Muchas conductas tienen funciones biológicas o conductuales comprensibles: evitar peligro, obtener recursos, mantener distancia, explorar, comunicarse, jugar, localizar información olfativa o reducir incertidumbre.
4. Filogenia
El repertorio conductual del perro deriva de su historia evolutiva como cánido y de miles de años de domesticación y selección. Sin embargo, inferir una función evolutiva concreta para cada conducta cotidiana sin evidencia sería especulativo.
Principio clave
Antes de etiquetar una conducta con una interpretación moral, describirla operacionalmente.
En lugar de:
“Es terco.”
Usar:
“Cuando aparece X antecedente, el perro deja de avanzar, orienta el cuerpo en dirección opuesta y aumenta la distancia.”
La segunda descripción permite investigar función, emoción, aprendizaje y ambiente.
7. Cognición y aprendizaje
La brecha de comprensión aparece también porque humanos y perros aprenden mutuamente en cada interacción.
Condicionamiento clásico
Un perro puede aprender que una persona, lugar, sonido, correa, elevador o aproximación predice experiencias agradables o desagradables.
Condicionamiento operante
Las consecuencias pueden aumentar o reducir la probabilidad futura de una conducta. Si tirar de la correa permite acercarse a un olor, el acceso al olor puede reforzar tirar. Si ladrar hace que una persona se aleje, el aumento de distancia puede reforzar el ladrido.
Generalización y discriminación
Una experiencia negativa con un tipo de estímulo puede generalizarse a otros similares. A la inversa, una conducta aprendida en casa no necesariamente se transfiere automáticamente a una calle ruidosa.
Interpretación humana
El humano también aprende: si gritar parece “detener” momentáneamente una conducta, puede aumentar la probabilidad de que vuelva a gritar, aunque el efecto emocional sobre el perro no haya sido evaluado.
Riesgo de moralización
Horowitz (2009) investigó el “guilty look”. Los resultados apoyaron que esa expresión familiar estaba más asociada con la conducta del humano al reprender que con haber realizado el acto prohibido. El estudio no demuestra que los perros sean incapaces de experimentar cualquier estado análogo a culpa, pero sí muestra que una expresión interpretada popularmente como evidencia directa de culpa puede tener otra explicación.
8. Desarrollo
Las necesidades y la forma de expresarlas no son estáticas.
Cachorro
- alta necesidad de sueño;
- aprendizaje acelerado;
- exposición cuidadosamente graduada;
- interacción social;
- exploración segura;
- habituación;
- desarrollo motor.
Adolescencia
Pueden cambiar exploración, motivación social, sensibilidad ambiental y respuesta a señales previamente aprendidas. El aparente “olvido” puede ser contextual, motivacional o relacionado con desarrollo.
Adulto
Las necesidades dependen de temperamento, salud, historia, ambiente, función y características individuales.
Senior
Dolor, pérdida sensorial, cambios cognitivos, reducción de movilidad o cambios en el sueño pueden alterar comportamientos y necesidades. Una conducta nueva en un perro mayor debe hacer considerar evaluación veterinaria antes de asumir “mala conducta”.
Diferencias individuales
La revisión de Tananaeva y Udell (2026) enfatiza necesidades específicas de especie, raza e individuo. Esto debe tratarse con cautela: “específico de raza” no equivale a que cada individuo de una raza necesite exactamente lo mismo.
9. Análisis del comportamiento
Modelo general
ANTECEDENTES → CONDUCTA → CONSECUENCIAS
Este marco ayuda a sustituir etiquetas por variables observables.
Ejemplo 1: perro que ladra frente a otro perro
Antecedente: aparece un perro a corta distancia.
Conducta: rigidez, orientación, ladridos, tirones.
Consecuencia: el otro perro se aleja o el responsable cambia de dirección.
Posibles funciones o variables:
- aumentar distancia;
- miedo;
- frustración por acceso;
- historial de reforzamiento;
- excitación elevada;
- dolor;
- experiencias previas.
No puede concluirse “agresividad”, “dominancia” o “falta de socialización” sólo con el ladrido.
Ejemplo 2: perro que destruye objetos cuando queda solo
Posibles variables:
- exploración;
- masticación;
- acceso a objetos;
- ansiedad relacionada con separación;
- aburrimiento;
- falta de alternativas;
- historia de reforzamiento.
Una evaluación funcional y clínica puede ser necesaria.
Ejemplo 3: perro que se detiene durante el paseo
Posibles explicaciones:
- miedo;
- fatiga;
- dolor;
- temperatura;
- interés olfativo;
- conflicto de motivaciones;
- historia de aprendizaje.
La etiqueta “terquedad” no identifica ninguna de estas variables.
10. Bienestar
El modelo Five Domains ofrece un marco especialmente útil para el artículo (Mellor et al., 2020):
Dominio 1 — Nutrición
No sólo cantidad de alimento y agua, sino experiencias asociadas con obtenerlos.
Dominio 2 — Ambiente físico
Temperatura, espacio, superficies, ruido, posibilidad de refugio y características del entorno.
Dominio 3 — Salud
Dolor, enfermedad, lesión, condición corporal y funcionamiento fisiológico.
Dominio 4 — Interacciones conductuales
Interacciones con:
- el ambiente;
- otros animales;
- humanos.
Incluye oportunidades para expresar conductas relevantes y afrontar desafíos de forma apropiada.
Dominio 5 — Estado mental
Experiencias negativas y positivas derivadas de los dominios anteriores.
Relevancia para la brecha humano-perro
Un responsable puede cumplir correctamente nutrición y cuidados médicos y, sin embargo, pasar por alto:
- miedo;
- necesidad de distancia;
- falta de descanso;
- falta de control;
- escasa exploración;
- estimulación inadecuada;
- interacción social no deseada;
- sobreestimulación.
Tananaeva y Udell (2026) revisan evidencia que vincula potencialmente la incapacidad sostenida para satisfacer determinadas necesidades con estrés crónico en perros urbanos. Debe presentarse como una hipótesis respaldada por un conjunto creciente de evidencia, pero aún necesitada de métodos más sólidos para medir necesidades individuales y estrés crónico.
11. Adiestramiento y manejo
Problema conceptual
Si una conducta es interpretada únicamente como “desobediencia”, la primera respuesta humana puede ser intentar suprimirla. Sin embargo, antes de seleccionar una técnica conviene analizar:
- ¿hay dolor o enfermedad?
- ¿qué antecede a la conducta?
- ¿qué obtiene o evita el perro?
- ¿qué emoción puede estar implicada?
- ¿qué necesidad o restricción ambiental puede influir?
- ¿qué ha aprendido previamente?
- ¿qué alternativas podemos enseñar?
Manejo
Objetivo: prevenir situaciones que excedan la capacidad actual del perro.
Ejemplos:
- aumentar distancia;
- bloquear acceso;
- modificar horarios;
- ofrecer zonas de descanso;
- reducir exposición mientras se entrena.
Ventaja: reduce oportunidades de practicar conductas problemáticas y puede disminuir estrés.
Limitación: no siempre cambia por sí solo el aprendizaje subyacente.
Educación/adiestramiento
Objetivo: enseñar respuestas alternativas y habilidades de convivencia.
Métodos basados predominantemente en refuerzo pueden enseñar conductas sin añadir de forma deliberada estímulos aversivos intensos.
Vieira de Castro et al. (2020), en 92 perros de escuelas de entrenamiento, encontraron más conductas relacionadas con estrés, mayor tensión y mayores incrementos de cortisol en grupos entrenados con mayor uso de métodos aversivos. El diseño fue cuasi-experimental, no aleatorizado, por lo que no permite eliminar todos los factores de confusión.
Modificación de conducta
Debe orientarse a función, emoción y contexto, no únicamente a eliminar la forma externa de la conducta.
Cuándo evitar una intervención puramente de entrenamiento
Cuando se sospechen:
- dolor;
- enfermedad;
- deterioro cognitivo;
- miedo intenso;
- ansiedad;
- agresión de riesgo;
- cambios conductuales súbitos.
En esos casos conviene evaluación veterinaria y, cuando corresponda, medicina conductual.
12. Aplicaciones prácticas
Esto significa que…
Querer a un perro y comprender todas sus necesidades son cosas relacionadas, pero no idénticas.
En la vida cotidiana…
Una buena pregunta inicial no es:
“¿Cómo hago que deje de hacer esto?”
Sino:
“¿Qué está pasando antes, durante y después de esta conducta?”
Un responsable puede observar…
- cambios en postura;
- evitación;
- búsqueda de distancia;
- cambios en sueño;
- reducción del juego;
- hipervigilancia;
- inquietud;
- cambios de apetito;
- conductas repetitivas;
- cambios repentinos en tolerancia al contacto;
- aumento de reactividad.
Ninguna señal aislada confirma un diagnóstico.
Conviene evitar…
- asumir intenciones morales;
- interpretar una señal aislada fuera de contexto;
- atribuir cambios repentinos a “mala conducta” sin descartar dolor;
- forzar interacción social;
- suponer que todos los perros de una raza son iguales;
- creer que mayor actividad siempre produce mayor bienestar;
- elegir una técnica únicamente porque suprime rápido la conducta visible.
Podría ayudar…
- aprender lenguaje corporal;
- registrar antecedentes y consecuencias;
- observar patrones;
- proporcionar descanso y oportunidades de elección;
- ofrecer actividades compatibles con el individuo;
- revisar salud;
- consultar profesionales cualificados cuando el caso lo requiera.
13. Mitos y controversias
Mito 1 — “Si el perro tiene comida, casa y cariño, tiene todas sus necesidades cubiertas.”
Clasificación: contradicha por marcos contemporáneos de bienestar.
Los Five Domains incorporan ambiente, salud, interacciones conductuales y estado mental además de nutrición (Mellor et al., 2020).
Mito 2 — “Si una persona ama mucho a su perro, necesariamente entiende lo que siente.”
Clasificación: evidencia insuficiente / parcialmente contradicha.
El vínculo humano-perro puede favorecer bienestar, pero también puede coexistir con interpretaciones incorrectas. La revisión de Verbeek et al. (2024) muestra efectos del vínculo tanto positivos como negativos y advierte que gran parte de la literatura se centra en la perspectiva humana.
Mito 3 — “Los perros saben que hicieron algo malo porque ponen cara de culpables.”
Clasificación: contradicha como interpretación directa de esa señal.
Horowitz (2009) mostró que el “guilty look” podía ser provocado por la reprimenda independientemente de si el perro había realizado la acción prohibida.
Mito 4 — “Si el perro no intenta escapar, entonces está cómodo.”
Clasificación: contradicha como regla general.
Miedo e incomodidad pueden expresarse mediante múltiples respuestas, incluyendo inmovilidad, tensión, evitación sutil o señales de apaciguamiento; ausencia de escape no prueba comodidad.
Mito 5 — “Un problema de comportamiento se resuelve con más obediencia.”
Clasificación: contradicha como afirmación universal.
El comportamiento puede estar influido por miedo, dolor, ambiente, aprendizaje, frustración, necesidades no satisfechas y otros factores. El adiestramiento es sólo una herramienta.
Mito 6 — “Más información siempre produce mejores prácticas.”
Clasificación: parcialmente respaldada, pero simplista.
Philpotts et al. (2019) sostienen que conocimiento, actitudes, valores, creencias y contexto interactúan. La educación puede ayudar pero no garantiza cambio de conducta.
Mito 7 — “Un perro urbano se adapta a cualquier rutina si se acostumbra desde pequeño.”
Clasificación: evidencia insuficiente y potencialmente engañosa.
La adaptación tiene límites individuales. La revisión de Tananaeva y Udell (2026) identifica sobreestimulación sensorial, agencia limitada e hiperdependencia humana como desafíos potenciales en perros urbanos.
14. Estado de la evidencia
14.1 Mellor et al. (2020) — Five Domains
Tipo: revisión/marco de ciencia del bienestar.
Población: marco multiespecie, no ensayo específico en perros.
Hallazgo relevante: bienestar debe evaluarse a través de nutrición, ambiente físico, salud, interacciones conductuales y estado mental, incluyendo impactos positivos y negativos de interacciones humanas.
Limitaciones: es un marco de evaluación; no demuestra causalmente que una intervención concreta mejore bienestar en todos los perros.
Confianza: alta como marco conceptual de bienestar.
Uso en artículo: definir por qué “cubrir necesidades” es más amplio que comida y atención veterinaria.
14.2 Tananaeva y Udell (2026)
Tipo: revisión en Biological Reviews.
Población: perros de compañía, con énfasis en ambientes urbanos.
Hallazgo relevante: sintetiza evidencia sobre estrés crónico y evalúa la hipótesis de que la incapacidad sostenida para satisfacer necesidades fisiológicas, de seguridad, sociales y cognitivas puede contribuir al estrés crónico.
Limitaciones: los propios autores señalan limitaciones de los indicadores actuales y la necesidad de métodos validados para evaluar necesidades individuales y estrés crónico.
Confianza: moderada-alta para la síntesis general; moderada para vínculos causales específicos necesidad→estrés.
Uso: eje contemporáneo del artículo.
14.3 Philpotts, Dillon y Rooney (2019)
Tipo: revisión interdisciplinaria.
Población: literatura sobre responsables de perros y educación.
Hallazgo: conocimiento no actúa aisladamente; valores, actitudes, creencias y contexto afectan prácticas.
Limitaciones: no es un metaanálisis y depende de literatura heterogénea.
Confianza: moderada-alta para el argumento conceptual.
Uso: evitar culpabilizar al responsable y evitar “más información = solución automática”.
14.4 Philpotts et al. (2024)
Tipo: análisis secundario de encuesta.
Muestra: n = 1,814 responsables de perros del Reino Unido.
Hallazgo: más investigación previa a la adquisición se asoció con mayor conocimiento percibido de necesidades y saber dónde buscar ayuda conductual; no aparecieron relaciones fuertes entre todas las variables.
Limitaciones: datos de encuesta, autoinforme, asociaciones no causales, contexto británico.
Confianza: moderada.
Uso: mostrar que conocimiento importa, pero la relación con bienestar no es lineal.
14.5 Grigg et al. (2021)
Tipo: encuesta + análisis observacional de videos.
Muestra: 386 responsables encuestados y 62 videos/compilaciones.
Hallazgo: algunos responsables subestimaron miedo ante ruidos domésticos; en videos, respuestas humanas de diversión fueron frecuentes y preocupaciones de bienestar raras.
Limitaciones: videos online no permiten estimar prevalencia poblacional; selección no aleatoria.
Confianza: moderada para demostrar posibilidad de mala interpretación, baja para estimar frecuencia en población.
Uso: ejemplo concreto y comprensible de brecha perceptiva.
14.6 Horowitz (2009)
Tipo: experimento conductual.
Hallazgo: el “guilty look” estuvo más relacionado con señales del responsable/reprimenda que con haber transgredido.
Limitaciones: conducta específica en contexto experimental; no resuelve la cuestión filosófica general de si los perros pueden experimentar culpa.
Confianza: alta para la interpretación limitada del experimento.
Uso: ejemplo de antropomorfismo inferencial.
14.7 Mota-Rojas et al. (2021)
Tipo: revisión.
Hallazgo: prácticas antropomórficas pueden tener efectos diversos sobre salud y bienestar.
Limitaciones: cubre perros y gatos y combina áreas con distinto nivel de evidencia.
Confianza: moderada.
Uso: definir antropomorfismo como herramienta ambivalente, no como algo siempre negativo.
14.8 Verbeek et al. (2024)
Tipo: scoping review.
Corpus: 706 publicaciones sobre vínculo humano-perro; 246 enfocadas en bienestar canino.
Hallazgo: características de humanos y perros se relacionan con bienestar de maneras positivas y negativas.
Limitaciones: fuerte representación de perros mascota en sociedades WEIRD; una scoping review mapea evidencia pero no estima efectos agregados como un metaanálisis.
Confianza: alta para describir el campo, moderada para conclusiones causales.
Uso: mostrar que vínculo fuerte no equivale automáticamente a bienestar óptimo.
14.9 Sonntag y Overall (2014)
Tipo: revisión.
Hallazgo: cambios en roles, crianza y estilos de vida humanos pueden afectar bienestar; miedo y ansiedad pueden pasar inadvertidos.
Limitaciones: revisión de 2014; parte de la evidencia ha evolucionado.
Confianza: moderada como marco histórico-conceptual.
Uso: conectar urbanización y estilos de vida con necesidades.
14.10 Vieira de Castro et al. (2020)
Tipo: estudio cuasi-experimental.
Muestra: 92 perros de compañía de siete escuelas.
Hallazgo: mayor uso de métodos aversivos se asoció con más señales de estrés, estados tensos y cambios de cortisol; grupo de mayor aversividad mostró sesgo cognitivo más pesimista.
Limitaciones: no aleatorización, escuelas seleccionadas, posibles factores de confusión, no compara exhaustivamente eficacia.
Confianza: moderada-alta para diferencia de bienestar entre los grupos estudiados.
Uso: advertir que corregir sin atender bienestar puede introducir nuevos costos.
15. Banco de evidencia
Evidencia 1
Afirmación: El bienestar del perro no se reduce a nutrición y salud física.
Qué demuestra la investigación: El modelo Five Domains integra nutrición, ambiente, salud, interacciones conductuales y estado mental, e incorpora explícitamente los efectos de interacciones humano-animal.
Fuente: Mellor et al. (2020).
Nivel de certeza: Alto como marco de evaluación.
Matiz importante: No es una lista rígida de “necesidades mínimas” ni un ensayo causal.
Dónde podría utilizarse: Apertura conceptual del artículo.
Evidencia 2
Afirmación: Las necesidades insatisfechas pueden ser una vía relevante para estudiar estrés crónico en perros urbanos.
Qué demuestra la investigación: Una revisión de 2026 evalúa evidencia compatible con la hipótesis de que una incapacidad sostenida para satisfacer necesidades específicas de especie, raza e individuo puede contribuir al estrés crónico.
Fuente: Tananaeva & Udell (2026).
Nivel de certeza: Moderado-alto para la plausibilidad general; moderado para relaciones causales específicas.
Matiz importante: No todos los problemas conductuales ni todo estrés derivan de necesidades insatisfechas.
Dónde podría utilizarse: Sección “qué ocurre cuando la brecha persiste”.
Evidencia 3
Afirmación: Algunos responsables pueden subestimar señales de miedo.
Qué demuestra la investigación: En una encuesta y análisis de videos de perros expuestos a ruidos domésticos, algunos responsables infravaloraron la intensidad del miedo; muchas reacciones humanas filmadas fueron de diversión.
Fuente: Grigg et al. (2021).
Nivel de certeza: Moderado.
Matiz importante: Los videos online no estiman prevalencia.
Dónde podría utilizarse: Ejemplo narrativo temprano.
Evidencia 4
Afirmación: Una expresión interpretada como “culpa” no prueba necesariamente que el perro comprenda moralmente una transgresión.
Qué demuestra la investigación: El “guilty look” fue más pronunciado bajo reprimenda humana y no dependió simplemente de haber realizado la conducta prohibida.
Fuente: Horowitz (2009).
Nivel de certeza: Alto para el fenómeno experimental concreto.
Matiz importante: No demuestra ausencia absoluta de emociones complejas.
Dónde podría utilizarse: Antropomorfismo.
Evidencia 5
Afirmación: Educar al responsable puede ayudar, pero conocimiento por sí solo no garantiza buenas prácticas.
Qué demuestra la investigación: Revisiones de educación y comportamiento humano muestran que actitudes, valores, creencias, normas y contexto median entre conocimiento y conducta.
Fuente: Philpotts et al. (2019).
Nivel de certeza: Moderado-alto.
Matiz importante: No invalida educación; indica que debe diseñarse mejor.
Dónde podría utilizarse: Conclusión y propuestas.
Evidencia 6
Afirmación: Investigar antes de adquirir un perro se relaciona con mejor conocimiento de algunas necesidades.
Qué demuestra la investigación: En 1,814 responsables británicos, mayor investigación previa se asoció con mayor familiaridad con necesidades de bienestar y fuentes apropiadas de ayuda conductual.
Fuente: Philpotts et al. (2024).
Nivel de certeza: Moderado.
Matiz importante: Asociación, no causalidad; no hubo relaciones fuertes entre todas las variables.
Dónde podría utilizarse: Prevención de la brecha antes de adquirir el perro.
Evidencia 7
Afirmación: El vínculo humano-perro puede favorecer o perjudicar bienestar dependiendo de las características de la relación.
Qué demuestra la investigación: Una scoping review identificó relaciones tanto positivas como negativas entre variables del humano, del perro y el bienestar.
Fuente: Verbeek et al. (2024).
Nivel de certeza: Alto para describir diversidad del campo.
Matiz importante: Predominio de sociedades occidentales industrializadas.
Dónde podría utilizarse: “Amar no siempre equivale a comprender”.
Evidencia 8
Afirmación: El tipo de entrenamiento puede tener costos de bienestar.
Qué demuestra la investigación: Perros de escuelas con mayor proporción de métodos aversivos mostraron más indicadores conductuales y fisiológicos de estrés que perros de escuelas basadas en recompensas.
Fuente: Vieira de Castro et al. (2020).
Nivel de certeza: Moderado-alto.
Matiz importante: Diseño no aleatorizado.
Dónde podría utilizarse: “Corregir el síntoma puede añadir un problema”.
16. Propuesta de estructura del artículo
H1 — ¿Entendemos realmente lo que necesitan nuestros perros?
Objetivo
Presentar la pregunta central sin culpabilizar.
Evidencia
Philpotts et al. (2019); Verbeek et al. (2024).
H2 — Vivir con un perro no significa automáticamente comprenderlo
Pregunta
¿Por qué la familiaridad puede confundirse con comprensión?
Evidencia
Verbeek et al. (2024); Boada & Wirobski (2025).
Idea editorial
Los perros son extraordinariamente buenos viviendo con humanos, pero esa cercanía puede hacernos olvidar que siguen percibiendo y respondiendo al mundo como perros.
H2 — El primer error: creer que “necesidades” significa comida, agua y una casa
Pregunta
¿Qué dimensiones del bienestar quedan fuera de esa definición?
Evidencia
Mellor et al. (2020); Tananaeva & Udell (2026).
H3
Nutrición y salud.
H3
Ambiente y descanso.
H3
Interacciones y oportunidades conductuales.
H3
Estados mentales positivos y negativos.
H2 — Miramos al perro con ojos humanos
Pregunta
¿Cómo puede el antropomorfismo distorsionar una interpretación?
Evidencia
Mota-Rojas et al. (2021); Horowitz (2009).
Ejemplo
“Cara de culpable”.
H2 — A veces el perro comunica algo y no lo reconocemos
Pregunta
¿Podemos pasar por alto miedo, estrés o incomodidad?
Evidencia
Grigg et al. (2021); Sonntag & Overall (2014).
Ejemplo
Ruidos domésticos.
H2 — La conducta que molesta al humano puede tener sentido para el perro
Pregunta
¿Qué cambia cuando analizamos función y contexto?
Evidencia
Principios de análisis conductual + literatura de bienestar.
Ejemplos
Ladrar, tirar, evitar, masticar, detenerse.
H2 — El problema no siempre es falta de conocimiento
Pregunta
¿Por qué alguien puede saber algo y no aplicarlo?
Evidencia
Philpotts et al. (2019, 2024).
H3
Tiempo.
H3
Recursos.
H3
Entorno urbano.
H3
Creencias y normas.
H3
Calidad de la información disponible.
Kuhl et al. (2022) puede apoyar especialmente este último punto.
H2 — Internet tampoco garantiza buena información
Pregunta
¿Qué calidad tiene la información para nuevos responsables?
Evidencia
Kuhl et al. (2022).
Idea
Muchos recursos online son accesibles, pero con frecuencia carecen de referencias, autoría clara o evidencia explícita.
H2 — Corregir una conducta sin comprenderla puede empeorar la situación
Pregunta
¿Qué riesgos existen al intervenir sólo sobre el síntoma?
Evidencia
Vieira de Castro et al. (2020); Ziv (2017).
Idea
Entrenamiento, manejo y bienestar deben integrarse.
H2 — Cada perro necesita ser entendido como individuo
Pregunta
¿Por qué no existe una receta universal?
Evidencia
Tananaeva & Udell (2026); Boada & Wirobski (2025).
Variables
Edad, salud, genética, experiencia, entorno, temperamento, historial de aprendizaje.
H2 — Una mejor pregunta antes de corregir: “¿por qué?”
Objetivo
Cerrar con una metodología de observación.
Secuencia propuesta
- describir la conducta;
- observar antecedentes;
- observar consecuencias;
- descartar salud/dolor;
- identificar emoción posible;
- revisar necesidades y ambiente;
- seleccionar manejo/entrenamiento;
- evaluar resultados.
H2 — Este artículo es el punto de partida
Objetivo
Enlazar con Artículo 1.
CTA editorial
“En el siguiente artículo construiremos el mapa: qué necesita realmente un perro para tener una buena vida.”
17. Preguntas todavía abiertas
- ¿Cómo medir de manera validada necesidades individuales en perros de compañía?
- ¿Qué indicadores permiten diferenciar estrés agudo adaptativo de estrés crónico clínicamente relevante?
- ¿Qué cantidad o calidad de autonomía produce mejoras mensurables de bienestar?
- ¿Qué oportunidades conductuales son verdaderamente necesarias y cuáles son preferencias individuales?
- ¿Cuánto varían necesidades por raza frente a variación individual dentro de la raza?
- ¿Qué aspectos del conocimiento de los responsables predicen realmente cambios de práctica?
- ¿Qué intervenciones educativas producen cambios duraderos y no sólo mayor conocimiento?
- ¿Cómo varían estas relaciones fuera de sociedades WEIRD?
- ¿Qué efecto tiene vivir en departamentos, zonas densas o contextos urbanos latinoamericanos?
- ¿Cómo distinguir “adaptación” de resignación, inhibición o reducción de oportunidades?
- ¿Qué señales de incomodidad son peor reconocidas por responsables?
- ¿Cómo afecta la calidad de información en redes sociales a las decisiones sobre entrenamiento y bienestar?
- ¿Cuándo una conducta problemática es consecuencia directa de una necesidad insatisfecha y cuándo sólo está correlacionada con ella?
- ¿Qué necesidades cambian más con edad, enfermedad o discapacidad?
- ¿Cómo integrar evaluación veterinaria, etología y análisis funcional en herramientas sencillas para responsables?
18. Referencias
Boada, M., & Wirobski, G. (2025). Human-directed sociability in the domestic dog: A Tinbergian approach. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 168, 105947. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2024.105947
Grigg, E. K., Chou, J., Parker, E., Gatesy-Davis, A., Clarkson, S. T., & Hart, L. A. (2021). Stress-related behaviors in companion dogs exposed to common household noises, and owners’ interpretations of their dogs’ behaviors. Frontiers in Veterinary Science, 8, 760845. https://doi.org/10.3389/fvets.2021.760845
Holland, K. E. (2019). Acquiring a pet dog: A review of factors affecting the decision-making of prospective dog owners. Animals, 9(4), 124. https://doi.org/10.3390/ani9040124
Horowitz, A. (2009). Disambiguating the “guilty look”: Salient prompts to a familiar dog behaviour. Behavioural Processes, 81(3), 447–452. https://doi.org/10.1016/j.beproc.2009.03.014
Kuhl, C. A., Lea, R. G., Quarmby, C., & Dean, R. (2022). Scoping review to assess online information available to new dog owners. Veterinary Record, 190(10), e1487. https://doi.org/10.1002/vetr.1487
Mellor, D. J., Beausoleil, N. J., Littlewood, K. E., McLean, A. N., McGreevy, P. D., Jones, B., & Wilkins, C. (2020). The 2020 Five Domains Model: Including human–animal interactions in assessments of animal welfare. Animals, 10(10), 1870. https://doi.org/10.3390/ani10101870
Mota-Rojas, D., Mariti, C., Zdeinert, A., Riggio, G., Mora-Medina, P., Reyes, A. del M., Gazzano, A., Domínguez-Oliva, A., Lezama-García, K., José-Pérez, N., & Hernández-Ávalos, I. (2021). Anthropomorphism and its adverse effects on the distress and welfare of companion animals. Animals, 11(11), 3263. https://doi.org/10.3390/ani11113263
Philpotts, I., Blackwell, E. J., Dillon, J., Tipton, E., & Rooney, N. J. (2024). What do we know about dog owners? Exploring associations between pre-purchase behaviours, knowledge and understanding, ownership practices, and dog welfare. Animals, 14(3), 396. https://doi.org/10.3390/ani14030396
Philpotts, I., Dillon, J., & Rooney, N. (2019). Improving the welfare of companion dogs—Is owner education the solution? Animals, 9(9), 662. https://doi.org/10.3390/ani9090662
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Tananaeva, A., & Udell, M. A. R. (2026). Stress, needs, and behaviour: Understanding chronic stress in pet domestic dogs (Canis lupus familiaris) from the prism of needs. Biological Reviews, 101(5), 2279–2299. https://doi.org/10.1002/brv.70179
Verbeek, P., Majure, C. A., Quattrochi, L., & Turner, S. J. (2024). The welfare of dogs as an aspect of the human–dog bond: A scoping review. Animals, 14(13), 1985. https://doi.org/10.3390/ani14131985
Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L., & Olsson, I. A. S. (2020). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PLOS ONE, 15(12), e0225023. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0225023
Ziv, G. (2017). The effects of using aversive training methods in dogs—A review. Journal of Veterinary Behavior, 19, 50–60. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2017.02.004

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